Capítulo 2.

Sentía su cuerpo arder por la adrenalina que sentía con cada golpe que le daba a su contrincante.

Había decidido salirse de las peleas clandestinas hace un tiempo, pero no encontraba razón alguna para hacer eso. Sus padres desde hace años le habían dicho que debía dejar de hacer eso, pero como era tan testarudo seguía en lo mismo.

Un golpe en su costado fue suficiente para mandarlo al piso. Su cabeza sonó en cuanto llegó a su destino en el ring. El bullicio de las personas a su alrededor fue un eco en su mente cuando el primer golpe en la cara llegó seguido de otros.

Podía oír la voz de su mejor amigo a unos cuantos metros de él, pero sin embargo, le era difícil saber en qué dirección venía la voz.

Necesitaba salir de ese lugar lo antes posibles para poner a descansar su cuerpo adolorido con una buena sustancia de cocaína sino tenía lo que había mandando a comprar ese día con su amigo.

Buscando impulso en su brazo izquierdo golpeó el rostro del hombre tenía encima. El sonido que hizo la nariz al dislocarse fue suficiente para darse cuenta de que tenía la pelea ganada con ese sujeto.

Se levantó como pudo y le dio justamente en la yugular con dos dedos y un puñetazo en el rostro para que pareciera un KO.

Hizo una mueca cuando el prestador alzó su mano lesionada por los golpes que había recibido en esos días, que incluso, sintió como sus huesos en ese brazo se lastimaron más de lo que ya estaban.

Tomó el dinero que le ofreció el hombre a su lado y bajó del ring con los pasos de su amigo y su manager. Tenía que deshacerse de ese hombre lo antes posible.

—Esa fue una buena pelea, Danger, muy buena. Sigue así y verás cómo llegarás más lejos... — dijo el hombre, con voz poco amable.

—Sí, lo que digas —dijo con brusquedad—. Te recuerdo que ya no eres nada mío a partir de esta noche, Sam. Nuestro puto contrato llegó a su fin.

—No puedes dar fin a nuestro trato...

—Claro que sí puede —dijo el amigo de Noah—. Su contrato sólo era por tres años y nada más. Por lo que hace unas semanas su contrato había terminado.

—Tú no te metas niño —gruñó Sam, apuntándole con el dedo—. Esto no es tu problema, busca hacer lujos de aquí...

—Sam, sal de aquí en este momento —dijo Noah, interrumpiéndolo.

—Esto no se quedará así, escucha mis palabras...

Fue lo último que dijo antes de salir por la puerta y tomar el dinero que le estaba dando Noah.

Noah cerró los ojos un momento dejándose caer sobre el sofá que había en el camerino. Estaba exhausto, el dolor en el cuerpo era algo increíble. Tenía que darse una buena dosis para poder calmarse.

Una bolsa de hielo fue colocada en uno de sus ojos y agradeció enormemente a los cielos por tener un amigo como él.

—Necesito una dosis, Naiel, la necesito ahora... —gimió, con dolor, sintiendo su cuerpo arder.

—No necesitas esa mierda —le puso una cuchara en los labios y este abrió la boca encantado—. Maldigo el día en el que Sam te dio esa porquería, debí de haber estado contigo...

— No es de lamentarse, yo debí de ponerle un alto la primera vez que la probé pero seguí en las mismas —otra cuchara fue a parar a su boca—. ¿Dónde consigues estas delicias? Esto es vida.

—Le dije a alguien que te hiciera varios pasteles por días por el tiempo que vamos a estar aquí o mejor dicho por los meses —le dio el plato—. Debo de guardar la mitad de este para los próximos días porque no trabaja los sábados, pero sí de domingos a viernes —suspiró.

—Lo siento, en verdad lo hago, Naiel. Hoy fui a donde mis padres y no sé cómo se enteraron de que mi delirio es la cocaína, la mirada de mi padre fue suficiente para darme cuenta de que no podía seguir con esta vida de porquería que estoy llevando desde los dieciocho —murmuró, cerrando los ojos—. Esto es vida...

Una fuerte explosión se escuchó en la parte de afuera y ambos se pusieron en alerta máxima. Naiel tomó las cosas de ambos y ayudó a Noah a salir de ese lugar en cuanto vieron el humo colarse por la puerta.

Supieron de inmediato que se había armado alguna pelea entre los espectadores que habían apostado su dinero ya que no se les había pagado lo acordado. A lo lejos escucharon sirenas, signo de que la policía estaba por llegar al lugar.

Esquivó a las personas que estaban tratando de salir por la puerta y salió por unas de las ventanas seguido de Naiel, quien tomó un camino diferente al suyo llevándose consigo el pastel. Corrió hacia su camioneta y en un dos por tres la abrió y entró en ella para salir rápidamente de ese lugar.

Piso a fondo el acelerador buscando como salir de ese callejón sin llamar la atención de la policía. Apagó las luces de la camioneta y en menos de lo que se dio cuenta casi atropella a alguien por querer salir de allí.

Encendió las luces en cuanto sintió el golpe en el capó del vehículo y luego salió para verificar qué había sucedido. Un quejido lo alertó para darse cuenta de que casi mataba a alguien por querer salir de ese lugar.

Noah se acercó al cuerpo que intentaba impulsarse del sucio suelo de ese callejón sin saber qué hacer. En cuanto los ojos de la persona en el suelo lo miraron casi gime de excitación por lo hermoso que eran sus ojos.

Rápidamente se acercó para ayudarlo a levantarlo del piso, viendo como este hacía una mueca de dolor.

— ¿Estás bien?

—Sí, sólo me duele el brazo —respondió la persona, en el piso.

—Creo que eso no está bien, tengo que llevarte a algún lugar menos a un hospital —murmuró, mirando fascinado al chico en el piso.

—Estoy de acuerdo con eso, pero la verdad no tengo con que pagar nada...

—Ven, aquí no podemos hablar. Te llevaré a mi casa para limpiarte, porque la caída te ha manchado toda la ropa.

Lo ayudó a levantarse del piso y luego a entrar a la camioneta con algo de paciencia porque con cada paso que daba el niño entre sus brazos se quejaba.

El camino hacia su casa fue silencioso en todos los sentidos, en menos del tiempo que había programado había llegado al edificio donde estaba situado el Pent-house.

—Pensaba que había dicho que era en una casa, no un castillo —dijo el chico caminando hacia el elevador a su lado.

—Para mí es una casa, no me gusta estar quedándome en hoteles. Ese no es mi estilo. Mis padres hace un tiempo me habían comprado este lugar, por lo que decidí quedarme con él. Es lo único que tengo en este país, claro está, después de mis padres y mi familia.

—Debe de querer mucho a sus padres, eso es bueno —sonrió forzado.

—Aun no me has dicho tu nombre y tampoco tu edad. No pienses mal, es que no quiero tener problemas con nadie o mejor dicho con la policía —presionó el botón del elevador.

—Oh, sí, lo siento. Mi nombre es Matt  Williams y tengo dieciocho años, ¿Eso es un problema? Puedo irme a mi casa si le molesta —dijo apenado.

—Nada de eso, Matt , no es molestia. Pero solo te pido que nadie se entere de lo que vaya a pasar en este lugar. Como te habrás dado cuenta soy boxeador...

—Sé quién es usted, los golpes en la cara me lo dicen todo —las puertas del elevador se abrieron y ellos ingresaron.

—Eso es bueno de saber —el moreno sonrió—. ¿Tienes hermanos?

—Hace nueve años que mi hermano escapó de casa, no sé nada de él. Según lo que me dice mi mamá, él se había separado de ella en el parque y luego no lo volvió a ver más. Ella no lo está buscando por ningún lado —sintió como su corazón se oprimía al recordar eso.

Noah sintió como algo dentro de él se novia al escuchar al niño decir esas palabras, era sorprendente la fuerza de voluntad de éste en cuanto se trataba de no derramar lágrimas.

Las puertas volvieron abrirse y la boca del niño a su lado cayó al piso al ver tanta elegancia.

—Ven, tengo que darte algo para que baje el dolor del brazo...

—No es necesario, creo que usted necesita más ayuda en su cuerpo que yo. Si quieres puedo ayudarlo a limpiarse la cara —no dudó en sonreír al encontrarse con esa hermosa imagen del niño sonrojado a más no poder.

Asintió indicándole que se sentara en el sofá que estaba en la sala, mientras que él fue a buscar las cosas al baño de su habitación. En cuanto regresó vio al niño con el labio entre sus dientes haciendo puños la remera que tenía puesta.

Se sentó a su lado pasándole el botiquín de primeros auxilios.

El niño se levantó del sofá colocándose en medio de sus largas piernas, buscando estar más cerca de él. No para tener algún momento íntimo, sino para curar sus heridas.

Hizo puños en sus piernas en cuanto sintió el alcohol en su rostro, fue inevitable no cerrar los ojos por como Matt  estaba pasando el alcohol por su rostro buscando no lastimarlo y claro que lo estaba logrando.

Pero él no tenía las manos hechas puños solo porque le molestaba el alcohol en su rostro sino porque tenía unas inmensas ganas de tocar el cuerpo del niño otra vez. Su padre le había dicho que se sentiría de esa forma en cuanto encontrara a la persona indicada, pero podía explicar el cómo se sentía en ese momento.

Tenía tantos deseos encontrados, posesividad, control sobre él...

Cerró los ojos subiendo sus manos hasta la cintura del niño, en ese instante las caricias en su rostro se detuvieron.

—No, no. Sigue, por favor —rogó, apegándose más él.

El niño entre sus piernas asintió siguiendo con su trabajo.

Los dedos temblorosos de Matt  fueron a parar a su nariz donde había un poco de sangre seca, luego fue hacia la barbilla cuadrada y luego fue hacia donde estaban sus labios donde se detuvo.

Aún recuerda cuando intentaba salir de ese lugar como las personas trataban de salir por la misma puerta que él, había perdido de vista a su mejor amigo desde que este salió del lugar de la pelea.

En cuanto vio al "amor de su vida" en ese ring casi le da un paro cardíaco. Se sintió horrible cuando lo vio tirado en el suelo siendo golpeado por el troglodita, pero desde que vio como el mayor se defendía gritó de la emoción.

—Creo que ya está —dejó aun lado las cosas. Iba a dar varios pasos hacia atrás pero las manos en su cintura no se alejaron de su cuerpo.

Soltó un jadeo cuando Noah se levantó del sofá sin soltar su cintura.

—Noah —dijo viendo como el niño, ahora en sus brazos, lo miraba confundido—. Mi nombre es Noah.

—Yo, hmm...

Sus palabras fueron cortadas en cuanto los labios del mayor se posaron en los suyos.

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