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Han pasado tres semanas desde que Juan y yo estamos juntos. Han sido maravillosas, acabo de aprender lo que es tener una relación sana y que se preocupen por ti, que la entrega de tiempo sea mutua.

Como era de esperarse, volví a la oficina. Me tocó hablar con Óscar y decirle que no iría con él a ese viaje, porque me había surgido un problema en el trabajo. Estaba muy decepcionado, pero entendió.

Y, no sé por qué, aún no sabe que tengo una relación con Juan. Que va bien en serio, me mudé de nuevo con él al día siguiente, aunque el departamento nos sirvió hace unos días, cuando preparábamos material para el trato con la empresa de lácteos.

Hoy me toca ir al trabajo sola, ayer en la mañana se fue a Osorno, para cerrar el trato con ellos. Es la primera noche que pasamos separados, me siento extraña, pero viviré. Voy saliendo para subirme al auto y me llama por teléfono.

- ¿Cómo está la mujer más hermosa?

-Extrañándote mucho y con sueño – le digo bostezando, escucho su sonrisa -.

- ¿Dormiste mal?

-Tú también, ¿cierto?

-Sí, dos almohadas no son suficientes para reemplazar los brazos de mi mujer.

-Yo fui hasta por las almohadas de la habitación de invitados, pero tampoco sirvieron. Terminaron en el piso.

-Ja ja ja, sólo será esta semana. Después puedes venir conmigo, si es necesario volver.

-No podemos dejar la oficina descuidada, uno de los dos tiene que estar aquí – salgo de la casa, dejo el teléfono en manos libres -.

- ¿Y cómo nos iremos juntos de vacaciones o de luna de miel?

-Pues ya lo resolveremos. Tengo que cortar, voy a salir a la autopista.

-Está bien, te amo Pequeña.

-Yo también te amo, mi amor.

Estúpidamente tengo ganas de llorar, respiro profundo y boto el aire por la boca muy lentamente. Me concentro en el tráfico y me voy camino al trabajo.

Cuando llego no hay nadie aún, veo la hora y todavía faltan veinte minutos, al parecer el tráfico estaba más fluido hoy.

Me voy a mi oficina y ordeno cosas que ya están ordenadas, me dedico a crear un diseño para una empresa fantasma, porque no sé qué hacer. Mi trabajo está listo, pero el de los muchachos aún no.

Espero que lleguen todos, los llamo a una reunión sorpresa, para saber cómo van sus avances, así vemos si alguien necesita apoyo. Resulta que Alicia ya terminó el suyo y lo presenta a los demás para que le demos su opinión, porque no está totalmente convencida. Pero además de un ligero ajuste de color no necesita nada más. Es muy talentosa.

Además, se ofrece a ayudar a los demás, ya que su trabajo ya está terminado. Si sigue así y le enseño algunas cosas, ella bien podría quedar a cargo de la supervisión de diseños y yo me podría ir de vacaciones. Si Juan decide irse conmigo, Miranda quedaría a cargo de lo demás, su disposición y compromiso ya están comprobados.

Una vez terminada la reunión, todos se van a lo suyo y yo vuelvo a lo mío. A pesar de que la publicidad es lo nuestro, yo prefiero más el diseño de la misma. Todo lo audiovisual se lo lleva Juan, en eso es buenísimo. Por eso nos complementamos tan bien.

Afortunadamente, la mañana se me ha pasado muy rápido, pero he estado visitando la cocina continuamente. Me olvidé del desayuno y he tenido mucha hambre.

A la hora de almuerzo, me voy a comer comida asiática. Está deliciosa y es un lugar que Miranda me había recomendado. Vuelvo rápido a la oficina, porque quiero hablar con Juan, no he sabido nada de él después de su llamada y quiero saber qué tal las cosas por allá.

Le marco dos veces, pero no seguidas para no ser tan odiosa. Seguro está ocupado, ya me llamará cuando pueda. Tengo que aprender a ser paciente, pero cuesta estar lejos, después de estas semanas tan intensas con él.

De pronto, comienzo a sentirme mal. Siento como si fuera a devolver toda la comida super condimentada, algo a lo que no estoy acostumbrada para nada. Corro al baño y sale todo mi almuerzo. Ahora mismo necesito una sopa de pollo y la cama. Maldición, justo ahora.

Cuando ya me siento un poco aliviada, me mojo la cara y me miro al espejo, eso me pasa por probar algo que no me hará bien. Nunca he sido amiga de la comida muy picante o con especias extravagantes. Con suerte aguanto el orégano.

Me voy a la oficina de Miranda y le pido que me releve.

-Cariño, te ves fatal.

-Fui al lugar que me recomendaste, pero los condimentos no son lo mío.

-Que mal. Vete a casa, yo me quedo cuidando el bote.

-Dile a los chicos que hoy se pueden ir temprano, una hora antes. Veremos qué pasa conmigo mañana. Pero creo que, aunque no pueda venir, todo puede marchar bien. Todos saben qué tienen que hacer.

-Muy bien. Cuídate y me llamas si necesitas algo.

-Gracias, nos vemos.

Tomo mis cosas y me voy. Al menos la pesadez del estómago se ha ido, no estoy mareada ni me duele la cabeza. Al parecer no tengo fiebre, así que descarto una infección. Ni que fuera doctora, pero bueno.

Llego a la casa y me acuesto, el único síntoma es el agotamiento que te deja vomitar de esa manera tan repentina y escandalosa. Juan me llama por teléfono.

-Amor, ¿estás bien? Llamé a la oficina y Miranda me dijo que te sentiste mal.

-Estoy mejor, sólo adolorida. Comí comida asiática.

-Pero si sabes que la comida muy condimentada te cae mal – guarda silencio unos segundos -. Por un momento pensé que podrías estar embarazada.

Suelto una carcajada, porque eso es imposible.

-Me encantaría, pero ya sabemos que eso no es posible.

-Nunca pierdo las esperanzas, ya deberías saberlo – suspira -. Dime si sigues sintiéndote mal, puedo irme antes.

-Ni se te ocurra, esto es importante, como cada compromiso que hemos adquirido.

-Como sea, si necesitas que regrese, dímelo. Te amo.

-Te amo.

Colgamos y yo trato de dormir. Con un buen descanso, seguro que estaré mejor. Saber que se preocupa por mí y que está bien, me tranquiliza. Caigo en un sueño tranquilo, donde vamos de la mano de una niña hermosa, que ríe y grita “papá”.

Me despierto asustada, un poco desorientada, afuera está oscuro. Ya estamos en junio y se oscurece muy temprano. Veo la hora, ya son casi las siete de la tarde, me dormí casi tres horas, pero me siento mucho mejor.

Llamo a mi madre para preguntarle qué debería comer o tomar. Me recomienda su sopa de pollo y mucha agua, para que mi estómago se recupere de la bomba que le metí. Es tan exagerada como siempre, pero me voy a ver si tenemos pollo.

Una hora más tarde, estoy metida en la cama con mi plato de sopa, viendo televisión. Juan me llama otra vez.

- ¿Cómo estás? – me pregunta a penas contesto -.

-Extrañándote, con un plato de sopa en frente.

-Eso suena deprimente.

-Pues, lo es. Quiero que estos días pasen rápido.

-Yo también, quiero verte otra vez y besarte mucho.

-Sería excelente remedio para mi estado de ánimo.

- ¿Mañana irás a trabajar?

-Sí, ya estoy bien. He pasado la prueba del pollo crudo.

-Ja ja ja, inventaste eso.

-No, para nada. Mi mamá nos decía que, si te enfermas del estómago y coges el pollo crudo sin correr al baño a botar hasta el alma, es porque ya estas mejor.

-Aún así. Si te sientes mal, te quedas.

-Sí, jefe.

-No es una orden, es una recomendación.

-Ok, lo tendré en cuenta.

-Esta noche me dormiré viendo una foto tuya.

-Que lindo eres, pero mejor te aguantas a verme frente a frente, para darte un enorme beso de bienvenida.

-Te amo tanto, ¿lo sabes?

-Claro que sí, por eso estoy contigo. Y porque yo también te amo… aunque no me parece justo.

- ¿Por qué?

-Porque siempre eres tú el que lo dice primero.

-Pues eres demasiado lenta. Descansa.

-Te amo, descansa tú también.

-Buenas noches, Pequeña hermosa.

-Buenas noches, mi amor.

Dejo la sopa a un lado, porque ya está fría. Al menos me comí más de la mitad. Cuando el programa termina, llevo el plato a la cocina, lo lavo y lo pongo a secar. Guardo la sopa que ya está fría y me siento en uno de los taburetes.

Apoyo la cabeza en las manos y miro a mi alrededor. Creo que hacen falta otros cambios, pero esperaré a que vuelva Juan para conversar con él si puedo hacerlos. Tomo el calendario de madera que siempre está en la cocina. Es muy entretenido, puedes ir cambiando la fecha manualmente y no necesitas comprar uno nuevo. Este está atrasado, al parecer no lo hemos cambiado desde la semana pasada.

Y, ya que estoy revisando la fecha, recuerdo que debo revisar mi calendario menstrual. Puedo recordar cualquier fecha, hasta el cumpleaños de Barbra Streisand, pero la fecha de mi periodo, nunca. Me voy a la habitación, para revisar la agenda que manejo en mi teléfono.

Cuando voy a ver, me llama Óscar.

-Hola, chica bonita. ¿Quieres salir mañana?

-No lo creo. Estoy un poco enferma, comí algo y me cayó mal.

-Que mal, ¿quieres que te lleve sopa de pollo a tu departamento?

-No, gracias. Además, no estoy allí, estoy en casa de Juan - ¡maldición! Se me ha salido -.

-En la casa de Juan… ¿Por qué estas allí?

-No te lo había dicho, porque quería estar segura de que iba en serio, pero… Juan y yo estamos juntos. Y me vine a vivir con él – no sé por qué esto es tan incómodo -.

-Ya veo… - y cuando siento que me va a cortar, me dice -. Entonces, ¿salimos mañana si estás mejor?

-Veamos que pasa, si estoy mejor, claro que sí.

-Cuídate, chica hermosa.

Y cuelga. En verdad creí que se molestaría y que no querría verme más. Puede salir una buena amistad, mañana le diré a Juan, para que no tengamos malos entendidos.

Ahora sí, me voy a la agenda y reviso la fecha en que me tocará… Pero con horror veo que llevo seis días de retraso…

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