El Deseo de un Ángel - Libro II - Trilogía Ángel
El Deseo de un Ángel - Libro II - Trilogía Ángel
Author: Dia Mond
Prólogo

Aimé Bombelles de D’Angelo

Puse los audífonos en mis oídos, tratando de olvidar el trago amargo que había dado el salir de allí, no había pasado ni un día y lo extrañaba, lo necesita, quería estar a su lado, cuando abriera los ojos, cuando se recuperaba, suspiro llamando la atención de mi hermana.

La veo colgar el teléfono y darse vuelta hasta mí, me observa fijamente y sin decir nada me abraza, deja salir el aire mis pulmones, pero nada de lo que haga me quita el hormigueo que siento en mis manos, estoy segura de que estoy a mitad de un ataque de ansiedad.

Cuando bajamos del tren tratamos de cuidarnos de las cámaras lo más que podamos, hasta entrar al baño de servicio. Allí nos metemos al cubículo de los minusválidos, por el espacio, y sin mucho que hablar nos cambiamos de ropa.

– Estás más delgada – me reprende, pero no soy capaz de decirle algo - ¡Aimé! ¡Aimé! – repite y salgo de mi letargo dedicándole una mirada – escúchame ¿ok? – asiento con la cabeza – esto no es el final, esto no llega hasta aquí.

– No lo sé, no estoy segura – respondo sin ganas, mientras termino de cambiarme la ropa.

– ¿Tan poca fe le tiene al amor que siente por ti? – pregunta provocando que dentro de mí algo se encienda.

– No se trata de eso Camilla … - ella me corta.

– ¿entonces de qué se trata? – cierro los ojos, no quiero llorar - ¡Escúchame! Se aman y se van a amar, así sea ahora o en unos meses, él te escuchará ¿sabes por qué? Porque se muere por ti, por qué haría esto y mucho más por ti, porque eres el amor de su vida – escucho sus palabras, pero aún no me permito creerle – y si no es así, entonces jamás fue amor de verdad – ese es mi más grande miedo – ahora vamos – solo asiento y me miro al espejo.

Recojo mi cabello en una coleta y pongo una gorra, tomó la chaqueta de mezclilla y pongo allí el dinero que tome, el móvil que compramos como provisorio y me aseguro de esconder mis anillos, que ahora cuelgan de mi cuello, entre las ropas.

Camilla no demora en estar lista, para salir de allí, tomamos un taxi justo a la salida de la estación, el camino es un tanto largo, pero cuando llegamos a la dirección que nos indicaron, me doy cuenta de que lo conozco, pagamos y dejamos que el carro se vaya.

Me apresuro a entrar y corremos con las mismas ganas de antes hasta la oficina, cuando por fin vemos a quien nos ayudará a permanecer ocultas no me mido y corro a sus brazos, agradezco infinitamente, sé que son poco los amigos que tengo, pero estos valen oro, igual que mi hermana.

– Vamos – dice enseguida – necesito sacarlas de aquí, es mi último día en este lugar, salimos a Francia en un par de horas – nos entrega un perchero con ropa a cada una – dentro hay documentos que les permitirán salir del país sin que nadie sepa su verdadero nombre – asentimos y escucho bufar a mi hermana.

– ¡Me estás madreando! – reclama y yo solo puedo reír – me arranque para no tener que usar esto y ahora lo tengo que usar por gusto – pone una mano en su rostro y puedo ver su molestia, aunque me parece gracioso puedo sentir su descontento.

– No seas llorona – la reprendo – no es tan malo como parece – ella solo hace una mueca y salimos del despacho.

Nos vamos hasta la habitación que nos indican y comenzamos a hacer el cambio, ayudo a mi hermana a colocarse bien su vestimenta, cuando estamos en eso el móvil suena, corro a él y veo el mensaje que me avisa que ya todo está en proceso.

Puedo sentir como la calma vuelve a mí, como siento felicidad a pesar de estar derrotada en otra ciudad escapando del amor de mi vida – es por su bien – grita mi subconsciente, pero no puedo evitar derrumbarme en este momento, mis lágrimas comienzan a salir y no siento el final de esta pena, mi corazón se estruja sin medida.

Puedo sentir las manos de mi hermana tratando de contenerme, susurrándome al oído que todo estará bien, que todo es para mejor, que las cosas pasan por algo, que lo más probable es que cuando volvamos a vernos nuestro amor sea más intenso que ahora, pero y si no es así.

Si él no me escucha y me odia, no me da la oportunidad de explicar y prefiere escuchar a otros.

– Jamás me lo perdonaría – digo después de haber llorado y estar sentada en el suelo junto a mi hermana – sí Salvatore no me diera la oportunidad de explicar, de contarle todo, de estar a su lado nuevamente, a pesar de todo eso, esto, esto que estoy haciendo ahora valdrá la pena – ella acaricia mi cabello y besó mi frente.

– Lo sé, es el amor de tu vida, cada sacrificio que hagas valdrá la pena – sus palabras me consuelan, pero mis remordimientos y penas me hacen preguntar.

– Pero aún vale la pena si luego ¿no quiere vivir su vida a mi lado? ¿si decide darles la razón a otras personas? …

– Te ama, te lo repito, te ama tanto como para no dejarse influenciar por terceros, y esta vez será de la misma forma ¿ok? – pregunta y vuelvo a asentir.

Terminamos de colocarnos la ropa y salimos del pequeño cuarto. Afuera nos esperaba el padre Giuseppe quien nos pidió que esperáramos en la oficina hasta que él volviera, tenía que atender a alguien en la iglesia.

Decir que su comportamiento era extraño me dejaba corta, Camilla vio lo mismo que yo y decidimos ir a investigar, caminamos por el pasillo despacio y escuchamos dos voces, eran hombres. Luego de unos segundos me di cuenta de que se trataba de Gastón Fontaine, Camilla logró escuchar nuestros nombres y que quería que el padre le ayudará a entablar una relación con nosotras.

Nos movimos rápido cuando el hombre se fue, no queríamos ser descubiertos, pero cuando el padre volvió al despacho no aguante y pregunte.

– Sí, quiere saber de ustedes, quiere que le ayude a que se vean, él quiere ofrecerles la vida que les corresponde – mi hermana rió de mala gana – sé que es difícil, pero ¿lo consideran? – pregunto.

– No, yo tengo una vida hecha – respondí en automático – aunque luego no me acepten yo quiero esperar, tampoco me ciego a entablar una relación con él, pero ese hombre no nos puede devolver lo que nunca nos dio.

– Estoy de acuerdo, él eligió no estar en nuestras vidas – Camilla estaba molesta – ahora somos nosotras quienes elegiremos.

– Está bien, respeto su decisión, él no sabrá donde estaremos – respire tranquila por sus palabras – mi lealtad está con su madre, Angeli, y por opción con ustedes ¿ok? – no nos quedó más que asentir.

Nos marchamos de la parroquia en un carro particular, en menos de una hora estábamos por abordar un avión que nos llevaría de vuelta a nuestra tierra natal, allí planeaba pasar 6 meses antes de volver, la fecha estipulada era clara.

– Sus documentos – pide la mujer en el mesón, pero es el padre Giuseppe quien responde por nosotras.

– Soy el Padre Giuseppe y ellas son la hermana Camila y la Hermana Angeli – que poético que han usado el nombre de mi madre para esconder mi identidad.

Máximo D’Angelo

Un sabor amargo había en mi boca, desperté algo desorientado, pero con Isabella a mi lado, ella me abrazó de inmediato y me explicó que había pasado un día desde la operación, solo pregunte por mis cosas personales, ella enseguida me entrego todo, entre eso mi móvil.

Luego de llamar a mi abogado, me contacte con Kira, ella se escuchaba contenta, luego me reprendió por la demora de la llamada, hable unos minutos con ella pidiéndole que se devolviera a Roma, me pidió explicaciones, cosas que no podía dárselas en ese momento, cortó la llamada advirtiéndole que estaría en menos de una hora en el centro hospitalario.

– No está por ninguna parte – dice Vladímir entrando a mi habitación, me mira seriamente y es Isabella quien lo saca de la habitación mientras Santino se queda conmigo.

– ¿paso algo? – pregunto y mi hermano niega con la cabeza.

– Aimé no está, por ningún lado – lo veo suspirar – tratamos de contactar con Camilla o con ella y no responden, no quiero pensar lo peor, pero creemos que se marchó, que dejó a nuestro padre – suspiro y trato de mantenerme sereno.

No alcanzo a decir nada por qué se presenta Kira, me quedo solo con ella que me pregunta cómo está todo y cuando nos podemos ir a casa. Le platico lo sucedido y le pido que vaya a roma, que les explique a Darío y a Cecilia lo que pasaba, ella se quedó viéndome, algo quería decirme, pero no lo hizo.

Nos despedimos y quedamos en vernos a penas todo esto pasará.

– Sabes que cuentas conmigo ¿verdad? – pregunto y su tono llamó mi atención.

– Lo sé – respondí.

– Solo te pido que no la jodas más de lo que ya está la situación – pasó su mano por mi cabello y jalo sin avisar – eres experto en eso, pero aún puedes demostrar que has cambiado y mejorado como persona.

– Bruta – espeté cuando soltó mi cabello, condenada, me había dolido.

– Bruto – me guiñó un ojo y salió del lugar.

Esa mujer tenía el poder de dejar que mi cabeza trabajara.

Los días pasaron y no había noticias de las hermanas, si bien estaba preocupado por Aimé, pensé que en algún momento aparecería, cuando mi padre despertó no todo funcionó de la manera que quería, por ello opté por irme a casa, volver a mi departamento.

Estaba seguro de que en algún momento Aimé llegaría a mí, fue así como deje pasar los días, semanas, cuando un mes pasó comencé a buscarla yo, recordé algunos lugares de los que hablaba, luego otros que alguna vez me nombró Cecilia, gracias a dios nunca estuve solo, pero el hecho de no poder contarle la verdad a quien ahora llama mejor amiga me estaba consumiendo.

Hoy era domingo, en el departamento todo era un caos, Cecilia y Darío habían decidido viajar a España, mi amigo había decidió pedir la mano de Ceci y por ello quería que las familias se conocieran, eso los tenía vuelto un lío, por lo que había decidió viajar un par de días antes de lo esperado, querían quedarse en un apartamento o esos eran sus planes.

Como también habían dejado sus cosas embaladas, dentro de la semana les entregaría su apartamento nuevo, sería yo quien lo recibiría y me habían hecho prometer que movería todas sus cosas al lugar, por supuesto con Kira ya nos habíamos distribuido las habitaciones, ella se quedaría abajo, porque en su estado no era óptimo que subiera escaleras, y yo arriba y podría montar mi oficina allí, no quería estar mucho lejos de casa.

Nuestro proyecto con el hospital había acabado hace algunas semanas, por lo que ellos habían elegido tomarse vacaciones, ya había nuevos integrantes en las diversas especialidades y al ser jefes teníamos algo más de libertad.

Yo había elegido atrasar mis vacaciones hasta cuando Kira me necesitara a su lado para dar a luz, esta amistad era lo único que me mantenía allí, el trabajo hace tiempo me había dejado de llamar la atención, pero ella insistía en que tenía que ser responsable, por otro lado, también tuve la intención de buscar a Aimé por el mundo.

Pero según el investigador que me estaba ayudando ninguna de las dos hermanas había salido del país, incluso el arquitecto Fontaine no había podido dar con ellas, entonces, si alguien como él, con sus contactos y dinero no lo había logrado, que podía quedar para mí.

Mi plan había fallado, mis cálculos estaban en mi contra.

Fue así como el tiempo pasó, dos meses para ser exacto, lo único que había mejorado en mi vida había sido la relación con mi padre, que ahora era algo más estable o por último tratábamos de estar más en contacto, pero Isabella me seguía diciendo que su ánimo no era el mismo, que se lo llevaba entre su habitación y la cabaña que compartía junto a Aimé.

¿Qué podía hacer yo? ¿Debo contar la verdad? Esas preguntas me atormentaban siempre, todos los malditos días, y si en realidad se había ido para siempre. No eso no puede ser, ella ama a mi padre, no creo que lo quisiera ver solo.

Cierro mis ojos y trato de dormir.

Salvatore D’Angelo

Miraba el cielo de nuestra cabaña mientras mis recuerdos me consumían, habían pasado 4 meses desde que mi ángel partió de mi lado, tiempo en el que no quise hacer nada solo esperarla, solo guardar la esperanza de verla cruzar por la puerta de entrada y me dijera sus razones para marcharse.

Mi mirada se fue a mis manos, allí aún estaba mi sortija, nuestra promesa, nuestro compromiso mutuo, tantos significados en algo tan material, pero preciado a la vez, suspiro y me doy cuenta de que la melancolía no es lo mío, rio por algunos recuerdos, por algunos momentos que me hicieron el hombre más feliz sobre la faz de la tierra.

Un toque en la puerta me saca de mis pensamientos, sé que es Lola con mis medicamentos, ella se encarga de dármelos y recordarme mis horarios, ella se quedó como mi asistente en nombre de Aimé, ella se lo pidió antes de partes, de hecho, ella dejó varios encargos.

Mientras escucho como Lola me llama la atención por no dormir la noche anterior, también, me reprende por la forma en la que me he comportado el último mes, porque si lo acepto, hace un mes colapse, ya no aguantaba, ya no podía más, mi cuerpo estaba cansado, mi alma resentida y mi corazón a punto de romperse, pero no puedo rendirme tan fácilmente.

– ¿sabes algo? – pregunté sin prestar atención a lo que me decía - ¿está bien? ¿cuánto falta? – volví a preguntar sin mucha esperanza de respuesta.

– No, no sé nada, para mí también es doloroso, Aimé creyó en mí y me dio un trabajo, pero no saber qué pasó o porque se fue me afecta – admitió sentándose a mi lado – no es fácil, todos lo sabemos, la situación que están viviendo es totalmente fuera de línea, pero yo sé – pauso su hablar, su voz se comenzó a quebrar – yo sé que hay algo más fuerte por lo que tuvo que partir.

– ¿Volverá? – pregunto y ella asiente, la veo ponerse de pie y mirarme intensamente, un escalofrío recorre mi cuerpo, su mirada me causa temor.

– si – hace una pausa y sonríe silenciosamente –nunca lo dude, esa chica, esa mujer le dio su vida y le prometió un amor sin remordimientos – asiento con la cabeza – le recomiendo que comience con su vida normal, se verán que todo pasa antes de lo esperado – esa afirmación me alegró la existencia.

Salió de la cabaña, dejándome feliz y con ganas de ponerme de pie, cuando termine de arreglarme me fui a mi habitación, allí tomé un traje y me puse, saque mi maleta y metí algunas carpetas, necesitaba ir a la oficina, baje hasta la cocina y prepare café, de pronto sentí a Isabella, ella iba algo retrasada a su boutique, se me quedó viendo mientras le ofrecía algo de café, no dijo nada, solo antes de irse me dio un gran abrazo y beso en la mejilla.

No mucho después salí de casa, tomé un carro y maneje hasta las oficinas, allí me encontré con Santino, mi hijo había tomado las riendas de la empresa y junto a Laura, quien era su asistente, llevaban muy bien los negocios y la producción, de hecho, fue una grata sorpresa verlos trabajar juntos, se notaba la química y el amor entre ellos.

No di explicaciones del porqué estaba allí, pero tampoco preguntaron, durante la jornada me puse al día en lo que concierne a la empresa, también hice una reservación en un café cercano para cenar fuera junto a mis hijos esa misma tarde.

Me retiré de la oficina a eso de las 6 de la tarde, ya me habían confirmado los chicos sobre su asistencia, y mientras manejaba hasta el lugar Isabella me llamo para que pasara por ella, definitivamente era una distraída, como en la mañana Vladímir había ido a dejarla, ahora se había quedado sin carro, ya que él tenía la tarde libre.

– ¿volverás a la empresa? – pregunto a penas entro al carro, yo asentí y ella sonrió – me encanta la idea – suspiro y se volteó a verme, media mi reacción – hoy hablé con Máximo, está tratando de dar con el paradero de … – negué con la cabeza.

– No podrá dar con ella – afirme – la busque, barrí casi la tierra, pero ni siquiera pude dar con el paradero de Camilla – suspire – es que ni siquiera hay rastro de que hayan salido del país – la pura verdad.

– Le dije casi lo mismo, evite darle muchos detalles, su tratamiento psicológico va bien y el psiquiatra me dice que están teniendo muy buenos resultados – detallo – solo espero que mi hermano en algún momento sane por completo.

Con esa conversación seguimos hasta llegar al café, allí pasamos a un reservado mientras esperábamos a Santino, quien no tardó en llegar, estaba lleno de juntas, ahora veneraba su tiempo libre, a los minutos llego mi nuera, porque si ahora si era oficialmente mi nuera, no había decidido casarse aún, pero ya era una pareja.

Hablamos de todo un poco nuestra tarde fue entretenida, había olvidado cómo era reír tanto, escuchar anécdotas sobre Alice, estaba creciendo para bien, era toda una consentida, escuchar como Isabella reclamaba por sus pedidos tardíos de tela, estaba tan inmersa en desarrollar su línea de ropa, que le quedaba poco tiempo y aun así estaba al pendiente mi, al igual que Lola y Sonia.

Luego de esa junta comencé a ponerme al día, tanto con mi trabajo físico, como con mi empresa, veía cómo iba el desarrollo con la colaboración junto a los franceses, pronto podría viajar y mi junta principal sería con ellos.

Y era justo eso lo quería, lo que esperaba.

Volver al lugar en donde fuimos tan felices en tan poco tiempo, en donde pudimos bailar libremente, jugar en público y disfrutar de nuestra compañía.

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