Capítulo 4.

Edward observó al chico salir de la habitación con esa ropa y no pudo evitar que su boca se volviera agua al verlo tan delicado que temía romperlo en cuestión de segundos si lo llegase a tocar con sus manos. Su hermano estaba en las mismas, sabían que habían hecho una buena elección.

Y eso, que apenas ambos conocen al chico de una sola noche nada más.

— Sube a la cama, por favor —dijo James, sintiendo como su pantalón comenzaba a apretar más de lo debido al sentir una erección.

Lucas se subió a la cama después de que James se lo ordenara con mucha sutileza. Se colocó estilo buda en la cama esperando a que alguno de los dos le dijera lo que tenían que hacer en ese momento.

James ladeó la cabeza al igual que su hermano viendo el cuerpo del chico que de a poco se ponía rojo de la vergüenza. Ambos prosiguieron a quitarse la ropa hasta quedar solo en ropa interior.

— Bien, esto tiene que ser rápido porque según recuerdo tienes que irte con tu padre al amanecer —dijo Edward, subiéndose a la cama y luego se colocó al lado del chico—, ¿Qué es lo que eres exactamente, Lucas?

— Soy un zorro —murmuró, y vio como James subía a la cama también.

— Según recuerdo, los zorros no son de fiar —sonrió—. Espero que sí lo seas.

— Lo soy, señor —asintió—. Lo juro.

— No me digas señor —hizo un puchero—. Me hace sentir viejo, y eso que apenas tengo algunos años de vida.

— Vale... —murmuró—, ¿Puedo hacerles una pregunta?

— ¿Cuál sería esa pregunta, pequeño? —preguntó James.

— ¿Cuántos años tienen? —sus mejillas se pusieron aún más rojas al escuchar la risa divertida de Edward—. Lo siento, no debí preguntar eso...

— No te preocupes —le dio un golpe a su hermano—. Tenemos el doble de tu edad.

— ¿Qué? Pero parecen mucho más jóvenes —los observó a ambos.

— Lo sabemos —dijo Edward, encogiéndose de hombros—. Tienes la mitad de nuestra edad y pareces un bebé de diez años.

— Me lo dicen muy a menudo... —se pasó la lengua por los labios—, pero no me gusta que me lo digan otras personas.

— Eso esperamos —le guiñó un ojo—. Es hora de empezar. Mi querido hermano inicia. Según él, es el más gentil de los dos.

— Soy el que tiene más tacto de los dos —puso los ojos en blanco—, pero de todas formas es mejor que yo inicie porque este animal puede hacerte mucho daño con lo que tiene entre las piernas si se lo propone.

— Está bien — volvió a asentir.

— Recuéstate, por favor —pidió.

Lucas se estiró en la cama, sintiendo como Edward se colocaba a su lado y colocaba sus fríos dedos sobre sus tetillas poniéndolas erectas. Un suspiro escapó de sus labios al sentirse más tranquilo por lo que estaba pasando en esa habitación de hotel con esos dos hombres que tenían más mujeres y hombres detrás de ellos.

James comenzó a quitar la ropa interior del chico en el mismo que pasaba sus manos por la piel expuesta del chico. Lo único que tuvo en su cuerpo fueron las medias. El lubricante que había traído para esa ocasión se quedó en el olvido al ver la entrada del chico húmedo supo que eso era a causa de ser un híbrido.

Levantó las piernas del chico aprovechando que este estaba de lo más entretenido con su hermano besándose. Debía de experimentar algo, solo esperaba que esto no le causara daño al chico o si no estaría en grandes problemas por ser el bruto de la relación y no su hermano.

Puso las piernas del chico a cada lado de su cuerpo y se puso uno de los condones que estaban en la mesita de noche, de forma lenta penetró al chico causándole un pequeño gemido de dolor.

Lucas mordió el labio de Edward con bastante fuerza cuando sintió el dolor instalarse en su parte intima. Sus manos fueron presionadas contra la cama cuando intentó moverse lejos del alcance de ambos, pero Edward era más fuerte que él.

Dolía mucho, sentía como le desgarraban todo a su paso a medida que avanzaba ese falo dentro de él.

— Tranquilo —susurró, dejando besos en su rostro—. Es solo temporal, verás como disfrutas.

Lucas asintió no muy convencido de eso, pero se mantuvo quieto dándole una mirada James quien tenía una sonrisa tensa en el rostro. Arqueó la espalda cuando el miembro de james terminó de entrar por completo en él. Era enorme y pensaba que lo rompería en dos si no fuese por lo que su entrada dejaba salir a cada segundo.

Los labios de Edward volvieron a caer sobre los suyos besándolo bruscamente, mientras James comenzaba lentos vaivenes con sus caderas, pero tratando de evitar lastimar al menor más de lo que había hecho.

Sonrió de lado al ver como todo el cuerpo del menor comenzaba a reaccionar, los gemidos que Edward trataba de acallar con sus labios eran muy significativos. Era una muestra clara de que los tres lo estaban disfrutando.

Edward llevó una de sus manos a la entrepierna del chico sin dejar de besarlo y comenzó a darle pequeños masajes para que el chico siguiera gimiendo como lo ha estado haciendo desde que llegó a sus labios.

— ¿Cómo estás? —preguntó Edward, despegando sus labios de los del híbrido—, ¿Aun te duele?

— Estoy bien... —un gemido escapó de sus labios, en el mismo instante que James tocó su próstata—. No duele...

— Es bueno saberlo —besó sus labios—, porque conmigo te dolerá y mucho —mordió el labio del chico.

Sus manos se volvieron puños, corriéndose sobre su abdomen y la mano de Edward, logrando que su interior se contrajera y que James se corriera a los pocos segundos. El cuerpo del mayor se colocó a su lado saliendo de él con sumo cuidado.

— Ahora le toca al animal de mi hermano —acarició el rostro del chico—. Esperemos que no sea muy brusco contigo.

— Seré lo más gentil que pueda —hizo que el chico se sentara en la cama—. Dejaré que me montes, así tendrás el control, Lucas.

El menor asintió, y con ayuda de James bajó por el falo de Edward, soltando un suspiro tímido se aferró a las manos que lo tenían sujeto de la cadera y luego se mantuvo quieto esperando poder acostumbrarse una vez más a tener otro falo dentro de él.

Después de unos cortos segundos James logró impulsarlo hacia arriba sacando gemidos por parte de Edward y Lucas. El choque de sus pieles hacía que sus cuerpos de a poco se pusieran más y más calientes conforme el tiempo avanzaba.

James asintió hacia su hermano y dejó que este tomara el control de las auto-embestidas del menor colocando sus manos sobre la cadera del chico para hacerlo subir y bajar rápidamente.

Lucas movió su cabeza por inercia, momento que aprovechó James para besarlo con suavidad muy al contrario a como su hermano lo besó minutos atrás.

Lo siguiente que supo el menor fue esa noche fue extremadamente larga, pero muy satisfactoria porque ambos tuvieron la paciencia para enseñarle del sexo que podía tener si su pequeño contrato seguía en pie por mucho tiempo, o al menos hasta que pudiese salir de su casa.

*****

El chico estaba entre los dos cuerpos, tenía su cabeza apoyada en el pecho de James con una de sus piernas rodeando la cadera de este con una de sus piernas, en su cadera tenía las manos de Edward y su otra pierna libre la tenía presionada.

A simple vista podría parecer una posición incómoda para el chico por la pierna que tenía Edward entre las suyas, pero al contrario, el chico se sentía cómodo y caliente entre ambos cuerpos.

Pero lo que más le gustaba de esa terrible posición era las caricias que la mano libre de James le daba a su cola que se mantenía quieta como sintiese que al fin encontrase a su dueño.

El sonido de un celular hizo que la atmósfera del lugar se acabara en un dos por tres. Edward se movió buscando con la mirada su molesto teléfono. Bufó al encontrar su pantalón en el piso, algo que logró despegarse del cuerpo del chico, sus ojos se abrieron a más no poder cuando vio la hora y la persona de quien se trataba la llamada.

Su padre iba a matarlos a los dos.

— James —llamó a su hermano y este abrió uno de sus ojos—. Son las dos de las dos de la tarde. Papá Harry nos matará.

— Debes de estar bromeando —se alejó de a poco del cuerpo de Lucas—. No pudimos dormir por tanto tiempo.

— Nos acostamos a la siete de la mañana —abrió los brazos—. Se suponía que sólo serían dos horas.

— Nos matará —se levantó de la cama—. Sí, creo que lo hará —dijo cuando vio la hora en su reloj.

Ambos se pusieron la ropa de la noche anterior en poco tiempo, de todos modos debían de ir a la casa del chico para dejarlo, porque estaba seguro de que su padre y sus hermanos lo habían dejado allí después de todo.

Edward aprovechó que su hermano estaba en el baño para ir a despertar al chico antes de que se hiciera más tarde de lo que ya era y que a sus padres les saliera alguna vena asesina en la frente porque llegaban tarde a una de sus comidas.

— Ya es hora de irnos —hizo que el chico se sentara en la orilla de la cama—. Debes de tomar esta pastilla para evitar el dolor —el chico asintió, aun con los ojos cerrados y dejó que Edward le diera la pastilla en la boca al igual que el agua—. Te ayudaré a ponerte la ropa y después entras al baño a lavarte los dientes.

El chico volvió a asentir sintiéndose ido por el sueño que de a poco lo iba consumiendo y más se le sumaba el cansancio que sentía por lo ocurrido la noche anterior.

Cuando ya estaban listos salieron de la habitación hacia el elevador y marcaron el botón del estacionamiento donde encontraron a sus guardaespaldas y a su chofer esperándolos mientras comían.

James le hizo una seña de que siguieran comiendo y les pidió que no se molestaran que los veía en unos minutos en la casa de sus padres en las afueras de la ciudad, y que ellos se llevarían uno de sus autos para dejar al chico que estaba dormido en los brazos de su hermano.

James tomó el celular de Lucas y buscó el nombre de la chica que había estado con él la noche anterior para que le diese la dirección de donde vivían lo cual no fue muy difícil.

Ambos estaban conscientes de que ese chico era un simple niño al que habían chantajeado para tener sexo con él, pero de lo que ambos estaban seguros era que esa relación duraría más de lo previsto en ambos.

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