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Candela

Delante de mí está una de las chicas más elegantes y serias que he visto en toda mi vida. Es alta, pelo castaño largo con ondas que lo recorren todo, su maquilla es muy sencillo pero impecable, viste un pantalón de vestir negro, una blaiser amarrado con un botón que deja entrever la línea de sus pechos, las zapatillas y el bolso hacen juego y yo sonrío. Definitivamente no era como me la imaginaba.

― Hola ― me dice con la voz más sensual que he escuchado en mi vida.

― Hola ― respondo anonadado, estoy tan sorprendido que he olvidado dejarla pasar.

―¿Puedo entrar o iremos a otro lado? ― pregunta.

―¡Ah! Sí, sí pasa ― respondo torpemente.

Abro aun más la puerta y ella entra pasando justo al lado de mí. Su perfume es fino e inmediatamente al olerlo despierta algo en mí que pensé completamente perdido. Se ve tan hermosa y tan sensual que me arrepiento de no haberme vestido mejor para recibirla. Ella deja su bolsa sobre la barra de la cocina y voltea a verme ― ¿No vas a pasar? ― comenta y me rio al ver que sigo parado junto a la puerta.

― ¿Tu primera vez? ― pregunta.

― Sí, bueno, no, ya lo he hecho antes ― contesto pero en realidad no sé lo que dije. Ella se ríe y camina hacia a mí.

― ¿Es tu primera vez contratando un servicio? ― aclara y yo me siento como tonto con la respuesta que le dí.

― Sí, en eso sí ―.

Ella va hacia la barra de la cocina y saca de su bolsa una tablet, después toma una pluma y mueve el dedo en señal de que vaya hacia ella. Lo hace tan sensual y viéndome directamente a los ojos que me hipnotiza.

― Este es tu contrato guapo, léelo con detenimiento y si estás de acuerdo lo firmas ― mientras yo revisaré el lugar, si me lo permites, claro.

― Adelante ― contesto y ella comienza a moverse por el lugar.

― Las tarifas están ahí también, escoge la que te plazca y haces la transferencia electrónica ― me indica.

Trato de concentrarme en lo que estoy leyendo, un simple documento donde vienen las reglas, los acuerdos y las tarifas pero me llama más la atención ver qué hace, qué observa y no puedo dejar de preguntarme ¿para qué lo hace? Firmo y en el momento que lo hago ella voltea y me sonríe. Después camina a paso veloz hacía a mí y jugando con su cabello y acomodándolo.

― Gracias guapo ― dice y toma la table entre sus arregladas manos ― Este contrato es confidencial y puedes pedir una copia mañana marcando a este número ― y me da una tarjeta con otro número diferente a dónde yo llamé. Cierra la protección de la tablet y la vuelve a meter a la bolsa.

― ¿Cómo te llamas? ― pregunto.

― ¿Cómo quieres que me llame? ― me responde y sonríe amable.

― Bea ― murmuro y en verdad no sé porque dije ese nombre y no otro.

― Entonces, soy Bea ― y me guiñe un ojo ― No sé si te explicaron pero puedo ser lo que quieras, sólo debes seguir las reglas del contrato y llegar a la tarifa indicada.

― ¿Y cuál es la tarifa indicada? ― pregunto.

―Depende de lo que quieras hacer ― ella toma mi mano y me lleva hasta el sofá de la sala, después me sienta y ella lo hace al lado ― Dime ¿qué es lo que quieres que Bea haga por ti guapo? ―.

En este momento, al ver su escultural cuerpo sólo hay algo que pasa por mi mente y no lo voy a negar, al fin y al cabo está dentro de la tarifa que voy a pagar y hace meses que no lo hago.

― Quiero hacerle el amor a Bea ― contesto, y ella sonríe.

― Bea quiere que le hagas el amor ― me contesta, mientras me mira a los ojos fijamente. Siento como los latidos de mi cuerpo comienza a acelerarse y no sé si es ella o la adrenalina del momento pero me siento completamente vivo después de tantas semanas de sentirme muerto en todos sentidos.

Estiro mi mano lentamente y comienzo a pasar mis dedos por su largo cabello que es suave al tacto, después toco su rostro que es tan terso que parece que su piel es de terciopelo ― Eres tan bonita Bea ― murmuro y pego mis labios con los suyos dejándome llevar por el momento que estoy viviendo.

Sé que dije que era Bea, pero sentir los labios de la chica me ha prendido por completo, son carnosos y muy apetecibles, ella se deja llevar por como la estoy besando y  no me pone límites. Mi lengua busca la suya y libremente ella juega, me disfruta, me incita y caigo en este tipo de encantamiento que me hace sentir en otro mundo. Comienzo a inclinar mi cuerpo hacia ella, todo mi ser me grita que la tome ahí, pero al verla sé que merece al menos llegar a mi habitación. Me separo y la veo.

― Vamos a la habitación ― le murmuro. Tomo su mano y le pido que me acompañe. Ella me sigue, y mientras caminamos voy apagando las luces del piso hasta quedar completamente a obscuras. Al entrar a la habitación, cierro la puerta y ella camina hacia el centro del lugar, su cuerpo curveado pero esbelto está frente a mí ― Desnúdate ― le pido ― quiero verte hacerlo.

Ella desabrocha lentamente el blaiser y deja al descubierto sus hermosos pechos pequeños. Veo como se desliza sobre sus brazos y su espalda y cae al piso. Después comienza a desabrocharse el pantalón de vestir cuando le pido que pare ― Espera ― murmuro ― Ven a mí.

Con el torso completamente descubierto y sólo vistiendo el pantalón camina hacía a mí, esa imagen sé que me perseguirá en sueños y planeo sacarle todo el provecho del mundo. Se para frente a mí y vuelvo a besarla en los labios de la manera más sensual posible para morderle el labio inferior ― Ahora desnúdame ― le pido y ella lleva sus brazos hacia la camisa que llevo puesta y poco a poco comienza a desabrochar los botones que la mantienen cerrada. Por cada botón libre, ella roza sus nudillos en mi piel, erizándola y no deja de mirarme a los ojos.

Abre la camisa y recarga las palmas de las manos en mi pecho para después subirlas, acariciándome sensualmente, hasta los hombros, deslizando mi camisa por mis brazos y dejándola caer al piso. De la misma manera como subió, ahora baja hasta mi cintura y abre el botón de mi pantalón. Su mirada intensa penetra mis pupilas, y a pesar de la poco luz que hay en la habitación, puedo sentirla. Mi pantalón cae enseguida y ella se agacha para acabarlo de quitar de mis piernas.

― Dices que puedes hacer lo que yo quiera ― le pregunto en voz baja y ella me voltea a ver desde abajo y sonríe ― Lo que quieras ― me dice.

Sin pensador dos veces bajo mi manos y le indico que vuelva a ponerse de pie, cuando la veo frente a mí la tomo de la cintura y la acuesto sobre la cama para inmediatamente quedarme encima de ella. La admiro, ella se muerde los labios y yo comienzo a besar sus pechos hábilmente, la reacción de su piel es inmediata y comienza a mover sus caderas de una manera tan sensual que me provoca cada vez más. Desabrocho el botón de su pantalón y lo deslizo por sus largas piernas hasta que queda en una braga color negro que no deja nada a la imaginación.

― ¿Puedo romperla? ― le pregunto y ella sonríe y yo tomo eso como un sí. Así que la rompo con mis manos dejándome ver su provocativa intimidad que me despierta los pensamientos más pervertidos que he tenido en mi vida. Me muevo de nuevo hacia su rostro y pongo mi boca cerca de su cuello y oreja ― Quiero que gimas para mí Bea, quiero que te guste lo que te haré . comento y regreso a mi posición inicial.

Comienzo a dar pequeños mordiscos en sus muslos interiores y luego beso sus caderas. Veo como sus manos bajan a la sábana y la toman con fuerza. Beso cerca de su intimidad y luego mi lengua comienza a jugar con ella hasta que su piernas comienza a separarse para darme más espacio. Bea gime, y lo hace tan deliciosamente que le creo, le creo que lo disfruta y que no va a poder olvidarme después de esto.

Sigo moviendo mi lengua en círculos y ella mueve sus caderas arriba y abajo dejándose llevar. Es tanta mi insistencia en un lugar que un gemido más grande provoca que ella se venga en mi boca y gima fuerte apagando el silencio de mi habitación. No sé si la verdadera Bea haya sentido un orgasmo de mi parte antes, pero está Bea lo ha hecho y me ha fascinado.

Estoy tan excitado que necesito estar dentro de ella, quiero disfrutarla, besarle todo el cuerpo, hacerle el amor toda la noche, no me importa si debo pagar el doble. Me quito el bóxer ― En el bolsillo del pantalón ― me indica y me bajo de la cama para tomar el pantalón que recientemente le quite y encuentro un preservativo. Debemos hacerlo así, tal y como indican las reglas que firmé momentos atrás.

Me subo a la cama y me apoyo en mis rodillas, tomo mi erección y juego un poco con ella para volver a endurecerla al máximo ― Veme ― le pido y ella se alza un momento apoyándose sobre sus codos  y sus ojos no se pierden ningún detalle, puede ver como coloco en la punta de mi hombría el preservativo y luego lo deslizo lentamente por mi erección cubriéndolo por completo. Debo confesar que todo lo que estoy haciendo en este momento nunca lo había hecho con nadie, y no sé si ya lo deseaba antes o simplemente me estoy dejando llevar por el momento.

Esta vez quiero ser yo el que domine la situación, así que vuelvo a la altura de su rostro y mientras le beso vuelvo a recostarla. Recorro con mis labios sus pechos y llego a su ombligo, vuelvo a subir y sin viéndola a los ojos llevo mi mano hacia mi erección y la pongo justo en el lugar para entrar en ella ― Quiero que me sientas ― le murmuro y hago mis caderas un poco para adelante y en segundos siento un increíble placer. Ella gime y cierra los ojos disfrutándolo. Comienzo a mover mis caderas lentamente, sintiéndola, sintiéndome, mi piel está completamente erizada y mi cuerpo está vivo. Mientras la tomo, coloco mis brazos a los lados de sus hombros y la beso apasionadamente, queriendo fundirme en ellos, mi cuerpo está completamente sobre ella y me excita saber que está entre él y el colchón sin poder escaparse ― Dime tu nombre ― le murmuro.

― Bea ― responde.

― No ― le digo excitado mientras los movimientos de mis caderas son más intensos y profundos ― dime tu verdadero nombre ―.

Me separo un momento y veo su hermoso rostro apenas alumbrado por las luces de afuera de mi habitación, ella me sonríe  ― Candela ― murmura ― Me llamo Candela ― y yo me derrito de nuevo en sus labios, para después separarme ― Esta noche le haré el amor a Candela, Bea no se merece tantas sensaciones placenteras ― y me hundo en su cuello haciéndola gemir.

Candela sube sus manos hacia mi espalda y araña ligeramente mi piel, despertando una sensación completamente nueva para mí, muerdo el lóbulo de su oreja con cuidado y mis caderas parecen no tener freno. La escucho excitada y me encanta, le pido que se voltee y recargue sus manos sobre el colchón y suba su cadera y espalda baja, la posición me provoca más. Entro de nuevo en ella y ahora recargo mis manos sobre sus glúteos. Me muevo otra vez despacio, meditado cada movimiento, escuchado cada gemido, subiendo y bajando mis manos por su espada y arañándola ahora yo un poco.

Candela es increíblemente sensual, disfruta el sexo, lo hace bien y yo le hago el amor como si la conociera de toda la vida, como si anteriormente ya hubiera estado con ella. Tomo un poco su cabello con una de mis manos y lo jalo un poco probando un poco de la libertad que tengo con ella, ver sus manos arañando el colchón de placer me hace sentir el hombre más viril del mundo. Los gemidos de ambos aumentan y yo sólo quiero venirme en ella y caer rendido en su cuerpo. El movimiento es constante, mis caderas y las suyas se siente calientes, mi cuerpo está que arde y los músculos de mis brazos están increíblemente tensos exponiendo mis venas. Me aferro a sus caderas  porque presiento que el fin va llegando, no quiero terminar pero debo hacerlo, es más de lo que puedo tomar por ahora. Gimo como nunca lo había hecho  sintiendo una ola de placer increíble que debilita mi cuerpo, no sé si esta vez ella hizo que el sexo fuera tan pasional o si el hecho de sentir una intensa libertad lo hizo de esa manera.

Con ella probé posiciones y sensaciones nuevas y me gustó, me gustó mucho, me arrepiento de no haber explorado mis fantasías más profundas y descargarlas en Candela desde el principio debido a mi indecisión y a mi timidez. Me recuesto al lado de ella y se voltea, me mira a los ojos, estamos los dos desnudos en medio de esa tenue habitación y ella me mira como si estuviera enamorada de mí. La curva que forma su cuerpo es perfecta y muy sensual, no cabe duda que ella es una mujer, no una niña como posiblemente llegó a ser Bea para mí.

― Así que te llamas Candela, un nombre muy acertado ― y comienzo a acariciar su rostro con sus manos ― Yo me llamo Javier ― confieso.

― Javier ― repite con su voz sensual ― Gusto en conocerte ―.

― El placer es mío ― murmuro.

Nos quedamos callados y ella cierra los ojos al sentir mis caricias por su rostro y cuando mis dedos se enredan con su cabello. Sé que aún tenemos horas para gastar y que podré repetir esto las veces que me sean posibles, pero ahora, sólo quiero estar así con ella, viéndola y repartiendo caricias por su cuerpo, supongo que son las sobras del amor que sentí por Bea y que ahora quiero darle a Candela aunque no sea real. La acerco hacía mí y la envuelvo con mi brazos sintiendo su respiración en mi cuello. Candela, la chica que llegó a encender mi noche y al irse oscurecerá mi día.

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