Casualidad - Libro I - Bilogía Amor
Casualidad - Libro I - Bilogía Amor
Author: Dia Mond
Prologo

Iván Armet

Acabábamos de llegar de un operativo, mi trabajo en la policía de investigaciones ocupa gran parte de mi tiempo, la unidad en la que estoy se encarga de los peces gordos del contrabando, estos nos habían dado una pelea bastante larga, pero todo acabó hoy con la caída de su líder.

Me apresuro a entregar mi papeleo, en unas horas tengo que estar en casa de mi hermano y su novia, tenemos una comida, ya que presentarán a mi pequeño sobrino, mi hermano se aprovechará de pedir la mano de Liz, y yo soy el encargado del anillo.

– Vamos por un trago – invita Diana interrumpiendo mis pensamientos, un tanto melosa se acerca a mí, la esquivo rápidamente.

– No, tengo un compromiso – le respondo y veo como su expresión cambia, no dice nada o yo camino muy rápido a la salida como para escucharla.

Subo a mi camioneta y manejo rumbo a mi departamento, vivo en pleno centro, en el último piso de un edificio cercano al Central Park, gracias a lo que nos dejaron nuestros padres, Gael y yo gozamos de una vida algo privilegiada, y podemos darnos ciertos lujos, que hoy en día con un sueldo de investigaciones no me lo podría dar.

Entro a la cochera, estaciono y subo al elevador.

Bajo en mi piso y escucho música proveniente de mi departamento, cosa que me sorprende y me pone en alerta, dejo mi bolso y saco mi arma de servicio, con lo sucedido en los últimos meses no puedo bajar la guardia a pesar de que ya capturé al jefe, la puerta está entreabierta, la empujo, una luz tenue se deja ver desde la puerta de mi habitación, escucho una suave pieza como música de fondo, empujo suavemente la puerta y veo a una despampanante rubia sobre la cama, gruño y camino hacia la entrada, cojo mi bolso, guardo el arma, entro, cierro la puerta y prendo las luces del departamento en su totalidad.

Comienzo a poner orden, no llegaba a mi departamento desde hace 3 días, nada me amarra aquí y cuando estamos en plena investigación con suerte paramos a comer, tampoco es que la vida en soledad aquí sea una luz al final de mi camino, pero es lo que elegí, mi hermano me insiste en que siente cabeza, pero no me ha ido bien con eso.

Pronto siento pasos, Anette aparece por el pasillo que lleva a mi dormitorio solo con un baby doll de encaje negro con unos tacones - como camina con ellos – pienso, me sorprende, su pelo suelto y su perfecto maquillaje, para cualquiera sería una mujer de ensueño, pero para mí es una mujer caprichosa que no sabe aceptar un no como respuesta.

Siento como observa mis movimientos, trata de llamar mi atención con sonidos, pero no volteo, se esfuerza y con su tacón golpetea el piso, volteo a verla y noto como esta furiosa, detengo lo que estoy haciendo y me siento en el respaldo del sillón.

– ¿Qué deseas Anette? – Pregunto sabiendo la respuesta.

– Venía para que la pasáramos rico, pero estas de malas – habla jugando con un mechón de su cabello, mientras se acerca a mí de manera juguetona – pero podemos lograr mejorarlo – añade en tono lujurioso.

– Ya habíamos hablado de esto Anette – trata de sentarse sobre mi regazo y yo la alejo, trato de ser lo más sutil posible, no es la primera vez que me busca desde que terminamos nuestra “relación”, si es que se puede llamar así – entre tú y yo ya no hay nada, no quiero que sigas confundiendo las cosas – digo con un tono tajante – te lo pido por favor.

– Aún podemos pasarla bien – trata de tocarme de nuevo, no lo logra y cae sentada en el sillón, veo como su cara cambia de seductora a roja con sus ojos llenos de ira – eres un cabrón arrogante, juro que volverás a mí, ¡Y DE RODILLAS! – Grita lo último, veo cómo va a la habitación, recoge su abrigo junto a su bolso y sale azotando la puerta.

Ruedo los ojos, pero vuelvo a lo mío, ya queda poco tiempo para salir de casa, me apresuro a darme un baño, visto semi formal, tomo lo necesario, llaves, cartera, documentos y la cajita aterciopelada que he guardado y cuidado con tanta devoción estos días.

Ya en mi carro, tomo la carretera y me encamino a la casa de Gael, no demoro mucho, veo que hay bastante gente, Liz tiene una familia numerosa, ellos son sudamericanos, vienen de Argentina y aún conservan una casa patronal en sus tierras, puesto que allá está el patriarca de la familia y padre de mi cuñada, siempre dicen que viajarán, pero aún no lo han hecho, en lo personal creo que ahora que se comprometerán tendrán que ir, ya que mi hermano solo le pidió la mano de Liz por teléfono y su suegro se lo dio a regañadientes.

Don Alfredo Esposito es un hombre a la antigua y devoto con sus mujeres, tiene 6 hijas, solo mujeres, y 8 nietos de los cuales 5 son mujeres y solo 3 hombres, por lo que es un defensor de sus derechos y un hombre estricto a la hora de ver a una de sus mujeres con un hombre.

Nosotros lo conocimos hace 2 años, cuando Liz y Gael formalizaron su relación, al ser su hija menor él viajó a conocer al hombre que había conquistado a su princesa y se llevó una buena opinión de mi hermano, por eso ya no ha venido más, ellos tienen negocios aquí en Estados Unidos, restaurantes para ser específico, pero aquí los manejan Liz y su hermana Amara, ya que se radicaron aquí hace algunos años.

Entro por el patio y sorprendo a mi hermano, nos saludamos y bromeamos un momento, luego le cuento lo sucedido en mi departamento y él me reprende por la poca seguridad que tengo, después me cuenta sobre las visitas, ya que aparte de Amara, hay 3 hermanas más de Liz en esta ocasión, solo falta la mayor, lamentablemente ella falleció unos años atrás junto a la madre de ellas, las escucho reír en la cocina, me disculpo con Gael, entro a saludar, Liz se encarga de presentarme a todos.

Saludé a Amara quien estaba con su esposo Joaquín y sus pequeños Adrien y Amanda, ellos viven en el mismo edificio que yo por lo que tengo una buena relación con ellos, vuelvo donde Liz y ella es quien me presenta al resto, Paola es la segunda hija, una morena de ojos casi negros, viene con su esposo José Luis y sus mellizos Andrea y Javier de 12 años; Ivonne es la tercera hermana, ella viene con su novia Lucia y sus hijas Laura y Sofía; y al final me presenta a Sol, ella es la hermana diferente me comenta Liz, la única que no tiene hijos, ella es muy simpática, ya había tenido la oportunidad de compartir con ella, es una mujer con metas, viaja mucho, aún no se establece en algún lugar, dice esperar que la vida le enseñe su lugar perfecto, rio con ella un rato, me hablan mucho de su padre y luego seguimos con trivialidades.

Después de una amena conversación en grupo pregunto por mi sobrino Joel, Liz me comenta que estuvo despierto gran parte del día por lo que ahora duerme.

– Menuda familia te gastas, Liz – digo y ella sonríe – aquí solo falta tu padre.

– No somos tantos, bueno, tú consideras que son muchos porque ustedes solo son dos – me habla entre risas – pero falta mi sobrina mayor y mi padre.

– Y ¿no pudieron venir o no quisieron venir? – Pregunto, pero luego me arrepiento, cuando siento un golpe en el hombro de parte de mi hermano que justo entraba a la cocina.

– Papá, dijo que nos esperaba en Argentina y bueno – veo que duda, pero vuelve a hablar – Cielo está en exámenes finales.

– ¿Está terminando la secundaria? – No sé mucho de las edades de sus sobrinos, sé que la que no es la mayor.

– Está terminando su carrera, tú sabes, la otra vez te hablé un poco de ella, termino la escuela media y dio exámenes libres, por lo que a los 14 entró a la universidad, asistió a Cambridge – asiento y se me viene el recuerdo, hace 3 años su sobrina se fue a Europa, ella es inteligente por lo que adelanto varios cursos y entro a una buena universidad donde estudio negocios y fotografía – bueno mi padre le dijo que ella tenía que ver que haría ahora, y decidió titularse y viajar.

– Entiendo, y porque hablas tan bajito sobre el tema – me da curiosidad, la veo un tanto incómoda.

– Ivonne y Paola no están de acuerdo, Cielo recién cumplirá 18 años y tú sabes que son medias sobre protectoras, Pilar ya no está y ellas tratan de hacer el papel de madre, por lo que mi sobrina trata de mantenerlas a raya – los dos reímos por lo bajo – la única que siempre sabe dónde está es Sol, pero Sol es igual o peor que ella.

– Tienen su carácter – la veo asentir a mi comentario.

El resto de la velada pasó en un abrir y cerrar de ojos, hablaron de viajar a su país para por fin fijar la fecha de su matrimonio, entre otras cosas, cuando estoy por comenzar a despedirme mi hermano me hace una señal para que lo acompañe.

Entramos al despacho y él sirve dos copas, me habla sobre las fiestas de fin de año, yo solo escucho y de pronto comienza a hablar sobre nuestros padres, produciendo tensión en mi cuerpo, sigue hablando y pasa a temas de la empresa, nuestra empresa es una cadena de hoteles, él es quien la dirige a pesar de que somos propietarios 50 y 50, prefiero que él se dedique a atender los temas sobre esta, así que yo me concentro en mi trabajo en la policía, vuelvo a concentrarme, estoy hablando de una expansión y de asociarnos a unos riquillos que quieren construir un casino, yo asiento, sé que es un buen negocio pero tampoco es como si me emocionara, habla de viajar a las vegas para concretar el asociamiento, yo solo me limito a preguntar si mi presencia es prescindible mientras él niega con la cabeza y como esperaba me responde con un – tienes que ir – no respondo nada solo asiento con la cabeza.

Estamos en eso cuando entra mi cuñada, al vernos sentados mueve la cabeza en negación, para luego caminar y sentarse en el regazo de mi hermano, los veo mirarse con amor, ese brillo en los ojos y esas caricias delicadas – que lindo debe ser todo – pienso.

Me pregunta como encontré a sus hermanas y yo me limito a contestar – son simpáticas – ella me observa y luego ríe por lo bajo, conversamos un poco de temas triviales, luego ella se pone seria, nos habla sobre las fiestas de fin de año y de su intención por pasarlas con su familia en Argentina, mi hermano solo la apoya mientras yo los observo sin mucho ánimo, preferiría quedarme a trabajar pero sé que Liz no permitirá eso, por lo que esquivo su mirada lo más que puedo, hasta que siento que se sienta a mi lado.

– Mira grandote, sé que no te gustan las fiestas, tampoco muchas personas a tu alrededor, pero de esta no te salvas – dice mientras me apunta con su dedito acusador – iremos y es mi última palabra – no me da tiempo de refutar su decisión, la veo salir y cerrar la puerta lo más rápido posible.

Gael solo ríe mientras yo aún no sé qué decir, pronto salgo rumbo a mi departamento, sumido en mis pensamientos sobre un posible viaje, no me haría mal, este último tiempo me he sentido muy encerrado, no me ha dado tiempo de viajar ni de salir con amigos, mis tiempos libres los divido en venir a visitar a mi hermano y cuñada, y en terminar de organizar bien mi departamento.

Mi mente divaga y recuerdo una frase de una de las mujeres que rondaba hace tiempo atrás – no puedo creer que lleves más de 2 años aquí y aún no termines de desempacar todo – una risa se forma en mi cara, nunca he terminado de desempacar porque aún no encuentro mi lugar en el mundo, así que cuando lo encuentre no tendré que empacar tantas cosas.

Mamá decía que tu lugar en el mundo está con tu persona amada, es una de las cosas que se me grabaron de ella, no es que sea justamente un romántico, pero prefiero esperar ese flechazo alguna vez en mi vida y no forzar nada con nadie.

Después de perderme, nuevamente en mis pensamientos, subí a mi departamento, así era cuando no teníamos investigaciones, pasaba la mayor parte del tiempo encerrado en mi departamento o ayudando a Liz en su casa, pero desde la llegada de mi sobrino las cosas se han vuelto algo tediosas y prefiero encerrarme en mi departamento o ir al gimnasio.

Me acuesto con la idea de ir al gimnasio por la mañana o salir a trotar a Central Park, coloco una película en el televisor, pero poca atención le presto, quedo sumido entre las almohadas, observando el cielo a través de la ventana, siento como mis párpados comienzan a pesar, y es ahí cuando los brazos de Morfeo se aferran a mi cuerpo.

Cielo Esposito

Bajo del avión en medio de la noche, entro al edificio del aeropuerto privado y retiro mis maletas, veo a Igor esperando por mí, lo saludo algo emocionada, siempre lo he visto como una figura paterna, él me enseñó la mayoría de las cosas que sé en cuanto a defensa personal y disciplina en mi vida, junto a mi abuelo Alfredo son un ejemplo para mí.

Subimos al vehículo, me paso al asiento del copiloto, escucho como Igor suelta una carcajada, me observa, no nos hemos visto en 3 meses, veo orgullo en sus ojos y yo le sonrió, a pesar de estar aquí me siento cómoda y en libertad, a pesar de estar aquí por trabajo y por mi “padre” biológico, quien en su lecho de muerte pidió verme.

Veo cómo vamos avanzando recorriendo las calles, pensar que la última vez que estuve en esta ciudad mi madre aún estaba a mi lado, ella me enseñó a no guardar rencor, pero como me considero una rebelde y en este caso con causa, el rencor recorre mi frío cuerpo y en estos momentos la frustración se hace presente, frustración al no poder negarle la última visita a un moribundo que busca perdón, perdón que, en mi opinión, no merece pero que el karma se lo ha hecho pagar en carne propia el dolor causado.

Es Igor quien rompe el silencio, me entrega unas carpetas con toda la información que necesito para mi junta de mañana, leo algunos párrafos, pero no logro concentrarme, veo el reloj del vehículo, no es tarde.

– Llévame a casa de tía Liz – digo y veo como Igor gira en mi dirección, sé lo que pregunto y me adelanto a contestar – si estoy segura.

Él no dice nada, pero sé que piensa que me puedo equivocar, nadie sabe que estoy aquí solo mi abuelo, tía Sol y él, pero necesito ver a tía Liz y a tía Sol, pero con ella quedé de verme mañana, el viaje es relativamente corto, pido que nos estacionemos a una calle, este sector de Nueva York tiene casas bastante grandes, por lo que una calle es bastante y es Igor quien me acompaña caminando.

Le marcaba a tía Liz, pero justo cuando comienza a sonar logro ver como se está despidiendo de mis demás tías y primos, decido volver al carro y esperar unos minutos para mi suerte los vehículos en los que ellas se mueven y pasan por al lado del carro de nosotros, cuando sucede eso vuelvo a marcarte y ella con mucha emoción me contesta, le pregunto si ya está sola, ella me comenta que en su casa se quedará tía Sol, y yo celebro, le digo que estoy cerca y ella me ordena ir enseguida, solo me da tiempo de decirle que me espere en la entrada y ya me corta la llamada.

Igor comienza a mover el coche hacia la entrada y a lo lejos veo a mis dos tías, una emoción se instala en mi pecho, provocando que derrame un par de lágrimas, las seco rápidamente y es justo cuando el carro se detiene, salgo de este y corro al encuentro de mis adoradas tías, ellas me acogen en sus brazos y me apretujan, tía Liz me habla de lo mucho que me extraña, yo no articulo palabras, seguimos así por unos momentos, solo nos separamos cuando escuchamos un carraspeo, levanto la vista y veo a un hombre algo fornido, en pantalón de dormir sin camisa, quien nos observa con curiosidad, es tía Liz quien se acerca a él y nos presenta, ahora sé que es su pareja y padre de mi primo Joel.

Ella le cuenta un poco de mí, mientras me observa y luego a Igor quien entra serio e imponente como siempre, cuando estamos en presencia de personas extrañas, me acerco a él para explicarle un poco la situación, él solo asiente y me dice que se quedara cerca, yo le regalo media sonrisa y vuelvo al lado de la tía Sol, quien me abraza enseguida.

Tía Liz le pide discreción a su pareja y él se retira, dejándonos solas en medio de la cocina.

– ¿Cuándo llegaste? – Pregunta tía Liz, quien saca unos tazones para tomar café.

– Hace más o menos 1 hora – respondo, observando a mi alrededor, sintiéndome extrañamente cómoda, tía Sol aún me abraza – aún no llego al hotel donde me quedaré, quería venir a verte.

– Tú puedes venir cuando quieras – dice tomándome la mano - ¿a qué has venido? – Noto como tía Sol se tensa y tía Liz nos observa con curiosidad - sé que algo está pasando, así que cuéntenme si no quieren que les diga a tus demás tías que estás aquí.

– Está bien – acepto bajo la atenta mirada de Igor.

– ¿Estás segura? – Pregunta tía Sol y yo solo asiento.

– Todo está bien Igor – lo calmo y él solo asiente y sigue en lo suyo.

Comienzo por relatarle como me contacto con la familia de mi padre y como se enteró el abuelo, prosigo con los arrepentimientos y con la conversación que quiere tener mi padre conmigo, cuando termino de relatarle todo lo sucedido ella parece pensar y meditar mis palabras, después de unos momentos me observa, regalándome así una de sus sonrisas, con la cual me da a entender que tengo todo su apoyo.

Seguimos conversando gran parte de la noche, entre algunas tazas de café y sándwiches, se siente bien estar rodeada de personas que me aman sin juzgar mis actos, me agrada la paz que logro junto a ellas, hablamos de música, de cómo me va en la escuela, de si me gusta algún chico, de trivialidades en general, tía sol nos cuenta que quiere radicarse en alguna ciudad y que le gustaría nuestro apoyo, luego bromeamos un poco, reímos porque Igor se durmió en el sillón donde estaba sentado, y así se nos van las horas.

Un carraspeo nuevamente nos saca de nuestra conversación, es Gael la pareja de tía Liz, quien ya viste de traje y trae su maletín en mano, cosa que nos alerta, miramos fijamente hacia la ventana y nos damos cuenta de que ya amaneció, Igor se levanta de golpe y me da una mirada severa, me apresuro a despedirme y dar las gracias por todo, me despido de tía Liz a quien no veré hasta nuevo aviso, mientras que la tía Sol se limita a darme un guiño, sé que más tarde nos veremos.

Subimos a nuestro vehículo y conduce hasta el hotel plaza, ahí nos quedaremos en una suite con varias habitaciones, acomodamos algunas cosas, Igor se va a su habitación después de comunicarme que en 1 hora debemos ir saliendo.

Entro a mi habitación y por unos segundos me recuesto en la gran cama que posee esta, estaré aquí 5 días por lo que la disfrutaré, me desnudo mientras camino por la habitación buscando lo que me pondré para salir, ya todo listo me meto bajo la lluvia artificial de la ducha, adoro que el agua está muy cálida, bordeando su punto de hervir, lavo y restregó mi cuerpo, no tengo hábitos de belleza o para conservar mi piel y cabello en buen estado, pero hasta ahora me ha funcionado una buena ducha caliente y una crema que mi madre usaba, yo la uso porque su aroma me recuerda los abrazos y mimos de ella.

Salgo del baño enfundada en un albornoz blanco, me quedan 20 minutos para cambiarme y terminar de arreglarme, por lo que me apresuro a hacerlo, un pantalón de vestir negro junto a una blusa blanca con detalles en el cuello, bajo esta un bodi de encaje, para cambiarme más rápido y no estar todo el día con ropa formal, coloco unos tenis blancos y un blazer negro igual que mi pantalón de vestir, tomo mi cartera café y meto mi billetera, un jeans negro y mi cazadora verde, de mi maleta saco mi cámara profesional, una libreta junto a mis lápices y los meto en la cartera, por último anudo mi pañoleta café a la correa de mi súper cartera y salgo a la sala, donde Igor me espera perfectamente vestido en un traje.

Me observa de pies a cabeza y cuando ve mi cartera sonríe y niega con la cabeza – más que cartera es un morral – alega, pero yo solo paso por al lado de él abriendo la puerta de nuestra suite, en silencio bajamos, llegamos a nuestro coche y me entrega una carpeta con algunos papeles, incluido los análisis de sangre donde se acredita que soy hija de quien ahora estoy a punto de conocer.

El camino hacia su casa se me hace corto, pronto me encuentro esperando ser recibida por su familia, su hijo mayor es quien me saluda cordial y me hace pasar al despacho, él habla sobre el estado de salud de Arthur Hilton y de que su condición no permite sorpresas ni sobresaltos, que por favor tenga cuidado con mis palabras que estoy en todo mi derecho de reclamarle pero que él está arrepentido, sigue hablando pero mi mente se va a la reacción de su esposa e hija, cuando yo entre, debe haberle sorprendido el gran parecido que tengo con mi madre, poco se dé la relación de mis padres pero sí sé que soy la única hija de mi madre y la hija menor de mi padre.

Mis pensamientos se esfuman cuando Igor pregunta si estoy bien, me limito a asentir mientras que Arthur jr. Me invita a acompañarlo e ir al encuentro con mi padre biológico, subimos las escaleras bajo la atenta mirada de su esposa y su hija, que aún me observan como si fuera una aparición divina, observo a detalle el corredor por donde caminamos, las paredes adornadas de fotos familiares y cuadros de arte, muy ostentoso y sobrecargado para mi gusto, al final de mi recorrido me encuentro en frente de una puerta doble en color negro, algo lúgubre, Arthur me observa y yo le regalo media sonrisa, no de confianza digo en mi interior pero sí de seguridad, la seguridad en mí misma.

Observo a un hombre moribundo, lleno de tristeza en su mirada, está postrado y lo único que hace es mirar por la ventana, siente nuestros pasos pero no se gira a observarnos, es su hijo quien se acerca a él y le anuncia mi visita, el hombre sonríe y me observa detenidamente, me estira su mano y yo dudo en tomarla, pero mi conciencia me hace caminar hacia su encuentro, me siento al borde de su cama, él no suelta mi mano y su mirada llena de emociones me desconcierta.

– Eres igual a ella – me dice al borde de las lágrimas – sus ojos ámbar, su cabello castaño, sus labios rojos y carnosos, su tersa piel, lo heredaste todo de ella – coloca su mano en mi mejilla mientras que con la otra limpia sus húmedas mejillas – déjennos solos por favor – pide y cuando su hijo iba a refutar su petición él le dedico una severa mirada, así que no le quedo otra que retirarse, veo como posa su mirada en Igor y soy yo quien le mira detenidamente, él solo asiente y antes de cerrar la puerta me informa que estará afuera de esta, yo asiento y vuelvo a observar al caballero – veo que también sacaste su carácter – me limito a asentir – sé que no es cómodo para ti estar aquí, tampoco era lo que yo hubiese querido para volver a ver a mi hija – me sorprenden sus palabras, pero guardo silencio y escucho como relata con fuerza en su voz - Pilar, bueno quiero que sepas que tu madre fue, es y será el gran amor de mi vida – su voz en un hilo me hace sentir chiquitita – tú no conoces toda la historia entiendo que mis palabras te sorprendan, pero pasaron muchas cosas, circunstancias y personas que dificultaron todo, no queríamos que tú crecieras con rencores ajenos por lo que acordamos solo hablarte de lo bonito que fue todo – me petrifico un poco por sus palabras, pero continuo en silencio – solo quiero que sepas que tú eres una hija querida, esperada y por sobre todo preciada, queríamos darte la familia perfecta pero algo nos falló y todo termino así, yo solo quiero que me entiendas un poco, no quiero tu perdón por faltarte pero quiero que aceptes lo que quiero darte – veo como saca un sobre amarillo de entre sus almohadones y me extiende – aquí está todo, la historia de nuestro amor, lo que era de tu madre, que ahora es tuyo, sé muy bien que lo material no reemplaza todo lo que te hemos faltado, pero – veo en sus ojos cristalizados dudas – esto que te entrego te dará la libertad de elegir tus metas, de tomar tus decisiones, de luchar por tus sueños y no por los de alguien más – me quedo observando el sobre, siento que tengo que abrirlo, pero me abstengo, quiero escuchar lo que él me relata primero – esto – dice indicando el sobre – no es una herencia, eso es tuyo desde ahora ya, eso fue lo que yo compre para ti, todo está a tu nombre y nadie te lo puede arrebatar, comencé a comprar cosas en tu nombre desde la partida de tu madre, no quiero que el día de mañana te enfrasques en una pelea por una herencia que no valdrá la pena – yo asiento – por favor guárdalo, nadie sabe de su existencia, todo lo puedes utilizar desde los 16 años, ya los cumpliste por lo que no tendrás que esperar – observo el sobre y lo abrazo entre mis brazos, como aferrándome a la llave de mi vida – escúchame y mírame, nadie, nadie en esta vida te puede limitar, ama cuando quieras y a quien quieras, viaja, conoce, aprende, edúcate, disfruta y no expliques tus decisiones, el día de mañana solo lo vivido te quedara – yo asiento y siento como mis lagrimas mojan mis mejillas – cuando tengas dudas sobre lo que hay en el sobre, confía en tu intuición, y sobre nuestra historia, Sol puede aclararte algunas cosas, ella es en quien puedes confiar si de eso se trata.

– ¿Por qué? – Pregunta - ¿Por qué ahora?

– Porque siempre pensé que podría esperar que fueras mayor de edad y así pudieras comprender todo lo que sacrificamos por tu bienestar y porque vivas con la libertad que tienes ahora, pero no creo poder aguantar 6 meses más – él me observa como recordando o rebuscando entre sus recuerdos – Cielo, sabes por qué elegimos tu nombre – niego con la cabeza – inalcanzable, infinito, claro y oscuro a la vez, con diferentes matices, adornos y grados de luminosidad, pero hermoso, siempre hermoso.

Sonrió por sus palabras, seguimos hablando, pregunto por su estado de salud y él me advierte que le queda poco, hablamos un poco de lo que se tratara la junta que tendré con sus hijos, me advierte que su hija Anette es una víbora de proporciones mayores, que no tome en cuenta sus palabras o sus faltas se respetó, me aconseja no aceptar nada, él sabe lo que tiene y lo que ellos heredarán y no es ni la mitad de lo que tengo yo, le restó importancia, bromeo y rio junto a él, siento su calidez como persona, hasta que nos vemos interrumpidos por un leve toquido en la puerta, doy paso a que entren y es Arthur Jr., quien viene por mí para dirigirnos a las oficinas de sus empresas.

– Se supone que la junta comienza a las 11:30 am y recién son las 10 am – digo con un tono firme, veo como Igor entra y se coloca cerca de mí - ¿ha ocurrido algo?

– No, bueno es solo – veo como titubea, y observo en la puerta a las dos mujeres de pie.

– Entiendo – le digo sin dejarlo continuar hablando – me permiten despedirme.

– Claro – termina por decir mientras sale de la habitación, nuevamente quedamos los dos, pero esta vez con Igor dentro de la habitación, parado en la puerta.

Me levanto de la cama y me acerco a él, veo como me observa, va a decir algo y yo pongo uno de mis dedos sobre mis labios, pidiéndole que guarde silencio, le indico las sombras que se logran colar por el espacio que hay entre la puerta y el suelo, él observa y asiente, le paso el sobre para que lo guarde y él lo acepta sin decir nada, vuelvo al lado de mi padre y me permito un momento mimoso con él.

– Nunca entenderé todo, eso lo sé y no te culpo – suspiro mientras me tiendo en la cama junto a él y lo abrazo – ni a mi madre ni a ti, me hicieron y me harán mucha falta, pero siempre los amaré y mantendré en lo más profundo de mi mente y corazón – lo siento temblar, pero me aferro a sus brazos – me diste la vida y con eso me es suficiente, no pidas perdón, solo acepta las consecuencias de frente y acepta cuando erraste, mi abuelo siempre me dijo eso y lo creo fielmente – me separo de él para mirarlo a los ojos – no sufras por mí, yo estaré bien, porque tú y mi madre me criaron bien, sabes de lo que hablo – él asiente entre lágrimas – te amo papá.

Dicho esto, me pongo de pie, limpio mi rostro, compongo mis ropas, dejo que bese mi frente y le indico a Igor que es momento de retirarnos. Como lo había previsto fuera de la habitación, la mujer e hija de mi padre estaban pegadas en la puerta, su sorpresa fue grande cuando abrí la puerta de golpe y pedí permiso para pasar, no dijeron nada en ese momento, solo siguieron mis pasos, escuchaba sus tacones chocar sobre el suelo que pisaban en la escalera Arthur Jr., me esperaba, me indicó el camino hacia el despacho nuevamente, entramos ahí junto a Igor, quien estaba casi pegado a mi bajo la atenta mirada de la familia de mi padre. No quise tomar asiento, ya que quería terminar luego con el asunto que nos competía, él me indicó la dirección de las oficinas y se ofreció a llevarme a mí y a mi acompañante en uno de los autos de la familia.

– No, gracias – dije con autosuficiencia – tengo vehículo propio y de seguridad para trasladarme – no espere respuesta y camine hacia la puerta – me retiro, nos vemos en 20 minutos en las oficinas, no dispongo de mucho tiempo – dije sarcásticamente.

Salí de esa casa como si estuviera al borde de un volcán en llamas, el aire era pesado, las puertas lúgubres y el ambiente hostil, caminé junto a Igor hasta nuestro carro, fue él quien me abrió la puerta para yo entrar en la parte de atrás del carro, mientras que él dio la vuelta para entrar en la parte del piloto, fijé mi vista en el sobre que mi padre me había dado, decidí no abrirla hasta estar en el hotel, y también durante la reunión seguí su consejo, renuncié a todo lo que se me podía otorgar si hacía valer mi estatus de hija, confié en el hombre que me dio la vida.

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