Musa - Libro II - Serie Destino
Musa - Libro II - Serie Destino
Author: Dia Mond
Prologo

Samantha Evans

Volteo la cara, un golpe de mi padre en mi mejilla provoca que saboree la sangre de mi labio roto, acepto que merezco este golpe una y otra vez, esta noche fue increíble, escuchar su sermón y luego subo a mi habitación, siento como pasa el seguro de mi puerta, como si eso pudiese detenerme, hoy es mi cumpleaños y quería disfrutar de la vida, aunque fuese por algunas horas.

Siento mi móvil vibrar en mi bota, sacó de allí todo lo que traigo, en el bar me hice algunas propinas, rápido me meto en el baño y lo guardó bajo una tabla junto a mis demás ahorros, creo que con eso cumplo mi meta, solo falta un descuido de parte de mi carcelero y me iré.

Luego de darme un baño y contestar uno que otro mensaje en mis redes, apago mi móvil y lo meto entre mis colchones, me acuesto en mi cama mientras mi mente viaja hacia donde me gustaría estar, suspiro pesadamente y cierro los ojos.

– Feliz Cumpleaños Samantha – digo en un susurro – ya mañana estos 22 años, solo serán el comienzo de algo mucho mejor – poco a poco siento como mi cuerpo pesa, y Morfeo pasa por mí, para ver las estrellas desde su ventana.

Sentí una ligera caricia en mi espalda, desperté enseguida, mi cuerpo se tensó y quise evitar ese tacto, mi padre estaba sentado a un lado de mi cama, con el rostro pálido, olía a tabaco y el perfume que siempre traía cuando tenía que ir a la corte, un abogado de renombre quien diría que en su casa se comporta como un carcelero con su propia hija.

Me pide disculpas como siempre que me golpea, sus palabras siempre tratan de culparme por sus actos, o sea que por mi culpa él me trata mal, acepto y me comporto sumisamente frente a este hombre tan imponente, luego que su trabajo este hecho, me promete que en la tarde cuando vuelva comeremos algo rico, me avisa que demorará porque hoy tiene un juicio, pero que el guardia quedará a cargo de mí.

Escucho sus palabras atentamente, pero mi mente lo único que ve es un buen momento para irme, estará horas fuera, por lo que no notará mi ausencia hasta que regrese, se despide de mí preguntándome qué haré durante el día, me encojo de hombros y solo le digo que veré algunas películas en mi habitación, rechazó el desayuno y solo le digo que me suban el almuerzo, enseguida cierra la puerta de mi habitación y escucho como baja las escaleras.

Cuando vi por mi ventana que su carro se alejó de la casa, tomé mi móvil mientras encendía me fui hasta el baño a darme una ducha, arreglarme un poco, rápido marqué el número de David, él era mi único amigo, nos conocíamos hace 4 años y era dueño del bar al que me escapaba a trabajar, sabía de mi situación, por lo que me ayudaba cada que podía, y esta vez no fue la excepción.

Cuando ya estaba vestida y tenía mi pequeño bolso lleno con lo que me sería necesario, fui al baño y saqué de su escondite el dinero que había juntado durante los últimos 4 años de mi vida, suspiré cuando me senté en la ventana y dejé caer al patio del vecino mi equipaje, mi cuerpo se tensó al instante, toda mi vida estaba en esta casa, suspiré y me di fuerzas.

Todo esto es por mí, porque yo si quiero vivir mi vida, quiero estudiar, quiero trabajar y vestirme como me acomoda, quiero salir y conocer el mundo, y con ese pensamiento en mi mente. Comencé a bajar lentamente, no quería caerme, en estos momentos una lesión no me la podía permitir, cuando toqué suelo, sentí un hormigueo en todo mi cuerpo, la emoción me embargó, quise gritar, pero me contuve.

Respire profundo y salte la cerca que separaba el patio de mi casa con el de mi vecino, con toda la personalidad del mundo. Toqué a su puerta trasera, cuando abrió su cara fue un poema, le expliqué en pocas palabras mi situación, la pareja que me escuchaba atentamente decidió ayudarme, le di las gracias y allí esperé a que David llegara a recogerme.

15 minutos después, iba camino al bar en el carro de mi amigo, quien tenía algunas cosas para mí y un boleto de ida hacia California, lamentablemente no podía bajar la guardia, mi padre tenía un poder especial para encontrarme, pronto nos detuvimos en un lugar que no conocía.

– ¿Dónde estamos? – Pregunte enseguida.

– Aquí nos ayudarán – mientras nos bajábamos David me explicaba que tiempo atrás se había dado cuenta de que tenía un rastreador en mi cuerpo, era algo de no poder creerlo – ¿alguna visita al médico? – Pregunto y recordé mi lesión.

– Hace tiempo atrás me quebré el brazo, me caí en el patio trasero – le comenté a mi amigo, quien enseguida tomó un sensor y comenzó a pasarlo por mi brazo – es aquí – le indico a una chica que con guantes quirúrgicos me pidió que contuviera el dolor.

No daba crédito a lo que estaba viendo, de una pequeña incisión sacó un pedazo de metal, era algo parecido a una tarjeta de memoria, enseguida la destruyeron y me pusieron una venda en el brazo, ellos me explicaron que era un tipo de localizador, la gente normal la usa para sus hijos, pero en joyas jamás en el cuerpo, eso es más para las mascotas.

Contuve el aliento, ya sabía que era para mi padre, salimos de allí tan pronto como pudimos, entramos y salimos del bar, todo fue en cosa de minutos, y ya íbamos de camino al aeropuerto.

– Quiero que te diviertas, que vivas tu vida, siempre me tendrás aquí, mi mano siempre estará para ti – decía mi amigo mientras yo me cambiaba de ropa en el asiento trasero del carro – en tu cuenta ahora hay dinero como para que vivas bien durante un año, busca trabajo, postula a la universidad, tú sabes que siempre estaré para ti – pronto nos estacionamos y él me ayudó a bajar.

– Gracias por todo – dije en la puerta del lugar, yo debía ir al registro de equipaje – juro que te pagaré todo – él me abrazó y luego besó mi frente.

– Nunca vuelvas, solo por buenas noticias – le sonríe y nos terminamos de despedir.

Entré en el aeropuerto, hice todo el proceso hasta que solo quedé en la sala de abordaje con mi bolso de mano, una de las chicas de servicio me indicó que mi boleto era de primera clase, por lo que debía moverme a una sala algo exclusiva, en el momento en el que iba entrando escuché mi nombre a lo lejos, sentí pánico, mis manos comenzaron a sudar, no quise voltear, pero sabía de quién se trataba.

Un hombre puso su mano en mis hombros y habló conmigo como si me conociese de toda la vida, me ofreció su chaqueta y entramos juntos a la sala en donde debíamos esperar, allí siguió a mi lado hasta que dejé de escuchar los gritos que mi padre tenía afuera, insistía en entrar, pero el personal no lo dejó e incluso lo sacaron del lugar.

Algunas lágrimas se me escaparon, pero aquel extraño las secó con un pañuelo, apenas tenía fuerzas para mantenerme en pie, ese día había sido un golpe de realidad, comencé a darme cuenta de que había normalizado y concientizado muchos maltratos, mi mente se había vuelto un nudo, un nudo que pronto decidí deshacer.

– ¿Estás bien? – Preguntó el extraño, aun conmigo entre sus brazos, sus verdes ojos me observaban curioso – ese hombre te buscaba a ti verdad, lo pude reconocer, él es un abogado de la corte – asentí ante sus palabras.

– Es mi padre – confesé, sinceramente su compañía me parecía rara, pero reconfortante – gracias por tu ayuda – estiré mi mano y él enseguida me respondió con la de él.

– Bruno, Bruno Reed – se presentó.

– Samantha Evans – correspondí.

– ¿Escapas? – Pregunto con toda naturalidad, asentí – vamos por el mismo camino pequeña, necesitarás de esto – me paso un pequeño envase de donde bebí un sorbo y algo quemó mi garganta, reí al darme cuenta de que era licor.

Así conversamos por unos minutos hasta que fue nuestro turno de abordar, ya arriba del avión me sentí tranquila, saqué de mi bolso lo último que me había dado mi amigo David, un sobre con direcciones y llaves de un apartamento, dinero para la renta y un currículo para que buscara trabajo.

Luego descansé, cerré mis ojos sintiéndome en paz, sintiéndome libre, y sintiéndome libre, libre de todos mis demonios.

Caleb Romano

– ¡Simona! – Grité desde el recibidor, mi casa parecía un garaje, mi esposa estaba renovando la casa nuevamente – Simona – volví a hablar, pero me la topé cuando entraba al comedor – Simona, tenemos que hablar – dije y ella levantó la vista y me sonrió.

– Hola, mi amor, ¿de qué quieres hablar? – Dijo cariñosamente, como pocas veces.

– No te hagas la estúpida – dije calmado, deje caer algunas cartas sobre la mesa – se te olvidó que también vivo aquí, que estás devolviendo mi correspondencia – su cara era un poema, ella pensaba que nunca me enteraría.

– Aun después de tantos años tenemos que discutir por ella, esa mujer jamás salió de tu mente – se dispuso a dejarme solo, pero la detuve – aún muerta se interpone entre nosotros – escupió.

– ¿Qué? – Pregunte – repítelo ¡maldita víbora! – Ordené mientras a ella se le desfiguraba el rostro – repítelo maldita zorra, o crees que no se sobre todos los hombres con los que te has revolcado, quien diría que una señora de tanto renombre sea la traidora más grande de toda Italia – solo eso bastó para sentir una de sus cachetadas, reí de mala gana, solté mi agarre y la vi caer al suelo.

Caminé hasta el mueble de licores, de allí saqué una botella que llevaba un tiempo guardada y un vaso con 3 hielos, siempre teníamos, mi querida esposa era propensa a emborracharse, quien diría que la perfecta señora era tan viciosa. Llené el vaso y volví hacia la mesa, acomoda una silla y me senté allí.

Ella hizo casi lo mismo que yo, algunos de nuestros sirvientes se apresuraron al comedor, donde nosotros estábamos sentados, di órdenes de que nos dejaran solos, teníamos que hablar, mis pensamientos eran uno solo, pero tampoco quería dramatismo a esta hora del día, ella sabía muy bien lo que había hecho, los últimos 25 años de mi vida había pasado engañado gracias a ella, quien se encaprichó con un compromiso sin amor.

La conveniencia siempre fue un pie para mi madre, por lo que ella no hizo más que apoyar este acto de idiotez, claro acompañado de mi estúpida decisión de no creerle a la única mujer que he querido tanto como para arriesgarme por ella, suspire pesadamente y babi de golpe todo el contenido de mi vaso para luego observar a mi espectacular mujer, llena de veneno por dentro, aparte de silicona, y me relaje sobre la silla.

– El abogado viene en camino – dije sin mucho preámbulo – ve muy bien lo que vas a pedir, porque solo te daré lo mínimo, tengo muchas pruebas de todo lo que has hecho – su rostro pasa de rojo por la ira a pálido por el susto – nos divorciamos, y te pido encarecidamente que abandones lo antes posible la casa de mi familia – me levante y camine hacia la puerta.

– No puedes hacerme esto, soy tu esposa, sin mí no la vas a encontrar nunca – no me detuve, seguí caminando - ¡No puedes hacerme esto! – Sigo gruñendo, escuché cómo explotó en amenazas y llanto, suspiré y luego cerré la puerta de mi despacho.

Allí me mantuve hasta que unos pasos se detuvieron fuera de mi puerta, luego de intensos minutos, fui yo quien abrió la puerta, la mirada burlona de mi hermano delataba que sabía lo que sucedía, suspiré y lo invité a pasar mientras él me ofreció un trago de aguardiente, sonreí y asentí.

Hablamos de todo un poco, ni siquiera me di cuenta de cuando llegaron camiones de mudanza, mi querida mujer quería llevarse todos los muebles, vi que ella quería un divorcio en grande y eso le daría, hablé a los hombres de seguridad, ellos ayudaron a la gente a cargar todo lo que cabía, mientras que mi abogado se apresuraba a llegar.

Mi hermano por su parte se fue a la habitación que alguna vez fue de nuestros padres a resguardar todos nuestros tesoros familiares, no aguantó la risa que me provocó, cuando lo vi de pie en la puerta del cuarto con un vaso de licor en su mano y en la otra el revólver de nuestro padre.

Algunos hombres se pasaron por el corredor, pero al ver el semblante de Eros no dudaron en regresar por donde venían. Cuando por fin el abogado llegó, llevábamos un juego de póker sobre el piso del corredor. El hombre no dudó en unirse, mientras hablábamos de las cláusulas del divorcio, di gracias a Dios que mis padres no fueron unos tontos y me exigieron un acuerdo prenupcial, allí todo se encontraba estipulado.

Simona solo recibiría una propiedad y una compensación económica que se daría de acuerdo con su comportamiento en estos años. Mi sorpresa fue grande al darme cuenta de que la cifra que se le daba no supera el 5% de nuestro capital, Eros pidió, no rogó, sé él quien le diera la noticia, pero me negué, aún guardaba una carta, aún quería restregarle algo en la cara, y no quería que a mi hermanito se le saliera.

Luego de la rabieta más hipócrita de parte de mi ex mujer, quien juró que sacaría hasta el último euro de la fortuna Romano, ella y todas sus pertenencias se marcharon, la casa no tenía mucho, ni siquiera los muebles de mi escritorio se habían salvado, pero en cambio me quedaba en paz.

– Bueno, en esta casa se come – dijo Eros burlonamente a mis espaldas, mientras Nana Luisa reía – Nana, porque no me preparas mi pasta favorita – rogó acercándose a ella para abrazarla - por favor, ¿sí? – Pregunto descaradamente mientras Nana se dejaba querer y asentía.

– Por supuesto, mi niño – respondió la mujer, mientras se alejaba de nosotros – mandaré a arreglar una mesa en la terraza para ustedes – dimos gracias y luego nos quedamos sobre la cama de nuestros padres.

– Quien diría que a nuestra edad estuviéramos aquí mismo, en donde discutimos nuestras decisiones con nuestros padres – suspiro mi hermano – aquí discutimos, sobre todo, María siempre fue un punto frágil para nuestra madre … - dijo como si él se lamentara.

– Lo sé, ella después de unos años insistía en que la buscara a pesar de que estuvo de acuerdo con mi matrimonio, incluso insistió en él – recordé mientras observaba el techo de la habitación – a todo esto, ¿Por qué estabas en Latinoamérica? – Pregunté, y lo vi sonreír.

– Daba un vistazo – respondió – tenía que asegurarme de que Cielo estuviera bien – esa niña es su vida, recordé cuando la vi por primera vez, me pareció tan pequeña, pero tan poderosa a la vez - si la vieras - dijo pasándome su móvil con una foto de ella - está hecha una mujer - le devolví el aparato y palmeó su espalda.

– ¿Investigaste lo que te pedí? – Lo vi asentir, pero no dijo nada, maldito – ¿me dirás algo o tengo que adivinarlo?

– Me gusta jugar con tu paciencia hermanito – soltó con ironía – está bien, vive bien, la he cuidado desde que pudo salir de la casa de su padrastro, aun así, me sorprende que recién se esté mudando – suspiro y observo mi rostro expectante – es una chica muy inteligente y sabe lo que quiere – asentí ante sus palabras.

– Me mudaré a Estados Unidos, necesitamos una oficina allá y me haré cargo personalmente – lo escuché suspirar – necesito que te quedes a cargo, solo por un tiempo – pedí y él negó con la cabeza.

Luego de una discusión muy animada con mi hermano decidimos delegar poderes, él no dejaría sus negocios, pero me ayudaría con los míos, tampoco me diría donde estaba mi hija, pero la seguiría cuidando a distancia, necesitaba algo de tiempo para recuperarse y prepararse para lo que podría venir.

Sé que no resistiría un rechazo de su parte, pero por lo menos sabría qué piensa María Laura de mí, esta noche cené y luego dormí sintiéndome en paz, para mí terminaba una vida que alejó muchas cosas buenas de mí, la paz que sentía en este momento no la cambiaría por nada del mundo.

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