Capítulo 2

Los días pasan y la vida de Azul cada día estaba más en las manos de Lucían y no lo sabía, en su ignorancia pensaba que eran cosas de la vida y que todo pasaría, pero realmente eso apenas estaba iniciando. Tras ese encuentro en el pasillo de la bodega Lucían era otro, cada vez estaba más desesperado por tenerla, cada día los celos y la posesividad lo mataban, él se negaba a esos sentimientos, siempre trataba de convencerse que eso eran las ganas de hacerla sufrir y nada más, pero a Rocco era el único al que no podía engañar, su amigo siempre se lo dejaba en claro, pero nunca lo escuchaba.

Su plan estaba marchando a la perfección, solo daría un simple paso y ella caería ante él, se lo debería todo y ansiaba que llegara ese momento, pero aquel moreno que siempre estaba cerca de Azul lo ponía de los nervios, no había podido encargarse de él en toda la semana porque no se despegaba de su obsesión y no quería dañarla, aunque realmente se preguntaba por qué eso tenía que importarle, si ella veía como le hacían pagar su cercanía a ella, lo dejaría de lado como todos los hombres en su trabajo la dejaron de lado a ella misma.

—Venga macho, demos una vuelta a la manzana, ella ya ha de estar saliendo de su casa— lo apresuró Rocco, todos los días a horas de la tarde Azul hacia un recorrido y ellos iban cerca de ella, ya habían sido varios los lastimados por verla con ojos que no debían, Lucían no aceptaba que nadie le mirase por más de 5 segundo, y si sonreían al final eran hombres muertos, pero como siempre Rocco era el más sensato y los salvaba de quedar internados en un hospital.

—Vamos, necesito estar ahí lo antes posible, hay muchos imbéciles que la desean— Rocco suspiró ante las palabras de su amigo, ese no estaba obsesionado, estaba hasta las trancas de aquella mujer, y lo comprendía, era dulce, inocente y un pan de Dios digno de corromper, pero lo que no comprendía era porqué él se negaba a aceptarlo.

—Te voy a pedir de favorcito que no lastimes a nadie más, si te comportas ante ella de esa manera te va a temer, y créeme que no es recomendable— los dos hombres salieron del edificio e iniciaron a estirarse —sigo pensando que tienes los huevos del tamaño de un melón, joder… lastimar a alguien para después consolarla y finalmente dejarla sufriendo está de la mierda— Lucían miró a su amigo con advertencia, ya lo tenía harto, pero no le diría sus verdaderos motivos, ya se lo contaría después. Sin responder nada inició a correr, debía alcanzarla.

Azul ignorando que como siempre tendría compañía arrastró a su mejor amigo con ella, Cosy era un flojo, jamás ejercitaba, no lo necesitaba, era delgado, sexy y bien antojable como él mismo decía, ella agradecía todo lo que sus amigos hacían por ella para que no se derrumbara como quería hacerlo, Cosy se había mudado con ella y era una compañía que disfrutaba mucho.

—A ver Diosa…— susurró Cosy iniciando a trotar después del calentamiento —si me da un faracho serás la responsable de todo mis aches and pains, ¿De acuerdo? Tendrías que make me love— Azul divertida por la forma de hablar de su amigo asiente.

—Te haré lo que quieras y me responsabilizo de todo, pero heaven… habla en español, o en inglés, no las dos al tiempo— Cosy quien era un dramático de primera retiró con estilo el flequillo de su frente que ya iniciaba a mojarse. 

—Es mi lenguaje Darling, no me pidas lo imposible Diosa, ahora es mejor que deje de hablar o no llegaré a Central Park y te dejaré a mitad del camino— ella sin más sonrió, su amigo tenía una pésima condición física y si realmente quería llegar con él a su destino era mejor hacerle caso.

—Maldita sea, ahí va con ese cabrón— bramó Lucían al verla correr junto a ese hombre, no entendía como su amigo le decía que no debía preocuparse, claro que lo tenía que hacer, aquel no se le despegaba desde que ella estaba sola, eso le ponía de un humor bastante negro, quería destrozarlo para después desaparecerlo del mundo.

—Cálmate, no ganarás nada si te pones así, sigamos el ejercicio— pidió Rocco a su amigo antes de que perdiera el control —solo están ejercitando, es su amigo— Lucían resoplaba como un toro, sentía su corazón marchar demasiado rápido, aquello no le gustaba, ya se estaba cabreando de todo eso, en ocasiones pensaba en tirar todo su sutil plan a la mierda y hacer las cosas a las malas, obligarla a ser suya de una vez por todas, estaba harto de acostarse con otras pensando en ese maldito momento que tuvieron en ese pasillo oscuro.

—Esta noche esté o no con ella quiero que lo machaquen, tanto como se pueda, y no quiero oír estupideces, lo ordenas o serás tú quien reciba la paliza— sentenció furioso a la par que aceleraba el paso, no le faltaban las ganas para actuar él mismo en ese preciso instante. 

Las dos parejas de amigos seguían su recorrido, los primeros ignorando que los seguían muy de cerca, Azul estaba demasiado ocupada dándole ánimos a su amigo que se sentía desmayar, Cosy estaba que no la contaba, mientras tanto Lucían presionaba su mandíbula con fuerza cada vez que la veía sonreír y tirar de aquel hombre.

—Eso es cariño… eso es, lo estamos logrando, venga que se puede— Cosy animado por su Diosa no se rendía, seguía adelante a pesar que ya veía negro, al llegar al pasto sin esperar a nada se tiró en el, se sentía morir del cansancio, Azul carcajeó al ver a su amigo rojo y sudoroso, ese hombre la amaba, lo hacía todo por ella.

—For the love of sex mi Diosa… ni cuando tengo orgasmos me tiemblan las piernas de esta manera, creo que ni ver a Leonardo DiCaprio me aceleraría el corazón tanto así… te amo, te adoro con todo mi ser y mi perrerismo, pero creo que no haré esto nunca más— ella también estaba cansada, pensar en Gregory y en todo lo que le pasaba le consumían mucho energía. Azul se sentó al lado de su moribundo amigo.

—Sabes que tienes el cielo ganado— acarició el pecho de su amigo, este subía y bajaba con brusquedad, estaba muy agitado, eso le hizo sonreír —no sabes cuánto agradezco lo que Blanca y tú están haciendo por mí— Cosy se sentó cuando escuchó la voz de su amiga quebrarse, ya no quería verla llorar más, pero razón tenía, todo se le estaba estropeando de una manera impresionante —siento que si estuviera sola ya hubiera muerto del sufrimiento— se secó una lagrima que rodaba por su mejilla izquierda, su amigo la abrazó inmediatamente para el disgusto de Lucían que estaba justo más atrás escondido detrás de un árbol.

—Nada dura para siempre, veras que todo esto acabará pronto— besó su cabeza para tratar de tranquilizarla —sabes lo caprichosa que es la vida, tú solo sigue hacia adelante, no te dejes vencer— ella suspiró, era lo que hacía, pero por más que se esforzaba siempre salía algo más, era como si el mundo se hubiera puesto en su contra.

—Le romperé la cara— gruñó Lucían, comportándose como un niño tomó una pequeña piedra y la tiró dándole en la cabeza a Cosy, este se quejó por el pequeño golpe, tanto él como Azul miraron para todos lados, habían muchas personas y ninguna parecía haberlo hecho, Lucían se partía de la risa.

—Siempre caes más bajo por tus celos, no actúes como un crio— le regañó Rocco, pero Lucían estaba muy ocupado tirando cuantas piedras podía.

—Por el amor del sexo… me están apedreando por mis pecados— chilló Cosy al verse golpeado más de tres veces, Azul que buscaba sin descanso al responsable optó por levantarse y tirar de su amigo para seguir caminando, por lo menos ese juego infantil no le permitió ponerse triste como ya lo estaba haciendo.

—Vamos, no logro ver de dónde vienen y a mí no me han dado ninguna vez— su amigo se levantó con pies temblorosos y abrazándose de su amiga para no caer inició a caminar, eso a Lucían lo enojó más.

—Debí tirarle una puta roca— bramó furioso, Rocco rodó los ojos, su amigo estaba irreconocible, era como un niño caprichoso y muy celoso de su juguete.

—Te desconozco amigo, realmente desearía saber qué es lo que está pasando, ¿Por qué tan celoso y posesivo?— Lucían enarcó una ceja, su amigo estaba perdiendo la razón.

—Estás loco, nada de celos ni posesividad, simplemente estoy muy… muy… deseoso de cumplir mi propósito, ¿Has ordenado lo que te pedí?— Rocco dejando salir el aire inició a caminar para seguir a esos dos.

—Si… ya lo ordené, ahora vamos que los perdemos de vista y después te cagas en todo lo que puedes— él le siguió sin decir nada y sintiéndose impotente por verla en brazos de otro, para estas alturas ya ella le debía pertenecer, pero ahí estaba él siguiendo su perfecto plan para que nada fuera sospechoso.

Azul y Cosy tras despejarse volvieron a casa, debían salir a trabajar, hoy les tocaba hasta la madrugada y sería un día duro, era fin de semana y al parecer New York se estaba convirtiendo en las vegas, aquel lugar se llenaba demasiado y las fiestas privadas no faltaban, eso le hacía sentir mal, ya no cantaba y no podía sentir eso que sentía al cantar ante tantas personas, le llegó a rogar a su jefe, pero este se mantuvo firme y no la dejó volver al escenario, a ella no le quedó más que ver desde la barra y aplaudir emocionada cada vez que su ex compañero de tarima terminaba de cantar.

Lucían tras asesorarse de que su obsesión con ese idiota que desde luego le pagaría todo la furia que le hacía tomar llegaran a casa con bien, se va a su departamento, ya no lo soportaba más, realmente la quería tener para él, ya la tenía que tener en su cama, enamorándola de todo él.

—Me iré a dar la orden, los hombres actuarán esta misma noche, tu alístate, tenemos asuntos— Lucían asintió a lo que decía su amigo, el culo de Azul no salía de su cabeza, estaba tan bueno que provocaba follársela por su ano.

Tratando de dejar esos pensamientos se mete a la ducha para darse un baño de agua fría, lo necesitaba, estaba furioso por ver a su obsesión con aquel imbécil, quería matarlo con sus propias manos, ese hombre estaba suponiendo un problema que ya lo tenía bastante fastidiado. Al salir gruñó cuando se vio en compañía de esa mujer.

—¿Qué haces aquí?— preguntó en tono tajante, ella se movió de manera coqueta sobre la cama.

—Vine a despedirme, en 3 horas vuelvo a Rusia como tú me lo pediste— Lucían gruñó de la felicidad, finalmente se iría y lo dejaría en paz.

—Pues adiós— se sentó sobre el sofá aun mojado, la mujer sin pudor lo lujuriaba, estaba sexy con su cabello largo húmedo y con esas gotas de agua esparcidas por todo su cuerpo. Levantándose se arrodilló ante él.

—No puedes despedirte así de mí, tienes que atenderme y corresponderme, no lo olvides— a Lucían se le pasó por la cabeza miles de cosas, pero ninguna podía ser posible, con ella no podía ser el cabrón que era con todos, no en la manera física.

—Pues entonces chúpamela y despídete como se debe, aquí la que debe atenderme eres tú— le aclaró con mirada seria, ella por su parte sonrió ante la petición de él, le gustaba complacerlo siempre. Tomó su enorme erección y se la metió a la boca sin titubeos, estaba deseosa de él –mételo más, lo quiero ver todo en tu boca— él sonrió, era imposible, pero le hacía gracia verla esforzarse por complacerlo —eso es… mas…— le exigió ayudándole, al sentir como arqueaba la soltó.

—No deberías tratarme así— le reclamó molesta —no soy tu puta, no soy como esas otras mujeres con la que te acuestas— él sonrió como el patán que era.

—Cuando me tienes en la cama dándote duro hasta el punto de desmayarte no piensas lo mismo, ¿o sí?— ella sintió como su corazón falló un latido, lo amaba y él solo le trataba como a una basura —ahora sigue, quiero correrme en tu boca y ver cómo te lo tragas, y si te niegas…— chasqueó la lengua a la par que negaba —te castigaré de la mejor manera que conozco— la mujer ante esa sonrisa que le mostró solo asintió y obedeció la orden —eso es, quiero que gimas, quiero escuchar cómo te atragantas con mi polla— mientras ella le hacía sentir placer él disfrutaba sin más, para eso era lo único que serbia esa mujer, era estupenda haciendo esas felaciones —joder…— tembló por el disfrute, no lo podía negar, era morboso verla engullirse de esa manera su polla, estaba desesperada como siempre. Sus pensamientos directamente recrearon a Azul, aquello le excitó tanto que se corrió sin más en medio de un gruñido de placer, mantenía los ojos cerrados, quería seguir pensando en ella.

—Te has corrido muy rápido y no me has visto tragar— cuando escuchó esa voz abrió los ojos inmediatamente, maldijo mentalmente por haber salido de sus sueños.

—Pues has hecho un buen trabajo— se encogió de hombros sin darle mucha importancia, necesitaba a Azul cuanto antes, quería poseerla para que esa obsesión con ella se esfumara —ahora que estás servida puedes irte— la mujer frunció el cejo y se levantó molesta.

—Piensas quedarte en este país no sé por cuanto tiempo, no quieres que me quede contigo, ¿Y lo que haces es tratarme así antes de irme?— Lucían molesto por esa escena que nunca le permitía pero que ella insistía en hacer se levantó furioso, la tomó del pelo y la llevó a la cama, la acostó boca abajo y alzó el vestido que tenida, arrancó sus bragas y con su polla medio flácida la penetró por el ano, ella chilló al sentir aquella brusca invasión, él pensó inmediatamente en Azul, la excitación y el calor invadieron su cuerpo, era impresionante como solo pensar en esa mujer lo ponía.

—¿Es esto lo que quieres?— gruñó hundiéndose con fuerza, a ella se le iba el aire y la vida en cada empellón —¿Es esto lo que querías?— gritó esta vez exigiendo respuesta, al no tenerla la nalgueó con fuerza, quería castigarla como se debía, pero prefería follársela, dejarla adolorida y que se fuera de una vez por todas.

—Si… si…— gritó ella en respuesta, ser poseída por Lucían era sentir disfrute y dolor en partes iguales, eso lo hacían el amante perfecto —quiero más de eso— si algo sabia ella era que a él le enloquecía que pidieran más, pero Lucían no estaba por placer, estaba furioso por no poder deshacerse de ella.

—Sigue pidiendo— tiró con más fuerza de su pelo, por muy brusco que estaba siendo eso ella lo veía más morboso, le gustaba como él siempre dominaba, cada vez que la hacía suya con esa intensidad le hacía creer que había posibilidades de que él cambiara con ella y se decidiera a quererla —te has corrido— sonrió con burla y salió de ella, no le daría el placer de correrse en su interior, terminando con una masturbación se corrió en sus nalgas, aun la tenía por el pelo así que tiró de el y pegó su boca a su oído —quiero que te vayas y no vuelvas, yo me iré a Rusia después, si te veo aquí ni tu padre te salvará de mí— se apartó dejándola ahí.

—No lo entiendo— susurró ella incapaz de ponerse en pie por sus débiles piernas —me duele como me tratas— Lucían carcajeó, esa mujer era increíble.

—Cuando te metiste a mi cama y después fuiste corriendo con tu papi a contarle todo… eso no te dolió, ¡Me jugaste sucio Aliona! Por tu culpa tu padre me ha obligado a casarme contigo— estaba agitado molesto, nunca antes había tenido problemas por quitar una virginidad —me sedujiste por un maldito capricho que ahora estoy pagando caro— nunca debió meterse con la hija de su socio, fue el peor error que había tenido nunca en su vida, ella era una mujer de apenas 19 años, no le apetecía eso —ahora lárgate de aquí y te quedas en Rusia o hablaré con tu padre y te irá mucho peor, sabes que debes obedecerme, no lo olvides— ella con lágrimas en los ojos se arregló el vestido —mis hombres se asegurarán de que subas el jet, no quiero llamadas ni mensajes, si me doy cuenta que sales con tus amigas tú y yo arreglaremos a mi regreso— ríe —¿Qué lloras? ¿No me querías? Pues ahora me tienes— sin decir nada y sintiéndose dolida obedeció a lo que él decía, hacerlo enojar no era bueno, jamás la había golpeado fuera del sexo, pero su manera de ser dolía más que cualquier golpe físico.

Rocco que iba por su amigo para ir al hotel como siempre vio pasar a la prometida de su amigo llorando como siempre, negó al pensar lo que había sucedido, Lucían era un hombre frio y que jamás usaba su corazón, que ella le hubiera hecho esa jugada desde luego sola cavó su tumba.

—La he visto, ¿Quieres ir al hotel?— Lucían asintió, por alguna razón saber que se vengaría de Azul le ponía de mejor humor, quería verla para imaginársela a su merced —¿Estás seguro amigo? Sé que cuando te enfrentas a Aliona te pones de un humor terrible y no puedes actuar como un irracional, no en esta fase del plan— él dejó salir el aire por la boca.

—Tranquilo, todo está bajo control, venga vámonos— Rocco al ver la seguridad de su amigo asintió y se arregló el arma para que no se le viera.  

Los amigos cada uno envuelto en sus pensamientos salen del edificio para hacer lo que últimamente hacían, acosar a una mujer que no tenía ni idea de lo que estaba pasando a su alrededor.

—Diosa venga, debemos irnos— gritó Cosy arreglándose la camisa blanca del uniforme —no quieras que Lester nos quiera matar, últimamente está muy tenso el hombrecito— Azul sonrió, era cierto, su jefe estaba bastante raro, no le dejaba tiempo para nada.

—Estoy lista, ya podemos irnos— bolso en el hombre y arreglándose el corbatín se acercó a su amigo —venga vamos, hoy eso estará de loco como en toda la semana— los dos salieron del departamento de Azul y para la sorpresa de esta en la puerta había un aviso en rojo, ella lo tomó y al leerlo se llevó la mano a la boca.

—¿Qué es?— preguntó Cosy preocupado pensando lo peor, al ver que ella no reaccionaba le quitó el papel apresuradamente y lo leyó, al ver lo que era soltó el aire aliviado —¿Por qué no me habías dicho que estabas atrasada?— ella con manos temblorosas se arregló el pelo, era lo último que le faltaba quedar sin donde vivir.

—Solo es un mes, sabes que he tenido muchos gastos— las lágrimas se desbordaron de sus ojos —¿Qué haré Cosy? Sabes que no puedo pagar otra cosa y debo esperar hasta la quincena y si pago lo atrasado no podré cubrir los demás gastos y sabes que es lo más importante— él asintió, sabía muy bien la situación de su amiga, continuó leyendo el papel y al ver el plazo que le daban era ridículo.

—Esto es un juego, ahora mismo voy hablar con ese insensible— sentenció molesto, le estaban dando solo 3 días para pagarlo todo, eso no podía ser posible, Azul retuvo a su amigo, no podía dejarlo ir.

—No, no lo hagas Cosy, pueda que me eche hoy mismo— él suspiró y limpió las lágrimas de su amiga.

—Yo te prestaré el dinero, tengo una pasta ahorrada y servirá para esto— ella negó inmediatamente.

—No lo puedo aceptar, ese dinero es para tu coche, no puedo permitirlo, hablaré con Lester y le pediré que adelante mi paga— Cosy no hizo caso, que su amiga tuviera un techo donde estar era más importante que un auto, además apenas estaba iniciando y no era gran cosa.

Lucían como siempre lo observaba todo y le enervaba que ese imbécil siempre estuviera firme al lado de ella, cada cosa que le hacía sufrir él y la otra mujer estaban para darle fuerzas, eso se lo estaba complicando todo, no fue necesario oír la conversación para saber que la ayudará, tenía que actuar rápido. Al verlos bajar las escaleras abrazados él los siguió desde una distancia prudente.

—Vamos, esperémoslos en el lugar de siempre— Rocco al escuchar el tono de su amigo sabía que algo había salido mal con la movida, solo esperaba que no diera la orden para que no se cargaran al pobre hombre que no hacía más que ayudar a su amiga. Sin decirle nada de lo que pensaba se puso en marcha, al llegar unos minutos después vio salir a la chica de la mano con su amigo, los gruñidos de Lucían parecían interminables, por seguridad cerró todas las puertas desde su puesto, no se arriesgaría a que ese inconsciente hiciera algo estúpido —arranca de una puta vez, sabes que tenemos que llegar antes que ellos— ordenó con brusquedad, Rocco obedeció a la petición de su amigo, siempre era lo mismo, por un lado se alegraba de que ese plan a pesar que era bueno iba bastante lento. 

Una vez Azul y Cosy llegaron fueron recibidos por su amiga, Blanca que estaba emocionada y necesitaba contarles como la había pasado la noche anterior se acercó a ellos ignorando la situación por la que pasaba Azul.

—Ni les cuento mis amores…— chilló casi en gritos —ayer me la pasé fenomenal… y adivinen— movió los hombros con coquetería —hoy se repite la sesión de sexo candente en el jacuzzi, ¿No se molestan si me desaparezco hoy nuevamente verdad?— Blanca miró a sus amigos —Diosa, sabes que eres más importante que cualquier ligue.

—Eso, miéntete, tú deberías estar con ella no por ahí de zorripanta— le tiró en cara Cosy, era una zorra vieja y su calentura siempre le podía más.

—Cosy— le regañó Azul quien miraba sonriendo a su amiga —está bien, tú ve y disfruta, uno de los tres tiene que divertirse— le guiñó en complicidad a su amiga quien aliviada también correspondió la sonrisa.

—Mala amiga, calenturienta, zorripanta— Cosy miró mal a su amiga, ella alzó sus cejas y dibujando una sonrisa de cabrona se encogió de hombros.

—¿Muy enojado por quitarte al papucho de ayer? Pues querido… ya sabemos que en este juego solo hay un ganador y ahora me ha tocado a mí… así que— con el dedo índice se tocó la lengua y después se lo colocó en el hombro a su amigo —zzzzzz, que no te arda mi amor— con una sonrisa descarada y dejando a su amigo enojado y con cara de asco decidió irse, Azul sonrió, no entendía como esos dos podían ser amigos y tratarse así.

—Venga Cosy, vamos a trabajar o el jefe nos echa bronca— él asintiendo se dispone a trabajar, quería decirle a su amiga lo que estaba pasando con Azul, si no se lo contaba se iba a sentir, pero Azul le había dejado en claro que no dijera nada, lo que menos quería era tener a sus dos amigos preocupados. 

Lucían veía a esa mujer sonreírle a todos como si su vida fuera una maravilla, podía estar destrozada y de mala suerte, pero ella daba lo mejor de sí, cada vez que la veía sonreír su corazón se aceleraba, quería que aquella sonrisa solo se la diera a él, deseaba que solo se comportara de esa manera amable con él y nadie más. Deseoso de escuchar esa melodiosa voz que ella tenía dio la orden para que la dejaran subir al escenario, moría por escucharla.

—Listo, ya hablarán con ella, espero que no te pongas sensible como hace una semana— se burló Rocco de su amigo, aquella mujer lo ponía como loco sin proponérselo —estás jodido y eres el último en enterarse— sin querer ver el gesto furioso de su amigo prestó atención a las bellezas que pasaban de un lado al otro, ahora podían estar con más libertad, los tres amigos tenían prohibido salir de la barra.

—Azul, Blanca y Trevor acérquense— Cosy de malas ganas por escuchar su nombre tan fuerte sigue a sus amigas, su jefe podía ser un tonto en ocasiones —como saben es una fiesta privada y como siempre deben encargarse de todo, Blanca quedas a cargo de la barra, lo de siempre supervisar que tus compañeros sirvan bien los tragos y que no hayan quejas, Trevor… ya sabes debes estar ojo al cristo con todo, hoy estarás en medio de los clientes— le guiñó al verlo aplaudir, si algo le gustaba a Cosy era interactuar con los clientes —y tú Azul— suspiró —como antes, estás encargada del entretenimiento, lo que el cliente quiera escuchar debes hacer que lo toquen y canten— Azul entristeció el gesto, odiaba estar ahí y no poder cantar, Lester dio media vuelta para retirarse y antes de alejarse demasiado miró por sobre su hombro —y como siempre debes despedir tu noche con dos canciones— el corazón de Azul aleteaba como loco, cantaría, su jefe le había dado la oportunidad de pisar nuevamente el escenario, los tres amigos se abrazaron felices.

La hora de presentarse ante los clientes llegó, los tres ordenaron apagar la música cuando estaban en el escenario.

—Buenas noches estimados clientes— sonrió Cosy poniendo voz más seria, a Lucían se le revolvió las tripas al escucharlo, lo odiaba a muerte —mis compañeras y yo seremos los responsables de que su noche sea única y satisfactoria, ante nada nos presentaremos para que todo sea más fácil, quien se encargará de la barra y se asegurará de que sus copas no queden vacías será mi compañera Blanca, quien hará de su fiesta única con las canciones que usted elija será Azul, y el celeste que ven aquí— bromeó provocando risas generales, menos una, a esa persona le provocó más deseos de acabar con él —seré el encargado de su comodidad, cualquier consulta, cualquier inquietud en general pueden acercarse a mí, ahora les deseamos una buena noche y por supuesto una excelente estadía— tras hacer las presentaciones cada uno tomó su posición, Azul se olvidó por unos momentos de sus problemas, era feliz complaciendo a los clientes y por supuesto cantar una que otra canción con su ex compañero de tarima.

Lucían como la primera vez que la escuchó cantar su corazón se aceleró y el vello de su cuerpo se erizaba con cada nota que salía por la boca de esa mujer que era su obsesión, era maravillosa como siempre, aun no creía que lo había abandonado sin más después de prometerle que jamás lo dejaría solo.

La noche trascurrió y con ello el turno de los tres amigos terminó, Blanca que aún no sabía en el problema que estaba su amiga feliz se despidió y se fue con su ligue, aquel hombre era candente y un buen sexo siempre se repetía.

—Fue una estupenda noche— sonrió Azul después de un suspiro, todo estaba desolado, era lo malo de aquel turno.

—Sí que lo fue, hoy me divertí muchísimo— le dio la razón Cosy. Mientras los dos amigos caminaban por el desolado lugar los esperaban un poco más adelante, las ordenes de Lucían se debían cumplir o pagaban ellos, así de fácil —¡Oh, my God!— chilló Cosy al ver como tres hombres mucho más grande que él y musculosos se le atravesaron en el camino, su primera reacción fue poner a su amiga tras él —ponte tras de mí Diosa, no quiero que te lastimen— trató de poner voz gruesa, podía ser gay, pero defendería a su amiga a cualquier costo —es mejor que nos dejen en…— un puñetazo le calló la boca, Azul chilló horrorizada, su amigo había caído sentando por aquel golpe, estaba asustada, y nerviosa, temía que le hicieran daño, aquellos hombres sin decir palabra iniciaron a golpear a su amiga mientras uno de ellos la sujetaba y no le permitía interponerse.

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