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Horas antes

Christos no estaba feliz de dejarla en casa. La herida no estaba bien del todo, tenía dolor y además aún al cerrar los ojos la veía sacudirse por los disparos. Pero si actuaba como un loco obsesionado con no dejarla salir, o no dejarla en casa sin él, acabaría como Dominic. Tenía que darle sus espacios. Así que acompañado de Nana y sus padres fue a almorzar fuera.

Estaban ya en el postre cuando le avisaron del secuestro. Fingió que era una llamada de negocios y se levantó de la mesa. Su padre supo que algo iba mal y dejó a las mujeres un  momento para ir en busca de Christos.

—Dominic se la llevó. Mis hombres han ido tras él pero solo encontraron el auto. Enviaré varios de mis barcos para cercarle la salida, ese imbécil no abandonará Grecia con mi mujer.

—Llevaré a las damas a casa, allá esperaremos por noticias.

—Nana…

—Sabes como es. Se preocupará pero es fuerte. Luego le pedirá a mi nuera que le describa todo con lujo de detalles. Llamaré a mis socios y pondré precio a la cabeza de Dominic. Mi nuera es casi una Zabat, con los nuestros nadie se mete. Cuando perdimos a Antonella estabas mal pero ella no fue en tu vida lo que es Claudia ahora.

Sin prestar más atención a su padre llamó a Sebastián.

—Tu estúpido amigo secuestro a Claudia.

—Dominic está fuera de control. He pensado en abandonarlo…

—Ayúdame a dar con ella y tendrás un espacio en mis filas. Has sido fiel a Dominic pero esto va más allá de todo. Las mujeres de otros no se tocan, nadie va a darle su apoyo.

—Gracias por la oferta y la acepto. Trataré de encontrarlo y te aviso.

—Dile que la deje en algún lugar. Si lo hace podrá salir de Grecia.

—Lo dejarás vivo.

—Mi palabra vale. Pero necesito a Claudia viva.

—Nunca la lastimaría.

—Le puso un cuchillo en el cuello. Claudia sigue recuperándose aún de la herida de bala. Pensamos que no era serio pero no cicatriza, debe estar en reposo y de acuerdo a mis hombres, no solo la secuestró, la metió dentro de la cajuela del auto.

—Maldición, había dicho que viajaría antes de la boda para charlar con ella, nada más.

—Habla con él y explícale lo precaria de su situación.

Algunos minutos después, la llamada que esperaba.

—Dame buenas noticias porque voy llegando al lugar dónde encontraron el auto abandonado y siento que el tiempo pasa sin tener una respuesta.

—Le dije que lo dejarías marchar pero no escucha. Me habló de una casa que adquirió bajo un nombre falso, que está abastecida con agua y alimentos.

— ¿Sabes el tamaño que tiene esta ciudad?

— ¿Tienes algún especialista en telecomunicaciones?

—No aquí en Grecia.

—Salgo para allá en un vuelo privado. Si tienes equipo…

—No tengo nada de eso aquí. Nunca me preocupé por cosas así antes.

—Pues vaya con el traficante más poderoso de Europa.

—Sebastián, no estoy para juegos. No me hagas olvidar que eres mi cuñado.

—Bien, llevaré mis equipos y desde allá triangularé la señal del celular de Dominic con las antenas de telefonía. La encontraremos.

—Eso espero.

Al llegar al auto decidió que Dominic era hombre muerto. Había bastante sangre en las alfombras de la cajuela. Probablemente la herida de la pierna había sangrado. Luego vio manchas de goteo en el suelo. Mientras miraba alrededor un joven se acercó a ellos. Agitaba un celular con energía.

—Señor, yo vi lo que pasaba. Este celular no tiene línea pero funciona bien. Hoy robé medicina para mi hermana menor y al salir huyendo me escondí tras unos árboles. Vi el auto llegar y cuando el hombre abrió la cajuela y trató de sacar a una mujer empecé a grabar.

Christos agarró el teléfono y observó el video. Mientras miraba a Claudia en el suelo, siendo pateada por Dominic supo que el encontrarla era ahora prioridad. Apenas acabó el video se volvió hacia el joven.

—Dijiste que robaste medicina para tu hermana. ¿Tus padres no trabajan?

—No. Papá era jardinero pero lo consideraron muy mayor. No lo es pues tiene cincuenta años. Mamá había trabajado como empleada doméstica en tres casas diferentes y vivíamos bien. No con lujos pero me dieron este teléfono para poder llamarlos si algo iba mal en casa. Pero mi hermana cayó enferma y la despidieron.

—Tú te quedabas solo con la pequeña.

—Sí, cumplí 17 años hace un mes. Al salir de clases iba por ella a casa de una amiga. Salía unas horas antes que yo y la mamá de su compañera nos ayudaba recibiéndola en casa mientras acababan mis clases.  Nunca quise abandonar mis estudios porque quería ir a la Universidad para sacar a mis padres adelante. Pero ahora ambos están sin trabajo, nunca he robado pero ella está enferma.

— ¿Qué tiene?

—Empezó como gripe pero no mejora.

—Mis hombres te acompañarán a tu casa. Les dirás a tus padres que empaquen sus cosas y vayan con ellos.

— ¿Estoy en problemas?

—No. En algunas horas me reuniré con ustedes para charlar. Este video me va a ayudar a encontrar al hombre que secuestró a mi prometida.

—No sé su nombre, señor.

—Christos Zabat

—Señor, claro que sé quién es usted. Lamento haberle hablado con tanta familiaridad.

—Te debo mucho, ese video es lo que necesito. ¿Puedo dejarme tu teléfono? Prometo recompensarte bien.

—Descuide señor, el teléfono no importa. La vida de su prometida sí.

—Dime tu nombre

—Alejandro, señor.

Un segundo auto se detuvo junto a ellos, Christos charló con el chofer para explicarle lo que debían hacer.

—Le dirás a sus padres que son los protegidos de Christos Zabat, no te irás de esa casa sin ellos. Llamarás al médico para que se traslade a atender a la niña pequeña.

— ¿A dónde los llevo?

—A casa. Hay una de las casas de empleados que acabó de construirse y ellos la ocuparán. Les dirás que espero me hagan el honor de acompañarte, les dirás que les ofreceré empleo y vivienda debido a que su hijo me dio ayuda en un momento crítico.

—Así será, señor.

Las horas avanzaban y no podía dejarse vencer por la desesperación. Sebastián venía en camino para ayudar. Sus hombres visitaban las agencias de bienes raíces y buscaban compradores que no fuesen de la ciudad y a su vez visitaban las casas. Pero era como buscar una aguja en un pajar.

Nana estaba con una crisis de nervios, para ella Claudia era una nieta y aunque no estaban con necesidad de medicarla, estaba siendo monitoreada. Christos no estaba en casa sino en su oficina porque aunque amaba a su familia necesitaba estar enfocado en encontrar a Claudia.

Le informaron que la familia del joven Alejandro ya estaba en la casa y que el médico atendía a la pequeña Sofía. Diez horas después, Christos esperaba por Sebastián en el Aeropuerto Internacional Eleftherios Venizelos, en Atenas. De ahí viajarian unos minutos hasta su oficina.

—Bienvenido.

—Ojalá fuese en circunstancias distintas. ¿Has dejado mi nombre en aduanas verdad?

—Correcto.

—No revisaron mis cajas con el equipo. ¿Hacia dónde iremos?

—Tanto mi casa como oficina se encuentran en Kifisiá.

— ¡Vaya los municipios del norte! Vives en la zona más exclusiva aunque no podía ser de otra forma.

—Apresurémonos, que cuando veas el video de tu hermana en el suelo y siendo pateada por Dominic entenderás lo necesario de apresurar su búsqueda.

—No hablas en serio.

—Mortalmente serio. Dominic ha perdido la cabeza y la vida de tu hermana corre peligro. Tenemos que encontrarlo en una ciudad con un área que tiene más de 400 km cuadrados.

En poco menos de una hora la sala de juntas de su oficina se había convertido en un centro de mando.

—Creo saber el empleo que voy a ofrecerte.

—Después de esto, de salvarla quiero decir, pienso quedarme aquí. Si Dominic escapa querrá mi cabeza y aunque tengo dinero mis contactos son nulos. Siempre fui su amigo y empleado, no tengo poder real.

—El empleo incluye residencia y un jugoso salario.

—Tengo mi fortuna así que cualquiera que sea el sueldo lo aceptaré, es más la parte de tener casa. Acá los precios son bastante elevados. Bien, tengo todo listo, solo necesito ultimar algunos detalles y empezaremos.

Dominic caminaba de un lado al otro. Claudia estaba en la habitación aún inconsciente. Había hecho un torniquete para detener el sangrado pero necesitaría insumos médicos que no tenía.

Herirla nunca había sido parte del plan y con Christos buscándolo por todas partes salir no era seguro. Fue a revisarla y la observó moviéndose, así que le sirvió sopa de lata y la llevó para hacerla comer.

—Gatita, te traje de comer.

Nada, Claudia solo lloraba sin hablarle.

—Perdí los estribos pero sabes que nunca te lastimaría.

Silencio.

—Ya verás, lavaré tu herida, la vendaré de nuevo y entonces podremos hablar de nuestro futuro.

Silencio.

Le acercó la cuchara pero no quiso comer, así que le abrió la boca y le dio a la fuerza, pero empezó a toser.

—No puedes morirte de hambre, gatita. Voy a bañarte y maquillarte. Quedarás hermosa.

La levantó en brazos y la sentó en un banco que había puesto bajo la ducha. La lavó por completo, por suerte el sangrado parecía haberse detenido. Revisó los pies y no estaban con tono purpura, el torniquete no estaba demasiado ajustado.

La hizo sentarse y le cepilló el cabello. Pero Claudia se mantenía en silencio. La dejó en la cama, puso la sopa al lado y salió. Cuarenta minutos después al regresar la sopa seguía igual.

—Pues morirás de hambre, no pienso consentirte, esto no es un hotel.

—Tu problema es que no me amas. No importa cuánto me fuerces a estar contigo seguirás sintiéndote solo. Porque no te amas a ti mismo Dominic. Te atas a la gente.

Dominic se quedó quieto, casi no parecía respirar. Se acercó a la cama dispuesto a seguir hablando. Amaba su voz, su gatita era la misma, podrían irse de Grecia y vivir su vida.

—Gatita, tú me das alegría. He descubierto que sin ti, mi vida no es nada.

Ante el silencio de Claudia se encontró conteniendo el aliento de nuevo. No le importaba lo que decía solo que hablaba.

—Ni tu familia ni yo fuimos suficiente. Seguías siendo el mismo, necesitando tenernos bajo control. Nunca te amé….perdón, te amé pero no era un amor sano. Muchas veces me dije que debía dejarte pero dependía tanto de ti… me hiciste sentir amada y ese sentimiento no abundaba en mi vida.

—Te amo…

—Me necesitas qué es distinto. Lo que sucedió fue aberrante. Me dejaste sentirme una asesina durante todo un año. Pero lo peor fue que tus padres se alejaron de mí, mi hermano se alejó de mí…

—Ellos odiaron ese plan, si te veían acabarían confesando todo.

—Pero lo que sentí fue que me despreciaban por haberte matado. Tres veces estuve a punto de arrojarme frente a los autos pero seguía pensando en Sebastián. No importaba si iba a la playa o a una montaña, sentía en mi mente miles de voces que me decían que era una asesina.

Cuando me miraba en la calle gente que no me conocía lo único que pensaba es que sabían que era una asesina, que me juzgaban. Arruinaste mi vida y cuando encontré quien me diera amor, una familia que me quiere viniste a arruinarlo. Nunca me tendrás de nuevo.

—Entonces moriremos juntos. En unos días dejaremos este lugar y quieras o no serás mía de nuevo

Dominic había tratado de ir a la farmacia pero había hombres de Zabat mostrando fotos suyas y de Claudia. Era demasiado riesgoso, pero si seguía así Claudia podía morir. Podía dejarla en algún lugar y luego volver por ella. Mantenerse en la ciudad y esperar a que estuviera sana.

Una parte de él era consciente de que aquello estaba mal, pero su sangre la llamaba, la química entre ambos había sido innegable, podría recuperarla, no era tarde. Pero necesitaba que comiera y recuperara fuerzas.

—Claudia, mi gatita. Vamos a tratar de irnos para que Zabat deje de lavarte el cerebro. Tus perros lloran cada noche, te extrañan. Tendremos niños y les contaremos todo esto y reiremos. Nos haremos viejos y nuestros nietos…

— ¿Cómo es  que puedes hablarme como si esto fuera una aventura?

—Lamento que de verdad me odies tanto. Mis padres quieren verte.

—El sentimiento no es mutuo.

Una llamada al móvil de Dominic cortó toda conversación. Necesitaba llevarse a Claudia de Grecia cuanto antes.

—Es tu hermano.

—No me importa.

Dominic salió del cuarto, necesitaba a su amigo.

—Dom, Zabat me llama día y noche. Dime donde la tienes para poder movilizar a algunos amigos, pueden sacarlos de la ciudad fácilmente.

—Eso estaría bien, pero no creo que pueda ser. Claudia no está muy bien.

—Te excediste al golpearla.

— ¿Cómo lo sabes?

—Zabat lo sabe y por ende me lo ha dicho. Tenías una oportunidad de irte fácil. Ten por seguro que las cosas no van a ser así.

—Si se acerca la mato. Dile eso a ver si aún le quedan ganas de seguirme tocando las pelotas.

Dominic colgó con furia. Las cosas estaban empezando a  empeorar y al ir con Claudia encontró que no estaba despierta. Deliraba por la fiebre y no era a él a quien llamaba.

En la oficina de Zabat todo iba bien,

—Lo tenemos. ¿Reconoces este lugar? —Dijo mostrándole el mapa—

—Si, a veinte minutos de aquí. Vamos

Mientras el chofer les llevaba, siendo escoltados por la policía quien les abría paso, Christos apagó su teléfono. No necesitaba distracciones. Las patrullas iban sin hacer ruido para no alertarlo. Trataba de mantenerse positivo pero era difícil.

Dominic acababa de salir del cuarto cuando las alarmas por movimiento estaban advirtiendo de intrusos. Al asomarse por la ventana vio a Zabat y a varios policías. El traidor de Sebastián estaba ahí. Tomó algunas de sus armas y las colocó sobre la mesa. Su celular sonaba y decidió ver que tenían que decir.

—Dom, deja a mi hermana

—Traidor.

—Esto ha llegado demasiado lejos.

—Antes muerta que de Zabat.

Y colgó. Empezó a preparar las armas, iría por Claudia y así ambos estarían juntos por la eternidad.

Claudia estaba ya de pie. Sí, le dolía y se sentía enferma pero no estaba tan mal como creía Dominic. Abrió una de las ventanas y salió al jardín. Christos que observaba todo con atención se quedó inmóvil. No sabía si Dominic los observaba así que con disimulo se dirigió a sus hombres.

—Hay movimiento, Claudia está saliendo. Advierte con cuidado a los demás para que sin importar qué, no miren hacia otro lado que no sea la puerta. Si alguno delata la posición de Claudia, Dominic puede matarla.

—De acuerdo.

—Trataré de hablar con él para darle tiempo a Claudia de llegar a nosotros. Sebastián, necesitamos detener los sensores de movimiento.

—Trato de bloquearlos pero no sé si podré tan a prisa.

—Llámale de nuevo, necesitamos que no vaya a buscar a Claudia.

Dos segundos después, estaba al teléfono.

—Dominic

—Zabat, ¿que se sentirá ver morir a tu mujer?

—Piénsalo bien. Claudia no tiene la culpa de nada.

—La amo. De verdad que la amo.

—Pero la lastimas, la golpeas y eso no es amor.

—Si está a tu lado, le darás los hijos que no quise darle.  Tendrán una familia que por derecho me pertenece a mí.

Mientras esa conversación se desarrollaba, Claudia se movía por los laterales, se acercaba a ellos.

—Los sensores están desactivados—le susurró Sebastián a Christos. — Llegará a nosotros sin problema.

Christos se fue hacia la parte trasera de una de las camionetas policiales, Claudia saldría por ese lado del bosque. Sebastián seguía distrayéndolo para dar tiempo a su hermana.

Claudia miraba Christos y aunque deseaba correr le dolía. Estaba cerca de que todo acabara. Al llegar junto a él alguien le puso una manta encima y Christos la estrechó entre sus brazos.

—Tenía tanto miedo...

—Mi niña ya todo acabó.

Claudia se tambaleó presa del cansancio.

—Clau…

—Estoy bien. Muerta de hambre eso sí.

— ¿Algún antojo?

—Helados y cualquier cosa que no sea sopa.

—Pediré que nos lleven comida al hospital. Quisiera dejarte ahí al menos hoy para revisarte, bueno que te revisen. La sangre de la cajuela…

—Culpa mía. Sí, sangraba cuando me metió dentro pero apreté la herida para hacerla sangrar más. En su momento creí que eso lo ablandaría sin embargo cuando me pateó…

—No hablemos de eso. Ya habrá tiempo, cariño.

—Estoy cansada.

—Vamos al auto. Vas a poder descansar unos días.

—Nuestra boda…

—Podemos atrasarla un poco más.

—No mucho por favor. No dejemos que arruine nuestra vida juntos.

—De acuerdo.

La levantó en brazos y avanzó a prisa. Claudia miraba a todas partes con temor. Christos estaba furioso, detestaba el miedo en su mirada. La sintió estremecerse y llorar perdida en sus recuerdos.

—Clau….

—Lo siento, es que yo…yo creí que me mataría. No parece ser el mismo que conocí.

—No sé qué hubiera hecho si te perdía.

—Estaba decidido a matarme. Lo sé y no se va a detener.

—Clau, no puedo dejarlo ir, lo siento.

—Lo sé. Está tan mal pero si no lo detienes seguirá tras nosotros por siempre. Solo que no quiero estar aquí cuando eso suceda, no podría manejarlo.

—Vamos al hospital a que te revisen. Tu hermano fue quien te encontró, le he ofrecido trabajo, quiere un nuevo comienzo.

—Todos lo necesitamos. Todos nosotros.

Entraron al auto de Christos y Claudia se acomodó entre sus brazos, estaba cansada porque se quedó dormida casi al instante. La voz de Christos unos momentos después la despertó pero fingió dormir. Escucharlo hablar le daba calma y la tranquilizaba.

—Sí Nana, está bien. Siento no haberte llamado apenas la tuve conmigo.

—Es mi nieta, debes dejarme hablar con ella.

—Ahora duerme….

Claudia levantó la mano y le quitó el teléfono, aunque sonaba somnolienta tenía que hablarle a Nana, y Christos la amó aún más.

—Hola Nana

—Mi nieta adorada, ¿en verdad estás bien? Mi nieto es como mis héroes de novela de romance.

—Vas a estar orgullosa, pero de mí y no de él.

— ¿De qué hablas?

—Christos no me rescató.

Christos empezó a reír, sabía lo que Claudia  iba a decirle a Nana. Dios, Claudia era capaz de pensar en algo que alegrara a Nana. Era sencillamente adorable.

—Pero mi nieto estaba ahí.

—Claro que sí, pero mientras trataba de negociar con Dominic, me salí por una ventana.

—Yo sabía que no necesitabas de nadie, que sola ibas a lograrlo. Apenas estés bien me enseñarás como lo hiciste. ¿Estás muy cansada? Carintia quiere hablarte.

—Estoy bien, déjame hablar con ella.

Segundos después y de forma breve, su suegra estaba al teléfono.

—Hola mi niña, me alegro que estés bien.

—Gracias Carintia, me alegra que todo acabara ya.

—Mamá insiste en hablarte pero Costas le ha dicho que se prepare para ir al hospital. Te veremos pronto.

No más acabando de hablar ya dormía de nuevo. Christos realizó una llamada breve a Anatole para informar a cuánto estaban del hospital y apagó el teléfono.

Dominic estaba en manos de sus hombres, le escoltarían fuera de Grecia. Quería asesinarlo por lo que le había hecho a Claudia pero no era una decisión para tomar a la ligera. Claro que sería retenido en Estados Unidos. Tenía suficientes contactos en el FBI para lograr que no saliera de la cárcel de máxima seguridad. Más adelante resolvería el asunto.

Llegaron al hospital y Claudia despertó. Anatole se encargó de ella mientras Christos personalmente se encargaba de verificar que llegaba comida para Claudia. Sí, el hospital podía prepararle cualquier cosa pero se sentía mejor trayéndola de fuera. Era una forma de sentir que podía ayudarla de alguna forma.

Nana llegó junto a sus padres y aunque trataban de disimular sabía que estaban tensos por ella, necesitaban verla para creer que la pesadilla había acabado. Esperaron casi cuatro horas y eso lo preocupaba, necesitaba verla. Anatole salió a buscarlos.

—Una de las patadas fisuró el hueso cinco centímetros arriba de la rodilla. Cómo logró salir de la casa por ella misma e incluso mantenerse de pie, es un misterio. Quizás la adrenalina la ayudó. Un yeso grande está ahora en la pierna, recomendaría silla de ruedas para que no se sienta encerrada en casa. El sangrado que tuvo fue abundante pero nada de qué preocuparse. Preferiría dejarla acá esta noche y ya mañana se la pueden llevar.

Horas después al despertar encontró que su habitación estaba repleta de arreglos de flores, bandejas de chocolates y dulces puestos junto a la cama, también una especie de congelador horizontal. Miraba todo con asombro cuando entró el responsable de todo aquello.

—Clau, me alegra encontrarte despierta.

Se inclinó sobre ella y le dio un beso cargado de promesas de amor eterno. Claudia reía risueña.

—Estás loco, ¿lo sabes?

—Imagino que hablas del congelador

—O de que quizás acabaste con las flores de todas las tiendas.

—Se me fue un poco la mano, ¿verdad?

—Gracias por encontrarme.

—Tu hermano es el responsable.

— ¿Está aquí?

—Afuera.

Sebastián se quedó en la puerta, tenía miedo de entrar. Le debía tantas disculpas. Era su hermana y había no solo aceptado sino participado de un cruel engaño. Y en lugar de detener a Dom, le había acompañado mientras planeaba tenerla de regreso.

—Hola Sebastián. Christos dice que ayudaste a rescatarme.

—Sí, Claudia yo…

—No te disculpes, Dominic era tu familia.

—Sí pero no de sangre. Aquella vez que te dijo que te obligaría a abortar le dije que tú eras mi prioridad y que si algo te sucedía le asesinaría. Cuando llegó el momento de probar mi lealtad te fallé. Sus padres están apenados, quieren verte para disculparse.

—No, de ellos no quiero saber nada. Te perdono y te quiero en mi vida porque somos hermanos pero hasta ahí. Ese es un límite que no voy a cruzar.

—Has cambiado, para bien claro está. La familia de Christos me ha adoptado formalmente, Nana es un personaje. Esta narrando a cada enfermero que ve, que su nieta se rescató sola.

—Son buena gente, todos ellos.

—Costas es aterrador.

— ¿Aterrador?

—Bueno, cuando me sujetó del cuello y me aseguró que si te causaba daño alguno me despellejaría, me lo pareció.

—Vaya, eso quiere decir que me aceptan de verdad.

La voz de su suegro desde la puerta interrumpió la charla. Costas traía un ramo de violetas gigante pero se sonrojo al ver la cantidad de flores que su hijo había llevado. Sebastián vio el cambio de Costas al estar con Claudia y supo que de verdad su hermana era considerada una Zabat.

—No vayas a creer que no considero que mi nuera merece todas las flores, es que Christos las compró todas.

—Su hijo es un exagerado.

—Te ama y pasó miedo. Tu hermano es parte de nuestra familia también así que puede estar seguro de que Dominic no llegará a él.

Con la mención de Dominic, Claudia entró en pánico, no sabía porque si con Sebastián había hablado de él. Pero empezó a llorar. Quizás era porque había asumido que estaba muerto, las palabras de su suegro dejaron claro que seguía vivo. Trataba de respirar pero el aire no pasaba. Sebastián fue en busca de una enfermera mientras Costas trataba de hablarle para calmarla. Pero no parecía funcionar, hacia sonidos como de ahogo.

Christos venía llegando cuando vio a las enfermeras entrar corriendo. Trató de entrar pero Costas que iba saliendo lo retuvo. Desde la puerta vio como la acostaban y le colocaban una mascarilla con oxígeno. Tras aplicarle un sedante Anatole salió a charlar con los tres.

—Un ataque de pánico.

—Culpa mía, mencione a Dominic y ella se puso así.

—Es normal Costas, quizás mi error fue no proveer esto.

Christos estaba sentado junto a Claudia. Mientras le acariciaba la mano pensaba en lo sucedido horas atrás. Nunca pensó que podría llegar a amar a alguien con tanta intensidad. Claudia le hacía sentir cosas que pensó no podría sentir. Amor, alegría…esperanza. Era la mujer con la que compartiría su vida y se encargaría de hacerla feliz.

Una llamada de su padre minutos después, le recordó un asunto pendiente.

—Hijo, el joven y su familia preguntan si sé sobre tus planes.

—Demonios, se me había olvidado. ¿Puedes venir un rato?

—Claro.

Christos siguió observando a Claudia, su sueño era tranquilo debido al calmante. Costas entró a la habitación para quedarse con su nuera.

—Hijo, miras a Claudia como lo hacía yo con tu madre. Nana la adora, casi la idolatra.

—Nana es un peligro, le dijo a mamá que quiere que Claudia la ayude a escaparse por una ventana.

—Válgame Dios, Nana está loca. Pero Claudia le da vida, tenía tiempo de no verla tan animada.

—Eso sí. Iré a casa a charlar con mis invitados y a cambiarme la ropa. Espero no tardar.

Cuarenta minutos después entraba a la casa donde estaba la pequeña familia. El papá de Alejandro se veía nervioso.

—Señor…

—Lamento haberme tardado, mi prometida está ya en el hospital cuidada por mi padre. No tengo mucho tiempo pero quisiera ofrecerle empleo.

—Eso me dijo mi muchacho. Mi nombre es Joaquin Kalonimus y ella es mi esposa Eleanor. Ya conoce a Alejandro y nuestra pequeña Sofía que está en cama.

— ¿Qué les dijo el médico?

—Bronquitis aguda. Quiere atenderla aquí y si no mejora trasladarla. Pero me preocupa el dinero, si trabajo para usted, hasta dentro de un mes recibiré el pago.

—Hay cosas que debe saber. A los míos los cuido bien, si ustedes me son leales y eso significa no decir a nadie sobre qué hago en casa, del dinero no volverán a preocuparse. El salario que le ofrezco es de 2500 Euros mensuales. La parte de atención médica es parte del empleo.

Deberá ser el jefe de jardinería, pensará que es mucho dinero pero para mí el jardín es la parte más importante. Me gusta la sobriedad sin embargo a mi futura esposa parecen gustarle las flores. Ya le diré lo que quiero en detalle pero deseo crear un jardín salvaje  con orden.

—Quiere usted que parezca que no ha sido tocado por el hombre pero que se vea limpio.

—Usted me entiende.

—Imagino que no existe límite económico.

—Correcto, tengo más de 12 hectáreas de terreno y tres nacientes. Hay un lago y construiré una cabaña en medio. Me gustaría que hagamos un lugar donde ella pueda sentarse a leer.

—Voy a hacer los bocetos.

— ¿Bocetos?

—Mi hijo solo le dijo que soy jardinero pero soy paisajista, graduado en Atenas.

—Su posición laboral acaba de cambiar. Le ofrezco 10 mil euros mensuales a cambio de que viaje usted por mis distintas propiedades tanto aquí como en Estados Unidos y se encargue de mis jardines. Cuando acabe de diseñar igual deberá dar mantenimiento a todo.

—Es muy generoso.

—Alejandro debe terminar sus estudios y eso los pago yo, lo mismo que la educación de Sofía.

—Con Sofía tenemos un problema. En la escuela la molestan y por eso nos íbamos de la ciudad. Debido a que ella sufre de ataques de asma, los niños se meten con ella.

—Conozco una buena escuela, pues soy patrocinador y los hijos de mis trabajadores van allí también. Iremos mañana a que ustedes conozcan. Pueden quedarse viviendo aquí o pueden buscar otro lugar.

—Sofía aunque vio poco del lugar parece feliz aquí y esta casa es más de lo que soñamos.

—Joaquin, ¿Sabe manejar?

—Ambos lo hacemos, tuvimos una época de mucha liquidez económica pero las crisis de asma de Sofía me hacían tener que faltar mucho y me despidieron.

—De acuerdo. Esta casa tiene entrada independiente que será la que utilicen. Si alguien viene a visitarlos que no ingresen a la propiedad grande. Si Sofía quiere ir a caminar será siempre bienvenida.

—Muchas gracias por todo, jefe.

—Bien, ya que quedamos me retiro que he de regresar con Claudia al hospital.

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