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Un Amor intenso Parte 1

Huyendo de una pesadilla

Poco antes de conocer a Lucien.

La vida de Cassie había dado un giro inesperado. Su padre adoptivo estaba muerto y ahora era conducida por agentes federales hacia la casa de seguridad.

—La mantendremos con vida señorita Green.

—Saben que será imposible agente Moore.

—Hace trece años me juré que nada le sucedería y pienso mantener mi palabra.

—Estoy tan cansada que quizás podrían usarme como cebo para acabar pronto.

—Nosotros nos tomamos en serio su caso. En el FBI…

—De eso iba a hablarle, cuando se dieron los homicidios usted era un agente de policía en mi ciudad.

—Pero comprendí que la policía local no contaba con los recursos necesarios, mi sed de justicia era más grande. Poco después comencé mi trabajo en el FBI, ahora estoy por obtener mi retiro.

— ¿Porque se arriesga conmigo? Su familia le necesita en casa.

—Este caso es personal, si hubiese indagado correctamente hace trece años, las cosas serían distintas.

—No… usted se equivoca.

— Necesitaba respuestas y en lugar de buscarlas di por un hecho que el asesino había abandonado la ciudad, eso causó que su padre tuviese que ser juzgado nuevamente, dándole chance para fugarse.

—No se haga eso agente Moore.

—No se preocupe por mí, lo importante es sacarla de la ciudad.

En la casa de seguridad la esperaba una estilista, quien usando la mejor técnica de alisado eliminó sus hermosos rizos y aplicó tinte color chocolate, asegurándole que podría mantenerlo fácilmente.

Tomaron dinero y abrieron una cuenta bancaria bajo su nueva identidad. Dos días después se encontraba viajando. No pudo despedirse de nadie pero era mejor así. Estaba enfadada por tener que huir, pero si se quedaba pondría en peligro a su tía Margaret.

Al llegar sintió esperanza, el lugar era agradable y quizás estaría a salvo. Una semana después salía de un almacén con las cosas que necesitaba para su casa. El día era una viva imagen de sus emociones, la intensa lluvia azotaba los cristales de su automóvil, incluso se vio forzada a detenerse en dos ocasiones.

Llevaba linóleo para cubrir los pisos y tarros de pintura blanca, las paredes color naranja no eran de su gusto. En su habitación tenía un colchón, el resto de los muebles llegarían cuando estuviese listo todo.    

Al principio no comprendió porque le daban una casa tan descuidada pero pronto intuyó que debía aparentar ser alguien normal. En lugar de aceptar que dos agentes se hiciesen pasar por albañiles, inicio ella misma la restauración del inmueble.

Vestía igual que siempre, los conjuntos deportivos eran sus preferidos y en su nuevo hogar resultaban muy prácticos. Sus vecinos, de la tercera edad mayormente, le habían hecho sentir en casa desde un principio, por eso durante los tres primeros días, vivió de pasteles y galletas.

Una de las vecinas resultó ser increíblemente cotilla y era con la que hablaba largas horas durante las cuales lograba olvidar su terrible realidad. Mientras estacionaba su auto movimiento en el jardín de su vecino, quien era todo un bombón según la señora Smithie —la vecina súper cotilla——

—Si querida, Lucien es un médico prestigioso, aunque es multimillonario dona su tiempo a quienes no pueden pagarle.

—Trabaja porque le gusta.

—Está soltero…

—No empiece por ahí señora Smithie…

—Una lástima, en fin querida… tengo que ir a ver mi telenovela favorita.

Eso había sido cuatro días atrás y a pesar de no estar interesada, sentía curiosidad. Avanzó lentamente y cuando le tuvo relativamente cerca comprendió que la señora Smithie no parecía tener buena vista, porque era mil veces más atractivo de lo que le había dicho.

Tenía que medir más de 1,80 y no tenía en su cuerpo una gota de grasa, todo musculo e intelecto, mezcla un poco difícil de encontrar. —¡Basta tonta que vas a terminar babeando!—se regañó mentalmente.

Pero no era solo curiosidad aceptó al fin, el hombre parecía salido de una novela erótica, usaba unos jeans solamente. Su pecho estaba empapado y verle sosteniendo aquella manguera le hizo desear estar a solas en su cuarto.

Intentando controlar a sus desbocadas hormonas, bajó del auto para llevar los materiales adentro de la casa.

Mientras tanto, Lucien Mont intentaba mantenerse en calma, su nueva vecina era increíblemente hermosa, se veía que era alta, delgada pero con sus cosas bien puestas, unos senos amplios sin ser muy grandes, un estomago planísimo, unas nalgas y caderas magistrales que pudo apreciar a pesar de estar usando unos holgados pantalones de mezclilla.

Decidió ofrecerle ayuda, las cajas de pintura se veían pesadas. Puso la manguera en el suelo y fue a buscarla.

—Hola vecina, he venido a ayudarte con esas cajas —no podía sonar más idiota, pensaba Lucien—

Mientras tanto Cassie pensaba que deberían multarlo, debía ser contra la ley estar casi desnudo en media calle…

—Gracias. Te llamas Lucien ¿verdad? —mientras colocaba una de las cajas en el suelo a la par del auto, se dio cuenta de que su adorable vecino estaba consternado

—La señora Smithie te hablo sobre mí, supongo.

—Así es, fue bastante… descriptiva, incluso me dijo que duermes desnudo.

—No puede ser.

Inclinándose un poco como si estuviesen contándose secretos, le dijo

—Ella te ha visto…

Tenía que hacer un enorme esfuerzo por no reírse, la situación era comiquísima, Lucien se había puesto rojísimo y ella solo había improvisado.  

—No he conocido a una cotilla más grande que ella. Pero es injusto, la señora Smithie está jugando en un solo bando.

—Lo reconozco, me llamo Allison Cooper. Y por cierto, solamente adivinaba.

— ¿Adivinabas?

—Es que es lógico que duermas desnudo y no pude evitarlo, tienes el tipo.

— ¿Tengo el tipo?

—Claro, se nota a leguas que duermes… bueno… como Dios te trajo al mundo. Además, ¿imaginas a una anciana como ella viéndote dormir desnudo?

No puedo creer que seas tan crédulo.

—No sé si me siento muy cómodo hablando sobre como duermo, normalmente yo…

—Lo sé, eres de los que llevan el control, se te nota a leguas.

—Normalmente las mujeres no me analizan así.

—Soy diferente.

—Interesante, y con mucho sentido del humor, sin olvidar lo bella. En fin, pensaba cenar algo en casa

¿me acompañas?

—No te preocupes, pensaba comer cualquier cosa en el pueblo. Además creo que a tu ego le caería bien un pequeño rechazo.

—Como buen médico, jamás permitiría que mi hermosa vecina, se alimentara mal. Y aunque mi “ego” resultase afectado, lo seguiré intentando hasta que aceptes.

—No creo que sea buena idea, en serio que no soy tu tipo, además de que ya es tarde…

—Vamos Allison, no me rechaces la comida.

—No… no puedo, gracias por todo.

—Espera un momento…

Cuando la tomó de la mano para evitar que se fuera, ella se puso pálida, resultaba obvio que no soportaba que la tocaran.

—Lo lamento pero debo irme.

—No tienes nada que temer conmigo.

— ¿nada que temer? ¿Como sabes…? Nadie nunca…

Mierda, ¡al traste con la tapadera! claro que la encarnación de Adonis tenía la culpa.

—Eres transparente y te repito que conmigo estás a salvo.

—En serio —se agacho para recoger la caja de pintura— en cuanto a temerte, no es algo personal, me sucede con todos y antes de que ofrezcas ayuda te digo que no la necesito, no voy a quedarme por aquí mucho tiempo.

— ¿Por qué te molestas arreglando la casa?

—Cuando la venda me dará más de lo que pague.

—¿No te gusta vivir aquí, es eso?

—No puedo quedarme mucho tiempo en un solo lugar.

—Ah!! Una fugitiva.

—Nada de eso, pero bueno… ya hemos hablado mucho y en serio tengo que irme, gracias por tu ayuda.

Mientras la veía entrar, se preguntaba quien le había causado ese miedo, algunas veces veía mujeres víctimas de agresión y en Allison las señales eran clarísimas, no solo el miedo a que la tocara sino que aseguraba no poder quedarse mucho tiempo en un solo lugar, Lucien tendría que esperar y ver si ella llegaba a confiar en por qué pretendía averiguar más sobre ella.

Durante el siguiente mes, apenas la veía, sus horas de trabajo habían aumentado considerablemente y ella hacia todo lo humanamente posible por evitarlo.

Estaba preocupado pues la señora Smithie había comentado en su consulta, mientras le

realizaba su examen rutinario, que Allison llevaba dos días sin salir de casa.

—Hola doctor.

—Señora Smithie, pase adelante.

—Gracias hijo, me siento bien, he respetado la dieta que me diste.

—Eso veo, su presión está bien, los exámenes de sangre y muestras de orina muestran todo normal.

—A decir verdad es Allison quien necesita ayuda.

— .¿ Ayuda…?

¿Sonaría tan patético como creyó hacerlo?

su voz normalmente suave, fue reemplazada por una especie de gruñido

—¿.No la has visto últimamente? Hace dos días fue al supermercado, estuvimos hablando sobre comida, me dijo que estaba sin nada en casa y me aseguro de que iba a comprar un montón de cosas, pero algo la asusto y dejo todo tirado,

Fui a buscarla a su casa y no me contesto, la he visto durante el día y parece haber perdido mucho peso.

—Voy a ir a visitarla hoy, no se preocupe.

La señora Smithie salió sonriendo, claro que estaba angustiada por Allison pero además mataba dos pájaros de un solo tiro. Ambos debían estar juntos y ella les ayuda,

Lucien ni siquiera pararía en casa, su secretaria había conseguido una caja de galletas en la cafetería del hospital, eso le daría una excusa. Sin perder tiempo fue a tocar el timbre, Allison no respondía pero lo que más le preocupó fue ver todo oscuro, el auto estaba fuera, la puerta estaba abierta. Aunque en la zona no se producían robos quizás había tenido problemas.

Pensó en mil cosas, podría estar herida o muerta. Desechando ese último pensamiento, avanzo cautelosamente.

Fue hacia la cocina, un sollozo llamo su atención, provenía de un pequeño estudio de dibujo. Allison estaba en el suelo, hecha un ovillo… .¿llorando?

—Allison cariño… .¿por qué lloras?

—Vete por favor.

Lucien sentía como si le faltase el aire, verla llorar le afectaba muchísimo.

—No me gusta verte así, confía en mí.

—No puedo…

Cuando se puso en pie, Allison perdió el equilibrio, Lucien fue bastante rápido. La tomó en brazos, buscó un sillón pero solamente había dos sillas.

—Estoy bien. ¿A qué has venido?

—A ver cómo van las reformas a la casa.

—La verdad es que no he avanzado mucho, me entregaron mucho trabajo y no he seguido adelante. Imagínate que apenas tengo tiempo de comer.

— ¡La cocina se ve desierta!

—Tomo algo en el pueblo, voy a diario a comprar el periódico.

— ¿Sales tres veces al día?

—No, pero tengo leche en polvo, solo le agrego agua, cereal y listo.

— ¿Listo…? lo único listo es el camino al hospital, has perdido muchísimo peso.

—El buen doctor me incluye en sus pacientes.

—Los sarcasmos no me afectan en nada, vas a ir a casa a cenar.

—No

—Vas a ir, ya sea porque vas caminando o porque te llevo en brazos, tu escoges. Ve por un abrigo, te espero aquí.

Lucien parecía decidido y si se permitía ser honesta consigo misma, tenía muchísima hambre, dos días atrás durante su visita al supermercado, observó a un sujeto que la miraba con intensidad, lo que la asustó fue el parecido que guardaba con el hombre que la había atacado a ella y a su padre adoptivo.

Por lo que sus compras habían quedado abandonadas en media tienda, por consiguiente llevaba días subsistiendo con agua y galletas de soda. Lo mejor sería dejar a un lado el orgullo y aceptar, al fin y al cabo Lucien no pensaba darse por vencido.

—Vuelvo enseguida.

Mientras ella buscaba su abrigo, Lucien aprovechó para husmear un poco. En el refrigerador encontró una caja de leche vencida y en el basurero no había más que paquetes

de galletas.

Al menos tenía dos días sin comer bien, a ese paso acabaría como su paciente en el hospital.

El ruido que hacían sus pies al bajar por las gradas de madera le sacó de sus pensamientos, en tan solo diez minutos se había bañado, lo sabía por el delicioso olor a lavanda y el pelo húmedo. Pero aparte de eso, llevaba el mismo tipo de ropa, una o dos tallas más grandes.

—Lista

—Estas hermosa.

—Mentiroso

Y sus labios se curvaron en una mueca que parecía una sonrisa.

—Lo digo en serio y ahora vamos que me encargare de que comas como es debido.

Una hora después, la tensión había desaparecido y ella se veía más tranquila y completamente relajada.

—Huele fenomenal.

Tomaron vino, bueno, a decir verdad ella se tomó casi toda la botella, por lo que se sentía totalmente desinhibida.

—Cocinas tan bien que no pareces…

— ¿Hombre?

—Nada de eso, sé que tanto hombres como mujeres lo hacen hoy en día, iba a decir que no pareces médico, más bien un chef.

—Gracias, mi madre me enseño desde muy pequeño, decía que hombres y mujeres debíamos saber hacer de todo.

—Una mujer sabia.

— ¿Y tus padres?

—Mamá murió hace un año a causa de un cáncer en el estómago.

—Lo lamento.

—Gracias.

Sin darse cuenta le había tomado la mano, pero lo que más lo sorprendió fue que ella no evitó su contacto.

—Estuvimos con ella durante quince días en el hospital, la atendieron los mejores médicos, pero era muy tarde.

—Debió ser duro.

—Lo fue, pero no quiero seguir hablando de eso.

—De acuerdo, te acompañaré a casa.

—No es necesario.

—No discutas.

Caminaron hasta el portón y antes de que ella pudiese discutir Lucien había tomado la llave y le abría la puerta. Sin preguntarle siquiera se fue a revisar que todo estuviese en

orden.

Cuando Cassie iba a dejar el abrigo detrás de la puerta se dio cuenta de que su padre sabía dónde estaba. Todo a su alrededor daba vueltas y pronto fue atrapada por la oscuridad. Estaba flotando entre nubes, cuando escucho que la llamaban. No quería despertar y hacerle frente a la realidad.

—Vamos cielo, abre los ojos.

Cuando Lucien regresó a la sala para decirle que todo estaba bien la vio apoyada en la pared, respiraba agitadamente y corrió a su lado, a tiempo para sujetarla antes de que se

golpeara la cabeza.

Ahora, diez minutos después no lograba sacarla del transe.

—Me va a matar…

—Abre los ojos, estás logrando que me asuste.

—Papa…

—Estabas sonando Allison, estás conmigo.

— ¿Lucien?

—Si pequeña.

—Lo lamento.

—Llamaste a tu padre.

—Debo irme, empacare algunas cosas, las esenciales y me iré.

— ¿Irte? De eso nada.

— Aquí corro peligro.

—Pues yo te protegeré.

—No lo entiendes, va a matarte como a mi padre.

—No entiendo.

—Mientras ibas a revisar la casa encontré un sobre blanco, con una pequeña rosa roja, mi padre biológico me la envió. Se las arreglo para entrar aquí…

—Vamos de vuelta a mi casa, dormirás allá y espero que no

lo discutas.

—Si pudo entrar aquí lo hará en tu casa.

—Calma, vámonos de una vez.

—Tengo que ir a buscar algunas cosas.

—Te espero aquí.

NOOOO! quiero decir que… yo... no...

— ¿Temes que este arriba?

—Yo… —Lo único que le faltaba para quedar como una completa idiota era volver a desmayarse

—Allison mírame, tienes que sentarte y colocar la cabeza entre las rodillas. Te estás hiperventilando.

—No lo sé. Puede seguir allá.

—Quizás, al fin y al cabo no subí al segundo piso, solo revise que la puerta de la cocina estuviese cerrada, vamos juntos.

—Gracias.

Lucien se fue adelante, porque si el tipo había dejado esa carta en la mesita, podría haber llegado al cuarto. Y en efecto, al abrir la puerta se dio cuenta de lo que pasaba realmente, el sujeto estaba obsesionado con matarla y algo en su interior se encendió, una mezcla de temor e ira lo llenaban, la necesidad de proteger a Allison le carcomía, tenía que

sacarla antes de que viera la habitación, se la llevaría lejos hasta que la policía atrapara al desgraciado.

Cassie comprendió que algo no iba bien, Lucien le impedía entrar a su habitación, eso solo significaba que estuvo ahí.

—No entres, no es necesario.

—Tengo que hacerlo…

—Eres muy valiente pequeña, pero…

— !Pero nada! Te agradezco que me apoyes pero no tienes que protegerme. La única solución es que me vaya, no puedo exponerte a esto…

—Mírame —colocó sus dedos bajo la barbilla de Cassie y la obligo a mirarlo a los ojos— No pienso dejarte sola, me gustas mucho.

—No quiero a nadie en mi vida. Estoy mejor sola.

—Ya has estado sola durante mucho tiempo, sé que has pasado por algo difícil de lo que no me has hablado aún, pero aunque no sientas lo mismo que yo, déjame estar cerca, permíteme intentar ganarme tu amor.

—Yo…también siento algo por ti, pero…

—Tienes miedo.

—Si, temo que por mi culpa te maten.

—No es tu culpa que este tipo este loco, ven aquí pequeña.

El beso fue inesperado para ella, al igual que la reacción de su cuerpo, lo deseaba y él se dio cuenta porque inmediatamente se apartó.

—aquí no, vamos a mi casa.

—Tengo que entrar.

Las paredes estaban llenas de mensajes para ella.

Vendré por ti…

Falta poco…

Te odio…

Vas a pagar lo que me hiciste…

La colcha de su cama estaba llena de pintura roja y en el centro estaba una oreja.

—Está haciéndolo de nuevo. Cuando llames a la policía, déjame hablar a mí. Conozco al agente que se encargara

de esto.

Cassie llamó al único hombre que podía ayudarle.

—Agente Moore le habla Cassie.

—Hola.

—Ha descubierto dónde estoy, entró a casa y destrozó mi habitación, dejó una oreja.

—Maldición, esta…

—Lo sé, está matando de nuevo, es probable que la mujer este muerta, sé que irá descuartizando a otras mientras se acerca, está convencido de que me asesinará.

— ¿Estás sola?

— Hay alguien aquí conmigo.

—Déjame hablarle.

Lucien no mencionó nada sobre el enterarse de que Allie se llamaba distinto.

—Hola… me llamo Lucien Mont y estoy aquí con Cassie.

—No la deje sola, sáquela de ahí porque es probable que quien dejo la nota se mantenga cerca, no es su padre porque es un peligroso asesino serial y disfruta de torturarla, esto es un juego que acaba de comenzar.

—Estaremos en mi casa, la dirección es sencilla porque es al lado de la de Cassie.

—Personalmente estaré ahí en tres horas, cierre todo y no le avise a la policía local, nosotros necesitamos esa habitación intacta.

—De acuerdo.

Cerraron todo y se fueron a casa de Lucien.

—Quiero contarte lo que sucedió. Hace siete meses, salí de viaje con mi padre adoptivo, estábamos cenando en el restaurante del hotel, pagamos la cena y salimos hacia

el parqueo. Unos sujetos….

—Cassie…

—Unos sujetos nos atacaron, .a mi padre, porque para mí él era mi verdadero padre, le dispararon y me hicieron

mirar.

—Lo siento…

—Tenían un cuchillo en mi garganta y me obligaron a ver. Después me apuñalaron y cuando me creyeron muerta, se fueron. Cada vez que enterraban la hoja en mi estómago, hablaban de mi padre biológico, por eso supe que fue él.

Estuve en cuidados intensivos durante dos semanas, por eso no pude asistir al funeral de mi padre. después comenzaron a llegar notas como la que encontré hoy. La policía me asignó un nuevo nombre, un cambio de apariencia y así fue como llegué aquí, pero me encontró.

—cariño…

—Estoy cansada de huir, cansada de estar sola.

—Bueno, eso tiene solución, ni te vas a ir ni estarás sola, has cargado con muchas cosas en muy poco tiempo.

—Te va a lastimar.

—No lo hará, el muy cobarde te amenaza porque te afecta, porque estás sola y porque es un malnacido pero deja que venga a mí.

—No podría soportarlo, durante estos días he luchado contra lo que me haces sentir.

Extendió sus brazos y ella acudió, los sollozos comenzaron en pocos segundos, al principio los espasmos eran intensos, pero Lucien se mantuvo acariciándole el cabello y la

espalda, sin decirle nada.

Cuando la crisis paso, se dio cuenta de que iba a quedarse dormida, por lo que la levantó en brazos y la llevó a su cama. Maldito fuera ese tipo, si pensaba que iba a tocarla se iba a llevar una gran sorpresa.

Lucien durmió en el sillón de la sala, cosa que nunca había hecho y amaneció molido, como nota mental se dijo que debía comprar un sofá cama.

Se encontraba preparando café cuando la oyó gritar, en ese momento lamentaba no tener un arma en casa, sus conocimientos de artes marciales no iban más allá de un par de movimientos, por lo que tendría que usar su físico para derribar a su oponente.

Llegó al dormitorio y la encontró sola, aún seguía gritando !una maldita pesadilla! Ese bastardo no solo la molestaba de día sino que la asechaba en sueños.

—Abre los ojos, despierta ya.

—Lucien…

—Todo va a terminar pronto, me encargaré de protegerte, confía en mí.

— Confío en ti, pero no en que va a acabar pronto.

— .Quieres tomarte un te?

—Si.

—Bien, ya casi regreso.

Tenía que irse, no podía exponerlo. Lo haría al día siguiente, se marcharía porque de no hacerlo podría morir.

—Aquí tienes.

—Gracias.

—Puedes confiar en mí, debes hablarme de tu…

En ese momento sonó el teléfono, haciéndolos abandonar su conversación. Cassie se levantó y se fue a casa, había hablado más de lo que hubiese querido.

Lucien logró cortar la llamada tan solo unos segundos después de que ella se levantara, sabía que la pesadilla la tenía mal y no pensaba dejarla sola.

La vio caminado por la acera y antes de darle alcance se dio cuenta de que un automóvil se dirigía hacia ella, iba demasiado rápido como para poder evitar que la golpeara.

Todo sucedió en fracción de segundos, ella saltó para evitar el impacto, pero pegó la cabeza en el borde de la acera. Segundos después, los vecinos la rodeaban, Lucien les pidió que se alejaran un poco y que llamaran a una ambulancia.

—Tranquila, no te levantes.

—Me duele…

—La ambulancia va a llegar pronto.

—No...me…

—Shh, tranquila.

—No me dejes sola.

Y todo se volvió oscuridad.

— !.DONDE ESTA LA MALDITA AMBULANCIA?!

—Dicen que están a diez minutos de aquí.

En el hospital le realizaron varios estudios, las placas mostraban que estaba bien, por lo que esa misma mañana fue dada de alta.

—No sabía tu nombre completo. Cuando tuve que ingresarte no supe como tenía que llamarte o si eras alérgica a algún medicamento.

—Lo lamento, no imaginé que ese idiota iba a atropellarme, menudo tarado.

Lucien no pensaba decirle que estaba seguro de que no era un accidente.

—Lo sé, pero me asuste muchísimo pequeña, estaba sin poder hacer nada.

Cassie no pensaba decirle que sabía que no había sido un accidente, porque entonces iría a matar a su padre, exponiéndose a que lo mataran.

—Mi nombre es Cassie Green.

— !La hija del senador Green! Yo leí sobre la muerte de tu padre, pero no hablaban mucho de tu situación.

—Los médicos así lo quisieron.

—Tengo que ir al hospital, quiero que te quedes en mi casa, cierra las puertas y llámame en caso de cualquier emergencia, acuéstate en mi cama y no hagas nada, descansa que volveré pronto.

—Lo hare.

Te amo Cassie y me moriría si algo te sucede, pensaba Lucien mientras iba a su trabajo. Pero sabía que aún era pronto para ella. No solo luchaba contra el miedo que le causaba su padre biológico, sino que los demonios de aquellos que la hicieron mirar como moría su padre adoptivo, estaban presentes.

Como médico sabía que los traumas por algo así, eran los más difíciles de sobrellevar. Los tipos seguían libres, y sería mejor que nunca se lo encontraran de frente, porque entonces los…

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