Capítulo 1

New York, un  mes después

El día para Azul iniciaba como cualquier otro, su primera llamada del día hecha, un desayuno con cereal, un baño espabilador y por supuesto pensar en su novio, estaba sentada en el sofá mirando Supernatural y lujuriando en su silencia al guapísimo Jesen Ackles “Dean Winchester” cuando la puerta suena sacándola de su morbo al ver aquella sonrisa de galán que tenía el actor. Apresurada y derramando el café al ponerlo en la mesa de centro va corriendo a la puerta, Azul no tenía malicia, ella lo hacía todo sin pensarlo. Abre la puerta rápidamente y al ver a Gregory se tira en sus brazos, este que siempre la había querido porque se dejaba dominar con facilidad y eso le daba la libertad de salir siempre que quería con sus amigos, pasa saliva con dificultad, por mucho que lo negara era su novia y la amaba, pero ya no podía estar con ella.

—Cariñito— la emoción de Azul era la de siempre, lo amaba locamente —¿Por qué no me has llamado antes de venir? te hubiera preparado algo— Gregory dio un largo suspiro y la apartó de él, eso descolocó a su novia, si bien pasaban mucho tiempo separados cuando él venía se daban todo el amor que podían —¿Qué pasa cariñito?— preguntó Azul apartándose de él.

—Debemos hablar— le miró —ya no puedo más con esto, tú me atrasas, yo quiero tener éxito, quiero a una mujer que pueda apoyarme, no una que trabaje en un hotel y canta al final de la noche para tener propina extra— el corazón de Azul dio un vuelco por las cosas que escuchaba —no quiero seguir esta relación— Gregory tragándose su mal sentir continua —tengo a otra, una mucho mejor que tú, no es tan tonta ni insípida, digamos que esa salida de tu parte hace un mes fue el detonante para que me diera cuenta que no quería estar contigo— se encoje de hombres con desinterés rompiendo más el corazón de Azul, sus lágrimas silenciosas y agonizantes rodaban por sus mejillas, ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué él le decía esas cosas tan hirientes? —adiós Azul, no me busques más, no puedo estar con una fracasada— dando media vuelta inicia su camino dejando el alma de aquella mujer que solo sabía amarlo a él destruida, su novio de toda la vida le estaba dejando y le había dicho cosas horribles —¡ah! Me iré del país, ahora estoy en el FBI y tendré mejor paga— ella rompió en llanto, se apretaba el pecho, sentía que su corazón se estaba cayendo en pedazos, sentía que la vida se le iba por tal dolor.

Tirada en su sillón ahogándose con el llanto y martirizándose al pensar que había hecho mal para que su novio la dejara y le dijera todas esas cosas se duerme sin ser consiente que su edificio estaba rodeado por hombres que cuidarían de ella sea cual fuera la situación.

—Síguelo y verifica que monte al avión— Rocco suspiró, su amigo estaba yendo bastante lejos, pero no le iba a contradecir, suficiente había tenido un mes antes cuando su encanto por esa mujer le hicieron mirarla con otros ojos.

—Bien, te aconsejo que no te le acerques amigo, debe estar destruida— Lucían asintió ante el consejo de su amigo, no era estúpido, sabía perfectamente cómo hacer para que ella callera sola en sus brazos y le diera el poder sobre ella.

—No te preocupes, no tardaré, me iré en unos minutos— Rocco asintiendo sale del coche y se va con uno de sus hombres, solo negaba, estaba por destruirle la vida a esa chica y como siempre tendría que ser él quien fuera el paño de lágrimas, pero con esta sería difícil, si por solo mirarla con esa atención de aquella vez su amigo lo molió a golpes, que estuviera consolándola lo mataría sin pensar, lucían era peligroso y nadie mejor que él lo sabía.

—Llámala, debe irse a trabajar— ordena Lucían a su empleado que sin cuestionar obedece a llamarla. Al cerrar la llamada miró por la ventanilla en dirección al piso de su obsesión y sonrió —llévame a la calle que te dije antes— el conductor sin más se pone en marcha, hoy sería el día de su reencuentro, hoy saldría de su duda, una parte de él quería que lo reconociera, pero otra deseaba que no lo hiciera.

Azul cansada como si no hubiera dormido nada responde el móvil que no dejaba de sonar, al escuchar la voz de su jefe se sienta.

—Necesito que hagas turno hoy en la tarde, debes apresurarte, solo tienes 2 horas para llegar— sin más le cuelga, no le gustaba tratarla así, pero solo seguía órdenes. Azul algo desorientada y con el pecho comprimido se levanta y lo más rápido que puede se prepara, era viernes y tocaba cantar, quizás lo que Gregory decía era verdad, no ganaba mucho y cantaba para obtener más propina, pero no podía hacer nada, lo necesitaba, también quería ser cantante y cumplir ese sueño que se le hacía más imposible.

Los pensamientos tristes le hacían ir como en una nueve, estaba destrozada, dolida y muy confundida, aun no comprendía porque su novio la había dejado de la nada y de esa manera tan terrible, a sus 28 años solo había conocido a un solo hombre y ese la destruyó de manera cruel. Espabilando para tomar el metro se mete en la estación subterránea, como siempre tomaba con fuerza su bolso, ya le habían robado antes en ese lugar y lo que menos se podía permitir era perder dinero, lo necesitaba y mucho. Al llegar a su parada sube las escaleras corriendo, su jefe la había vuelto a llamar, tampoco comprendía el trato de aquel hombre que regularmente era bueno con ella, no podía perder también su trabajo así que debía apresurarse. Lucían que sabía muy bien que ella iría apresurada cuando la ve salir se interpone en su camino, ella da tal rebote que se tropieza con un bote de basura y cae de culo en este quedando trabada, Lucían que no creyó llegar a tanto al verla en esa situación carcajea sin poder evitarlo ante la mirada atónita de Azul y algunos transeúntes.

—¿De qué se ríes?— le grita incrédula tratando de salir del bote —debería ayudarme y no burlarse de mí— Lucían no la escuchaba estaba muy ocupado tratando de contener la risa, quería ayudarla, quería sacarla de ahí, pero la situación era bastante divertida —oiga, le he dicho que me ayude— gruñe furiosa, pensar en lo que le dijo Gregory le hizo explotar —eres un maldito idiota— Lucían calló en seco, Azul no estaba dispuesta a ser burlada por segunda vez en el mismo día —ahora sácame de aquí— le ordenó a un descolocado Lucían, ella no era así, estaba totalmente sorprendido. Poniendo su gesto serio la alza como si fuera un muñeco de plástico y la mantiene suspendida, ella le mira con el cejo fruncido, ¿Por qué no la bajaba? —ok robocito… ya puedes bajarme— Lucían saliendo de su estado pone una sonrisa chulesca y en ruso le dice.

—какой прекрасный темперамент (que temperamento preciosa)— ella le miró asombrada, era ruso igual que ella, pero dolida y sin querer verse débil alzó el mentón.

—Idiota— le insulta sintiéndose mal, eso fue un accidente, pero su burla no se la pasaría por alto, solo esperaba que el sentimiento de culpa por su trato no se notara. Lucían alzó las cejas, llevaba un mes tras ella y jamás la había visto así, y era un hecho, no lo reconocía.

— Прекрасный (hermosa)— respondió él sin cortarse, Azul tremendamente incomoda y pensando que él se burlaba de ella continúa con su ataque.

—Imbécil.

— драгоценный (preciosa)

—Estúpido.

—остроумие (lindura)

—Gilipollas.

—красота (belleza)

—¿Seguirás insultándome?— le preguntó sin poder creerlo, ese hombre era un idiota.

—Что я действительно хочу, так это трахнуть тебя (realmente lo que quiero es follarte)

—Vete al coño— grita esta vez, Azul no podía creer lo que aquel descarado le decía, se sentía furiosa, solo de mirarle sentía un calor inmenso que recorría su cuerpo, estaba muy molesta con ese tipo alto, musculoso, de sonrisa chulesca y mirada casi angelical que contradiciendo lo que dejan ver parecía maliciosa.

—Я бы с радостью пошел к вам (con gusto me iría al tuyo)— Lucían sabía muy bien que ella le estaba entendiendo, el tono rojo de sus mejillas y sus ojos cristalizados por la impotencia se lo dejaban más que claro, no debería estar haciendo de su vida un infierno, pero le daba algo de placer molestarla y sacarle ese temperamento que por primera vez conoce de ella.

—Ruso de mierda— gruñó tratando de evadirlo, pero él se interponía, la quería tener cerca un poco más.

—Скоро я буду вашим русским аааа (pronto seré tú, Aaahhh Ruso)— ella ofendida retrocede, quería golpearlo por atrevido, pero no pasaría a eso, jamás había golpeado a nadie en su vida.

—Adiós animal— tomaría el camino más largo, ya le explicaría a su jefe que encontró a un loco que la tiró a un bote de basura, como si fuera poco se río en su cara y por último la insulta con palabras bonitas.

—До скорого (hasta pronto)— Lucían se sentía satisfecho, después de tantos años finalmente la tenía ahí, y pronto estarían más cerca.

—Y para que sepas— grita Azul un poco más lejos —soy rusa, Даже в твоих лучших снах я не буду спать с кемто вроде тебя (incluso en tus mejores sueños, no me acostaré con alguien como tú)— Jamás en su vida se acostaría con un hombre que llevaba esa pinta, pelo largo, barba larga, esa vestimenta de chico malo, no, eso jamás, a ella le gustaban como Gregory, bien vestido y con estilo, pero menos cabrones, aquel le rompió el corazón sin miramientos. Ella sentía odio hacia si misma por querer hablar con él y arreglar las cosas, se supone que él fue cruel, no debería querer ni verlo. 

Al llegar va directamente a su locker para guardar las cosas, estaba tan apresurada que no se dio cuenta que aquel atrevido como ella le tenía catalogado le seguía.

—Azul, ven a mi oficina por favor— ella dando un largo suspiro sigue a su jefe, no sabía el porqué de su tono seco, ella jamás había faltado ni hecho algo malo, tal parecía que la mala racha venía con más peso de la que ya estaba. Al entrar en el despacho se sienta donde su jefe le indica.

—Dígame señor Lester, ¿Qué puedo hacer por usted?— le sonríe, todos decían algo y ella era la primera en practicarlo, “Al mal tiempo buena cara” el hombre suspira, no entendía nada de lo que estaba pasando, pero no podía arriesgarse a perder su trabajo, ni podía arriesgarla a ella a que perdiera el suyo.

—Hoy será la última noche que cantes— el ya lastimado y resentido corazón de Azul colapsó, amaba cantar y aunque igual ganaba sus propinas no le importaba hacerlo gratis de ser posible.

—No me haga esto, sabe que me gusta… por favor… si lo quiere no me dé propinas, pero no me quite mi espacio en el escenario— le rogó, el hombre con el corazón encogido y sin nada que poder hacer, negó.

—Lo siento niña, hoy es tu última noche, el dueño del hotel ha venido y lo está cambiando todo— miente, no podía decirle otra cosa, si ella se enteraba que fue la única que perdió un puesto se pondría peor de lo que estaba. Azul pensó en seguir insistiendo, pero no lo hizo, no tenía las fuerzas, primero su novio la deja de la peor manera y ahora lo que más le gustaba de su trabajo se lo habían arrebatado, se sentía en la oscuridad, la vida no la estaba tratando bien desde ya hace un tiempo, pero ella tenía esperanza de que si las cosas cambiarían, seria para bien y no para mal. Sin ser consiente un par de ojos le veían algo culpable, Lucían estaba sintiendo culpa y eso no era propio de él, el mudo le habían hecho un hombre fuerte y duro, él jamás se arrepentía de nada y esta vez no sería la excepción, había llegado a ese lugar para hacer algo y lo haría sin contratiempos, sin flaquear y sin distraerse.

El tiempo para Azul parecía no correr, atendía y sonreía a los clientes, era igual de amable que siempre, pero estaba rota, dolida y pensando en aquel hombre que le hizo explotar de esa manera tan horrible, sentía que debía disculparse con él, toda la culpa era de Gregory, si tan solo no la hubiera dejado, no de esa manera no hubiera reaccionado así con aquel hombre.

—No seas tonta Azul, básicamente él te dejó por tonta… no pienses en él, no te llamará, lo dejó todo en claro— se regañaba así misma, las lágrimas amenazaban con salir, se sentía débil, cansada y las náuseas por la tensión la tenían mal, el olor alcohol no le hacía bien.

—¿Qué haces aquí mi Diosa?— Cosy mira a su amiga asombrado, se suponía que ella debía estar en otro lado, Lester también los había llamado a Blanca y a él para trabajar en la tarde —¿What happens dear?— preguntó preocupado al ver la pinta de su amiga, estaba apagada, ojerosa y con la cara hinchada y sonrojada.

—Nada— Azul sonrió con ganas de disimular lo que realmente sentía, ya se lo contaría después, si lo hacía en ese momento se echaría a llorar ahí mismo y no era recomendable algo así.

—A no querida— interviene Blanca —a ti te pasa algo y no puedes disimularlo con esa sonrisa, no con nosotros— la barbilla de Azul tembló y sus ojos se cristalizaron, no pudo evitarlo más, ella jamás era fuerte ante sus sentimientos.

—Me dejó— susurró ante la atenta miradas de sus amigos, estos se miraron entre si y sin importarles el lugar iniciaron a gritar y aplaudir por la nueva noticia que le estaba dando su amiga, Azul dolida por lo que sus amigos hacían niega —me engañó y me dijo cosas terribles, ¿Cómo pueden estar felices por algo así? Me rompió el corazón— los dos quedaron estáticos, aquel imbécil había lastimado a su amiga después de 8 años de relación.

—Yo mato a ese sarnoso estúpido, garrapatoso de mierda, le voy a dar de hostias hasta acabar con él— Blanca quien era una española de esas bravas pensaba en destruir a aquel imbécil, jamás le agradó.

—He´s motherfucker— gruñó Cosy, Azul entre nerviosa y asustada por la reacción de sus amigos sollozó

—Se fue del país, y dijo que no lo llamara, creo que todo lo que me dijo es verdad, trabajo en este lugar desde los 20 años y aún estoy aquí, quiero ser cantante y vamos que sé eso no se podrá, soy una fracasada… y como si fuera poco cuando venía para acá un hombre se atravesó en mi camino, o yo no lo vi, el caso es que me estrellé tan duro que quedé sentada en un bote de basura y se rio de mí, y… y… yo le dije cosas horribles, me siento mal por eso, yo no soy así…— Cosy y Blanca sufrían al ver a su amiga de esa manera, ella era buena y no merecía eso, pero justo por ser así es que sufría. Lucían quien veía todo y más como Cosy abrazaba a Azul resoplaba como un toro, no le gustaba que aquel imbécil la estuviera abrazando, no quería que ese idiota la tocara.

—Ve a pedir un trago y que ese idiota sea quien te atienda— le ordenó ofuscado a su amigo.

—¿Cómo pretendes que sea él quien me atienda si hay muchos más en la barra?— Lucían miró a su amigo furibundo, si no hacia lo que le pedía en ese preciso momento le partiría la cara.

—Lárgate y que él te atienda, no sé qué coño harás, pero ve y quítaselo de encima, ¡Ya!— gritó furioso, el corazón se le quería salir del pecho, en eso estaba ella, de novia con puros imbéciles que no valían la pena. Rocco cabreado por el comportamiento irracional de su amigo se levanta, es su culpa el estado de la chica, no debería actuar como un idiota si otro la consolaba, sin duda su amigo estaba perdiendo la razón.

—¿Un hombre?— Cosy enarcó la ceja izquierda —¿Cómo era?— trató de disimular una sonrisa, su amiga estaba mal, pero desde luego ella ya no la pasaría de tonta, aprendería lo que era la vida y sobre todo se daría cuenta de que el bastardo de su ex no valía la pena ni merecía una lagrima de ella.

—Si… es el edificio Burj Khalifa, era enorme, cabello y barba larga, sus ojos parecían angelicales, pero les prometo que en ellos había mucha malicia, y su sonrisa era chulesca— se sorbió los mocos, solo de pensarlo el corazón se le aceleraba por la rabia —es un atrevido, creyó que no entendía lo que decía y si, lo entendí todo, me ofendió en ruso— hipa enojada, ese día le estaba yendo bastante mal.

—Hola—  Rocco trataba de llamar la atención del trio que estaban bien a lo suyo, mataría a su amigo —hola— llamó esta vez más fuerte, los tres amigo giraron la cabeza en la misma dirección encontrándose con un rubio, alto, sexy e imponente.

—For the love of sex, papucho… ¿Por qué vienes en este momento?— a Cosy el corazón le aleteaba cual pato buscando su norte —estás para atenderte de todas las maneras, pero mi Diosa me necesita— muerde su labio, Azul le miraba atónita, el descaro de su amigo era preocupante.

—Olvídalo querido— interviene Blanca callando a su amigo con una sensual voz —¿Que dices si te atiendo exclusivamente después de consolar a mi amiga?— Azul estaba que no lo creía, ellos jamás dejaban de ligar con el mismo hombre, Rocco divertido río y miró para un lado pensando que aquellos se burlaban de él, segundos después volvió la mirada a ese trio, no dejaba de sonreír, sabía lo que provocaba en hombres y mujeres, pero desgraciadamente solo le gustaban las mujeres y no cualquiera, aunque por alguna razón creyó que todo era una broma para que se alejara y los dejara en paz. Azul limpiando sus lágrimas se acercó al rubio, lo que menos necesitaba era ser despedida. 

—Hola— la voz le salió en un susurro que lastimó a Rocco, ella estaba sufriendo —¿En qué le puedo ayudar?— le sonrió como si nada le estuviera pasando, eso a Rocco le partió el alma, su amigo era un idiota.

—Vaya, no creí volver a verte y menos en ese estado— ella frunció el cejo, no lo entendía, Rocco sonrió al ver su gesto, lo había olvida, era extraño, a él nadie lo olvidaba nunca —vine aquí hace un mes, me atendiste en esta mis barra, con la misma preciosa sonrisa, pero sin lo rojo de tu nariz y lo hinchado de tus ojos— ella quería recordar, pero realmente no le sonaba de nada.

—Lo siento, vienen muchas personas por aquí— se encoge de hombros —y mi estado todo bien, es solo alergia— sus intentos por engañar eran en vanos, independientemente de que él supiera lo que le pasaba ella no engañaba ni a un niño —¿Le sirvo algo?— como la primera vez que la vio quedó como un tonto paralizado, pero esta vez debía espabilar o la paliza con su amigo seria mucho mayo.

—Por supuesto, un dos rocas por favor, bueno que sean dos, uno también para mi amigo— ella sonrió y él esperó que lo recordara, pero al verla servir los tragos sin más, supo que eso no había pasado, no la culpaba, había pasado un mes y ella estaba muy liada. Mientras ellos dos atendían su asunto, un furioso y celoso Lucían se revolvía incómodo en la mesa del fondo, por otro lado Cosy y Blanca sonrieron al ver aquel rubio fijarse tanto en su amiga, ella merecía a alguien que le mirase como si fuera la joya más preciosa del mundo.

—Philip guapo— llamó Azul a su compañero, cuando este atendió al cliente le sonrió —¿Muy ocupado?— estiró la mano para arreglar un mechón de pelo de su compañero, pero este se retiró bruscamente, Azul frunció el cejo confundida, él jamás había reaccionado así, era como su hermanito.

—Lo siento Azul, tengo mucho trabajo que hacer— casi corriendo se alejó de ella, confundida y sin saber que estaba pasando miró a sus amigos quienes emocionados atendían a todo el que llegaba, casi era hora de salir al escenario, así que era mejor ir a la bodega por esos mezcladores que faltaban, dando un largo suspiro tomó la llave y se apresuró a caminar, no quería retardar su despedida de aquel escenario que ahora solo apreciaría desde la barra.

Lucían veía su momento, ella salía sola y se encaminaba por un pasillo oscuro, sin pensarlo ni hacerle caso a su amigo fue tras ella, era tiempo de sentirla más cerca, era hora de que su plan fuera tomando forma, le haría pensar en él sin ni siquiera saber quién era. Azul quien iba metida en sus pensamientos tratando de que su corazón roto no se destruyera del todo caminaba a ciegas por el lugar, odiaba ir al depósito por eso, todo estaba oscuro y no era hasta que llegara a la puerta para poder encender el interruptor, pero aquel pensamiento se esfumo al verse contra la pared. Lucían actuando rápidamente tomó sus manos y se las aprisionó con la suya contra la pared a la altura de su cabeza, la respiración de azul se aceleró, pensó en gritar y pedir ayuda, pero aquellos labios calientes, suaves y exigentes la envolvieron en un sensual beso que se vio obligada a corresponder, las manos del desconocido se posaron en su mejilla e iniciaron a recorrerla hasta llegar a su abdomen, sentía corrientazos que no podía controlar y le hacía jadear, se sentía muy bien ese contacto, aquel beso era como si la drogara y le hiciera seguirlo aun cuando ella pensaba en no corresponderlo, eso le fascinó a Lucían quien sin detenerse metió su mano bajo la falda de esa mujer que lo había encendido al momento de corresponder su beso, la deseaba, la quería para él y la obtendría cual fuera el precioso.

Respiraciones caóticas, cuerpos calientes y corazones rotos pero latiendo con tanta fuerza que superaba toda intensidad que ambos habían vivido antes, estaban siendo descarados, estaban cediendo y para Azul no resultó extraño, aquel hombre fuerte que la tenía contra la pared y su cuerpo acariciaba sus piernas provocándoles fluidos en su sexo era provocador y hechizante, quería detenerlo, quería alejarse, pero no podía, simplemente se entregaba a ese subidón que él le provocaba, pero todo se aclaró cuando Lucían no lo soportó más, la quería poseer ahí en ese instante, y lo haría. Colando su mano entre las bragas de Azul deslizó sus dedos por su humedad, Azul vibró, pero debía parar eso, no sabía quién era él, pero Lucían era ignorante de aquellos pensamientos que saliendo de su frenesí solo pensaban en escapar de él. La besaba con deseo con tanto que sentía ella era su aire, se sentía atrapado y sin poder salir de ese momento que deseaba intensificar, Azul que ya estaba consiente de todo alcanzó un botellín de cerveza que estaba en una caja y golpeó la cabeza de Lucían, este gruñó por la manera brusca en el que le bajaron la excitación, al recibir otro en el costado izquierdo no ve más remedio que salir de ahí, no la tomaría a la fuerza ya la tendría para él.

—Por Dios— susurró agitada y aun sufriendo espasmos por esas caricias indecentes que aquel extraño le hizo, llevándose la mano al pecho trata de calmarse, ella se sentía a gusto, deseaba tener más de él, le había gustado, ella había permitido aquello. Dejando de pensar y asustada por lo que sintió se apresuró a llegar al interruptor, pensó en ir a buscar a aquel aprovechado, pero lo cierto era que ella se había dejado sin poner resistencia.

Lucían por su lado se sobaba la cabeza, jamás esperó aquel golpe que lo bajaron de la nube en la que estaba montado, estaba tan metido en su asunto que se olvidó del mundo y de la posibilidad de que ella se podía defender.

—¿Qué te pasa?— preguntó Rocco al ver a su amigo con mala cara, pero con un brillo distinto en los ojos.

—Me ha dado dos golpes joder— gruñó tras su contestación, Rocco carcajeó como un descocido, Lucían lo quería matar, quería estamparle la copa en la cabeza, pero ahora que pensaba mejor en como lo dejaron de caliente era gracioso —no creí que se defendiera, me lo correspondió todo, creo que no debí meter mi mano entre sus bragas— al recordar eso sonrió y olió su mano, aquel olor le encantaba era sutil, a esa mujer no la habían utilizado mucho aquel idiota que tenía por novio estaba más preocupado por su carrera y sus ligues que no la disfrutó como debió hacerlo.

—Estás haciendo sufrir a esa chica— le miró ahora serio —amigo, habla con ella, sácate de la cabeza que podrás quitarte esa obsesión solo utilizándola, es un arma de doble filo y lo sab…— el golpe seco en la mesa hicieron que Rocco se callara, no lo entendía, aquella mujer no merecía eso, quizás su amigo lo moliera a golpes, pero intentaría hacerlo entrar en razón una vez estuvieran relajados en casa.

Azul estaba distraída, ese día como poco era extraño en todos los sentidos, primero su novio la dejó y la destruyó, después su jefe le quitó eso que ella ama, sus compañeros no permiten que se les acercara, tampoco fue a la visita que tenía ese día y un poco más se le entregaba a un desconocido. Sin soportarlo más se echó a llorar, lo saca todo, estaba dolida, cansada y había vomitado toda la comida, el dolor de cabeza no la dejaba en paz.

—Diosa…— susurró Cosy al ver en ese estado a su amiga, acercándose a ella apartó sus manos de la cara y la limpió con las suyas —ya no llores más, ese imbécil no te merecía, es mejor que te dejó ahora que puedes rehacer tu vida y no después— ella le miró y negó.

—Ya no puedo más Cosy, ¿Qué está pasando? Por el amor de Dios, todo me está saliendo mal, el señor Lester me ha dicho que esta es mi última actuación, ¿Sabes lo que significa eso? Adiós sueño de ser cantante, ahora no tengo oportunidad de realizar mi sueño, lo que Gregory dijo era cierto, soy una fracasada, y aparte de eso sabes que esas propinas me eran de mucha ayuda, ¿Qué haré ahora?— Cosy con el corazón partido abrazó a su amiga, ella no se merecía que la vida fuera tan dura con ella, eso era injusto.

—Está bien mi Diosa, sé que duele, sé que todo se está yendo al fiasco, pero eres fuerte, enfrentaras esto y saldrás adelante, ya verás que Blanca y yo te vamos a buscar un lugar donde puedas cantar y tengas la oportunidad de que un productor se fije en ti. Ahora mírame a los ojos, eres fuerte y no te vas a dejar vencer, te vas a secar las lágrimas, vas a permitir que te maquille, te vestirás de gala y saldrás a ese escenario y lo darás todo de ti, ¿Comprendido?— Azul intentaba tomar fuerzas, quería dejar de llorar, pero las circunstancias no eran para hacerse la fuerte, su único novio en la vida la dejó sin más, ahora pierde la única oportunidad de poder ser cantante y como poco sus compañeros le trataban distinta, pero ver en los ojos de su amigo la disposición para ayudarle le hizo asentir e intentarlo con más ganas.

Lista en un precioso vestido de gala negro largo con brillo de hombros descubiertos, y con una abertura al lado izquierdo dejando su pierna al aire suspira sonriendo al público, estaba lleno el lugar, debía despedirse de aquellos momentos donde era realmente feliz y lo haría de la mejor manera, cantando con su corazón y sentimientos.

—Buenas noches— saludó con su preciosa sonrisa, esperaba que la voz no se le hubiera estropeado por llorar antes —hoy tengo para ustedes dos hermosas canción— deja salir el aire —se dice que uno canta lo que es y lo que siente, y es lo que haré yo esta noche, espero lo disfruten mucho, una de ellas será en español, quizás no la entiendan, pero si dejan que sea su corazón quien escuche van a sentir eso que querré transmitir. Con ustedes “Alguien” de la cantante Kany García— Azul como siempre cerró los ojos y se visualizaba en ese escenario siendo admirada por muchas personas, tras sonreír abrió los ojos e inició a interpretar aquella canción que era lo que ella estaba sintiendo en esos momentos, estaba destrozada. Mientras ella luchaba para que la voz no se le quebrara y alcanzar bien las notas, en el fondo alguien la observaba con atención, su voz le erizaba la piel por la manera tan natural con la que cantaba, aquel sentimiento se lo transmitía, le hacía sentir su dolor, pero él ya lo conocía demasiado bien y no era nuevo ese sentimiento en él, quiso ignorar ese sentir, pero aquella nota alta con voz quebrada le estremecieron completamente —lo siento— susurró Azul con lágrimas en los ojos al terminar la canción, ante su disculpas lo que recibió fue una ráfaga de aplausos emocionados y sinceros, eso le hizo llorar más, pero debía seguir —gracias… gracias…— sonrió de la manera más bonita que pudo —ahora si vengo con una que desde luego todos aquí hemos escuchado y con mucho sentimientos… que quede claro— sonríe al igual que su público —con ustedes “Hello” de Adele— aquella canción le trajo un recuerdo que Azul borró inmediatamente, no se lo podía permitir, no se lo merecía. Aclarándose la garganta inició a cantar, Lucían le miraba sin perder detalle, parecía un ángel, realmente cantaba maravilloso, podía sentir como él vibraba con el timbre de su voz, su corazón se aceleraba y todo su sistema nervioso se activaba, no lo soportaba, quería irse, no quería escuchar esa maldita canción, si tan solo ella hubiera hecho eso que cantaba las cosas hubieran sido distintas. Azul con ojos cristalizados, se permitió recordar, eso le hacía daño, pero aun así lo pensaba, lo imaginaba y recordaba, su vello se erizó en más de una ocasión, aquella canción había sido testigo de muchas noches en vela, esta vez no pudo contener las lágrimas, las dejó correr, se sentía destrozada por todo lo que recordaba. Ella tenía esa habilidad de transmitir todo lo que sentía a través de su voz, y en ese momento lo estaba haciendo y más a ese hombre que la miraba sin poder ignorarla, a ese que estaba siendo dueño de todo su dolor, cuando ella apretaba sus manos, él sentía como si presionara su corazón. Sin soportarlo más Lucían salió de aquel lugar furioso y dolido, él no debía sentir, hace mucho los sentimientos para él habían terminado.

—¿Estás bien amigo?— preguntó Rocco preocupado por el estado de Lucían, jamás lo había visto tan turbado, él era un hombre frio, calculador y lo último que usaba era su corazón, quizás todo esto que estaba pasando saldría mal, aquella chica quizás era más de lo que él le había contado.

—Estoy bien, solo quería aire, dile a los hombres que cuiden de ella sin que se dé cuenta, y ya sabes qué hacer con el bastardo— Rocco resoplo.

—No creo que sea necesario lo del chico, joder Lucían… espabila, te estás metiendo de cabeza a una situación de la que no saldrá nada bueno— Lucían que odiaba le dijeran que hacer, toma por el cuello a su amigo y lo pega a la pared con furia.

—Cállate la puta boca y haz lo que ordeno, sé muy bien cómo hacer las cosas— Rocco que no estaba dispuesto a que cometiera una estupidez no obedece, se suelta y le empuja con fuerza.

—¿Crees que por arruinar su vida y después salvarla conseguirás lo que quieres? Por una mierda, se puede enterar de todo y te odiará, y sé que quizás para ese entonces ella ya no forme parte de tu vida, pero los dos sabemos que esa obsesión, más que ser eso es amo…— el golpe en su estómago le dejan sin aire, Lucían deseaba golpearlo hasta dejarlo en estado crítico, pero se contuvo.

—Yo no estoy enamorado, eres un imbécil—le gritó fuera de sí, incapaz de contenerse le tira una patada que su amigo detiene y le devuelve en un puñetazo.

—No te hagas el imbécil conmigo— le advirtió Rocco dispuesto a una pelea —te conozco mejor que nadie y si te digo que esto no está bien es porque es así, ahora, larguémonos de aquí— sin más que decir se encamina al coche dejando a su amigo furioso y con ganas de matarlo. Lucían no comprendía por que se había puesto de esa manera, tener a Azul cerca suponía mucho descontrol en él. Mirando hacia el lugar de donde salió le ve bajar del escenario, era mejor irse, pronto daría un paso más.

Azul triste por la despedida en el escenario se sienta y se mira frente al espejo, su vida se estaba destruyendo mucho más que antes, no sabría si lo iba a resistir, un corazón roto es lo más doloroso que puede tener una persona, y aquellos pensamientos del hombre que la besó y tocó en la bodega no salían de su cabeza.

— ¿Quieres salir?— Blanca mira a su amiga con tristeza, estaba apagada, ella simplemente estaba triste y era muy extraño verla así, Azul negó.

—Hace un mes salimos y gracias a ustedes me emborraché y no sé cómo llegué a casa— miró a su amiga con reproche, Blanca ya le había explicado un millón de veces que fue al baño y a su regreso ella ya no estaba, afortunadamente Azul no fue abusada ni lastimada.

—Vale… compremos algo y veamos una maratón de Supernatural— Cosy se une a sus amigas y se ponen en marcha, debían levantarle los ánimos a su Diosa, era ella quien le ponía luz al grupo y a todo el que la rodeaba.


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