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Veo la hora, son casi las nueve. Seguro encuentro alguna farmacia abierta aún, me pongo un abrigo, para disimular el pijama y tomo el auto. Afortunadamente encuentro una abierta, entro y la encargada me mira extraño, es cierto, llevo pijama. Le pido un test de embarazo y me pregunta cuál prefiero… como no sé, le digo que me los dé todos. Parezco loca, lo sé, pero en verdad no me lo creo.

Cojo la bolsa y salgo casi corriendo. Cuando llego a casa me voy al baño a leer instrucciones. Todos recomiendan hacerlo en la mañana, porque el resultado es más efectivo, pero decido usar un par ahora y dejar los otros para la mañana.

Sigo las instrucciones al pie de la letra y pongo el temporizador en mi teléfono, miro a cualquier lado, menos al mueble de baño donde los dejé. Mil ideas pasan por mi cabeza, si estoy embarazada, ¿sería un problema? ¿Una solución?

¿Y qué dirá Juan? Quiere hijos, pero no creo que tan pronto, no tenemos ni siquiera un mes juntos. ¿Y si ya no quiere seguir conmigo? Espera, tú no puedes tener hijos, este retraso debe ser por estrés, eso. Mañana iré al doctor, para que me diga que es normal en la mujer moderna y ya toda esta angustia será una anécdota.

Suena la alarma de mi teléfono, y dudo en ver los resultados, pero lo hago porque no debo demorar tanto. Me giro y caigo al suelo, los dos dan positivos. Leo otra vez las instrucciones y comparo los resultados, no hay duda. Pienso en cómo se lo diré a Juan, pero no sé. Sea como sea, de todas formas, debo ir al doctor.

Lo llamo y me responde al segundo timbre.

-¿Estás bien, amor?

-Sí, es sólo que quería saber si estarás allá toda la semana.

-Existe una buena probabilidad de que mañana pueda irme. Estoy revisando algunas cosas y no es tan difícil lo que tenemos que hacer. ¿Por qué?

-Es sólo que… – y me pongo a llorar, maldición. No puedo decirle por teléfono -. Te extraño, y la próxima vez me voy contigo.

-Me parece perfecto. Descansa, ¿sí? Si todo sale bien mañana en la mañana, puede me devuelva de inmediato.

-Te amo – siento que sonríe, esta vez me adelanté -.

-Te amo, mi Pequeña hermosa.

Colgamos y me quedo ahí, tirada en el baño. Guardo las pruebas de embarazo y me toco el vientre, lo miro y sonrío, de pronto siento una ternura enorme y me abrazo. He esperado esto desde hace mucho, puede ser que Rodrigo no fuera el indicado y el universo se hizo cómplice de mis deseos de ser madre.

Me acuesto y apago la luz, debo descansar y reponer energías, porque ahora no soy sólo yo. Me duermo con una sonrisa, porque este bebé no tendrá mejores padres. No le faltará amor ni atención, y lo más importante: no será para atar a un hombre.

Por la mañana me siento mucho mejor, me preparo un desayuno liviano y me voy al trabajo. Juan no ha llamado. Seguro está ocupado desde temprano, debe querer terminar pronto para regresar. No importa si no hablamos, estoy tan feliz por este bebé que ya nada me podría amargar. Decido que una linda forma de decirle es esperarlo con unos zapatos de bebé. A la hora del almuerzo iré por un par, cerca de mi departamento hay una tienda de bebés.

¿Qué será? Niño, niña… ¡que emoción!

Me paso la mañana planeando la forma de decirle a Juan, pero también estoy preparándome para las dos respuestas posibles. Una, felicidad y querer tener este hijo. La segunda, que no quiera ser padre ahora y esto se termine. Como sea, yo estoy feliz y me las arreglaré. No creo haber amado tanto a alguien desde el principio, además de Juan, como ahora a este bebé y lo protegeré con todo mi amor.

A la hora de almuerzo, pido una cita con el doctor y me voy por unos zapatitos. Como no he encontrado unos que me gusten, compro unos calcetines blancos. Los dejaré junto a una prueba de embarazo. Paso a un restaurante y pido una sopa de pollo. Mientas espero, llama Óscar.

-Hola chica bella. ¿Qué tal estás hoy?

-Excelente, estoy mejor que nunca.

-Se te escucha mejor que nunca. ¿Pensaste sobre la salida de esta noche?

-Tal vez para otro día, hoy Juan llega de un viaje que tuvo que hacer a Osorno.

-Vaya, ¿y no fuiste con él?

-No, mucho trabajo. Pero ya estamos terminando con el ajetreo, tal vez podamos quedar para almorzar un día de estos.

-Me parece una buena idea. Que estés bien, chica hermosa. Adiós.

-Adiós.

Veo, la hora. Juan no me ha llamado. Debe estar muy ocupado. En fin, termino mi almuerzo y me voy a la oficina. Le envío un mensaje y veo que no le llega. Ya me siento algo extraña, pero bueno, así puede ser nuestro trabajo, estar muy ocupados. Yo misma varias veces tuve que pasar de contestar llamadas a mi mamá o Rodrigo.

Me meto a la oficina a trabajar y no paro hasta la hora de salida. Me despido de los chicos, que ya deben irse. Yo tengo que ordenar unos documentos y arreglar la sala de conferencias, porque mañana temprano recibimos a unos clientes. Como estoy sola, me pongo a cantar al ritmo de mi música, Enter Sandman suena y me da ánimo.

De pronto, veo que Juan está parado en la puerta de la sala.

-Amor, por fin llegaste – corro para abrazarlo, pero él levanta la mano, en ella tiene una prueba de embarazo con el resultado y me quedo paralizada -.

- ¿Esa es la música que quieres que escuche nuestro hijo? – me sonríe y esta vez él se acerca. Me abraza y me besa feliz, en los labios, las mejillas, la frente… cuando por fin para, está llorando -.

- ¿Estás feliz? – le pregunto tímida -.

- ¿Qué si estoy feliz? – de arrodilla y pone su oído en mi vientre -. Vamos a ser padres, voy a tener el privilegio de tener un hijo con el amor de mi vida.

-Tenía miedo… de que te molestaras – de pronto siento unas ganas tontas de llorar -.

- ¿Por qué haría algo así? – se pone de pie y me mira fijamente -. Eres mi mujer al fin, esto es lo más hermoso que podemos vivir.

-Es que tenemos tan poco tiempo…

-Como pareja, sí. Pero nos conocemos desde hace mucho tiempo.

-Mañana tengo cita con el doctor, no sé si te gustaría ir.

-Por supuesto – me ve que no estoy muy animada -. ¿Te pasa algo?

-Es que te tenía una sorpresa para decirte la noticia – saco de mi cartera el regalo, lo abre y se vuelve a emocionar -.

-Están bellos… - me besa muy suave y tierno -. Vamos a tener un hijo, Pequeña.

-Sí, serás padre… un magnífico padre.

Me abraza y nos quedamos así un rato. Luego me toma la mano y me lleva, pero me paro en seco.

- ¿Qué pasa?

-No he terminado, mañana tenemos la reunión con Cortéz e hijos, no puedo irme aún.

-Está bien, yo también la prepararé. Luego nos vamos a casa de tu mamá, va a estar feliz.

Con toda la emoción, me olvidé de ella. Aunque, mientras Juan no lo supiera, no se lo iba a decir a nadie. Nos ponemos a preparar todo lo que se necesita para mañana, una vez que terminamos, salimos de la oficina y Juan me lleva en su auto. Pero no sin una ligera discusión sobre eso.

-No estés enojada conmigo, es sólo que no quiero que te arriesgues – me dice a mitad de camino -.

-No estoy enojada – le digo sin apartar la vista a la ventana y con los brazos cruzados -.

-Pequeña… no me mientas, ¿sí? Te conozco y sé que lo estás.

-Bueno, pues sí. No quiero que me trates como a una niña pequeña.

-No lo hago. Piensa que ya no se trata sólo de ti. Ahora tengo que cuidar a dos personas importantes, ¿y si te sientes mal mientras conduces?

-Hasta ahora no he tenido síntomas.

-Eso es bueno, pero pueden empezar. Deja que los cuide, por favor. Sé que es tu cuerpo, pero no me dejes fuera de esto.

-Ay, maldición. ¿Por qué tienes la razón? – le digo mirándolo al fin, veo que algunas lágrimas han caído de su rostro. Él mira fijo al camino, nos toca semáforo en rojo y se detiene. Le pongo mi mano sobre su mano -. Lo siento. Hice una tormenta por nada, gracias por cuidarme.

-Querrás decir “por cuidarnos”. Nunca te he obligado hacer algo que no quieres. Pero asume que ahora, si creo que algo es una mala idea, voy a intentar persuadirte que no lo hagas.

-Está bien. Te amo – le doy un beso fugaz en la mejilla y quito mi mano, porque ya debemos avanzar -.

-Yo también te amo, Danna. Más de lo que puedes imaginar – me pone su mano en la pierna-. Por eso jamás voy a coartar tu libertad, porque sé que es algo que no puede quitarte nadie. Pero te pido que reduzcamos tu conducción lo más posible, es sólo eso.

Y no digo nada. Reaccioné mal a un detalle que no tenía una mala intención. La verdad es que, desde que estamos juntos, he sido yo quien ha decidido hacer el trayecto a la oficina con él, nada más que nos turnamos la conducción.

Al llegar a casa de mi madre, se quita el cinturón y se gira para mirarme. Me toma la mano, la besa suavemente y luego me acaricia la mejilla, yo inclino la cabeza para sentir su piel contra la mía.

-Te amo tanto que me da miedo – le digo con la voz temblorosa -.

-Sé lo que quieres decir, me he sentido así por 16 años.

Lo miro y no puedo entender que nos amemos hace tanto tiempo y, sólo hasta ahora podemos estar juntos, todo causa de nuestra cobardía.

-Ahora, vamos a dar esa noticia – me dice emocionado -.

Se baja, yo no me muevo porque me encanta que me abra la puerta. Cuando lo hace, me hace una reverencia, nos reímos y caminamos abrazados hasta la entrada. Cuando mi madre sale a recibirnos, está extrañada pero contenta.

-Chicos, que alegría verlos. Se ven tan hermosos juntos – me da un abrazo y me besa la mejilla, luego se va por Juan. Es divertido ver que tenga que pararse en la punta de los pies para alcanzarlo. Así debo verme yo -. Pero, pasen, por favor. Tengo un pie de limón delicioso.

Nos vamos a la sala, estar aquí bajo estas circunstancias me hace sentir extraña. No sé cómo se lo tomará, espero que se alegre por nuestro hijo en camino. Nos deja un momento, cuando vuelve trae su típica bandeja con tazas y trozos de pie.

-Es tan grato tenerlos aquí. Verlos juntos al fin me hace estar más tranquila.

-Bueno, mamá. Vinimos por algo en particular. Te tenemos una noticia muy importante.

-Se van a casar… ¡Ay, cariño!

-No, Camila – le dice Juan. Está nervioso -. Bueno, si lo haremos, eso está claro, pero no ahora. Falta el divorcio primero.

-Mamá – le digo antes que vuelva a decir cualquier cosa -. Queremos que seas la primera en saber que… estoy embarazada – abre sus ojos y nos ve a Juan y a mí como si fuera un partido de Tenis -.

-Sí, Camila. Vamos a ser padres – pone su mano en mi vientre y siento una sensación tan exquisita -.

-Estoy feliz, no crean que no. Es mi niña, que será madre al fin. Pero… - es obvio que algo le inquieta -. ¿No creen que esto es demasiado rápido? Ni siquiera llevan un mes.

-Mamá, no es algo que planeamos. Se suponía que yo no podía tener hijos. Pero, por otro lado… Juan y yo estamos juntos desde hace años, sólo que no como pareja. Esta relación dio el último paso que nos faltaba dar.

-Así es – le dice Juan -. Si te preocupa qué pienso yo, estoy feliz.

Y Juan se da el trabajo de contarle que llegó de sorpresa a la casa, donde me esperaría. Pero vio una bolsa con pruebas de embarazo y luego encontró las que me hice. Así que no pudo esperar y se fue a buscarme a la oficina.

Se rio cuando le contó del llanto y al fin ella también lo hizo, se puso de pie, nos dio un enorme abrazo a cada uno y me beso el cabello.

-Ahora debes asegurarte de comer a tus horas. Juan, por favor que no se salte las comidas.

-No te preocupes. Mañana iremos con el doctor y seguiremos todas las indicaciones.

-De seguro te harán una ecografía, me mandas la primera foto de mi nieto.

-Por supuesto mamá.

Está feliz, sé que preocupada pero feliz. Seguro que en algún momento hablaremos a solas y me dará su sermón. Por ahora, nos sirve de ese dulce exquisito que tan bien le queda y hablamos de la vida, de lo maravilloso que es tener hijos y lo agradecida que se siente que sea Juan con quien vaya a compartir ese lazo, porque no habrá mejor padre.

Y de eso no tengo dudas ahora. Aunque tuve miedo al principio, pensando que tal vez él no quería esto, que tenemos poco tiempo y que esto puede apresurar las cosas entre nosotros, la verdad es que ver su reacción me devolvió el alma al cuerpo.

Estar aquí con él, a su lado, con su mano sobre la mía y tocando mi vientre de vez en cuando, mirándome con devoción y amor incondicional, siento que nada malo nos pasará a este bebé y a mí. Sé que, si desde hace tres semanas se desvive por protegerme y demostrar su amor, ahora se esforzará aún más. Y yo también, porque quiero que sepa cuánto lo amo, cada día por el resto de nuestras vidas.

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