Capítulo 3.

Lucas observaba a los hombres frente a él que sólo se dedicaban a mirarlo como si fuese un ser extraño al cual ellos pueden ver de esa forma. Se puso de pie lentamente manteniendo su cola sujeta con una de sus manos por miedo a que estos reaccionaran de alguna forma violenta contra él.

Después de escuchar a esos hombres decir que lo habían encontrado pensó que su padre los había enviado para buscarlo. Tragó saliva con fuerza sin despegar la mirada de los hombres que a cada paso que daban le hacían llenarse de miedo y solo miedo.

Pero estos solo se le quedaban mirando como si fuese algo que nunca habían visto en sus vidas.

— ¿Quién eres? —el primero en hablar fue Edward—. Nunca te había visto con Samuel...

— Soy Lucas, señor, soy el hijo menor de Samuel —jugó con su cola—. ¿Mi padre los mandó a buscarme?

— No, él no nos mandó a buscarte —James se acercó a él quedando frente a frente—. ¿Por qué hueles tan raro?

— No es nada del otro mundo —rodeó el cuerpo de James—. Creo que mejor me voy...

— No te irás de aquí —Edward lo tomó del brazo y lo dejó otra vez en su lugar—, ¿Por qué hueles de esa forma?

— Es la razón por la cual debo irme —dijo nervioso—, por favor...

— Lo estás asustando, Edward —dijo James, abrazando al chico por los hombros—. Tienes el mismo tacto que papá Liam —besó el cabello de Lucas.

— Y tú tienes la misma paciencia que nuestro padre, Harry —bufó—. Bien, niño...

— Lucas —lo interrumpió—. Mi nombre es Lucas.

— Bien, Lucas —dijo James— Mi nombre es James y el del idiota en frente es mi hermano, somos mellizos —se aclaró la garganta—. Mi hermano tuvo la magnífica idea de proponerte algo.

— ¿En qué momento dije algo? —Jame subió una ceja en su dirección—. Sí, ya hago silencio.

— Gracias —rodó los ojos, e hizo girar el cuerpo del chico—. Tienes algo muy peculiar —le dio una breve mirada a su hermano y éste asintió yéndose—. No vamos a hacerte nada, queremos saber si nos podías hacer un favor a ambos.

— ¿Qué clase de favor, señor? —murmuró, confundido—. No tengo dinero...

— Dinero tenemos de más —rió—. Es que queremos un gran favor de tu parte —lo agarró por los hombros—. Queremos que seas nuestro acompañante.

Lucas lo vio muy confundido con eso que acababa de decir, pero si ellos ya tenían a dos hermosas mujeres que le acompañaban esa noche. Desde que entraron se hicieron el del notar con las personas que se habían colocado a cada lado del salón para que ellos pasaran.

Aunque, ahora que los veía sin la máscara que tenían puesta, se los encontraban aún más sexys.

— No creo que pueda hacer eso, James —dio unos pasos hacia atrás—. Ustedes dos llegaron a la fiesta con varias mujeres y yo por lo que ambos vieron no soy una mujer.

— Eso lo sabemos, pero... —volvió a dar los mismo pasos que Lucas dio, pero hacia el frente—. Eres un chico que nos llamó la atención desde que lo vimos.

— Entramos al lugar y te vimos con esa chica —dijo Edward, entrando a la conversación—. Por esa razón queremos que seas nuestro acompañante, nuestro amante.

— Cuánta sutileza —dijo James.

— Es mejor decirle las cosas como son y no con tantas vueltas que le das —se acercó al chico—. Solo queremos que nos des una respuesta justo ahora —se colocó frente a Lucas—. Te daremos muchas cosas que te pueden beneficiar.

— ¿Qué clase de cosas? —preguntó, curioso.

— Tendrás dinero por montones —acarició su rostro—. Tendrás tanto dinero que podrás huir de tu casa en unos meses cuando cumplas la mayoría de edad y nadie de tu familia podría usarte como un saco de boxeo. Así como lo hizo tu padre hace un rato —la mirada del chico se tornó triste—. No vayas a llorar —suspiró—. Tu padre adoptivo no te dará un solo centavo cuando vayas a la universidad, en cambio a sus demás hijos le dará de todo.

— Creo que puedo hacerlo —sonrió forzado—, ¿Qué es lo que tengo que hacer exactamente?

— Así se habla —dijo Edward, y luego miró a su hermano quien rodó los ojos—. Fue una respuesta rápida y el chico sabe lo que quiere.

— ¿Estás seguro de esto? —James se colocó frente a él—. Puedes decirnos que no, sin miedo alguno. No te haremos nada, no te golpearemos o te mataremos.

— Estoy seguro de que quiero hacer esto con ustedes —respondió, un poco más tranquilo—. Deseo hacerlo y si con eso puedo tener dinero para salir de mi casa cuando cumpla la mayoría de edad —desvió la mirada hacia el piso—, ¿Cuándo inició con eso? ¿Y qué es lo que tengo que hacer exactamente?

— Como dijo mi hermano —le guiñó un ojo—. Puedes decirnos que no, pero ahora que nos has dicho que sí... no te dejaremos hacerlo.

— Lo que quiere decir son las cosas que nos darás cuando las necesitemos —dijo James, haciendo a un lado a su hermano.

— Ustedes me dijeron que tengo que acostarme con cada uno de ustedes, pero hay un pequeño problema —levantó la mirada—. Nunca he tenido sexo con nadie.

— Eso lo sabemos —dijo Edward, y luego sonrió de lado—. Tienes pinta de ser virgen y también por cómo caminas. Lo haces como todo un virgen que nunca se ha tocado porque tiene miedo de lo que las personas pueden decirle que eso está mal.

— Ya cállate —dijo James quitándolo—. Mi hermano no tiene mucha sutileza para decir las cosas... es igual a mi padre Liam yo soy más como mi padre Harry... después te contamos algunas cosas de mi loca familia.

— Nuestra loca familia —corrigió Edward—. Sí, mejor hago silencio. Ahora dile lo otro, tenemos que irnos de aquí antes de que alguien sospeche del porque tenemos a dos guardias en la entrada del jardín.

— Queremos que nos des sexo las veces que deseamos —le recordó—. Puede ser que estés días con nosotros en nuestra casa, puede ser que te necesitemos para que vayas con cada uno de nosotros a diferentes fiestas como estás, tendrás más seguridad a tu alrededor.

— No puedo andar con personas a todos lados —dijo alzando las cejas—. Nadie puede saber que ando con ustedes y también eso de pasar días no estoy del todo seguro... mi padre no me dejará salir de casa a menos que sea con mi hermana o hermano.

— Solucionaremos eso después —dijo James, y después arregló su traje—. Nos quedaremos a dormir en este lugar, al igual que otras personas incluyendo tu familia, cada uno tendrá habitaciones diferentes y por si no te habías dado cuenta. Estamos en un hotel.

— Eso lo sé.

— Bien, ahora toma —le dio el antifaz—. Puedes volver a la fiesta, le diremos a tu padre que te vimos aquí muriendo de frío y que no sabías que estamos aquí. Necesito que me des tu número para llamarte.

Lucas le dio su número de teléfono y después tomó su saco que estaba en el piso. Puso su cola en su lugar con la mirada de los hombres sobre su cuerpo y después se fue de allí más rápido de cómo entró a ese jardín.

En poco tiempo encontró a su hermana parada en una esquina con Harry y con Nanya. Desde que lo vieron corrieron hacia él y le dieron un fuerte abrazo.

— Estábamos asustados por ti —dijo Karina, después de darle un beso en la mejilla—. Papá nos dijo que nos quedaríamos aquí esta noche, porque alguien se lo ordenó.

— Escuché eso —asintió—. Lamento mucho el que se hayan preocupado por mí, pero estoy bien. Es solo que estoy muy cansado y tengo mucho sueño.

— Ven le diremos a mi abuelo que nos iremos a dormir con ustedes esta noche —dijo Harry, dándose la vuelta.

— No es necesario —dijo Lucas, rápidamente—. En verdad tengo mucho sueño y deseo estar solo, no me mal entiendan. Es solo que tengo mucho frio...

Fueron empujados una vez más con bastante fuerza hacia atrás, en el mismo instante que unas personas iban saliendo del lugar. Lucas trató de localizar a Edward y a James con la mirada, pero no los vio por ningún lado del lugar y eso lo puso un poco triste porque pensó que ellos quizás se habían ido.

Al cabo de media hora su padre llegó junto a ellos para llevarlos hacia sus habitaciones, pero en ningún momento despegó la mirada de Lucas y éste ya tenía una idea de lo que su padre estaba pensado de él.

Su padre habló todo el camino con Karina y con Adelmis acerca de cómo se habían relacionado con los nietos Jackson Hamilton. Karina por más que trató de decirle a su padre sobre que habitación Lucas quien había hablado la mayor parte de la noche con esos chicos.

Su padre después de dejar a sus hermanos en las habitaciones que les correspondía fue a llevar a Lucas a otra habitación tres pisos más arriba que las demás.

— No sé qué diablos has hecho —lo tomó del brazo—, pero espero que sepas bien en lo que te estás metiendo.

— No se dé qué diablos me hablas papá —trató de zafarse.

— Cuidado como me hablas, fenómeno —gruñó y luego abrió la puerta de la habitación—. Espero que no te confundas en tu lugar en mi casa, me debes mucho, niño, y créeme que me las cobraré todas.

Le dio un empujón al chico hacia la habitación cerrando la puerta detrás de él. Lucas se puso de pie con algo de temor, y con tentando las paredes encendió las luces encontrándose con una enorme habitación de lujo.

Se encontró con muchas cosas en una de las mesas, algo que logró que sus mejillas se pusieran rojas de la vergüenza al verlas con más detenimiento. Él era un jodido chico, no una chica que podía usar esa ropa.

Pensaba que después de que aceptó ese trato con ellos las cosas quizás podrían cambiar en su vida, pero su padre estaba más que dispuesto hacer su vida un infierno. Tomó la ropa y fue hacia el baño para colocarse la ropa. Escuchó como la puerta de la habitación fue abierta y fuertes pasos se escucharon en todo el lugar.

Después de estar listo con la ropa que le dieron, salió del baño con su inquieta cola moviéndose de un lado a otro, porque estaba nervioso de lo que podía pasar esa noche.

— ¿Comenzamos?

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