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Al llegar a casa su  ama de llaves, Carmen esperaba ansiosa por noticias.

— ¿Cómo está  la niña Claudia?

—Mañana la tendremos de regreso. Vendrá en silla de ruedas por lo que te pido coordines para que trasladen todas nuestras cosas a una de las habitaciones en la planta baja. Nos quedaremos ahí hasta que esté recuperada.

—Así se hará Joven Christos.

Al llegar al hospital para alegría se encontró con que Claudia charlaba animadamente con…Nana. Quien debería estar durmiendo. Su madre miraba a las dos con amor y resignación. Se acercó a su madre y le dio un abrazo. Luego la atrajo contra su pecho y la mantuvo ahí. Su mamá era una persona nerviosa, no sabía cómo había sobrevivido a la vida que llevaba su padre, más cuando él era pequeño.

—Ella lo hará bien.

Las palabras de su madre lo tomaron por sorpresa.

—Lo crees de verdad.

—Mírala, después de semejante experiencia y está tranquila.

—La amo.

—Y te ama. Vayamos por un café que esas dos no nos necesitan.

Después del primer trago, Carintia tomó la palabra.

— ¿Cómo te sentiste cuando estuvo en poder de ese tipo?

—Nunca sentí tanto miedo, de verdad. Cuando vi cómo la pateaba fue como si mil demonios se liberaran y clamaran por una víctima. Me costó mucho dejarlo marchar. La tocó, la hirió. ¿Sabes que ella pensó estar embarazada y él le dijo que si tenía un bebé la haría abortar?

— ¡Dios mío!

—Es un monstruo. No importa si fue porque tenía miedo de que sus enemigos llegaran a su bebé. La hizo pasar por cosas que no debía.

—Tu trabajo es menos riesgoso que el de tu padre cuando nos casamos. Has logrado hacer millones y has ido delegando trabajo en otros. Pero recuerda ese miedo, aférrate a él para que la valores cada día por escogerte, y para que seas cuidadoso. Si algo te pasa ella se sentirá de la misma forma.

—Lo comprendo. Volvamos con esas dos locas.

Al llegar a la habitación Claudia seguía despierta. Aparentemente Nana había logrado conseguir un marcador y había firmado el yeso de Claudia.

—Mamá, vamos a casa y dejemos a los dos tórtolos solos.

—Estoy de acuerdo, mi nieta está cansada.

— ¿Y yo no estoy cansado?—intervino Christos—

—No veo de qué si mi nieta se rescató sola.

Todos rieron un poco y tras rutinarios besos de despedida, ambas mujeres abandonaron el hospital.

—Estás hermosa.

—Han de ser tantos mimos. Tu abuela se ha comido dos donas.

—Nana es tremenda, no le importa lo que el médico diga, es como una niña y no se cuida.

—A su edad es difícil calcular cuánto le queda, dejémosla ser feliz.

—Mmmm, Nana te está lavando el cerebro para conseguir lo que quiere.

—Cuando esté mejor, nos vamos a escapar. Necesito tener un auto y ya. La haremos creer que hemos burlado la seguridad.

—Solo me dirás lo que necesitas.

—Por ahora tengo ganas de dormir pero me asusta hacerlo sola y que…

—Clau…

—Que regrese por mí.

—Está en una cárcel de máxima seguridad en Estados Unidos. Cuando le atrapamos no tomé la decisión de asesinarlo porque no hubiese sido una decisión ecuánime.

—Te  amo, de verdad que sí. Fui consciente de que lo hacía cuándo me metió en la cajuela.

—Te amo igual. Vamos a descansar.

—Deja la luz encendida por favor.

—Duerme, me quedaré aquí.

Fue a media noche que la paz se arruinó. El teléfono empezó a sonar. Ambos despertaron viéndose preocupados.

— ¿Le pasaría algo a Nana?

—Mmmm no—dijo tras revisar el número—

Después de algunos minutos colgó, se veía preocupado.

—Una de mis empresas en Italia está incendiándose, de momento no saben si hay víctimas.

—Debes ir.

—Sí y no quiero.

—Ve tranquilo, alguien me llevará a tu casa.

—Nuestra casa. Le pediré a mamá y a Nana.

Christos llegó a Italia a medio día. No permitió que nadie más la llevara a casa y tras dejarla instalada se fue en su avión privado. El parte de los bomberos informaba de mano criminal. Así que pasó los primeros días trabajando codo a codo con los encargados de descubrir a los responsables y tras seis días encontraron a un antiguo trabajador despedido por malversar, en un hospital con quemaduras de tercer grado ocasionadas por provocar el incendio.

Regresó a su piso en Milán. No podía dejar de pensar que Claudia, estaba sola en casa y no le gustaba. Se dejó caer en el sillón soltando una especie de bufido. Odiaba estar lejos de Claudia, la necesitaba cerca para abrazarla, para amarla, para hacerla sentir segura

Más que extrañarla sentía miedo, de ese capaz de meterse en la piel y huesos. Había estado a punto de perderla y aunque habían pasado unos días, aún tenía miedo.

Decidió llamarla y se escuchaba feliz. Tras hablar con Claudia llamó a su padre.

—Me comentó mi nuera que ayer le dijiste que regresas en dos días. ¿Cómo salió todo?

—Sí, ya encontramos al responsable. ¿Claudia está bien?

—Sí, tu madre y abuela han estado con ella durante el día y Carmen pendiente en las noches por si necesita ayuda. Es normal que sientas aprensión, pues pasaron muchas cosas.

A pesar de haber hablado con su padre, no dejaba de sentirse frustrado por lo sucedido. Jamás olvidaría el terror sufrido cuando pensó que llegaba tarde para salvarla.

Cuando Claudia abrió los ojos encontró a una sonriente Nana sentada en una silla a su lado.

—Nana, de verdad que eres incansable, a esta hora de la mañana….

—Mi Claudia, son las dos de la tarde.

— ¡¿Qué?! Me perdí la llamada de la mañana de Christos.

—Según pude ver hace un rato, un apuesto griego estaba en la cocina haciéndote el almuerzo.

— ¡NANA!

La voz de Christos retumbó por la habitación.

—Perdón por arruinarte la sorpresa pero Claudia estaba triste porque pensó que se había perdido tu llamada de la mañana.

—Solo por eso te perdono.

Christos se sentó junto a Claudia y tras darle un beso la estrechó entre sus brazos.

—Llegué hace dos horas y me sentí algo decepcionado de que mi amadísima mujer dormida.

——Ah…eso es culpa mía—intervino Carintia desde la puerta— nos quedamos hasta tarde mirando películas. Tu padre tenía una reunión y mamá y yo pensamos que nos aburriríamos en casa.

—Las mujeres de mi vida están todas locas.

Durante los siguientes meses todo adquirió una rutina cómoda. El yeso fue removido y Claudia tenía una boda que planear, pero antes….

Pidió ayuda a los guardaespaldas de Christos y visitó algunas tiendas. Luego se reunió con Christos y su equipo de seguridad.

—Bueno, gracias por venir.

—Díganos en que podemos ayudarla. Ya el jefe nos dijo que siguiéramos sus instrucciones.

—Nana es una aventurera y su cumpleaños se acerca. Necesito que….

La mañana del cumpleaños de Nana ella estaba decaída.

—Nana…

—Dime querida.

—Estoy aburrida y molesta con su nieto.

— ¿Qué te hizo?

—Debido a lo sucedido en el secuestro ha reforzado la seguridad. Cree que nadie puede entrar y cuando le he dicho que le apostaba que podía burlar el sistema, se ha reído de mí.

—Pues búrlalo…es más, trataremos juntas.

Nana estaba eufórica, la cosa marchaba bien.

—De acuerdo. Debemos lograr que los guardias de la casa no nos vean llegar al garaje. Luego saldremos y debemos tratar de que los que hacen ronda en el jardín no estén.

—Este es mi mejor cumpleaños, voy a escaparme con la Sombra.

— ¿La sombra?

—Escuché a mi nieto decirle a mi hija que eras como una sombra. Así que me emociona mucho.

Los primeros guardias estaban listos, cuando la puerta de la habitación se abrió iniciaron con el plan. Se alejaron de la casa simulando dar una ronda.

—De acuerdo, sombra. Han durado siete minutos. Podremos avanzar hasta la biblioteca y de ahí esperar a que midamos el tiempo del segundo grupo.

Avanzaron sin ser descubiertas. Nana estaba tan feliz que Claudia supo que aquel era el mejor regalo. Lo que no sabían era que Christos, Costas y Carintia observaban todo desde la oficina de Christos.

—Claudia es una joya. No se cómo nunca se nos ocurrió fabricarle a mamá un escape.

—Veamos como continúa, ya cuando salgan solo podremos esperar a termine todo. Pero al menos veremos una parte. Y cuando lleguemos con ellas debemos vernos preocupados y molestos. Dios, tendré que regañar a Claudia y conociéndola se pondrá a llorar para darle dramatismo real a todo.

—Pero sabes que su llanto no será real.

—Sí, pero Nana va a querer pegarme por hacerla llorar y sabes lo duro que golpea la abuela.

Llegaron al garaje y salieron de la propiedad. Nana aplaudía y gritaba cuando venía el auto de seguridad de Christos tratando de alcanzarlas. Tal cual acordaron, antes de llegar a la ciudad Claudia viró en la calle que llevaba al centro comercial y los hombres de Christos fingieron haber sido burlados y aguardaban un par de calles más abajo para seguirlas.

Llegaron al mall y Claudia dijo:

—Ahí vienen Nana, nos van a atrapar.

—Pensemos que hacer, no quiero ir a casa aún.

Claudia buscaba y al divisar la tienda con la cual había negociado, se la señaló a Nana.

—Ahí, escondámonos entre los cambiadores de ropa.

—Me encanta esto, Christos va a darse cuenta que su sistema no pudo con nosotras.

La dependiente giró la cabeza y fingió no verlas, lo mismo que las otras empleadas y los clientes que eran también, colaboradores en aquello. Una vez dentro, se quedaron en silencio. Uno de los guardaespaldas sabía del lugar dónde se escondían y se acercó lo suficiente a la puerta como para que Nana viera la punta de sus zapatos. Claudia teatralmente aspiró y Nana corrió a taparle la boca.

Desde fuera el guardaespaldas hacía de todo para no reír, esas dos eran realmente ruidosas y de ser real el escape las habrían atrapado.

—Disculpe señorita, no ha visto a una joven mujer y a su abuelita.

—No señor, le agradecería salga de la tienda, que es exclusiva para mujeres.

Una vez que no escucharon más, decidieron asomarse.

—Estamos rodeadas Claudia.

— ¿Y si nos disfrazamos? Seguramente un cliente dejó aquí estos sombreros. Podemos usarlos para salir sin que nos reconozcan.

—Me parece perfecto…

—Pero no…eso sería robar

—Después diremos a mi nieto que les de dinero. Nunca antes me he robado algo.

—Pues si lo vamos a hacer hagámoslo bien.

Claudia salió y regresó con unas pelucas y lentes. Cuando estaban por salir, las alarmas empezaron a sonar y debido a que estaba programado todo, un oficial de policía que casualmente pasaba por ahí, las arrestó.

Mientras eras esposadas y llevadas a la comisaria Nana reía con euforia.

—Es mi primer arresto.

—Christos nos va a matar.

—Nadie me quita lo vivido, lidiaremos con él en su momento.

Les tomaron los datos, huellas y les abrieron un expediente. Cuando llegó la hora de sacarles la foto nana sacaba la lengua y hacia tonterías. Christos, Costas y Carintia llegaron por ellas luciendo preocupados y molestos.

Al llegar a casa ambas se sentaron en el sillón a esperar sus regaños.

— ¿Saben lo que han hecho? Arrestadas Suegra, a su edad y con expediente policial.

—No saben vivir.

—Madre, tú y Claudia han puesto de cabeza a nuestros guardias.

—Me retiro a descansar. Ha sido un día agotador. Christos si la regañas te voy a pegar.

—De acuerdo Nana.

Después de que Nana se fuera estallaron en risas.

—Gracias por hacer esto para mamá.

—La pase muy bien. Pero también estoy agotada.

—Vamos a la cama Clau. Ya envié los cheques a todos nuestros actores. Este fue definitivamente el mejor cumpleaños de la abuela.

Un par de días después, Christos llegó a casa sintiéndose entre apenado y divertido.

—Aún no has ido a nuestra primera cena oficial y ya eres famosa.

—No entiendo.

—Nana, se ha encargado de hacerte tal nivel de publicidad que las abuelas de mis socios y amigos quieren un día de escape contigo.

—No es posible…

—Nos han invitado a una cena mañana en la noche. ¿Quieres ir?

—Me encantaría.

Al día siguiente durante la tarde se encontró con un equipo de profesionales en casa, una masajista se ocupó de relajarla, otras le hicieron las uñas, la maquillaron y le arreglaron el pelo. Al llegar a la habitación encontró una caja con un hermoso vestido y a su prometido saliendo del baño con solo una toalla en la cintura.

—Me tientas…

—Cuando regresemos verás lo que haremos. Ahora vístete.

Cuando diez minutos después la miró con su hermoso vestido negro, el cual se ceñía a  cada una de sus curvas, pensó en mandar la cena al carajo.

Al llegar los esperaba una joven pareja. Ella recordaba a Thomas. Le presentaron a Amelia su esposa.

—Al fin otra mujer joven. Vamos a caminar y dejémoslos solos.

Mientras las veían alejarse Thomas le hizo una pregunta a su amigo.

— ¿Le dijiste a Claudia, tal cual me dijiste que harías, que eres médico general, graduado en Cambridge?

—No. Por absurdo que resulte me sentía feliz de saber que me amaba siendo el tipo malo. Es tonto.

Claudia y Amelia estaban charlando cuando un grupo de mujeres se acercaron a ellas, ansiosas de conocerla. Acordaron organizar alguna reunión en casa de ambos, llevando por supuesto a las matriarcas de las familias.

Una de ellas le dijo algo a Claudia y esta le sonrió con educación, pero cuando se fue empezó a llorar. Amelia alarmada fue por Christos. Lo encontró aún con Thomas.

—Esa Claudia, está llorando en la terraza.

Mientras avanzaba a ella con la muerte en su rostro, los demás se hicieron a un lado. Llegó a ella en poco tiempo.

— ¿Quién te molestó?

—Tú mismo lo hiciste. Quizás el que no tenga más que un título en arte te parece insignificante. No estoy a tu altura y quizás para no hacerme sentir menos me ocultaste que te graduaste con honores en Cambridge y que varios hospitales del mundo te quieren con ellos.

—Dios mío, Claudia no puedes pensar que eso es cierto. Fue una estupidez, pensé que era increíble que me amaras con tanta intensidad a pesar de no ser una persona tan buena como tú.

— ¿No me mientes?

—No. Ahora saldremos de aquí e iremos a casa.

— ¿Y la cena?

—Nos excusaré diciendo que te has sentido mal. Todos saben que aún te recuperas del secuestro.

Mientras Christos se cambiaba para dormir, Claudia se sentó en la cama nerviosa y asustada.

—Christos...

— ¿Qué pasa, cariño?

—Yo estoy casada con Dom. No lo recordaba...

—Lo sé. Me enteré de eso cuando vino tu hermano. Vamos a charlar en mi oficina, te recostarás en el sillón y me escucharás con calma.

—No lo recordaba…cuando murió en teoría, me consideré viuda y no pensé que al regresar seguía atada a él.

—Respira, quédate tranquila por favor.

Tras acomodarla en el sillón fue a la cocina a servirle café, Carmen que escuchó ruidos se ofreció a llevárselos agregando algunos panecillos.

Después de que comiera algo, le explicó que ya había puesto en marcha todo para generar el divorcio y cómo lo harían. Tras conversar sobre todos los detalles, se dieron cuenta que ya amanecía.

—Debemos ir a Estados Unidos.

—Lo sé. Pero ya puedo usar mi verdadera identidad.

—Ingresaste al país como Claudia, ¿verdad?

—Sí, estaba segura que podrías ayudarme y mira, no solo obtuve refugio sino una verdadera familia.

—Vamos a que duermas, necesitas descansar.

Nana en la tarde llegó a tomar café y se puso triste.

—Tranquila Nana, apenas es martes y debemos estar de regreso máximo jueves. Sin embargo he enviado un mensaje a las familias que van a venir al juego de roles para mover el evento una semana.

—De acuerdo mis niños, vayan y regresen sanos.

Llegaron a Estados Unidos sintiéndose bien, estaban por cerrar un capítulo en la vida de Claudia. Después de eso podrían vivir felices. Cuando empezaron a acercarse a la casa Claudia miró todo sintiéndose extraña.

—Sé que no estuve mucho tiempo pero no recuerdo que todo se viera así.

—No vamos a esa casa, hace dos días se vendió.

—Pero te gustaba.

—Esa casa fue donde te retuve, dónde mi empleado te golpeó…

—Y no olvides que es la casa donde burlé tu sistema de seguridad.

—Clau, podrías reprocharme tanto…soy igual que él.

Claudia se giró sobre su asiento. Necesitaba que entendiera que no era parecido.

— ¿Podrías pedir al chofer que se detenga y salga del auto?

—De acuerdo.

Minutos después Claudia se sentaba a horcajadas sobre Christos. Los vidrios polarizados les daban toda la privacidad que necesitaban. Empezó a quitarle la camisa, a quitarse la suya. La vista de los senos de Claudia hizo que su miembro empezara a levantarse, así que la colocó sobre el asiento y empezó a quitarse el pantalón. Luego la ayudó a desvestirse y sin mucha delicadeza la sentó sobre él.

Entró en ella sin ninguna cortesía pero el gemido de su Clau le mostraba que estaba más que feliz con la invasión. Tras unos segundos empezó a moverse. Christos no iba a perder tiempo. Sujetó uno de los senos de Claudia y lo acercó  a su boca. Aquello la volvía loca así que fue un poco más lejos y comenzó a morder suavemente sus pezones. Claudia se movía, gemía y no parecía tener control.

—Muévete así, mi amor.

—Chris…

—Necesito que sea fuerte, que te muevas duro.

Claudia aplicaba fuerza. Las manos firmes de Christos en las caderas de Claudia la ayudaban a marcar un ritmo agresivo. Llegaron al mismo tiempo. No les importaba nada pues ambos sabían que ningún sonido salía del vehículo. Ayudó a Claudia a vestirse y luego lo hizo el.

—Necesitaremos bañarnos con urgencia.

—Estamos cerca de la casa, si te fijas nuestro chofer se ha ido caminando. Eso nos dará tiempo. En el auto se respira olor a sexo y aunque me emociona perder el control, no quiero que ninguna situación genere que te sientas incomoda.

—Te amo, señor Zabat.

—Te amo igual. Vamos a casa.

El lugar parecía sacado de un libro de cuentos, pensaba Claudia. Flores de todos tamaños y colores llenaban los jardines.

—Pero tus jardines son…

—Aburridos.

—No…digo, sobrios. Esa era la palabra.

—No mientas. Pero sé que te gustan las flores así que en lugar de darte flores que morirán, preferí hacer esto. Entremos a bañarnos y más tarde te presentaré a todos por aquí.

Antes de que pudiera comprender lo que sucedía Christos la estrechó entre sus brazos. Sujetaba con firmeza pero de forma delicada, la cabeza de Claudia, manteniéndola cerca de su cuello.

— ¿Qué sucede?

—Te amo con todo mí ser. Necesito saberte segura, quisiera encerrarte entre cuatro paredes para que nada te pase.

—Tranquilo, vamos a estar bien.

Un par de mujeres se acercaron a darles la bienvenida.

—Su equipaje llegó hace media hora y lo hemos subido a la habitación. Tal cual como nos indicó, las maletas no se abrieron.

—Gracias a ambas. Por favor que nadie nos moleste, hemos tenido un vuelo difícil y quisiera que Claudia descanse un poco.

—Hemos retirado el teléfono de la  habitación para que la señora pueda dormir tranquila. Nana ha estado llamando.

—Dígale que hemos llegado bien pero que tienen orden de no pasar llamadas. Nana sabe cómo insistir y parece tener cierta adicción a mi prometida.

—Lo sabemos todo, no hay empleado que no sepa sobre la fuga.

Claudia empezó a reír al tiempo que el rubor se extendía por su rostro.

—Al paso que vamos todos tus conocidos me pedirán que haga lo mismo con sus abuelas.

Subieron tomados de la mano, mientras las dos empleadas se alejaban a la cocina y comentaban:

—La futura señora Zabat se ve buena persona.

—No lo creo, Ana. Hacer que el jefe tire todos sus mariscos porque a ella no le gustan me parece un capricho.

—No digas cosas así. Miranda.

—Ya, vamos a trabajar que seguro la fulana esa va a querer tenernos de esclavas.

Un par de horas después mientras la miraba dormir, pensaba en todo. Habían llegado a la habitación y apenas había logrado bañarse, antes de caer rendida. Pero no habían comido nada así que pidió a las cocineras que prepararan unos bocadillos. Sin saber que Miranda, la que había hablado con odio hacia Claudia, le había preparado un aperitivo especial.

—Gracias Miranda.

—Con gusto, señor. Espero que lo disfruten.

Se inclinó sobre Claudia y empezó a darle besos para despertarla. Empezó por el cuello, descendió por la espalda. Según él se detendría ahí pero ella lo volvía loco. Retiró por completo las cobijas y empezó a besarla en las nalgas, luego la acostó hacia arriba, Claudia no dormía ya, lo miraba con deseo y sin romper contacto visual con él, abrió sus piernas dándole la bienvenida.

Christos atacó sin dudarlo pero Claudia se alejó y giró para colocarse de forma en que también pudiese llegar a él. Sujetó su miembro y deslizó la lengua por la punta. Christos empezó a lamerla y así, dándose placer el uno al otro, llegaron a la cima.

—Ok mi Clau, nos daremos otra ducha y a comer.

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