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Capítulo 2

Mirando varias veces la salida de la escuela se dijo a sí mismo que podía salir corriendo hacia el parque más cercano para matar el tiempo, ¿Pero qué haría nueve horas en un parque sin hacer nada?

Por lo que decidió subir los peldaños que le faltaban y dirigirse hacia la dirección a buscar su horario.

No pasó desapercibido el nuevo chico que entraba a clases para la mayoría de los presentes. En cambio otros, estaban allí mirándolo de arriba hacia abajo. Sabían que era el niño que no sabía hablar y que por su culpa habían expulsado a varios de la escuela.

Mientras caminaba mordía su labio con algo de fuerza tratando de que sus nervios se fueran, ellos no podían hacerle nada porque toda la escuela estaba vigilada por cámaras desde el incidente.

Se paró en frente de la secretaria y esta le sonrió levantándose de la silla y luego caminó hacia la puerta de la oficina del director.

Nedward se miró de arriba hacia abajo, viendo si su uniforme estaba arrugado.

—Puedes pasar, cariño. El director te está esperando —abrió la puerta, y él asintió en agradecimiento.

Entró con una sonrisa tímida, escuchando la puerta cerrarse detrás de él. Se fue acercando al escritorio y esperó a que el director le dijera que podía sentarse.

—Puedes sentarte, Nedward —señaló la silla.

Gracias

—sonrió, de lado moviendo sus manos.

—Aquí está tu horario —le pasó una hoja con el horario de clases.

Nedward la tomó de inmediato y frunció el ceño cuando vio las últimas dos horas de clases todos los días libres. Miró varias veces la hoja que tenía en las manos para ver si tenía algún error, hasta que el director habló.

—Retiré educación física de tu horario. Como sabrás, tus padres me dijeron que no quieren tener ningún problema con alguno de los alumnos de aquí por lo que decidí no dejar que tomaras educación física dos veces por semanas —apoyó los codos en el escritorio—. Tus clases de arte se quedarán igual los lunes, sólo tienes una hora, es lo único que me pidieron que no cambiará de tu horario.

¿Cuándo habló con ellos?

—Antes de que llegaras a la escuela, me dijeron que eres muy bueno dibujando y también eres un excelente chef —sonrió, y Nedward asintió, con las mejillas sonrojadas.

¿Qué haré las últimas horas de clases?

—frunció los labios.

—Vendrás todos los días a mi oficina, necesito ayuda con algunas cosas en este lugar. Mi secretaria se va a las dos de la tarde y yo necesito que alguien se quede hasta las cuatro revisando papeles conmigo. No es un trabajo difícil.

Puedo hacer eso, creo.

—Claro que puedes,

hermoso.

Comienzas hoy mismo sin ningún retraso —se levantó de la silla—. Te llevaré a tu primera clase.

Nedward asintió y guardó su horario siguiendo los pasos del director hacia su primera clase.

Su cuerpo se tensó cuando la mano del director se posó en su cadera y de inmediato levantó la vista hacia él. Desvió la mirada cuando le guiñó un ojo, de la misma forma que lo había hecho cuando fue a inscribirse.

Subieron las escaleras que daban al segundo piso y ahí fue donde pudo respirar cuando quitó la mano de ese lugar. Tocó la puerta dos veces y las voces del otro lado se detuvieron. El profesor salió mirándolos con una ceja levantada.

—Buenos días, profesor —tendió la mano en forma de saludo—. Éste es el alumno Nedward Jackson, el niño del que se habló en la última reunión que tuvimos la cual fue ayer en la tarde.

—Sí, ya me acuerdo de él —suspiró—. Puede sentarse donde guste. Donde te vayas a sentar será donde pasarás el resto del año.

Nedward asintió entrando al salón de clases y agradeció encontrar un asiento vacío en la última fila. Se sentó sintiendo la mirada de los chicos encima por lo que decidió dejar sus cosas en la mesa sin dirigirle una mirada a alguno de ellos.

—Tenemos a un nuevo compañero, su nombre es Nedward Jackson —señaló.

— ¿Por qué no lo dice él? ¿Acaso es mudo? —se burló un chico.

—Claro que es mudo. ¿Acaso no recuerdas al chico por el cual expulsaron a Sebastián? Es él —dijo otro, con asco.

Nedward mordió su labio con más fuerza que nunca cuando sintió sus ojos arder por las lágrimas que querían salir. Todos en esa escuela lo odiaban por eso, nadie quería ser su amigo por ser como es...

—No llores —dijo un chico, a su lado—. No dejes que nadie vea tus lágrimas, eres muy lindo.

Nedward solo asintió sin ver al chico y movió sus manos de un lado a otro.

—De nada —en ese momento fue que se animó a levantar la mirada.

¿Entiendes bien lo que hago?

—preguntó asombrado y él asintió.

—Sí, mi abuelo también era igual a ti por lo que decidí aprender a hablar su idioma —sonrió, llevando su silla hacia donde estaba la de su nuevo amigo—. Eres muy bonito.

Gracias, otra vez —bajó la mirada otra vez.

—Jóvenes, hagan silencio, ahora —ordenó el maestro.

—Será joven, porque sólo es uno el que habla —la mayoría en el salón de clases rieron.

—No les hagas caso. Son unos envidiosos y nada más. Te envidian porque eres rico y también porque tus ojos son muy bonitos.

Sería un año difícil para él después de todos los problemas.

*****

Había pasado la mayor parte del día con su nuevo amigo llamado Matt, este le había contado que había pedido un año de clases y que por eso estaba allí, tenía diecinueve años.

Tenía novio el cual no le había dicho su nombre, pero que él conocía perfectamente. Eso le hizo preguntarse de quién se trataba. Ahora tenía que estar las últimas dos horas de ese día en la oficina del director para ayudarlo con lo que sea que este necesite.

Suspiró viendo los pasillos que daban a la dirección del desierto sin ninguna alma que iluminara ese lugar. No se sorprendió cuando no encontró a la secretaria sentada en su lugar de siempre, pero tampoco dijo nada cuando la puerta fue abierta antes de que tocara.

—Te estaba esperando, entra —dijo el director haciéndose aún lado y este asintió.

Dejó su mochila en la silla a su lado después de sentarse y esperó.

—Me alegro de que hayas venido, eso habla muy bien de ti —se colocó enfrente de él, apoyando su espalda baja en el escritorio.

Usted me dijo que tenía que venir a esta hora todos los días para ayudarlo en algo

—movió sus manos a los lados nervioso, no le gustaba como lo estaba mirando.

—Claro que sí, pero antes me debes de escuchar en que me ayudaras después de una hermosa historia —sonrió, cínico—. Hace doce años un día como hoy conocí a un niño de cinco años de edad, era o mejor dicho es el niño más hermoso que había visto en mi vida...

¿Qué tiene que ver conmigo?

—lo interrumpió.

—No me interrumpas, eso es de mala educación —dijo serio— El niño no sabía hablar, pero tampoco comunicarse con las personas a través de sus manos, eso lo aprendió al pasar los años. La cuestión es la siguiente, mi hermano mayor había secuestrado a ese niño porque quería acabar con el padre de él...

Nedward se levantó de la silla de inmediato, no le gustaba hacia donde iba la conversación.

—Siéntate —lo tomó del brazo, obligándolo a sentarse otra vez en la silla—, pero el padre del niño mató a mi hermano en un intercambio de balas, ahora mis dos hermanos están muertos por culpa del padre del niño. Después de doce años el niño entró por la puerta del infierno con su padre a su lado...

No, no, por favor

—sintió sus ojos arder por las lágrimas.

—Es bueno volver a vernos otra vez, Nedward. Soy yo, cariño, Jeremy —se acercó al rostro del menor—. La vida da muchas vueltas y tú caíste donde no debías de caer.

Intentó levantarse de la silla pero las manos de Jeremy lo detuvieron en su intento.

—Eres igual que hace unos años, estás aquí conmigo otra vez. Pero ahora son mis reglas las que se jugarán en este juego, no soy el niño cariñoso que conociste, Nedward. Ahora soy el demonio —lo levantó de la silla, y luego lo puso encima del escritorio a forcejeos.

Me quiero ir, por favor, no me haga nada

—movió como pudo sus manos.

— Tranquilo, pequeño. Apenas es el comienzo del daño que te haré mientras te tenga en mis manos —dijo antes de lanzarse a sus labios de forma desesperada.

Sus manos fueron de inmediato al pecho del mayor para tratar de alejarlo de él, pero no lo conseguía. Este se acercaba más a él intentando abrir sus piernas a como dé lugar.

—Abre las piernas o te las rompo —gruñó, tomando los muslos del menor entre sus manos.

Nedward por el nerviosismo que sentía hizo lo pedido soltando un jadeo silencioso cuando fue jalado hacia el frente. Los labios del mayor fueron bajando hacia el cuello blanco de este dejando besos en el húmedo cuello del menor.

—Es una lástima que no puedas hablar, me encantaría poder escuchar tus quejidos de dolor mientras intentas apartarte de mí —rió con maldad—. Hay que hacer algo al respecto. Te enseñaré a hablar para mi beneficio.

Movió sus caderas contra las del menor para que sintiera su erección crecer en su pantalón.

Nedward cerró los ojos con fuerza cuando sintió la dureza del mayor contra él.

—Es hora de que te vayas, mañana será un gran día para ti y para mí —se alejó un poco de él—. Es mejor que no le digas a nadie sobre esto, porque soy capaz de hacer muchas cosas y no soy una persona de palabras. Vete.

Se bajó del escritorio con las piernas temblando. Tomó su mochila de la silla y se dirigió hacia la puerta.

—Ya sabes, no le digas a nadie sobre esto, hermoso. 

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