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UNA MUJER EXCEPCIONAL (Serie Nuevos Amores. Libro 3)
UNA MUJER EXCEPCIONAL (Serie Nuevos Amores. Libro 3)
Author: Jeda Clavo

CAPÍTULO 1. ENCUENTRO INESPERADO

Martina terminaba de darse sus últimos retoques en el espejo, se había colocado un vestido tipo straples, corte sirena, blanco con blonda roja, que resaltaba sus espectaculares curvas, su cabello negro recogido en una cola de caballo, zarcillos largos, zapatos rojos de tacón de aguja altos que no se observaban por cuanto el largo del vestido los cubría y maquillada con labial rojo, y sus ojos bien delineados con sombras y rímel. El reflejo que le dio el espejo le agradaba en demasía, no pudo dejar de esbozar una radiante sonrisa.

Estaba muy contenta porque después de unas semanas de arduo trabajo, por fin se había decidido a tomar unos días libres y precisamente ese día, había sido invitada a celebrar la fiesta de fin de año con los Ferrari Estrada. Su amiga Anabella le había ofrecido que una limusina con chofer fuese por ella, pero no aceptó. Siempre había sido independiente, además, no quería perder la oportunidad de manejar el BMW G32 color negro, que se había dado como regalo de navidad.

Tomó su cartera tipo sobre, las llaves de su auto y salió con paso firme de su espectacular apartamento, ubicado en una de las mejores zonas de Roma hacia el ascensor. Estaba agradecida porque aparte de tener una carrera exitosa como profesional de la medicina, materialmente no le hacía falta nada y aunque era miembro de una familia de clase media, siempre había obtenido sus logros por sus propios esfuerzos.

Llegó al estacionamiento de su edificio situado en el sótano dos, al verla los hombres de seguridad se quedaron casi enmudecidos al ver semejante mujer, la elegancia y seguridad que emanaba le daba un aire de donaire —Señores, buenas noches —saludó Martina con una sonrisa.

—Doctora Martina, buenas noches —pronunció nervioso el oficial de seguridad mientras la seguía a su automóvil.

—Señor Ventura, no es necesario que me acompañe, puedo llegar sola sin problema alguno a mi automóvil —espetó con firmeza pero sin suprimir la sonrisa de su rostro.

—Disculpe doctora, no se ofenda, lo hice por galantería, no porque crea que usted no sea capaz de encontrar su auto sola.

—Disculpa aceptada —enfatizó mientras abría el vehículo con el control, alzaba un poco su vestido para subir al automóvil, dejando al oficial de seguridad a un lado, encendió el auto y salió del estacionamiento.

En el camino sus pensamientos le hicieron compañía, pensaba en lo absurdo que los hombres quisieran ver a las mujeres como desvalidas, eso la molestaba sobremanera, los que las veían demasiado frágiles y lo que se creían súper hombres queriendo mantener a las mujeres al margen de conversaciones y actividades interesantes porque consideraban que no tenían capacidad, sería que esos hombres no se daban cuenta de que esa época del patriarcado donde la mujer necesitaba la venía de un hombre hasta para poder respirar quedó en el pasado, no tenían claro que actualmente gracias a las luchas de muchas mujeres en el pasado, los hombres y mujeres gozaban de la misma igualdad de derechos.

Tan entretenida estaba en sus pensamientos que no se percató de que el semáforo había cambiado a rojo y aunque frenó no pudo evitar darle un pequeño toque a un Ferrari rojo que estaba delante de ella.

Ella salió del auto cuando vio que el chofer del otro auto había salido enardecido, totalmente colérico, al verla el hombre comenzó a propinar insultos en contra de ella —tenía que ser mujer—mencionó mirándola de pies a cabeza—. Eso explica porque colisionó conmigo, seguro que venía pintándose los labios, no sé quién le dijo que una mujer está en capacidad de conducir un auto como el que carga, no sé cómo su esposo, su marido o amante le dan un regalo así.

Ella lo miró de pies a cabeza despectivamente, ese hombre le parecía conocido, sobre todo su desagradable y prepotente voz, pero no recordaba de donde, de lo que si estaba clara, es que él no estaba a su altura, no se rebajaría ni siquiera a dirigirle palabra alguna. Luego de observarlo un par de segundos más, giró sobre sus pies, se montó nuevamente en su auto, le dio reversa y arrancó, dejándolo energúmeno del enojo.

Cuando el hombre vio que la mujer se iba, lanzó un grito —¡¿Qué está haciendo?! —El enojo bullía en su interior, ¿Quién se creía ella para dejarlo con la palabra en la boca? ¡¿Cómo se atrevía?! Esa mujer no sabía con quién se estaba metiendo. Le daría instrucciones a sus abogados de que investigaran quién era porque le pagaría muy caro ese desaire. Marcó a su casa y pidió que llevaran a sus hijos al evento donde habían sido invitados, pensaba pasar a recogerlos, pero prefirió hacerlo de esa manera, porque no quería retrasarse más, se montó en el auto y salió a toda velocidad con el enojo corriéndole como fuego por sus venas.

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Martina llegó a la mansión Ferrari una impresionante casa con aspecto de palacio, al llegar estaban recibiendo a los invitados su amiga Anabella y Sebastián su esposo, se veían tan hermosos, no se cansaba de admirarlos, ellos y sus amigos, eran ejemplo de estabilidad y amor matrimonial, se alegraba por ellos, porque estaba segura de que la relación de pareja no era para ella, a la primera que le hiciera su pareja correría sangre, pensó con una sonrisa. La recibieron con cariño —Martina, que hermosa estás amiga, ¡Wow! Vas a ser la sensación de la fiesta, tengo unos cuantos hermosos caballeros que están ansiosos por conocerte.

—Amiga ¿No puedes evitar hacer de celestina? No estoy interesada en ninguna relación estable, si los hermosos y ansiosos caballeros quieren solo pasar el rato estoy disponible, pero si quieren algo serio bien lejos de ellos —concluyó volteando sus ojos.

—Dices eso Martina porque aún no ha llegado el hombre que derrita tu corazón, cuando eso pase, te veremos arrastrando la cobija por él y allí yo me sentaré a ver como de una leona te conviertes en una pequeña corderita —pronunció Sebastián con burla.

Ella lo miró incrédula y con aire de suficiencia le dijo: —Sebastián: hay dos cosas que no verás en tu vida, a mí arrastrando la cobija por un hombre y convirtiéndome en pequeña corderita, aún no ha nacido el hombre que logré eso y no creo que exista nunca.

Sebastián se sonrió y le replicó —Ya te veré mi estimada amiga, cuando eso pase te recordaré esta conversación.

—Yo solo voy a traer a colación un dicho: “Nunca digas de esta agua no beberé”. Bienvenida amiga, estás asignada a la mesa donde están los Rocco y los Sebastini, por favor anima a Valeria, pero sobre todoa Sophía, está muy triste porque no sabe nada de Alondra, es como si se la fuese tragado la tierra.

—Está bien les haré compañía, el problema es que ninguna de esas chicas quieren ser encontradas, ambas seguro le están huyendo a los hombres, ves porque les corro como a la peste —expresó caminando con un aire de sensualidad que despertaba las miradas de todos los presentes.

—¿Verdad que es hermosa mi amiga? —Interrogó orgullosa Anabella.

—Es la segunda más hermosa porque la primera siempre serás tú —respondió Sebastián acercándola a él y posando sus labios en su boca, comenzando un pequeño beso que se fue profundizando. Ambos sentían que el calor de la pasión los recorría como fuego, elevando sus temperaturas, hasta que escucharon una garganta aclarándose, lo que hizo volverlos a la realidad de donde estaban.

Al separarse pudieron observar a un Angello que los miraba con aire de burla —Vaya, no tienen por qué exhibirse ni cohibirse, pueden subir y seguir con esa tarea en la intimidad de la habitación.

Sebastián que nada lo intimidaba le dijo: —¿Tú siempre llegas a las casas ajenas, dando instrucción a los dueños?

Angello hizo una mueca — Es la costumbre de ponerme al mando de todo.

En ese momento su hija de quince años, al ver a Anabella, corrió a abrazarla sin ningún tipo de conocimiento —Anabella, ¡Qué alegría volver a verla! —Expresó emocionada abrazándola, a lo cual ella correspondió con el mismo entusiasmo de la joven.

Hasta que escucharon la reprimenda del padre —¡Paula Antonella! —Al escuchar la voz de su padre se pudieron dar cuenta de la tensión de la chica, quien soltó de inmediato a Anabella y se volteó hacia su padre—. ¡Eres una mal educada! ¿Con cuál confianza osas en llamar por su nombre de pila a la señora Ferrari? ¡Atrevida!— dijo tomándola del brazo.

Sebastián y Anabella intervinieron —Tranquilo Angello, no hay problema, tu hija es amiga de nuestra hija y por eso es la confianza, no la reprendas sin necesidad.

Pero Angello era un hombre amargado, a quien en vez de tranquilizarlo las palabras de Sebastián, lo alteraban más y con una máscara de fría calma alzó una mano en señal de que todo estaba bien, se despidió y se retiró llevándose a la chica del brazo y mientras caminaba expresó: —Eres una chica que no aprende ¿Quién te autorizó para que te tomaras confianza con la gente? ¡No ves que me avergüenzas! ¿Cuándo aprenderás a controlar tu salvajismo? ¡Eres igual a…! Mejor olvídalo y procura comportarte —manifestó con rabia apenas contenida. Se ubicaron en la mesa que les correspondía, luego de un momento, le dio instrucciones precisas a Paula, de que no se moviera de allí sin su autorización

Paula se quedó con su hermano —Franco ¿Por qué papá me odia tanto? —Interrogó la chica con tristeza.

Su hermano la tomó de las manos, diciéndole: —No sientas que es algo en contra tuya en particular, te debe amar porque eres su hija, pero odia a todas las mujeres, algo debió haberle pasado para que se convirtiera en esa persona amargada que es. Ya no te sientas triste ¿Quieres que te busque un refresco? Con eso bebes un poco para que te calmes.

—Si por favor, pero no te vayas a tardar porque no quiero quedarme sola, si se acerca algún chico papá me matará —pronunció Paula con preocupación.

—Disculpa hermanita, iré muy rápido casi a la velocidad de la luz, a menos que me consiga una linda mujer de las que están en esta fiesta, me atrape y no quiera dejarme ir —concluyó sonriente.

—Muy gracioso hermanito, pendiente que no vayas a ligar con una mujer casada que venga el esposo y te arme una tramoya.

—No tienes de qué preocuparte, soy tan astuto como una serpiente —Manifestó guiñándole un ojo a su hermana y retirándose hasta el área de bebidas.

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Martina conversaba amenamente con sus amigas, ella era la menor de todas, aunque le faltaba poco para cumplir los treinta años, pero aparentaba mucho menos, mientras sus amigas pasaban de cuarenta, conversaban muy ameno hasta que vino un chico guapo pelo castaño como de unos veinte años y la invitó a bailar. Su primer impulso fue negarse, pero luego de un par de segundos aceptó, animada por sus amigas y los esposos.

—Hola, soy Fran, estaba deseoso por bailar por la fémina más hermosa de la fiesta —comentó con galantería el joven.

—Hola, Fran —habló con una sonrisa que dejaba expuesta su hermosa y bien cuidada dentadura — Yo soy Mónica Martina, aunque me llaman más por Martina, veo que eres un chico bastante adulador.

—Entonces es adular, admirar la belleza y reconocerla —expresó el chico mientras la tomaba en sus brazos y comenzaban a bailar.

—No tengo falsa modestia, sé que soy hermosa, pero creo que estás demasiado pequeño para mí.

—¿Cuántos años crees que tengo? Soy más grande de lo que parezco.

—Dieciocho —respondió ella para molestarlo.

El chico frunció el ceño, pero al momento sonrió —Haré de cuenta que no dices eso para molestarme.

Ella se carcajeó y no respondió, solo siguieron bailando, el chico era todo un bailarín, hacía varios pasos y acrobacia que atrajo la atención de muchos de los presentes.

Luego de un par de piezas, se despidió de ella besando cada una de sus mejillas de manera coqueta y en voz ronca comentó: —¡Eres realmente hermosa!, con solo mirarte mis sentidos se enloquecen.

—¿En serio? Puedo recomendarte a un psiquiatra para qué te trate —señaló con burla.

Caminó sola hacia la mesa donde estaba, con una ligera oscilación de cadera, que atraía la mirada de los presentes a su cuerpo, vistazos que pasaban desapercibidos para Martina. Cuando estaba a punto de llegar, un hombre, esta vez un rubio le pidió bailar, petición a la cual ella accedió.

Bailó dos canciones más y después se fue a la zona de las bebidas, pidió un trago de margarita, en ese momento vio a sus amigos Sebastián y a Anabella, dirigirse a ella —Te andábamos buscando, queremos presentarte a un amigo —pronunció Sebastián, quien tomó a Bella de un lado y a Martina del otro y caminó hasta un grupo donde llamó la atención de un amigo.

—Casiragui amigo, te presento a la persona que se ha convertido últimamente en la estrella de la medicina en Italia, Landaeta Fernández.

El hombre se giró con una sonrisa, pero al ver a Martina su expresión se volvió fría, la miró de pie a cabeza y esbozó una expresión despectiva, la cual ella le devolvió. —¡¿Qué haces tú aquí?! —Exclamó con molestia.

 

“Nunca subestimes el tacón de una mujer”. Anónimo.

 

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Hola corazoncitos

Acá les entrego, el capítulo 1 de Una mujer Excepcional, espero les haya gustado el capítulo. Estaré atenta a todos sus comentarios y recomendaciones.

Abrazos y bendiciones

JEDA CLAVO

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