CAPÍTULO 6: Primera misión colaborativa.

“Los actos de heroísmo de las mujeres que colaboraron en el ejército, no sólo son muchísimos, sino que además las mayoría requieren largas historias para explicar los sacrificios que sufrieron y los peligros que enfrentaron por amor a la patria y todas, campesinas, maestras de escuelas, enfermeras, amas de casa y aún señoritas de sociedad, rindieron servicios sin los cuales nuestra guerra no habría sido posible.”

-Augusto César Sandino

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Kyoto a bordo del avión veía con agrado el enorme río amazonas donde se suponía estaba el siguiente integrante del equipo, la enorme vegetación que escondía misterios y leyendas, además de cuentos e historias mitológicas, entre las que destacaban las guerreras amazonas.

-Supongo que vamos a por una de ellas, ¿cierto?- preguntó Kyoto rompiendo el silencio.

-De hecho, vamos por la última de las amazonas, es ella- dijo Ride sacando una foto.

Kyoto la tomó para verla más de cerca, de pronto se quedó viéndola, estaba petrificado, era, era ella.

-¿Qué ocurre Kyoto-san?- preguntó Rode.

-A ella la conozco, Melodi Ryone, iba en mi escuela, la conocían como la princesa del mar, ya que era la líder del grupo de nado sincronizado- contestó Kyoto.

-La admiras mucho, ¿cierto?- preguntaron los gemelos.

-Eso es falso, solo era presentada junto con los llamados los 4 Ases, Soren Schiffer, Natsuki Inoue, Melodi Ryone y yo- contestó el chico con seriedad.

-Por cierto, ¿tú no tienes un expediente de civil?- preguntó Ride.

-Lo quemé antes de partir, ya que ese expediente forma parte de mi pasado, por eso quedé como piedra al ver la foto de Melodi, pues ella era parte de ese pasado- dijo Kyoto muy seguro.

-Bueno, y la tal Sara- dijo astutamente Rode.

-Con ella aún no termino mi relación, así que es parte de mi presente.

-Bueno, ya vamos a aterrizar, prepárate, puesto haremos una incursión en la selva de la rivera, ya que en uno de aquellos templos chamanes se puede encontrar a la chica que buscamos.

Al llegar a la pista de aterrizaje, Kyoto se colocó su gabardina, la agilidad le dio una habilidad extra, ver cualquier cosa que ensuciara su ropa, ya que era muy preciada para él.

Los gemelos salieron con ropa casual, para tomar un barco que los llevaría a un claro en el bosque, donde mandaron a inspeccionar a Kyoto mientras ellos buscaban algún lugar donde pasar la noche sin volver al Hotel, Kyoto se fue recorriendo cada templo hasta encontrar una choza en la ribera del río amazonas, se acercó lo suficiente para no ser detectado, pero lo que no se esperaba era que una espadachina saliera de la nada.

-Aléjate de mí bosque, maldito desgraciado- dijo la chica con serias ganas de matar, era de ojos azules pero que carecían de pupila, su cabello igual, la piel de la chica era blanca como la nieve.

-Disculpa, pero no tengo ganas de escapar de este bosque, no sin antes cumplir mi misión- contestó el muchacho tomando una pose de combate.

-Eso lo veremos.

La chica tomó su espada dispuesta a matar al chico, quien evadió ágilmente el sablazo y trató de dar un codazo en la columna de la chica, quien lo recibió de lleno.

-Creo que gané- fue el escueto comentario de Kyoto al ver inconsciente a la chica de cabello azul.

-Tiendes a confiarte mucho, niñito- contestó una voz proveniente del río.

-¿Pero qué demonios?- dijo el moreno al ver cómo salía la chica del agua, se veía hermosa, pero era algo que no iba a detener a Kyoto.

-Clon de Agua con esqueleto gélido, por eso sentías que tronaron “mis huesos”, ahora veo que eres un chico de armas tomar- fue la respuesta de la chica- Y muchos más clones.

El chico se vio rodeado, clones de agua con espadas, era un gran dilema, de pronto, empezaron a atacar, la sincronía de los sablazos y la velocidad eran superiores a las de Kyoto, a quien el cansancio le estaba pasando factura, de pronto, sintió su cuerpo hervir, hasta estar cubierto de llamas, caminaba con valor hacia los clones y comenzó a atacar, evaporando a cada atacante.

-Eres el mejor guerrero que he enfrentado, debo ponerme más seria y evitar subestimarte, niñito- dijo la chica de cabello azul como si nada.

-El sentimiento es correspondido, si te vas a poner seria, es hora de que yo haga lo mismo- dijo el moreno mientras activaba su Catalyst V2, su iris y su pupila se convertían nuevamente en una flecha que atravesaba su globo ocular.

-Una técnica ocular- dijo con sorpresa la chica.

-Prepárate para tu fin- dijo sin emoción alguna el moreno.

Pero lo que no se esperaba Kyoto es que ella también activara una técnica ocular.

-Ojo cascada- dijo la chica activando su ojo especial, la parte azul de su ojo inundó su globo ocular, haciendo que ganara mayor rango de visión y pudiendo detectar el aura de las personas.

-Hump, esta es una verdadera pérdida de tiempo, debo acabar rápidamente con esto- dijo el chico para sus adentros.

Pero lo que el moreno no se esperaba era que la chica desconocida, además de esas cualidades, ganara una precisión, fuerza y velocidad impensables, de hecho, era casi invisible ante el ojo Catalyst de Kyoto.

Aquella chica lo atacaba de diversos puntos, con la espada, palmas, puños y patadas, el chico estaba al borde de la locura, no lo podía creer, pero era más poderosa que él mismo.

-¿Qué hace ese maldito ojo?- dijo Kyoto.

-Lo que el tuyo no es capaz de hacer, por lo que veo el Catalyst es más bien una técnica débil, supongo que tu maestro no era más que un inútil.

-Nadie llama inútil a mi sensei, mucho menos una chiquilla como tú, pagarás por ese atrevimiento.

De pronto unas sombras cubrieron la imponente selva, dejando sin visión a la chica, quien tomaba su espada para resistir cualquier ataque, de pronto vino un golpe frontal que recibió sin problemas, pero de la espalda recibió un codazo, la cual la sacó de su concentración y recibió otro golpe frontal que dio en el blanco, de ahí un martirio iniciaba.

-Prepárate para mi técnica final: Atributo Oscuridad: Sombra Mortal- dijo el chico mientras empuñaba nada con su mano.

Pero ese “nada” que presionaba en realidad era el corazón de la chica, quien gritaba con desesperación por el dolor producido, pero nada podía hacer, pues lo que estrujaba el pecho de la chica eran sombras, nada más, no se podía defender, todo empeoró para ella cuando empezó a escupir sangre.

-Podrías morir, pero dejaré este bosque inhabitado e indefenso, así que acabaré con tu martirio, y espero que la próxima vez no interfieras en mis planes, o no seré compasivo- dijo el chico.

De la nada una luz se enterró en el suelo, haciendo que las tinieblas desaparecieran.

-Eres un gran cazador Kyoto-san, pero la queremos con vida- dijo una voz bastante reconocida por el moreno.

-¿a quién?- preguntó aquel chico de forma fría.

-A Kida Inverna, o como tú la conoces, Melodi Ryone- contestó Ride con seriedad.

-No puede ser ella, la recuerdo bien, ella no tenía ojos ni cabello azul, su cabello era Negro y sus ojos eran color verde, estuve 1 año conviviendo con ella, y esta chica no puede ser- contestó el moreno.

-De hecho, sí lo es, su cabello y sus ojos cambiaron de color por una razón principal: sus atributos, Agua/Hielo, Kida Inverna, murió en el mismo accidente que tú junto con los otros Ases- contestaron los gemelos mientras revisaban el estado de salud de Kira.

-Hump- fue la escueta respuesta del moreno- no debían hacer eso, creo que vivir en este mundo es demasiado castigo.

-Tal vez sí, pero ella tiene una motivación para vivir- dijo Ride.

-¿Y cuál es esa motivación?- preguntó sin emoción Kyoto.

-Tú- dijeron ambos gemelos.

-Yo no le di esa motivación- contestó el chico mientras daba la vuelta y se iba a la habitación del hotel.

-Kyoto- susurró Kida en sueños.

Al llegar a su habitación, Kyoto se dispuso a coleccionar todos y cada uno de los tomos de Artes Oscuras que Kazuo le había entregado, de hecho, uno de ellos mencionaba acerca de una técnica la cuál era capaz de traer almas del inframundo, llamada Reclutas del Infierno, pero lo que Kyoto buscaba era una forma de concentrar los poderes de Kida para dárselos a Sara, la razón, era para que ella estuviera a su lado y que Kida no interfiriera en su relación, tan obvio como maldito, pero al fin y al cabo, esa mente retorcida era lo que lo hacía pensar así.

-Maldita sea, mil veces maldita sea, de todas las personas en el mundo tenía que ser ella- se decía Kyoto en voz alta, pero con indiferencia, no mostraba ni enojo, ni preocupación, nada.

-¿Por qué ese odio en contra mía?- preguntaba una repuesta Kida.

A diferencia de Kyoto, Kida no temía mostrar sus emociones, pues ella decía que mostrarlas hacía que uno se liberara de tensiones, si estaba alegre, la veía sonreír, si estaba triste, lloraba, si estaba enojada, lo demostraba, muy explícita en sus emociones, cosa que nunca le agradó a Kyoto, pues la consideraba una mujer muy suave, y en un mundo donde la maldad domina, no se puede ser una persona blanda, y ella en ese momento estaba a punto de llorar, pero siempre frente a Kyoto mostraba una faceta de mujer fuerte, aunque llorara por dentro cada vez que él y Sara se besaban.

-No te odio, en realidad solo creo que ahora debes saber que en este mundo donde estamos en constante peligro debes ser fuerte, Melodi- fue el comentario.

-Mi nombre es Kida- dijo la chica.

-Eres Melodi, tu expediente lo dice, M-E-L-O-D-I, aunque el apellido Inverna te queda a la perfección, pero ese no es el caso, ahora somos compañeros, espero puedas dejar esa suavidad para la casa, ahora si tienes una motivación para vivir, haz de esa motivación un hecho- dijo el moreno sin emociones.

La chica no dijo más, simplemente se dejó llevar por los brazos del amor hacia el rostro de Kyoto y lo besó, suavemente en la boca, beso que él ni siquiera se molestó en responder.

-Entonces tu motivación es amarme- dijo Kyoto con frialdad.

-Mi motivación es que yo me convierta en tu motivación, en aquello que amas y qué harías lo que fuera por protegerlo que amas, me motiva el hecho de que puedas amarme, y no moriré hasta lograrlo- fue la respuesta de Kida, muy sonrojada por lo que hizo, pero con determinación.

La chica salía de la habitación del muchacho, estaba feliz, de todas las cosas que le pudieron pasar, estar con Kyoto en el mismo equipó era un sueño, su sueño, solo era cuestión de derretir a aquel cubito de hielo, iba pensativa cuando chocó con 2 sujetos.

-Fíjense donde caminan chicos- dijo la chica de cabello azul relajada.

-Pero chica- dijo Ride- son las 2 de la mañana, no es posible que estés despierta a estas horas de la madrugada.

-Pues eso díganselo a aquel que está buscando una forma de quitarme mis habilidades- dijo sin importancia la chica.

-¿De qué hablas Kida-san?- preguntó Rode.

-Pues de que el proyecto estrella de Xtars quiere deshacerse de mí, francamente no lo voy a permitir, ya me propuse una meta- dijo la chica con determinación.

-¿Cuál es esa meta?- preguntaron con interés los chicos.

-Es un secreto, así que acérquense, para que nadie más oiga.

Los chicos se acercaron para escuchar la sutil respuesta de Kira.

-MÉTANSE EN SUS ASUNTOS Y NO SEAN METICHES- fue el grito que se escuchó por todo Brasil.

Kida se alejó de los gemelos, aturdidos por el vozarrón, y se dirigía a su habitación para arreglarse, ya que esa noche ella tenía algo planeado.

-Deja de leer esos libros, ratoncito de biblioteca- dijo Kida, pronunciando tiernamente la palabra “ratoncito”.

-No puedo, debo estudiar estos textos que me dio Kazuo-sensei.

-Pero esta es una hermosa noche, deberíamos disfrutarla, salir a pasear, algo, es Brasil, podríamos divertirnos un rato- dijo en tono de súplica la chica.

-Escucha bien, Melodi- a ella le derretía que le llamara así- tengo novia, y tú tienes un novio, no podemos cambiarlos solo porque ellos piensan que estamos muertos, así que me quedaré aquí, si me disculpas, tengo que dormir- dijo el chico con seriedad.

-Pero no puedes dejar que una chica vaya sola e indefensa por el mundo- dijo la chica.

-Sola e indefensa, tú, claro- voz sarcástica- y yo soy alegre, fiestero, no, yo creo que no, buenas noches, mañana será un día ajetreado.

-Solo esta noche- dijo la chica con ojos de cachorro.

A Kyoto se le acabaron los argumentos, por alguna extraña razón era débil ante esa mirada.

-Ok, tú ganas, solo esta noche, pero no más- dijo Kyoto colocándose su gabardina.

-Nyahahaha, muy bien, vamos- dijo la chica con alegría, haciendo que Kyoto sonriera, tenuemente, bueno, la enigmática sonrisa de la famosa Gioconda o Mona Lisa era una gran carcajada, así fueron saliendo.

Llegaron a un lugar llamado Hard Rock Coffe, que era un local donde vendían bebidas exóticas, cocteles, Martini, entro otras, además de un ambiente de rock que al chico le gustaba.

-Hemos llegado, Kyoto, espero te guste el lugar que elegí- dijo Kida con una cálida sonrisa.

-Yo también lo espero- dijo el chico de forma helada que a la chica de cabello azul le dio frío.

-Y también esperemos que se te derrita ese escudo gélido de tus sentimientos, por cierto, no conozco tus atributos- dijo la chica de cabello azul pensativa.

-Oscuridad y…fuego- dijo el chico.

-¿Fuego?, creo que sí falló el experimento, a ti debieron darte el atributo Hielo y a mí el atributo fuego- dijo divertida la chica.

-Hump- fue la única respuesta- Mesero, una rebanada de pastel de maracuyá con licor Mozart, y un Mura por favor- dijo el chico.

-Yo quisiera una Capirinha de Kiwi y una rebanada de pastel de queso con Dobel- dijo la chica algo aburrida.

Llegaba el mesero con los pedidos de cada chico, ambos tomaron sus bebidas y probaron sus postres, pero de pronto a Kida se le prendió el foco.

-Déjame probar a qué sabe tu bebida Kyoto- dijo la chica y sin pedir permiso ya estaba bebiendo de la copa de Kyoto y devolvió la copa de forma que la parte donde la chica de cabello azul había bebido.

Sin embargo, antes de volver a tomar de su bebida, Kyoto limpió aquella parte donde la chica había bebido, de ser cualquier otra cosa no hubiese importado, pero Kida se molestó, frunció el ceño, pero no dijo más.

El tiempo pasaba, y la chica no conseguía derretir aquel cubito de hielo llamado Kyoto Katekyo, de hecho, tanto se aburrió que…

-Mejor vámonos, te tarje para que nos divirtiéramos, eres un chico bastante frío y aburrido, vámonos- dijo la chica decepcionada.

-Ya era hora- dijo el chico de forma tan certera que casi le da un infarto a la chica.

Ella sentía su corazón más apretado que cuando Kyoto usó su Sombra Mortal en ella, francamente decidió dar tiempo, tal vez en ese transcurso de las horas, días u ojalá minutos él y ella por fin se tomarían de la mano.

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