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CAPÍTULO 6. ARREPENTIDA

Un rayo de luz se cuela por la  rendija que dejamos por descuido en la persiana de la ventana y me llega justo en la cara ¡Que suerte! Me giro y me topo con una belleza: Nat, Danielle se encuentra en la orilla de la cama debo rescatarla antes de que caiga al piso.

Me levanto y siento un millón de palpitaciones en la cabeza, creo que nos excedimos ayer con el licor. Espero que Amanda haya venido y que este preparando desayuno porque creo que moriré de hambre. Acomodé el cuerpo de mi hermana etílicamente desmayada  y le di un beso en la frente.

Me duche y sólo me dejé un pantalón  de  pijama limpio, bajé descalzo y sin camisa tengo que comer algo antes que me desmaye. No recuerdo donde dejé el teléfono pero debe estar abajo en la sala o el recibidor, ya tengo una  semana que no voy a trabajar de nuevo de seguro mi padre debe estar furioso. Bajo la escalera y escucho el ruido de utensilios que chocan y mi estomago ruge como un León.

—¡Buenos días! – saludo con una sonrisa tímida viendo que ya el desastre de la casa esta arreglado.

—¡Buenos días  jovencito! ¿Buena fiesta eh? – me miro sonriendo comprensiva o eso creo.

—Perdón  por el desastre, mi hermano Ethan es un torbellino – expliqué pasándome la palma de la mano por la nuca nervioso. Ella hizo un ademan con la mano restándole importancia.

—Ni lo menciones jovencito, nada que no se pueda  realizar en una hora – me guiñó el ojo derecho y sonreí.

—Huele delicioso ¿Qué preparas? – pregunté hambriento.

—Lasaña y tu carne cruda - ¿Qué? ¿Qué hora es?

—¿Almuerzo? ¿Qué hora es? – pregunté asombrado.

—Las doce treinta y siete. ¿Desayunas? – la miré atónito.

—¡Si, no! – levantó las cejas —Es decir; voy a almorzar de una vez. Si ya se encuentra listo por supuesto – asintió, estas personas me agradan porque son muy amables.

—Solo falta tu carne cruda, por cierto ese armatoste no ha dejado de sonar desde que llegué – sonreí ante el apelativo que le dio a mi teléfono.

Me dirigí al mueble de madera situado frente al sofá triple y observé atónito las cien llamadas que tengo reflejadas. Casi todas de papá y Jena pero también  tengo llamadas de Kathrya y de Robert.  Decido llamar a Robert en un arrebato de masoquismo ya que se perfectamente que esta con Sonya.

—¡Joven! – me dijo preocupado.

—¿Qué sucede Robert? – pregunté extrañado.

—Voy camino a la casa es decir: vamos – un escalofrío recorrió mi cuerpo dejándome  una sensación de vacío y un sabor amargo en la boca.

—¿Es grave? – ni siquiera se por qué dije eso.

—No se ve bien… - no dijo más y colgó, mis alarmas se encendieron de inmediato y un mal pensamiento llegó a mi mente: Alma Nathalia.

Subí rápidamente  escaleras arriba a ponerme decente por si acaso debamos llevarla a la clínica, mis hermanas aún duermen y me visto como un rayo. Vuelvo a bajar las escaleras y llego a la estancia justo a tiempo cuando la puerta se abre e ingresa Sonya, mi cuerpo reacciona al instante pero no me acerco. Tengo una sensación de rechazo que me embarga y el dolor vuelve, ella me mira y parece un alma en pena, ya se dio cuenta que su madre la odia lo veo en sus hermosos ojos que me hacían  temblar, pero en este momento no la quiero cerca.

Vuelven cada uno de los momentos de rechazo y burla, el dolor se acrecienta y la bilis amenaza con calcinar mi garganta, este sufrimiento que me hizo pasar si que hizo mella en mi corazón, aún se encuentra tan roto que dudo vuelva a ser el mismo.

Averigüé que había  sido su madre quien me tendió  la trampa hace mas o menos un mes e incluso se lo dije pero, nada funcionó se burlo de mi diciendo  que asumiera mi responsabilidad, que todo había  pasado porque ella no era suficiente para mi ¡Que error!

La observo detenidamente, su ropa esta sucia y tiene el cabello revuelto, me fijo en el pantalón que lleva puesto y se ve humedecido en la entrepierna, no se que sucedería pero, no fue algo bueno cuando Robert tomó la decisión de traerla a casa. Gime y solloza como una niña, se nota en sus ojos que esta arrepentida sin embargo no siento su dolor porque solo siento el mío en este momento.

—¡F-fue mi madre! Ella, ella lo planeó todo. ¡Tenías razón! Yo-yo estoy avergonzada – tapó su cara con las manos y lloró casi a gritos.

Mi lado estúpido quiere ir donde esta ella pero mi lado consciente  aún esta molesto; la amo con locura de eso estoy seguro. Mas no puedo moverme de donde estoy; todos los recuerdos viajan dando vueltas en mi cabeza, el momento de su ira contra mi, todas  mis  súplicas, las llamadas mis lágrimas  y todo  el sufrimiento que me ha llevado casi a encerrarme en mi mismo, no se como salir pero si se que ella no me merece.

—¡Cálmate Sonya, estas muy alterada! Eso le hace mal a la bebé – abrió mucho los ojos ante mi tono brusco.

—Yo-yo se que estas molesto y con razón mi estupidez me llevó a desconocer que tu me decías la verdad. ¿Podrás perdonarme? ¡Por favor! – juntó las manos en actitud de ruego, no sentí nada.

—¡Napoleón! ¡Oh Dios mío Sonya! – es Dom, corrió a tomarla en sus brazos y cuando volteó a mirarme su rostro era de asombro. Sonya solo lloraba desconsolada.

—¡Lo siento tanto! Yo no pensé… ¡Solo quiero que me perdone! – decía entre sollozos e hipada sujeta de la camiseta de mi hermano.

—¡Lo sé cariño! Pero en este  momento hay que pensar en la bebe. ¿Entiendes verdad? – ella asintió — ¡Vamos, acompáñame! – mi hermano me observó de manera desaprobatoria ¿Qué le pasa?

Una vez instalada en la única  habitación  en la planta baja por orden de mi hermano el medico que esta un poco molesto conmigo por mi actitud ya que según él eso le hace daño a su sobrina, puedo decir que me siento igual de insensible y con un dolor que poco a poco muta a una rabia que hace estragos en mi.

No comprendo por qué si ella dijo que me amaba y yo hice lo posible por que ese amor creciera me trató como un delincuente, un terrorista que no merecía el beneficio de la duda. Y ahora aparece con sus hermosos ojos aguados y una actitud sumisa solo porque se equivocó ¡Pues no! Ahora yo estoy molesto y malgeniado ¡Por Dios! No soy un idiota, bueno ral vez lo sea pero un idiota con dignidad y valor. ¡Si señor!

           ☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆

—¿Sabes que si se deprime tendrá  sufrimiento fetal? – miro a Dom dese el sillón  frente al bar.

—¿Y que se supone que haga? – conteste más agresivo de lo que pretendía.

—¿No lo se genio? ¿Crecer tal vez? ¿Madurar? – apreté el vaso con el whisky que tenia en la mano.

—Hasta donde se he llevado las cosas lo mas calmado que puedo, no me pidas que la abrace porque sencillamente no puedo – hablé entre dientes.

—Solo queda una semana a lo sumo para terminar el embarazo y que sepa no te estoy pidiendo una celebración de nuevas nupcias, no olvides que he estado contigo todo el tiempo y he tenido que administrarte medicamentos para que puedas soportar el dolor debido a tu condición de ansioso, lo único que te pido es que trates…

—No la voy a abrazar Dominik ¡Olvídalo! No la quiero cerca y mucho menos en mi cama o a mi lado – dije tajante, mi hermano apretó los labios y asintió.

—Bien, entonces asume las consecuencias que recaerán sobre Alma Nathalia imbécil  - me levanté del sillón y camine hacia él.

Levantó la cabeza para mirarme toda la rabia y la frustración que llevo acumulada amenaza con salir y explotarle en la cara a Dominik McCarty por pretender que deseche mi dolor solo porque se puede deprimir ¡Por favor! Que asuma sus consecuencias y errores.

—¿Qué harás peque? ¿Golpearás a tu hermano por escupirte la verdad en la cara? – y allí  estaba recostado al marco de la puerta en su máxima  expresión y desplegando superioridad: Duncan McCarty “mi padre".

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