No Sigo Órdenes
No Sigo Órdenes
Author: S.PamelaT.Beltrán
Prólogo "Phoenix"

El motor del helicóptero que nos trae de vuelta después de una difícil misión suena estruendosamente, pero la música suena más fuerte, mi pelotón canta a todo pulmón The Phoenix de Fall Out Boy, podría decir que es mi canción, puesto que mi apellido es Phoenix pero se hizo costumbre cantarla siempre que volvemos de una misión.

Hey Youngblood doesn't it feel like our time is running out
I'm going to change you like a remix
Then I'll raise you like a phoenix
Wearing all vintage misery
No I think it looked a little better on me
I'm going to change you like a remix
Then I'll raise you like a phoenix...

​​- ¡Vaya que estuvo dura la misión! - exclama el sargento mayor Corwell sentándose a mi lado.

- Lo importante es que todo salió bien - respondo acomodándome mejor en la silla.

- Y como siempre insubordinandote, no entiendo ¿Porque no te gusta seguir órdenes? - pregunta.

- Por lo menos, logré salvar la situación, señor - respondo con sarcasmo - si hacía lo que ustedes planeaban, hubiéramos perdido tiempo y vidas...

-! ...Siempre la misma...!- exclama poniendo los ojos en blanco - ¿no entiendes que exigimos disciplina en la institución?

- Solo por salirme un poco del libreto no quiere decir que sea indisciplinada, además siempre resulta, todos exigen resultados pues... - muevo las manos para hacer énfasis - los resultados los hay y muy buenos.

- Cuando no resulten tus planes ¿Qué harás?

- Encontraré una solución - le guiño un ojo - Señor.

- Eso no funcionará ésta vez, soldado.

- Eso lo veremos - respondo coqueta - cuando lleguemos a la base.

Corwell se levanta negando con la cabeza y se aleja de mí, se podría decir que está molesto conmigo y no por mí insubordinación del día, sino porque sabe que tengo poder sobre él.

Somos buenos amigos, nos conocimos cuando entramos a la academia, al comienzo tan solo éramos buenos amigos que se contaban todo pero un tiempo después nos volvimos "amigos de alcoba", mejor dicho amantes de una noche, aunque hace cinco años que pasamos unas tres noches a la semana en el juego de "amigos con derecho" pero nada más, Corwell es muy idiota para ser "algo más" sé que tampoco soy su tipo y mejor así,  tampoco tengo ganas de cargarme con un chico en estos momentos, estoy muy bien sola, la única relación en mi vida causó estragos en mi ser, en estos momentos lo que más deseo es alejarme de ese sentimiento, llamado amor.

Llegamos unas horas después a la base, sé que tendré problemas cuando Corwell cuente mi "insubordinación del día" el general se hará un almuerzo conmigo, pero me alegro mucho de haberlo hecho, como le dije a Corwell si esperaba sus órdenes hubiéramos tenído muchas bajas y la misión no se hubiera concluido, así que los resultados están ahí, latentes y palpables, es bueno salirse, algunas veces del libreto.

Mientras camino en dirección al angar del avión, escucho un estruendoso movimiento muy cerca de mi, miro en dirección al garaje de la base,  el equipo de asalto está  subiendo a las camionetas, de seguro tienen una misión, como no estoy cansada y mis sensores gritan fuerte y claro que algo sucedió y que debo hacer algo al respecto.

Me dirijo hasta el garaje,  no estoy dispuesta de ver de palco la situación, así que tomo un equipo táctico, me apresuró en colocarmelo y salto a la camioneta con mi AK - 47 al hombro.

Con tanta confusión, ni sé dieron cuenta de mi intromisión, será más fácil mezclarme sin ser vista, mimetizarse con el entorno de mis compañeros, una media hora después casi cayendo la tarde la camioneta se detiene en un lugar inospito, la verdad es que no sé dónde estamos,   todos  empiezan a bajar y con ellos desciendo yo, pero ni bien lo hago siento que me toman del brazo con fuerza.

- ¿Que demonios haces acá? - chilla Corwell apretando mi brazo con fuerza - tu no debías estar en esta misión.

- Sargento Mayor Corwell o me suelta o se recibirá un golpe en las bolas, ¡Señor! - chillo desafiante mirándolo atravesado, lo intimidó, no permitiré que me trate de esa manera. Corwell me suelta, lo miro, noto que está con el ceño fruncido, podría jurar que está por salirle humo por las orejas. - Vine porque puedo ser de mucha ayuda - comento con tranquilidad y con mucha seguridad- Sabes que me necesitan, Corwell - respondo guiñándole un ojo.

- El equipo puede solo con esta misión, Phoenix,  no te necesitan.

- ¿Y usted que hace acá, señor? - pregunto mordaz.

- Soy sargento Mayor, debo manejar a los soldados desde acá, ni bien llegué de la otra misión debía acompañar a este pelotón.

- Disculpe señor, pero sé que estoy en el lugar correcto y no me iré porque usted lo quiera.

- Eso no es...- uno de los soldados se acerca a nosotros y detiene la conversación.

- ...Señor, estamos listos...este es el plano de la edificación - abre un plano y lo coloca encima del capo de la vagoneta - los rehenes están aquí, aquí y aquí - exclama poniendo su dedo en tres puntos muy marcados - los sospechosos están aquí, aquí y aquí, tal vez podamos entrar por el techo.

- ¡Suban al techo y cubran las salidas! - ordena Corwell.

- ¿No crees que sería mejor...? - pregunto mirando el plano con detenimiento.

- ¿Que sería mejor, Scarlett? - pregunta molesto mirándome con el ceño fruncido.

- ¡Que te vayas al cuerno! - chillo molesta y empiezo alejarme de él, lo más lejos posible para que no me noten, saco mis audífonos pongo It's my life de Bon Jovi, la coloco a todo volumen y es mi aviso, estoy lista para hacer una de mis típicas locuras.

Camino sin que nadie me vea hasta la edificación, sí Corwell me hubiera escuchado se hubiera dado cuenta de está entrada vacía y sin vigilancia, doy una patada para abrirla y sigo adelante.

Nunca me gustó escuchar el ruido ambiente, se que no es lo correcto, podría estar poniendo en peligro a todo el pelotón y obviamente a mi,  pero siempre me sirvió para concentrarme, la música a todo volumen me ayuda y punto,  como siempre, hago las cosas a mi modo.

Subo las gradas lentamente, los ojos en la espalda y en frente, cualquier cosa que se mueva y que no sea un rehén debe ser eliminado de inmediato, encuentro dos guardias al subir al tercer pasillo y sin pensarlo disparo, caen dos pero sé que el sonido de mi AK - 47 hizo un ruido estridente así que ya avisé mi posición, en este punto hay que disparar sin pensar.

- ¡Mierda, Phoenix! - la música cambia a la voz estridente de Corwell - ¡te entraste sin esperar órdenes! - chilla.

- Después me regañas, imbécil, en estos momentos estoy concentrada en llegar a los rehenes, ¡sí de una vez mandas a tus refuerzos que siguen planeando cómo entrar, me ayudarías un montón! - chillo y corto comunicación.

Prósigo con mi subida, la música cambió a Metallica con St Anger, levanta mi adrenalina al límite, es la mejor manera de seguir con estas misiones.

Logró sentir el movimiento de los pisos superiores, saltarán de algún lado así que preparó mi arma con la mira lista para derribar cualquier blanco, unos minutos después observó cómo saltan tres tipos de las gradas a mi posición y vuelvo a disparar, son tres menos, no sé cuántos faltan, pero está vez, por fin logró ver por las ventanas como el equipo de asalto empieza a bajar por el techo, mientras ellos se dedican a asesinar a los malos, me dirijo a los cuartos donde están los rehenes, por todo el movimiento, los guardias tuvieron que dejar sus posiciones, así que puedo entrar dando un duro golpe a las puertas.

- ¡Afuera! - chillo,  ni bien tiro la puerta de una patada - ¡Ahora! ¡sin mirar atrás!

Los rehenes salen desesperados de los cuartos, siento como van bajando las gradas, voy trás de ellos, unos minutos después bajo más rápido para colocarme en su delante para protegerlos, nunca se sabe, puede haber blancos que estén ocultándose en las sombras.

Lo bueno es que no nos encontramos con ningún enemigo, los rehenes salen por la puerta que yo entre, los otros soldados que se quedaron afuera van a socorrerlos ni bien notan que no hay más peligro, mientras yo levantó mi cabello que se alborotó con todo lo sucedido, me deshago de mis audífonos y camino orgullosa hasta el idiota de Corwell que está mucho más molesto todavía por mi osadía.

- ¡Estás loca! - chilla - entrar tú sola a un edificio lleno de asesinos, ¿No podías esperar un poco para esperar refuerzos?

- ¿Para que? ¿Para que empiecen a matar rehenes mientras ustedes pensaban que hacer?

- Estás en problemas, Phoenix - advierte.

- Siempre los estoy... - respondo sonriendo sarcásticamente, alzo los hombros demostrando que eso no me interesa y vuelvo a subir a la camioneta para esperar a mis compañeros.

Unas horas más tarde volvemos a la base, ahora tendré doblé de problemas por mis "insubordinaciones del día"  pero sé que hice lo correcto, las misiones salieron perfectas gracias a ello, pero escuchemos que tiene que decirme el general de todo esto.

Corwell no me habla, sigue con el ceño fruncido, a diferencia de mí, él sí sigue cada una de las normas de la institución, eso me resulta difícil,  odio ser tan rígida como lo es él, algunas veces algo de locura es necesaria.

Llegamos a la base ni bien desciendo de la camioneta un soldado se acerca a mi.

- La llama el General Grinder.

- Si, ya voy - exclamó colocando los ojos en blanco y empiezo a caminar en dirección a las oficinas del General, lista para una regañiza de esas que ya tengo el gusto de escuchar.

Toco la puerta y meto la cabeza abriendo el picaporte de la puerta.

- ¿Señor? Phoenix reportándose.

- Soldado Phoenix, pasé por favor.

- Si, señor.

- Iré al grano, no tengo tiempo para preámbulos, el día de hoy me reportaron dos insubordinaciones de parte suya.

- Pero resultaron ser buenas ideas, señor, las misiones resultaron salir perfectas por esas "insubordinaciones" Señor.

- Es uno de mis mejores elementos, no niego lo contrarío, Phoenix pero eso no quiera decir que debo aguantar sus impertinencias.

- No son impertinencias, señor, yo solo soy así. - alzó los hombros y sonrió graciosamente.

- Sabe que su frescura me molesta, soldado.

- No es frescura, señor...pero sea sincero conmigo, no se dió cuenta que mis impertinencias,  como usted las llama, han solucionado mucho más problemas que seguir la rigidez de un solo plan.

- Su actuar hormonal es peligroso para nuestra institución, está arrestada por el fin de semana, en su cuarto, no podrá salir, ni tener días libre.

Pongo los ojos en blanco, alzó los hombros pues "¿ya qué?"

- Si, señor - respondo intentando no sonar impertinente.

- Espero que eso le enseñé a cambiar su comportamiento.

- Si, señor - vuelvo a responder de esa manera porque debo decir algo, pero la verdad es que yo nunca, jamás cambiaré.


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