Capítulo 2: Morton Craig

Hace 9 años y 6 meses

El aire acondicionado me despierta y el frío me espabila. No reconozco el lugar donde estoy. Parece un cuarto de hotel a juzgar por la cama y la mesita de noche desprovista de todo. No tengo idea de cómo llegué hasta aquí. Me veo atada de pies y manos, abierta y desnuda en el frío colchón. Pestañeo para acostumbrar mis ojos a la luz tenue de la habitación. No escucho nada, solo mi respiración y el sonido del ventilador del aire acondicionado.

Entonces recuerdo.

El hombre me había ofrecido doscientos dólares por una chupada. Ni siquiera acababa mi turno y tampoco me interesaba caer en eso. Me negué y le dije a mi compañero que le atendiera porque yo no me sentía bien.

No quiero volver a ofrecerme como carnada ni como recipiente de hombres. Una vez fue más que suficiente. Espero entregarme la próxima ocasión por amor a un hombre que me valore y quiera.

Intento recordar qué más pasó, pero nada llega. Tengo la mente en blanco.

Siento que comienzo a temblar; miro mis muñecas atadas con lazos rojos. Mi cabeza tiene una almohada debajo.

Vaya, que delicado. 

Quién me puso en esta posición debió creer que podía ahogarme si tenía la cabeza al mismo nivel del cuerpo.

Mis pensamientos son para Joshua. Otra vez metida en un lío. Esta vez no es por él ni es por mí. No quise que esto pasara.

A lo mejor tengo ese tipo de cara que hace que los hombres crean que pueden poseer mi cuerpo.

—Bien, ya estás despierta —oigo una voz que sale del baño, seguida de un hombre de pelo oscuro y mirada lúgubre.

Es el hombre del bar.

El cliente al que le rechacé hacerle un oral por doscientos dólares.

—¿Qué me hizo? —Mi voz está adormecida aún. Él sonríe y me observa desde arriba, como un dios que mira a su creación—. ¿Qué me hizo? ¿Cómo llegué hasta aquí? —vuelvo a preguntar esta vez más claro y con más propiedad.

—No te pongas tímida ahora. Me miraste desde que entré al bar; noté tu atracción por mí de inmediato. Solo adelanté un poco las cosas. —Quiero sacarlo de su error, pero él me interrumpe. Deja mis palabras en mi cabeza—. No puedes gritar, sé que no lo harás porque eres inteligente. Sin embargo, debo decirte que mientras más grites más duro te golpearé. Si me muerdes, te quemaré la piel para que lleves un recuerdo mío de por vida. Si me arañas y dejas marcas sobre mi piel, te azotaré hasta que el culo te sangre. Si eres buena y aguantas callada, te irás con los doscientos dólares y mi tarjeta con mi número telefónico. —Sonríe satisfecho. Tiene un diente de oro en lugar de uno de sus colmillos—. Seguro querrás llamarme luego. Procuraré estar disponible.

Él parece creer que es una oferta tentadora, arrolladora e imposible de negar.

Creo que voy a comenzar a llorar. Mi respiración es acelerada. El hecho de saber que este tipo domina mi cuerpo por completo me hace querer morirme ahora mismo. En definitiva, voy a llorar.

Siempre veo en las noticias cómo jóvenes son violadas, asesinadas y lanzadas a barrancos o a solares. No quiero ser una de ellas. No puedo salir en las noticias como una más.

Sólo quiero salir de aquí.

Que me lleve el infierno ahora mismo. Ojalá me dé un ataque fulminante al corazón.

Pero ¿con quién dejaría a Joshua?

No tenemos a nadie.

Somos él y yo contra el mundo.

—¿Qué es lo que quieres que haga? —le inquiero al fin.

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