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El secreto del jefe
El secreto del jefe
Author: KissTS

Toque a la puerta

Muchas veces sentí que el amor jamás iba a tocar en mi puerta, todas las personas a mi alrededor eran felices con sus parejas, mientras yo seguía viendo los días pasar, soltera. 

Hasta que un día el amor tocó la puerta de mi casa, literalmente. 

Recién había llegado del centro de la ciudad, el día estuvo muy lluvioso y como no lleve paraguas, llegué empapada a mi casa, me metí a la ducha para darme un corto baño y no resfriarme, pero a mitad de este la puerta de mi casa siendo golpeada repetidas veces me hizo terminar mi corto baño y salir a ver quien era el o la pesada que golpeaban. 

—¡Ya voy! — grité para que quien estuviera detrás de la puerta dejara de tocar. 

Al abrir, lo primero que ví fue a un hombre muy alto, de unos 28 años o quizás un poco menos, vestía un traje formal color azul oscuro, corbata negro y estaba empapado. 

Me cubrí un poco con mi toalla, no esperaba abrir mi puerta a semejante hombre, ahora me arrepentí mucho de mis fachas. 

—Disculpe molestarla a esta hora, pero mi carro se ha quedado varado a una cuadra, robaron mi teléfono y necesito llamar a alguien para que me ayude, ¿Puede usted dejarme utilizar su teléfono? 

Abrí y cerré mi boca repetidas veces. 

¿De dónde había salido este guapo hombre y porque hablaba como si fuera de otra época? 

—Perdone las molestias. 

El hombre dio media vuelta y comenzó a bajar los pocos escalones del pórtico de mi casa. 

—¡Espere! — el hombre dio media vuelta y me miró. — Claro que puede, solo me tomo desprevenida. 

El hombre sonrió agradecido y subió de nuevo, me hice a un lado para dejarlo pasar.

Señalé la pequeña mesa en donde estaba el teléfono. 

—Llame a quien necesite. — Asintió y tomó el teléfono, sus manos eran tan grandes que el teléfono por poco y desaparecía en una de ellas. 

 Corrí a la cocina a preparar un poco de chocolate caliente, lo escuchaba hablar con alguien pidiendo una grúa para su auto, me pidió la dirección de mi casa para ubicar a la persona con la que estuviera hablando, se la di sin ningún problema.

Mientras esperaba que el chocolate estuviera listo y escuchaba como el guapo hombre llamaba a alguien más, tome mi celular y entré al grupo de WhatsApp que tenía con mis amigas. 

“apuesto todo lo que quieran a que no saben que acaba de pasar” de inmediato la mayoría de mis amigas comenzaron a escribir. 

“¿Tuviste sexo fogoso con un extraño” Rei al leer a Romina. 

“¿Encontraste la cura para el cáncer?” Esa fue Jazmin, la doctora de Team.

“¿Encontraste la cura para la desnutrición infantil?” Y por último Olga, la maestra. 

“Aún no” 

“¡¿Aún no qué?!” preguntaron las tres. 

“Creo que el amor tocó a mi puerta” dejé de escribir cuando escuché pasos cerca de la cocina. 

—Muchas gracias ya he hecho todas las llamadas que necesitaba, es usted una mujer muy amable, digame cuanto debo pagarle por el favor. 

—No es nada, me gusta ayudar a las personas,

—Muchas gracias, de verdad. Yo me retiro de una vez. 

—Espere, estoy preparando chocolate caliente, con este frio le sentara muy bien. 

 —A un chocolate caliente no me puedo negar. 

Él se sentó en uno de los taburetes y quitó su saco, la camisa blanca y mojada se le pegaba al torso de una manera tan sensual, mis ojos no se separaron de allí por un momento.  

—Ehh, vuelvo en un momento. 

Salí de la cocina con mi celular y entré a mi habitación, salté del susto al ver mi reflejo en el espejo de cuerpo entero, mi cabello estaba hecho un nido y ni hablar de mi bata húmeda y muy vieja. 

—¿Porqué a mi? — solté un quejido. 

“¡No le abras a ningún extraño!” 

“Puede ser un ladrón” 

“Dios bendito, ¿Debo llamar a la policía?" 

Ignoré los mensajes de mis amigas mientras me cambiaba de ropa, él se veía muy presentable aún estando mojado y yo me veía como una pordiosera en mi propia casa, y aunque jamás me imaginé que el hombre más guapo del mundo tocaría a mi puerta, tednria que haberme preparado. 

Nah, a quién quiero mentirle, en mi casa era de todo menos presentable. 

Volví a la cocina con un conjunto de hacer deporte, no era nada "presentable" pero era cómodo. 

— ¿Cómo te llamas? — pregunté mientras apagaba el fogón y retiraba el chocolate de la estufa.

— Soy Jimmy, es un placer conocerla. 

— Isabel, igualmente Jimmy. 

Por un momento ví una pequeña sonrisa, coloqué un pocillo lleno de chocolate caliente frente a él. 

— Espero te guste. 

Lo ví dar el primer sorbo, sus ojos se abrieron con sorpresa. 

— ¡Está delicioso! — exclamó, su labio superior tenía un poco de chocolate. 

— Tienes chocolate… amm — señalé su labio, se limpió con la lengua.

Jadee al verlo, su rozada lengua recorrió sus perfectos labios de manera lenta limpiando todo rastro de chocolate, lami mis propios labios, eso fue lo más sexy que ví el día de hoy y fantasee con ser yo quien lamía esos gruesos labios. 

— Tiene que darme la receta, es el mejor chocolate caliente que he probado en mi vida, por favor, comparta ese secreto conmigo. 

— Solo con una condición Jimmy.

— Usted dirá.  

— No me trate de usted, me siento muy mayor usando recetas pareceré una anciana. 

Una ronca carcajada llegó a mis oídos. 

— Eres muy hermosa para ser una anciana y está bien, ahora por favor dime qué tiene de especial este chocolate. 

Sus codos se apoyaron en el mesón y su cuerpo se inclinó para estar más cerca al mío, su mirada era muy profunda, sentía derretirme ante él. 

— Yo le pongo un poco de amor, — su sonrisa ladeada me hizo sonreír — también le pongo un poco de canela y Maizena para que se haga más espeso, así me gusta y hay otro que no te lo diré, receta de la abuela. 

— Eres muy mala, algún día podré sacarte el secreto de la abuela. 

— Umm no creo que eso pase — ambos reímos. 

— Cuéntame un poco de ti, sé que eres una mujer muy amable y que le gusta ayudar a los hombres varados en medio de la lluvia, pero que más me puedes decir. 

— Eso sonó feo, — solté una pequeña carcajada. 

— Oh lo siento, no quise decir eso — me rei aún más fuerte. 

— No te preocupes, entiendo tu punto — un fuerte trueno se escuchó, me estremecí. — Ammm, pues, tengo 24 años, vivo sola, trabajaba como publicista para una empresa hasta hace dos semanas, hoy tuve una entrevista y mañana es mi primer día en una de las empresas más grandes de publicidad, de esas que hasta salen en televisión, tengo nervios, no te lo voy a negar, pero confío en mis capacidades y sé que impresionare con mi desempeño. 

— Te felicito, estoy seguro de que te irá muy bien, el hecho de que confíes en ti es primordial para un trabajo. 

— ¿Y qué me cuentas de ti? 

— Soy gerente de una pequeña empresa, nada divertido como lo tuyo, es monótono, aburrido, lleno de papeleo y cálculos. 

— Eso no suena muy bien — negué con mi cabeza, él me imitó. 

— No, pero me gusta, es un buen trabajo. 

— Eso es lo importante — escuchamos sonar la alarma de varios carros, me asomé a la ventana que daba a la calle, escuché sus pasos tras de mí. 

Al abrir las cortinas ví con horror como una fuerte ventisca azotaba los árboles, una rama había caído sobre dos autos y una tormenta de nieve comenzaba a caer. 

— Mmm creo que te tendrás que quedar más tiempo en mi casa, no podrán llevarse tu auto con esta tormenta. 

Suspiro detrás de mí. 

— Entonces espero que mi presencia no te incomode. 

Volvimos a la cocina a tomar un poco más de chocolate. Sería una noche muy larga. 

— ¿Vives por acá cerca? — negó con su cabeza — Entonces puedo saber a porque razón estabas por acá. 

— Tuve un día muy estresante, salí a recorrer las calles de la ciudad, fue acá en dónde mi carro decidió no funcionar más. 

— ¿Problemas en el trabajo? — pregunté curiosa, era una de mis mejores habilidades o defectos.

— Varios — asentí comprendiendo. 

— Tengo miedo de entrar a trabajar, no sé cómo vaya a ser el ambiente de trabajo, me da pánico, no quiero vivir estresada, amo mi carrera, no debería de ser difícil si me gusta, pero es un miedo que cargo cuando iniciaré un nuevo trabajo. 

— Es normal que tengas ese miedo, siempre dan miedo las cosas nuevas, solo espero que te puedas acostumbrar a ese lugar, algo estable nunca es malo.

— Gracias, yo también lo espero. 

Froté mis brazos, el frío había descendido mucho, me levanté y fui directo al regulador de temperatura para subir la calefacción. 

— ¿Estás bien? Yo no sentía frío, ahora sí que mucho calor — desabrochó su camisa dejando ver un poco de su pecho. 

— Soy muy friolenta, cualquier viento medio frío ya me hace temblar — reí un poco. 

— A mi me pasa es con el calor, medio siento que me asfixió y ya quiero que sea invierno nuevamente. 

— Y yo soy alérgica al frío. 

— Oh, eso es demasiado triste, me hubiera gustado conocer el Everest contigo — negué con miedo.

— Tu lo que quieres es matarme, ya me di cuenta — me sonrió pícaramente. 

— Si eso quisiera ya lo habría hecho — guiño uno de sus perfectos ojos, recogí mi cabello. 

— Creo que le subí demasiado a la temperatura, — comenté, al ver su expresión supe que mis palabras se habían malinterpretado. 

— Es que tienes mucha ropa — frunció los labios — Lo siento, no debí decir eso. 

— ¡No pasa nada! Siento que estoy hablando con un anciano a veces — lamió sus labios quitando un rastro de chocolate. 

— Soy muy joven — hizo un puchero.

— No me dijiste cuántos años tienes — tomé el último sorbo de mi chocolate caliente. 

— 26, bueno, ya casi cumplo 27 muy pronto. 

— ¿Te harán fiesta de cumpleaños? — negó con su cabeza. 

— Mi familia está lejos, no tengo muchos amigos acá así que no creo tener una fiesta, estoy seguro de que mi mejor amigo me llevará a alguna discoteca como todos los años — rodó sus ojos. 

— Ohh, si no quieres ir quizás puedas volver, no soy muy buena cocinando pero puedo hacerte un pastel.

Se quedó en silencio por un rato, mordí mi lengua, ya la había cagado, seguro él solo quería salir de mi casa y no volver a verme nunca más, rasqué una de mis cejas con incomodidad. 

— Me encantaría — lo miré sorprendida. 

— ¿En serio? 

— Claro que sí, hace mucho tiempo no me hacen un pastel de cumpleaños, me hace mucha ilusión, te prometo que ese día estaré acá.

— ¡Genial! ¿Y qué día es? — hice la pregunta más importante. 

— Mañana — abrí mi boca sin poder creelo. 

— ¡Tenemos que hacerlo hoy! 

— Te ayudo entonces. 

Abrí la despensa y comencé a buscar los ingredientes necesarios, agradecí el haber ido ayer de compras porque tenía todo lo necesario. 

— ¿Chocolate, vainilla, o alguna fruta? 

— Chocolate con fresas. 

— Me gusta, quedará delicioso. 

Puse en el mesón harina, huevos, leche, chocolate para derretir, varias fresas, esencia de vainilla, azúcar y polvo para hornear. 

Le fui indicando a Jimmy lo que tenía que hacer, lo puse a revolver los ingredientes en polvo primero mientras yo derretia el chocolate ya que necesitaba más atención para no quemarse. 

Cuando mire a Jimmy lo ví con su camisa, brazos y una de sus mejillas llenas de harina.

— ¿Tuviste una guerra sin mi? — soltó una carcajada viéndose en el reflejo de una cuchara. 

— No preguntes cómo pasó porque ni yo mismo lo sé. 

— No lo haré — acerqué mi mano a su mejilla y limpie la harina de allí. 

— Gracias. 

Sonreí y seguí batiendo suavemente el chocolate, escuchaba la respiración agitada de Jimmy lo que me causaba demasiada risa, él se veía atlético pero amasar lo estaba agitando demasiado. 

— ¿Es acaso eso un trabajo muy duro para tu hombría? 

— Por favor, mira cómo lo hago de bien. 

— Estás sudando. 

— Si bueno, créeme que no es por estar amasando — enarque una de mis cejas. 

— ¿Entonces por qué es? — solo guiño un ojo y no dijo nada. 

Agregué mi mezcla a la harina y ambos comenzamos a batir, Jimmy tenía su pecho casi que apoyado en mi espalda, podía escuchar y sentir su respiración, mis movimientos comenzaron a ser torpes, Jimmy colocó su mano sobre la mía y comenzó a batir con suavidad, su nariz rozaba mi mejilla suavemente. 

Cuando ya estaba la mezcla bien batida y no había excusa de seguir en esa posición, metí la mezcla en el recipiente para meter al horno. 

Ya lo había recalentado así que, Jimmy con seguridad metió el pastel al horno, cerró la puerta y el tiempo comenzó a contar. 

— En unos 20 minutos lo tenemos listo. 

Crujió su cuello y sus hombros, eran tan anchos, la camisa se pegaba tanto a su cuerpo, lo miré de arriba hacia abajo, me supera por al menos dos cabezas o un poco más, fui consciente de que mis ojos se dirigían hacia zonas indebidas de su cuerpo, cuando lo miré, me dí cuenta de que sus ojos también estaban perdidos en mi cuerpo, lamió su labio inferior mirando mi pecho, solté un suspiro que me salió del alma y hasta me sorprendió a mi. 

— Feliz cumpleaños, — beso mis labios.

— Gracias.

Luego apagó el horno para que la torta no se quemara y mientras yo pensaba en todo lo sucedido hacia pocos minutos, porque nunca me imaginé que me acostaría con un extraño que había tocado a la puerta de mi casa, y no estaba preparada para lo que pasaría los siguientes días.

Comments (1)
goodnovel comment avatar
Mishell Angeline
Ella si sabe dar buenos regalos de cumpleaños jajajaja
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