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Capítulo 4

Había pasado dos semanas completas desde que Jacob escuchó salir de los labios de Damon que aún lo seguía amando. Su corazón no paraba de latir cada vez que lo tenía cerca o cuando sus manos hacían el más mínimo roce entre ellas todo su cuerpo se movía de un lado a otro por los nervios.

El trabajo iba y venía en la empresa,  los caramelos que se producían eran los más deliciosos que Jacob hubiese probado alguna vez. Damon le había confesado que la receta de hacer un buen caramelo se la dio su madre y que por esa razón todos salían bien.

El tema no se volvió a tocar en lo más mínimo y eso era algo que lo tenía frustrado en todo lo que hacía, tenía tantas ganas de saber todo lo que había pasado hace ocho años que ese día no podía dejar pasar esa oportunidad.

Ahora estaba en la salida de la universidad esperando a que Osmilda terminara de hablar por teléfono con su novio, esperaba que no se tardara mucho en llegar o si no ella estaría en serios problemas porque tenía hambre y ya era tarde como seguir esperándola.

Cuando le dijo sobre lo que había conversado con Damon esta casi y rompe todas las ventanas de su departamento con el tremendo grito que hizo. Esa chica se emocionaba demás con cualquier noticia que le dijeran.

Todavía le quedaban dos semanas más para saber qué pasó hace ocho años. Pero, si hacía todo el trabajo que Damon le ponía bien se quedaría en la empresa a trabajar de forma permanente en lo que terminaba sus estudios.

— Nos vamos a ir a cenar — Osmilda llegó a su lado — Con Williams y con Damon...

— ¿Qué? — preguntó, sin poder creerlo.

— Que iremos a cenar con Damon y con Williams a un lugar cerca de la casa de Damon, según me dijo Williams — se encogió de hombros — Me lo agradecerás después.

— No puedo creer que hayas hecho esto, Osmi — comenzaron a caminar hacia el estacionamiento de la universidad — Pero de todos modos, gracias. Por hacer esto por mí.

— No es nada — le dio un beso en la mejilla y rodeó uno de los brazos de Jacob con los suyos — Nos están esperando en el estacionamiento... y tengo que decirte algo que me dijo Williams sobre Damon.

— ¿Qué te dijo?

— Le dijo que usas el mismo perfume de bebé que su bebé perdido — susurró — Que eres muy hermoso y que le recuerdas en cierta forma al niño que conoció hace años en Estados Unidos — las mejillas de Jacob se tiñeron de rojo.

— Siempre he usado esa loción de bebé — mordió su labio — Dylan me dio supresores antes de venir aquí y siempre los uso. Comencé a usarlos desde los doce, después que Damon se fue.

— Lo haces para que tu olor no sea detectado...

— Damon lo detectó — Osmilda lo miró sin entender — Ese día no usé esa loción, estaba con los supresores y Damon detectó esa loción.

— Estos es algo increíble — murmuró la omega — Damon aun siente tu olor sin que lo tengas puesto... ¿Cómo es que hueles a bebé?

— Damon me regalaba lociones de bebé desde los cuatro años cuando Dylan dejó de hacerlo — sus mejillas no daban abasto con el sonrojo — Decía que le gustaba como olía cada vez que estábamos cerca.

— ¿Estas consciente de que tu hermano pudo llamar a la policía cuando Damon cumplió los dieciocho o mejor dicho a la ONU?

— ¿Qué diablos tenía que ver la ONU con lo mío y lo de Damon?

— Eras un menor de edad, Jacob — se burló — La ONU cuida los niños del mundo y tú tienes cara de bebé todavía.

Jacob rodó los ojos y luego se fijó en los dos autos que sobresalían de los demás. Un grupo de estudiantes pasaron por donde estaban los autos con cara de bobos, es como si nunca en sus vidas hubiesen visto autos de eso modelos en sus vidas.

Williams y Damon salieron de sus autos. Osmilda y Jacob se miraron con de confusión al verlos vestir de forma casual y urbana.

— ¿Por qué están vestidos de esa forma? — preguntó Osmilda, acercándose a su novio — Pensé que estaban en el trabajo.

— Para anda, salimos temprano para llevarlos a cenar a un restaurante a las afueras de la ciudad — le guiñó un ojo — Es hora de la comida y yo tengo hambre al igual que ustedes dos.

— Tienes razón — asintió — Nos vemos allá, lindo bebé.

— Nos vemos mañana — dijo Williams, y Jacob frunció el ceño — No iremos al mismo lugar tengo planes con mi prometida y ustedes no están incluidos — dicho eso se fue sin decir algo más con Osmilda.

— Nos vemos mañana, lindo bebé.

Jacob le dio una breve mirada a Damon quien le sonrió caminando hacia él con las manos en los bolsillos, eso le recordó que el mayor lo hacía cuando estaba nervioso o porque había hecho alguna travesura.

— Gracias por venir, señor Hilton — sonrió, algo apenado — No se hubiesen molestado en salir de su lugar de trabajo.

— No es nada — hizo un ademan con la mano — Me hacía falta salir de mi zona de trabajo y que mejor que yendo a comer — tomó la mano del menor — Además, me gusta mucho pasar tiempo contigo.

— ¿De verdad? — Se sintió raro tomar la mano de Damon otra vez — ¿Qué le hizo cambiar de opinión para salir de su trabajo el día de hoy?

— Tú — el corazón de Jacob comenzó a latir con fuerza — Eres una persona interesante y me recuerdas a alguien que conocí hace algunos años, antes de mudarme a éste país — le abrió la puerta del auto y esperó a que éste entrara.

Jacob colocó su mochila en su regazo para no tener que sacarla del asiento de atrás cuando se baje, y luego se colocó el cinturón de seguridad.

— ¿Nunca vivió en este país, señor? — preguntó, cuando Damon entró al auto.

— Cuando estemos fuera del trabajo llámame Damon, por favor — se colocaron el cinturón de seguridad — No, la verdad es que nací aquí y después me mudé a Estados Unidos en Oakland, California — comenzó a conducir fuera del estacionamiento — Estuve allí hasta que cumplí los diecinueve años y me mudé por obligación a Italia.

— ¿Por qué me está contando esto? — agarró el cinturón con ambas manos y lo apretó de la misma forma que su corazón estaba latiendo — No me malinterprete...

— Dave, te dije que me tutearas fuera de la oficina — subió las cejas en su dirección — No estamos en la oficina para que me estés llamando señor. Es algo incómodo, mis empleados me tutean cuando me ven en la calle.

— Trataré de no llamarte señor en toda la cena... tengo una pregunta o mejor dicho varias preguntas — jugó con sus dedos desviando la mirada hacia ellos.

— Sabia que eras muy curioso — rió, un poco — Dímelas y trataré de responderlas todas y cada una de ellas.

— A las a fuera de la ciudad no hay ningún restaurante...— comenzó a decir — Por lo que estoy seguro de que no iremos a ningún restaurante en ese lugar, ¿A dónde vamos?

— Iremos a mi casa — confesó — Digamos que Williams me convenció de invitarte a salir y Osmilda fue parte de esto..., como hoy es viernes por la noche y no me gusta salir mucho de mi casa decidí que podíamos ir a ella para cenar.

— Pensé que vivía en los dos pisos restante del edificio de trabajo — Damon le dio una mirada — No me mal interprete. Osmilda me cuenta todo desde que nos conocimos hace meses y no fue ningún secreto guardado el que me dijera que vives allí para estar más cerca del trabajo.

— Tienes razón en eso. Éste lugar lo compré cuando me mudé, ya que no me gusta estar tan cerca del trabajo todo el tiempo y vengo a este lugar los fines de semana para despejarme.

— Osmilda me dijo que viaja mucho entre semana, pero que no sale del país a menos que sea necesario — miró la ventana — Perdón si hago preguntas demás, pero es inevitable no hacerlas.

— No es nada que seas alguien curioso — se encogió de hombros — Eso es algo que te hace diferente a los demás...

— Gracias, supongo — dijo, tímido — Hace dos semanas me dijo que estaba enamorado de alguien, que prácticamente todavía lo sigue amando como si nunca se hubiesen separado.

— No estoy preparado para decir su nombre — soltó un suspiro y dobló en una curva evitando los semáforos de la ciudad — Williams ni siquiera lo sabe todavía y espero que así se quede por mucho tiempo.

— Auch — sonrió, sin mostrar los dientes — No es nada malo, perdón si te hice sentir incomodo en algún momento.

—Descuida — negó con la cabeza, entrando a un camino de árboles — Por lo que veo sigues usando esa loción de bebé todavía.

— Sí, me gusta usarla de vez en cuando — dicho eso, todo quedó en silencio.

Damon negó con la cabeza, no tenía caso dañar la velada que Williams le dijo que tenía planeada para su novia y en la cual tuvo que acceder por que perdió una apuesta estúpida hace unas horas atrás.

En media hora llegaron a la gran mansión de Damon a las afueras de la ciudad. La boca de Jacob cayó al piso, literalmente. El jardín era iluminado con luces de colores dorados y morados.

Ambos bajaron del auto una vez que estuvieron en la cochera del lugar y esperó a que Damon asegurara todo el lugar para poder entrar a la casa. La seguridad del lugar era impresionante, Damon tenía todo bien asegurado y el lugar tenía ciertos guardias que no se despegaban de sus lugares a menos que sea necesario o por órdenes de Damon.

— Puedes ir a la sala, prepararé algo de comida para los dos — abrió la puerta de la cocina para que entrara — Esta por allí la sala — señaló hacia la otra puerta — Puedes dejar tu mochila en cualquier lado de la sala, en un rato iré.

— Gracias — fue hacia donde Damon le había dicho.

Dejó escapar todo el aire que tenía contenido en los pulmones en cuanto salió del campo de visión de Damon. Tenía el corazón fuera de su lugar y si seguía así sería un omega que saldría en las noticias porque su corazón no resistió la presión de la emoción que sentía al estar cerca de su alfa.

Hace tantos años que no tenía la cercanía con alguien. No estaba seguro de si pudiese resistir mucho y que su plan inicial se fuese a la basura en un abrir y cerrar de ojos.

Su mochila la puso en el piso y se acercó a las fotos que había en las mesitas del lugar y estaba sí que no dudo tomarlas. Era más fotos de ellos dos besándose en la casa de los difuntos padres de Damon. Debía de ser una cruel broma del destino para él.

Esperaba que todo no se saliera de control como siempre pasaba en su vida. Fue foto por foto viéndolas con mucha curiosidad. En verdad que Damon se había esmerado en tomar cada parte de sus vidas en fotografías.

La última foto que tomó era de ellos cuando fueron a la playa, juntos y eso era cuando Damon tenía doce años y él ese día había cumplido cinco. Sonrió con gracia al recordar que Damon se fue a golpes con niño de la misma edad solo porque destruyó el castillo de arena que ambos había construido.

Damon tenía la marca del golpe en la mejilla mientras sonreía a la cámara con el omega en brazos y Jacob le daba un gran beso en la mejilla. Ese día Dylan había dejado el miedo de que Damon pudiese hacerle algo a su hermano aunque sea por unas horas en las que disfrutaron todos en familia y fue la última vez que salieron todos juntos.

— Siempre andas viendo mis fotografías — casi deja caer la foto sino hubiese sido por Damon la sostuvo — Perdón si te asusté no fue mi intensión.

— Descuida — tomó la copa de vino que este le tendía – No fue mi intensión tomar las fotos y verlas si tu permiso.

— No pasa nada — le restó importancia al asunto — Me gusta tomar fotografías en mis tiempos libres.

— Me acabo de dar cuenta de eso — bebió un poco de vino — Eres un como una caja llena de secretos que no deseas que nadie descubra, Damon.

— Tienes razón en eso, Dave — le guiñó un ojo — Pero todos los secretos alguna vez en la vida son revelados y no te das cuenta de eso hasta que es demasiado tarde para eso.

— En algo estoy de acuerdo contigo — le dio otro sorbo a su bebida — Esta noche será muy interesante.

— De eso no cabe duda.

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