Capítulo 3

Gloria llega a su trabajo motivada, porque la recepción de su idea por parte de su jefa fue de interés.

Por supuesto, llega temprano nuevamente y esta vez pasa su identificación por la maquina de registro y pasa directo a esperar el ascensor, deteniéndose en el camino a saludar a Alma, por supuesto.

Mientras espera, alguien se para a su lado, gira la cabeza y ve que es Javier.

-Muy buenos días, señor Sepúlveda, que hoy sea provechoso para usted – vuelve a fijar la vista en el ascensor, sabiendo que no recibirá respuesta. Al menos su consciencia quedará tranquila -.

Por su parte Javier, ni se inmuta ante tales deseos por parte de la nueva empleada, se da cuenta que llega uno de sus trabajadores junto a ellos y que la chica pelirroja de recepción está atenta mirando su reacción. Se queda con su cara de siempre y muestra una actitud casi hostil. Tiene una imagen de jefe que cuidar y no va a ceder por una recién egresada.

Las puertas se abren al fin, Gloria lo deja entrar primero, porque ya sabe lo mal educado que es, ella debía entrar primero, considerando que llegó antes que él. Se fija que él no marca el piso, al entrar junto al hombre joven que estaba tras ella, ambos se lanzan al tablero a marcar el mismo número, ella sonríe y deja que el desconocido lo haga.

Al llegar al piso, dejan que salga primero Javier y luego salen ellos.

Saludan a María Luisa y ambos se dirigen a la oficina de la señora Nelly, se miran extrañados cuando se paran frente a la puerta de ella y tratan de golpear al mismo tiempo. El hombre es alto, joven, de cabello rubio oscuro y unos hermosos ojos azules. Su piel blanca y su sonrisa es agradable.

-Hola. Yo soy Diego Hernández. Tú debes ser Gloria.

-Hola, sí.

-Pues vamos a ver qué tienes para mostrarnos.

Le regala una nueva sonrisa, golpea la puerta por ambos y reciben la respuesta de Nelly para que entren.

Al verlos llegar juntos, vio el reloj y sonrió a los jóvenes.

-Cuánta responsabilidad junta, ¿no, señor Hernández? Me agradan.

Les indicó que tomaran asiento y comenzó la exposición de Gloria. Luego de que terminara de responder todas las dudas de ambos, Nelly se dirigió a Diego.

-Y dime, Diego. ¿Qué opinas?

-Me parece una estupenda idea. Considerando que además a su departamento le ayudará a manejar los clientes.

-Y no sólo eso – agregó Gloria -. El ahorro en insumos será visible desde el primer momento, sin mencionar que me dejará tiempo para apoyarla en otras tareas, si así lo requiere.

-Mmm… Bueno. Hablaré con los jefes sobre esto. Si ellos aceptan, entonces nos haremos de este software lo antes posible. Gloria, quédate atenta si necesito que expliques algo. Por ahora, ambos pueden ir a trabajar.

Salieron de la oficina y cuando Gloria se paró en la puerta de su oficina, Diego le dijo.

-Gloria… este… quería saber si… te gustaría ir a comer conmigo en el descanso.

-Me encantaría, así nos ponemos de acuerdo en el método de trabajo. Aunque no nos aprueben la instalación del programa, debemos ponernos de acuerdo, no quiero tener que volver a revisar más de doscientos expedientes.

- ¡En verdad lo siento! No eran tantos, pero se fueron acumulando y pasó esto. Tu plaza estuvo desocupada casi dos semanas.

-Bueno, nos vemos a la una en el ascensor, si no llego, ven por mí, porque a mí se me pasa la hora, ayer no me enteré hasta casi las dos.

-Está bien, en eso quedamos.

Cuando Diego se iba, Gloria vio que agachaba la cabeza, vio aparecer a Javier, quien se dirigía al baño. La miró molesto, pero ella ni se inmutó, le hizo un gesto de saludo con la cabeza y se metió en su oficina dejando la puerta abierta.

Puso música para trabajar, Los Bunkers eran perfectos para mover las manos y recuperar algo de energía. Mientras cantaba bajito, que por cierto lo hace bastante bien, tipeaba los datos en el computador.

Por su parte, Javier pasó de regreso a su oficina y la vio cantar mientras trabajaba con afán, tenía una torre de archivos y en una silla tenía una caja que decía “INGRESADOS”. La caja se veía casi vacía, en una hora se daría una vuelta de nuevo, si no había avanzado, la chica estaría en problemas. No se prohibía escuchar música ni cantar, pero si eso la distraía, era mejor que se buscara un bar donde tuvieran karaoke para que trabajara allí.

Luego de tener unos ochenta expedientes listos, encendió su computador para revisar sus mensajes personales. Pero primero, debía ir por algo para comer. Decidió ir a la oficina de su jefa, tal vez ella quisiera lo mismo.

Golpeó la puerta y Nelly le dijo que entrara.

-Señora Nelly, quería saber si puedo ir por algo para comer.

-Por supuesto, de paso me traes algo para beber, un té de jazmín podría ser y algo para comer, dulce.

-Claro, regreso de inmediato.

Se fue al ascensor y María Luisa le pidió unas galletas de avena y chocolate.

En lo que Gloria se ausentaba, Javier vio su reloj y vio que habían pasado casi dos desde que había ido al baño. Decidió que era tiempo de supervisar a la recién llegada.

Cuando llegó a la oficina, se dio cuenta que la puerta estaba abierta, pero de la chica nada. Se acercó a la caja, que ahora estaba sobre un archivador y vio con sorpresa que estaba llena, y ya tenía otra con el mismo nombre con unos pocos expedientes dentro.

-Vaya, trabaja rápido al menos, pero veremos si lo hace bien.

Sacó tres expedientes al azar, se fue al archivo de trabajo y revisó los datos. Estaban correctos.

Vio las otras cajas con los nombres “BONOS” y “LICENCIAS Y AUSENTISMOS”, todavía le quedaba mucho por hacer. No sabía cómo podía trabajar tan rápido, leer el expediente para clasificar y luego para ingresar, eran dos cosas distintas.

Al girarse, vio el portátil personal de la chica, vio una foto de Gloria de un muchacho, ella sonreía mientras el chico le besaba la mejilla. Debe ser de hace unos años, porque se ve más joven incluso de lo que ya se ve.

Se quedó embelesado con aquella imagen. Era una sonrisa sincera, llena de vida. Muy diferente a las que ahora le dedicaba cuando lo saludaba. Estaba tan cautivado con la imagen, que no se dio cuenta que Gloria había regresado.

-Fue un novio de la universidad – le dijo mientras se acercaba al escritorio y tomaba asiento. Javier se puso de pie de inmediato -. Estuvimos juntos mientras estuve en la carrera de derecho. Debería quitarla de mi escritorio, pero me gusta porque me recuerda buenos tiempos, además… Iván y yo seguimos siendo amigos.

-No es algo que me interese, señorita.

-Bueno, creí que le debía una explicación, dado que estaba embelesado mirando la pantalla. Se dará cuenta, usted, que ya no soy la misma.

-Mmm… eso es evidente. Seguro en esa época sabía mantener distancias.

- ¿Lo dice por los saludos? Es parte de la crianza y los valores que mis padres me enseñaron. Dejar de hacer sería lo mismo que delinquir.

-Es notable la comparación, pero en realidad son cosas muy distintas. Con sólo quedarse callada, sería suficiente.

-Pues no. Desde pequeña me enseñaron modales. A saludar cuando llego y despedirme cuando me marcho. Ofrecer ayuda si considero que la necesitan – sacó su trozo de pastel de chocolate de la bolsa -. ¿Necesita ayuda?

Javier hizo un gesto de insulto y desesperación, salió del escritorio y se marchó sin decir nada.

Que muchacha más impertinente, insultante y altanera. Estaba claro que no podía mantener la boca cerrada. Pero él no cedería. Esperaba con todas sus fuerzas que no cumpliera con la tarea asignada y tuviera que despedirla.

Gloria, por su parte, se sentó en su silla y vio la fotografía. Acarició la pantalla y ahogó una lágrima. Se devoró el pastel, se tomo la coca-cola y continuó con su trabajo.

No paró hasta que Diego la interrumpió.

-Vaya, chica. Tú si que te sumerges en el trabajo. Llevo esperando diez minutos – soltó una carcajada y sus ojos mostraron unas arrugas muy lindas.

-Lo siento. Creo que deberé poner alarma o algo así.

-Vamos, que veo que ya has trabajado bastante – se acercó al escritorio y se quedó boquiabierto -. ¿Cuántos te faltan?

-Veintiocho, de un total de 213.

- ¿Cómo lo hiciste?

-Orden, metodología y memoria fotográfica.

-Wow…

Gloria guardó el archivo, cogió su bolso y siguió a Diego, quien la dejó salir primero a modo de cortesía, pero no era algo que ella le gustara. Iban hablando del trabajo, cuando se toparon con Javier en el camino.

Gloria siguió hablando con Diego sobre el trabajo que estaba haciendo, sin prestar atención a Javier.

Este, molesto se fue a la oficina de Gloria y ve con asombro que ya estaba terminando.

-No puede ser.

Quería que esa chica se fuera, así que hizo algo totalmente irracional. Eliminó el archivo y se aseguró que no quedara guardado en la papelera de reciclaje.

Salió de la oficina y se fue a almorzar.

En primer lugar, no sentía remordimiento, quería que se fuera, estaba alterando si existencia en el trabajo. Pero lo que más le había molestado fue verla hablando tan animada con Diego y que no le mostrara el menos interés a él. Ni siquiera conseguía que le tuviera miedo. Por favor, quién rayos era esa chica.

Al regresar, Diego acompañó a Gloria a su oficina, prendió la pantalla y vio con horror que el archivo no estaba.

- ¿Qué te pasó? – le preguntó Diego, tras ver su rostro -.

-Nada… es sólo que el archivo no está en el escritorio. Ni en ninguna carpeta. Menos mal que lo respaldé en el correo que me diste esta mañana.

-Menos mal, si no todo de nuevo. Cuando termines, me lo envías, para revisarlo. También debes enviar la copia a la señora Nelly y al señor Sepúlveda. Más bien, se lo envías a él, con copia a la señora Nelly y a mí.

-Será un placer. Gracias por tu ayuda y por el almuerzo, fue bastante entretenido.

Diego la deja, ella busca el archivo en el correo y continúa trabajando. Desde ahora tendrá más cuidado al salir. Se preocupará de dejar los archivos bien guardados si sale por un momento y se encargará de apagar el computador al irse a comer.

Está claro quién fue, pero no hará un berrinche. Su mejor venganza será terminar el trabajo antes de lo que esperaban.

A las 16:23 envía el archivo y ordena las carpetas.

Toma las cajas y las lleva de regreso a la oficina de Diego, que queda del lado izquierdo de la recepción. María Luisa la ve y se para de inmediato, abre un armario y saca un carrito. Lo lleva hasta Gloria y le ayuda a colocar las cajas.

-Linda, hay un encargado para esto.

-Bueno, creí que para mí no aplicaba, siendo la asistente de la asistente del jefe de finanzas, eso me deja un poco abajo en la jerarquía, ¿no? Además, ya terminé mi trabajo y casi es la hora de salida. Necesitaba estirar las piernas.

-Ay, muchacha. Eres extraña, muy diferente a las que han pasado por tu puesto.

Gloria le dedicó una sonrisa y se fue a su destino. La puerta de Diego estaba abierta, al verla se levantó como resorte y fue a ayudarle.

-Acabo de abrir el archivo. Gracias, mejoraste algunas cosas y está todo correcto, hasta donde pude revisar.

-Que bien, porque así puedo dedicarme a otras cosas.

-Pues sí. Entre eso, tu contrato. Aquí está, léelo y lo firmas.

Gloria se sentó, al llegar al monto de su salario se dio cuenta que era mucho más de lo que esperaba.

-Oye, ¿está bien la cifra de mi sueldo?

- ¿Por qué? ¿Es muy poco?

-Estás loco, es más de lo que pensaba.

-Y eso es por el prime mes, si pasas la prueba, luego se te subirá el monto. Sólo un asistente gana más que el resto y es evidente por qué. Pero esa es historia para otro almuerzo, ¿Te parece?

-Pues sí, mañana me tienes que contar todo.

Gloria firma el contrato y le entrega una copia a Diego. Entonces podrá permitirse arrendar una pieza cerca del trabajo, para no levantarse tan temprano. Los fines de semana podrá irse a casa de sus padres y ayudarles con la contabilidad.

Podrá ahorrar, también, para cumplir su sueño de viajar a Grecia. Ama toda su historia y quiere conocer en vivo y en directo los lugares donde acontecieron los hechos históricos que nos definieron como humanidad.

Sale de la oficina de Diego, le devuelve el carrito a María Luisa y se va a su oficina, para recoger sus cosas.

En la espera del ascensor, Javier llega junto a ella. Le dedica una sonrisa burlona y le dice

-Que tenga buena tarde, jefe. Y ojalá que no vuelva a tener problemas con mi computador.

Javier se queda helado, se queda abajo. La vergüenza lo afectó. María Luisa se queda mirándolo sorprendida y éste le da una mirada fulminante. Rayos, lo descubrió.

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