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Capítulo 1

Capítulo 1

Michael lleva sólo unos cuantos días en ese infierno y ya estaba maquinando como escapar y no sólo era por no querer estar encerrado sino, también por ese alfa que aseguraba ser su pareja destinad. Dios, lo estaba volviendo loco y más que ese estúpido alfa quería hacerle todas esas cosas que se le hacen a un omega. Y no, él era un alfa fuerte y de carácter, no era un indefenso omega

Es que de pensar sólo en la idea de ser marcado le daba escalofríos, pero utilizaría eso a su favor ya que ese alfa podría defenderlo mientras el escapaba solo tenía que hacer tiempo y todo rápido para salir de ay antes de que Eliot se le ocurriera meter su cosa en él.

— Si acepto estar contigo me protegerás — repitió lo que le había estado diciendo su mente.

— Mira, niño, no soy tu niñera — dijo, sombrío — Pero puedo asegurarte que si siempre estás conmigo nada te pasará.

Michael era un lobo astuto pero ponía en duda poder manipular a este alfa que de tonto no tenía un pelo. Aunque, nada perdía en intentarlo.

— Bueno, si acepto estar contigo pero tengo mis condiciones — trató de sonar firme.

— Te voy a salvar tu asquerosa vida, me vas a poner reglas no me hagas reír, niñito.

— Primero no soy un niño como dices y segundo llámame por mi nombre pedazo de...

— Mira, niño, o disculpa me equivoqué, Michael, no termines esa frase no tientes a la suerte porque un solo chasquido te puedo matar o sólo ver cómo te destrozan algunos de estos prisioneros.

Dios, Michael no podría creer la maldita suerte de mierda que tenía en venir a caer en manos de éste demonio que quería hacerse el ángel salvador.

— No quiero que me toques — Michael vio como el alfa puso mala expresión, y antes de que el diera algo volvió a hablar — Dame tiempo, soy ya sabes… virgen de aquí atrás, y quisiera conocerte un poco más antes de eso, eso que quieres tener de mí.

Se haría el inocente ya que había analizado que haciendo el malo con Eliot no funcionaria, así que se fingiría ser un alfa tímido quién quita le gusten las cositas tiernas y con algo de carácter.

— Te daré un mes para que me conozcas o para que hagas lo que has estado planeando en tu cabeza — se pasó la lengua por los labios — No creo en esa inocencia que estás demostrando conmigo ahora. Fui informado sobre la clase de persona que eres y lo fácil que es para ti manipular a las personas a tu antojo.

Michael se sintió casi descubierto pero trató de mirarlo con los ojos más inocentes, que podía.

— No he planeado nada, Eli, ¿Te puedo decir así? — su voz sonó tímida.

Vio como en los labios del alfa idiota se forma una pequeña sonrisa la cual no duró mucho.

— Esto... sí. Llamarme así pero cuando estemos solos voy a dejarte y darte espacio para que veas que no soy tan malo como crees.

— Está bien, Eli.

— Espero llevarme bien contigo, Michael — el mencionado intentó colocarse de pie apenado por decirle así pero por dentro estaba muerto de la risa por su buena actuación.

— Pero...

Eliot volteó a ver a Michael con una mirada algo perversa.

— ¿Qué?

— Una cosa es que no te vaya a meter mi pene por el culo — la mirada de Michael cambió a una de pánico — Voy a tocarte y besarte de vez en cuando. Respetaré tu parte trasera pero con lo demás jugaré y debe de ser satisfactorio. No voy a aguantar un mes sin sexo así que acepta ahora o muere.

Michael sabía que no todo era tan bueno como se veía, tenía que sacrificarse y manosear. Aunque, los besos no los veía tan mal. Si con eso no dejaría que entrase su paquete su pellejo seguiría a salvo lo haría sin más remedio.

— Está bien, acepto pero se suave conmigo, por favor — el alfa puso los ojos blanco.

— De acuerdo.

El raza pura acercó su rostro al cuello del alfa más pequeño, y olfateó el aroma que le pareció atrayente desde que entró a esa celda. Sonrió, la piel del chico se había erizado por completo, y eso que no lo había besado.

Michael no sabía que le pasaba pero se sentía cómodo se sentía algo mareado con el olor de este alfa, y más cuando sintió los labios de Eliot con los suyos fue un beso suave tierno cosa que no imaginaba que él lo fuera a besar así. Se vio al mismo tiempo correspondiendo el beso del alfa de la misma forma, se dejó llevar por las pequeñas descargas eléctricas que su cuerpo estaba recibiendo por el beso.

Cuando sintió que Eliot se alejaba de él abrió los ojos y vio como lo miraba, Michael sin pensarlo se tocó los labios con sus dedos y bajó la mirada. Nunca había sentido algo parecido con un beso pero no el no caería en brazos de ese, ese alfa idiota. Sacudió su cabeza para apartar lo que pasaba por su mente, cuando escuchó a Eliot hablar fijo su vista en él.

— Con éste beso cerramos el trato, bebé. Desde hoy corre el mes que te di.

Y vio cómo salió de la celda dejándolo ay con todos sus pensamientos revueltos.

Se sentó en la cama, pegando la espalda en la pared. Su plan inicial había cambiado, pensó que le resultaría fácil usar algo de lo que había aprendido de Noah en el tiempo que estuvo cerca de él, pero resultó otra cosa. Jared se había encargado de que toda la prisión supiese la clase de Dios del engaño que era.

Deseaba con todas sus fuerzas el que su padre estuviese cien metros debajo del agua, donde nadie lo encontrase. Por su culpa iba a pasar el resto de su vida en prisión con un alfa que lo violaría dentro de un mes si no le daba el culo como lo pedía con tanta vehemencia.

Se colocó de pie, colocándose los zapatos, miró hacia abajo donde vio a los reos caminar hacia las canchas. Un grupo estaba de pie en la puerta. Enfocó su mirada y vio a Eliot caminar con dos personajes. No lo pensó dos veces y fue detrás de él, casi se cae en el último escalón cuando un alfa le metió el pie.

— Fíjate por dónde vas, princesa — el chico apretó los puños, y caminó sin mirar al grupo de alfas que se reía de la situación como si fuese lo más divertido.

— Hijos de perra — gruñó, sin mirarlos.

— ¿Qué dijiste, princesa? — Las risas se detuvieron y su brazo fue sujetado con fuerza — Repítelo.

— Hijo de perra — dijo, lo más calmado posible — ¿Eres sordo o estúpido?

— Llévalo a las canchas — dijo el guardia, que había estado presenciado todo — No quiero que ensucies el piso con sangre, ya bastante trabajo hacen los conserjes.

El alfa sonrió, les hizo una seña a sus colegas y salieron hacia donde estaban los reclusos. Sería divertido ver suplicar a esa pequeña rata de la realeza piedad. Ya después vería la forma en la que se lo fallaría. A todos le parecía extraño el que Eliot, el dueño de esa prisión no lo hubiese matado hace tiempo.

No conocían a un omega o alfa que haya estado en esa habitación y no haya muerto en dos días después de su llegada. Al menos ese mocoso sabría lo que era bueno y malo de ese lugar, y no sería por Eliot.

Unos cuantos años más en ese lugar no serían nada. No tenía con quien pasar el resto de su vida.

— Veamos, princesa — lo tiró al suelo, en medio de la cancha, llamando la atención de los reos — ¿Te crees intocable simplemente porque vienes de una cuna de oro?

— Nunca dije algo como eso — se echó hacia atrás — No pongas en mi boca tus asquerosas palabras.

— Así que tienes agallas — se puso de cuclillas — Princesa, eres una perra más en éste lugar — señaló — Es mejor que midas tus palabras.

— No me digas — se burló — No eres quien para decirme lo que tengo que hacer, alfa imbécil.

— Traté de que las cosas fueran suaves contigo, pro no me dejas alternativa — se puso de pie — Sujétalo, le daremos la merecida bienvenida que se merece.

— ¡No te atreva a tocarme! — trató de colocarse de pie, pero fue sujetado de los brazos, dejándolo de rodillas, después de recibir un fuerte golpe en la pierna.

— Te lo dije, princesa — el primer golpe fue directo a su rostro — Debes de guardar silencio, no eres más que la nueva perra de éste lugar.

— Vete a la mierda — dejó salir un jadeo cuando un golpe fue a parar a su abdomen.

Un golpe certero fue a parar a su abdomen otra vez. El bullicio de las personas a su alrededor lo tenían confundido. Buscó con la mirada al alfa que dijo que lo protegería de las personas de ese lugar. El golpe que recibió en la cabeza con el codo, lo dejó casi inconsciente. Su cuerpo fue contra el piso en el momento que sus brazos fueron soltados.

Por otro lado estaba Eliot, sentado en las gradas con un cigarrillo en los labios conversando con Zeus y su mascota. Un hermoso omega de no más de dieciocho años que había llegado a su más de dos meses y que no la había pasado para nada bien en ese lugar, sólo hasta que Zeus decidió reclamarlo.

El nombre del chico es Cole, el primer día que pisó la prisión fue interceptado en las regaderas por un grupo de alfas que se dedicaba a usar a los omegas o alfas que ingresaban al lugar, para tenerlos a sus pies como si nada. El chico era un asustadizo por completo, no se acostumbraba que Zeus lo tuviese siempre con él. Cada vez que tenían intimidad, hacia un gran esfuerzo por no ponerse a llorar, tenía estragos de lo que había pasado y no quiera que nadie lo tocase de esa forma, no quería sentirse sucio y ultrajado cada vez que el alfa lo tocaba.

Agradecía cada vez que podía, el Zeus no lo tocase de forma brusca, en busca de su propio placer nada más, que siempre buscaba la forma en la que ambos lo disfrutaran.

En ese momento el chico estaba sobre las piernas del alfa, con su cabeza recostada en el hombro de éste, mirando con mucho interés el pleito que se estaba armando.

— Así que ya tienes a quien joderle el culo — dijo Zeus, dejando salir el humo del cigarrillo por la boca.

— Es un alfa, no tiene más de diecinueve años — le dio otra calada al cigarrillo, mirando el cielo — No podía creer que un alfa, de la realeza sea mi alma destinada.

— ¿Es un alfa? No me digas que es el mocoso que te encargaron matar — apretó la cadera de Cole.

— Si, el mismo — sonrió — Con decirte que hasta se inventó algo para que no lo use a mi antojo.

— Lo supuse, debió de darte algo que realmente te gustara lo que te dio antes de salir de la celda.

— No tienes idea...

— Perdón que los interrumpa — la voz del omega en las piernas del alfa se hizo presente — ¿Cómo es el chico que le gusta, Eliot?

— Es bajito, un poco más alto que tú sin duda, tiene el cabello negro — se encogió de hombros — ¿Por qué?

— Creo que están a punto de darle una paliza justo ahora — señaló.

Eliot miró de inmediato a la multitud que se colocaba delante de Michael, ya sabía lo que estaba pasando. Ese estúpido niño puberto se había metido en un lio enorme, y eso que no tenía el tiempo necesario como para que lo linchen.

— Estúpido niño puberto — gruñó, colocándose de pie — No se cansa de meterse en problemas y ahora tengo que salvarle el culo de gratis.

Siguió maldiciendo a Michael todo el camino. Tomó el cuello del alfa que le iba a dar otro golpe al chico inconsciente en el piso. Sin duda no se salvaría nadie de los que habían presenciado el que no hayan hecho nada para impedir la golpiza.

— ¿Qué demonios creen que hacen? — dejó caer al alfa al suelo, miró a Michael, el cual parecía irreconocible por los golpes en el rostro.

— Le estamos dando la bebienda al nuevo — dijo, con obviedad — Me insultó...

— ¿Y te da el derecho a golpear lo que me pertenece? — dio dos pasos, posicionándose al frente a el alfa — No me gusta que toquen lo que me pertenece, y eso lo saben todos.

— El chico comenzó con sus insultos y no sabíamos que tenía dueño — dijo, arrogante — No tiene ninguna marca que diga que está marcado por ti.

Eliot cerró los puños y caminó hacia el chico que estaba tirado en el piso, y sin nada de sutileza tomó la parte superior del cuello, clavó sus dientes ante la atenta mirada de todos.

Michael abrió los ojos, saliendo del sueño en el que había caído. Sus ojos se llenaron de lágrimas, y antes de que el Alfa mayor se apartarse de su cuello se desmayó.

— Nadie toca lo que es mío.

Fueron las únicas palabras que salieron de la boca de Eliot, si alguien tocaba a Michael, firmó su sentencia de muerte.

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