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Capítulo 4

Grecia

Despierto con la alarma de mi teléfono. Me levanto de mi cama y camino hacia el baño. Me ducho y luego seco mi cabello. Comienzo a vestirme, tomo un suéter cerrado azul claro con escote “V” y una falda color beige en corte “A”. Me coloco unas zapatillas deportivas del mismo color que el suéter y tomo un bolso. Mi teléfono suena anunciando un nuevo mensaje. Frunzo mi ceño mientras lo tomo y me doy cuenta de que era un número desconocido.

Grecia Scott, prepárate. Pronto se sabrá toda la farsa que has creado.

Mi corazón latía rápidamente y sentía los nervios recorriendo mi cuerpo. Era muy pronto para que sospecharan que lo nuestro era sólo un trato, ¿cierto? Mordí mi labio inferior. Bajé las escaleras y mi desayuno ya estaba servido. Tomo asiento mientras muevo mi pierna, demostrando lo que sentía.

-Señorita Grecia, sus padres le han dejado esto- dijo una de las señoras del servicio. Tomé el papel y lo abrí.

No olvides que hoy es la cena con tu novio (o novia), cítalo (a) a las 8:30.

Con cariño, mamá.

Rodee mis ojos cuando terminé de leer. Desayuné y luego lavé mis dientes, retoqué mi maquillaje y esperé a que llegara el mensaje de Andrea. Luego de unos segundos se escuchó el timbre de mi teléfono. Revisé mi ropa por última vez y salí de mi casa. Williams me esperaba recargado en su auto. Caminé hasta él y besé su mejilla, abrí la puerta y subí al auto. Rodeó el coche e hizo lo mismo. Me coloqué el cinturón de seguridad bajo su mirada.

-¿A qué hora será la cena?- cuestionó nervioso.

-8:30, no tienes nada de qué preocuparte. Sólo tenemos que inventar una buena historia sobre nosotros y todo irá bien- él asintió y se puso el cinturón.

Pensé en eso. Algo creíble y que no sonará tan loco. Pensé en muchas cosas, pero ninguna me convencía. Perdida en mis pensamientos llegamos al Instituto. Alcé mi mirada y encontré la de varias personas observándonos. Sentí el cuerpo de Williams muy cerca del mío, voltee a verlo y se encontraba desabrochando mi cinturón, su rostro estaba a sólo unos centímetros del mío, mis ojos se mantienen observando sus mejillas sonrojadas. Retiró sus manos lentamente y me observó fijamente.

-Todo estará bien, nadie se enterará de que esto no es real- dijo con voz tranquila, pero sabía que no era cierto lo que él decía, tal vez alguien ya lo hizo, sin embargo, asentí.

-Vamos- respondí y bajamos del auto.

Sonreí y saludé a algunas personas que lo hacían. Sentí la mano de Andrea entrelazándose con la mía y mi corazón latía tranquilo. Caminamos hasta mi casillero y vi a Kendall con el amigo del nerd. Tomé mis cosas y nos acercamos a nuestros amigos.

-Hola- dije antes de besar la mejilla de ambos.

-¡Hi, baby!- reí. –Greece, él es Liam, mi pareja- dijo Ken.

-Creí que nunca me lo presentarías- dije abrazándola.

-Creo que yo tampoco pensé que algún día tendría pareja- dijo sonriendo.

-Hola, Liam. Soy Grecia- dije observando al novio de la castaña.

-Hola, novia de mi mejor amigo- sonreí ante sus palabras.

Caminamos a nuestras respectivas clases y el día se pasó tranquilo. Sin embargo, sentía la mirada de alguien, pero cuando intentaba ver quién era, ya no estaba. La práctica de las animadoras estuvo genial, la rutina ya nos salía perfecta y el próximo partido era en unos días. Cuando terminara la temporada de partidos, todos tendríamos que escoger nuestra universidad y las animadoras escogeríamos a la nueva capitana.

El chófer pasó por mí, pues Andrea se fue a su casa a prepararse para la cena. Llegué a mi casa y subí a mi habitación. Me acosté en mi cama por un par de minutos mientras observaba el techo. Me levanté y fui al baño a ducharme, después sequé mi cabello y me acerqué a mi armario, que era casi del tamaño de otra habitación. Tomé un vestido color palo de rosa, tenía un escote “V” con los hombros descubiertos, los tirantes se cruzaban en el centro y la falda era abierta. Lo combiné con unos zapatos de tacón azul marino. Peiné mi cabello en un sencillo recogido y me maquillé naturalmente.

Mi madre consideraba que debíamos recibir invitados de una manera muy presentable. O sea, que debíamos vestirnos de manera ostentosa para una cena. Si así era una cena en nuestra casa, no se pueden imaginar cómo íbamos vestidos para las galas. Mi padre era más o menos lo opuesto a ella, pero cedía en ocasiones, porque amaba a mi madre. Su historia era una de las más románticas que había conocido. Mi madre y mis padres se conocieron desde su nacimiento, fueron los mejores amigos durante años. Un día mi mamá acompañó a una de sus amigas a una cita doble y el acompañante de la pareja de su amiga resultó ser mi padre. Fue algo muy cómico para ellos y luego se dieron cuenta de que lo que sentían, era más que una amistad. Sus amigos son los padres de Kendall y por eso somos tan cercanas.

Escucho las voces de mis padres y retoco mi maquillaje. Tomo mi teléfono mientras me observo en el espejo. Marco el número de Andrea y espero a que conteste.

-Buenos tardes- su voz suena nerviosa.

-Buenas tardes, aún no tenemos la historia- mordí mi labio.

-Tienes razón. ¿Qué te parece si solamente decimos que siempre nos observábamos en los eventos que ambos asistíamos y en las clases en común, entonces un día yo decidí acercarme a ti y comenzamos a hablar, luego de un mes te pedí que salieras conmigo?- eso sonaba creíble.

-Eso no se escucha falso, así que eso diremos- nos despedimos y bajé las escaleras.

Revisé el comedor para que todo estuviera preparado. Escuché los pasos de mis padres y voltee hacia ellos, mi padre vestía un traje negro una camisa blanca y una corbata tinto, por otro lado, mi madre usaba un vestido ajustado que le llegaba hasta la rodilla, combinando con la corbata de mi padre y unos tacones negros cerrados.

Observé el reloj y marcaba las 8:25. En ese momento escuché que tocaban el timbre, una de las señoras del servicio abrió la puerta y Andrea entró por ella. Sonreí cuando lo observé con un leve sonrojo en sus mejillas y con dos ramos de flores. Me acerqué a él y besé su mejilla. Sentí su embriagador aroma entrar por mis fosas nasales y me relajé. Tendió a mí uno de los ramos, dalias rojas, mis flores favoritas. Sonreí, me sujetó tímidamente por mi cintura, atrayéndome a su cuerpo y caminamos juntos hasta donde estaban mis padres.

-Señora Scott, espero que estas flores sean de su agrado- el otro ramo era de rosas blancas.

Mamá sonrió reconociendo al hijo de su amiga y mi padre lo analizaba de pies a cabeza con el ceño fruncido. Pasamos al comedor y las señoras del servicio traen nuestra cena. Comemos en silencio hasta que mi padre comienza con su cuestionario.

-¿Cómo es que comenzaron a salir?- cuestionó.

-Desde hace un tiempo comencé a sentirme atraído por Dylan, siempre la observaba en los eventos y en el Instituto. Un día vi que ella también me observaba y comenzamos a hablar. Luego me di cuenta que era realmente una chica genial y que nunca encontraría a alguien como ella, así que la invité a salir y después le pedí que fuera mi novia- sonreí cuando Andrea terminó de decir eso.

-¿Por qué lo ocultaron?- preguntó.

-Ser hija de unos grandes empresarios no es fácil, muchos reporteros mantienen sus ojos en ti. Entonces no queríamos que comenzaran a hostigarnos con preguntas incómodas o que mantuvieran pública nuestra relación- respondí y mi padre sonrió.

Terminamos de comer en silencio y después pasamos a la sala de estar. Nos sentamos y mis padres nos observaban fijamente, mamá con una sonrisa de enamorada y mi padre con una simple sonrisa.

-Señores Scott, lamento tener que decir esto, pero tengo que ir a recoger a mi hermana menor- mordí mi labio.

-Por favor, llámame Marianne. Entiendo, ha sido un gusto conocerte. Espero que puedas acompañarnos en la cena de beneficencia, el próximo sábado- dijo mi madre poniéndose de pie. Hicimos lo mismo y acompañé a Williams a la puerta.

-Gracias por venir, Mel- dije sonriendo.

-Gracias por invitarme- respondió mientras abría la puerta.

-Despídelo bien, Grecia Scott- gritó mi madre.

Me acerqué a él nerviosa y lentamente uní nuestros labios, puse mi mano en su mejilla derecha acercándolo a mí. Movía mis labios lentamente al compás de los suyos. Me separé de él y sonreí. Sus mejillas estaban sonrojadas y sus ojos me veían de una forma profunda.

-Nos vemos mañana, Dyls- dijo con una voz apenas audible.

Asentí, él giró su cuerpo, bajó los escalones y caminó hasta su auto. Cerré la puerta y suspiré. Di media vuelta y vi a mis padres sonriendo. Subí las escaleras y caminé a mi habitación mientras intentaba calmar mi agitada respiración.

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