Capítulo 2.

Sus lágrimas no dejaban de salir mientras se ponía la ropa que su padre le había dejado en la cama, estaba realmente enojado con el mundo y con él mismo por ser tan débil y tan raro. Su padre adoptivo, solo le hacía ver las cosas malas de la vida como si eso fuera lo mejor del mundo y la verdad es que no entiende porque lo tienen con ellos en esa casa.

Su padre adoptivo al igual que sus hermanos hombres, lo trataban de forma que a cualquier persona le sería imposible seguir viviendo en el mismo techo que sus agresores.

Con una mueca en los labios se ajustó los zapatos y miró el espejo al lado de la puerta del baño. No se veía tan mal traje, solo tenía que acomodar lo único malo que tenía su cuerpo en su lugar y ya todo estaría bien.

— Ya es hora de salir, fenómeno —dijo su hermano Adelmis, tocando la puerta—. No tenemos toda la noche y Karina ya se quiere ir.

— Ya voy a salir —suspiró, y luego se miró en el espejo—. Sólo quiero que esta noche sea buena, por favor.

Salió de la habitación acomodando su pequeña molestia trasera, su hermano Adelmis estaba al inicio de las escaleras con su hermana Karina y con su padre adoptivo. Siempre se preguntó la razón por la cual lo adoptaron si no lo querían con ellos.

— Es hora de irnos —habló su padre—. No quiero que hagan cosas estúpidas y esto va para todos... mi jefe estará en esa fiesta al igual que invitados que solo se aparecen cada año un día en una fiesta como estas —todos guardaron silencio—. Es una fiesta de mafiosos.

— ¿Nos meterás en una fiesta de mafiosos? —preguntó Karina, asombrada—. No puedes hacernos esto, papá.

— Puedo y lo haré porque soy tu padre —gruñó—. En este momento deseo que Julián esté aquí, odio cuando mis hijos se quieren pasar de listos conmigo.

— No me quiero pasar de listo, papá —dijo Adelmis—, pero Karina tiene razón y si tanto te molesta puedes dejar al fenómeno en la casa para que no cometa errores —señaló al híbrido, el cual tenía la cabeza agachada.

— Él no hará nada —rodó los ojos—. Es necesario que esté allí, la persona que creó este fenómeno estará en esa fiesta y lo verá para ver el avance que tiene.

— Sólo esperemos que esta cosa no cometa errores, papá —dijo Adelmis, antes de salir de la casa e ir hacia el carro.

— Ya escuchaste, Lucas —se giró hacia él—. No quiero que cometas errores en esa fiesta o te la verás conmigo —se fue dejándolo más asustado que nunca.

— Ellos están dementes, Lucas —lo abrazó por los hombros y acarició su cabello—. Sólo intenta que mi padre no te golpee esta noche.

— Trataré de hacerlo, Kari —murmuró—. Es mejor irnos hacía el carro para que papá no venga por nosotros.

Karina asintió y rodeó uno de los brazos de Lucas, era increíble lo bien que se llevaban ellos dos. Karina era diferente a sus dos hermanos y a su padre, ella había sacado la personalidad de su madre, la cual falleció hace algunos años.

El hombre que lo había acogido en su casa era uno de los trabajadores de un antiguo laboratorio que fue desmantelado hace algunos años. Éste se había quedado con el híbrido llamado Lucas desde muy temprana edad, después de que él mismo se haya encargado de matar a la familia de éste.

Desde que llegó a esa casa lo único que recibió fueron castigos innecesarios por parte de su hermano Julián el cual no estaba en el país por cosas de estudio y por parte de Adelmis que se había puesto de parte de su padre desde el primer día. Karina se había encargado de ayudarlo a curar las heridas que su cuerpo de a pocos iba sanando.

En la escuela era la misma rutina de siempre, su hermano Adelmis hacía cosas para que todos los estudiantes de su aula le hicieran bromas de mal gusto y de paso cada vez que iba al baño eran golpes lo que recibía, por lo menos eso sucedía cuando era necesario para él el tener que ir al baño.

Cuando llegaron al salón donde se realizaría la fiesta su padre les pasó una máscaras al estilo victoriano y la decoración era de la misma forma. Al menos el dueño del lugar tenía buen estilo para las fiestas porque era la decoración favorita de Lucas al igual que la de Karina quien chilló cerca de su oído al ver todo el lugar decorado de esa forma tan única.

Salieron del carro y fueron hacia la entrada de la casa donde había un guardia revisando la lista de personas. La decoración en el interior era aún más hermosa que la del exterior y no se quería ni imaginar lo que pudiese haber en el jardín trasero del lugar.

Mordió su labio para controlar la emoción que su cuerpo estaba sintiendo en ese momento, era increíble todo lo que estaba por pasar en ese lugar y él no estaba enterado de las cosas del destino.

— Nos encontraremos en este lugar en unas horas o cuando esto se acabe —dijo Samuel, el padre de los chicos—. Esto es por si se llegan a perder entre la gente y lo digo por ustedes dos, Karina y Lucas —dijo, severo— Adelmis y yo iremos hacia donde están algunos socios, así que ya saben. 

Karina casi grita cuando al fin se quedó sola con Lucas en ese lugar, no es que no quisiese a su padre y a sus dos hermanos mayores, era solo que no podía aguantarlos por mucho tiempo sin querer matarlos.

— Si te molesta lo que ya sabes, puedes decirme y te acompaño hasta el baño —susurró, en su oído—. Bueno, hasta la puerta del baño... ¡Oh, por Dios! —se escondió detrás de Lucas o al menos lo intentó.

— ¿Qué pasa? —preguntó, extrañado.

— Acabo de ver a Lucia o eso creo —las mejillas de Karina se tiñeron de rojo—. Ella es la chica que me gusta desde séptimo grado, Lucas.

— Ve y háblale —la animó—. En la escuela se ve que es tímida y ahora parece que tú eres la tímida.

— Me da pena —dijo, avergonzada—. Ella es perfecta tal y como es.

— Tu eres perfecta —se giró hacia ella—. Si deseas puedo decirle que hable contigo, Kari.

— ¿Puedes hacer eso por mí? —sus ojos se llenaron de emoción—. Eres el mejor hermano de todos.

— No soy tu hermano de sangre, Karina —le sonrió—, pero hablaré con ella porque es mi compañera de clases en la escuela y es una de las pocas personas que no se mete conmigo.

— Eres genial...

Fueron empujados con mucha agresividad hacia un lado de la habitación algo que les sorprendió bastante y más aún ver a las personas en forma de reverencia. La puerta principal fue abierta y por ella entró un hombre con una hermosa mujer a su lado.

Fue caminando a través de la gente y pudo sentir a Karina a su lado tensarse como si tuviera ganas de matarla, de inmediato entendió la razón de eso. La mujer tenía aires de reina con una hermosa corona de diamantes caros en su cabeza. Menuda perra. Lucas levantó la cabeza mirando el cabello y el perfil del hombre..., se le hacía tan familiar pero no recordaba de dónde. Luego de que ellos entraran, fue el turno de dos hombres más que parecían hermanos, pero no iban solos, ellos iban con dos mujeres también. 

Lucas sin poder evitarlo tomó la mano de Karina y la apretó con fuerza cuando los pasos de esas personas comenzaron a sonar por todo el pasillo que las personas habían creado para ellos. Después de unos minutos más que las personas que faltaban terminaban de entrar la música volvió a sonar como si nada hubiese pasado. Karina soltó un chillido que casi vuelve y lo deja sordo.

— Creo que me enamore, otra vez —soltó un suspiro, de enamorada—. Ella es más hermosa que Lucia.

— ¿En serio? —puso los ojos en blanco—. Yo mejor me voy —Karina agarró su mano con fuerza.

— No puedes irte de aquí y dejarme sola con estas personas —hizo un puchero—. No puedes ser un mal hermano, Lucas —al menor no le quedó de otra que quedarse con ella por un rato más.

La noche seguía su curso y Lucas y Karina estaban de lo más entretenidos conversando en una mesa apartada de los demás. Con decir los demás, se referían a su hermano Adelmis y a su padre Samuel que estaba de los más a gusto hablando con un hombre que de vez en cuando miraba hacia su mesa y le sonreía al chico de forma amistosa. Karina no podía dejar de hablar de la chica que había entrado con uno de los hombres a ese salón. Sonreía olvidándose de que Lucia había sido su crush durante mucho tiempo y que era le gustaba una niña de trece años.

— Hola —la voz detrás de Nanya sonó tímida—, ¿Nos podemos sentar con ustedes?

Karina se dio la vuelta y se encontró con dos personajes. El primero era un chico de cabello rizado de ojos verdes se hizo presente y después una chica de cabello castaño y con ojos de diferentes colores.

— Hola, soy Harry —saludó el chico—. Y ella es mi hermana Nanya —se presentó—. Queremos estar aquí con ustedes porque son los únicos chicos en este lugar lleno de aburrimiento, y además, creo que los he visto en la escuela.

— Sí, estamos en la misma escuela —dijo Lucas—. Mi nombre es Lucas y ella es mi hermana...

— Karina —dijo Nanya—. Lo siento, la he visto con su otro hermano en los recesos.

— No hay problema —sonrió Lucas—. Pueden sentarse con nosotros, no hay problema.

— Gracias —dijeron ambos sentándose en las dos sillas que estaban vacías.

— ¿Con quién vinieron a la fiesta?

— Con nuestro padre —dijo Nanya—. Solo con uno, el otro se quedó en la casa. No le gusta venir a este tipo de fiesta..., aunque estoy seguro de que no debe tardar mucho en llegar aquí.

— ¿Por qué lo dices? Espera... ¿Tienes dos papás?

— Sí, tengo dos padres —asintió—. Mi otro padre puede tener hijos... no es parte de esos experimentos que en el pasado fueron causante de muchas cosas raras que hoy existen.

Karina tomó la mano de su hermano por debajo de la mesa al ver como todo rastro de felicidad se iba de su rostro en un dos por tres.

— Cambiemos de tema —dijo Nanya, al ver la cara Lucas—. Mi padre está casi llegando, es raro que no estén juntos...

— Tu familia es muy peculiar —dijo Karina.

— Yo no diría peculiar —dijo Harry—. Yo diría que los Jackson son una caja de sorpresas y secretos muy conservados a lo largo de los años.

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