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CAPÍTULO 3

Estaba perdida. En definitiva, lo estaba. Tenía al menos cinco minutos caminando por los pasillos sin rumbo. No podía encontrar el salón de la clase de historia. En todo este tiempo todos me veían como un bicho raro, y era lógico, ya que nunca antes me habían visto por aquí. Tenía la mirada en el pequeño mapa que me dio Jonathan, pero la verdad era difícil de entender.

—¡Maldición! —Me detuve molesta e irritada.

Era mi primer día y ya perdería la primera clase.

Volví a caminar con la mirada puesta en el mapa, hasta que choqué con alguien. Ambos caímos sentados sobre el suelo.

—¡¿Te podrías fijar?! —le chillé.

—Lo siento —se disculpó una chica algo blanca de ojos negros—. Es que voy tarde a historia y no te vi.

—¿Historia?

—Sí —respondió confusa.

—Es que estoy perdida y no sé cómo llegar a esa clase.

—¿La clase B?

—Sí. —Revisé mis horarios.

Se presentó como Madison y me comentó que ella se dirigía a esa misma clase.

—Es aquí. —Miré por la ventana de vidrio de la puerta; la clase había comenzado. Rechiné mis dientes por los nervios. Era mi primer día y llegaba tarde—. Ay, no, ya comenzó la clase —musitó preocupada y le dio la espalda a la puerta.

—No es para tanto —expresé sin importancia, aunque por dentro estaba igual o peor que ella.

—Díganme, señoritas, ¿estas son horas de llegar a clases? —preguntó una voz masculina detrás de nosotras.

Nos giramos sin darnos cuenta de que el profesor había salido. Era un hombre de unos cuarenta años. Nos observaba molesto.

—Señorita Madison. —Miró a la chica que estaba a mi lado.

—Lo siento, profesor, yo…

—No busque excusas cuando no es la primera vez que llega tarde. Le advierto que si vuelve a llegar tarde será castigada.

Madison solo asintió y entró al salón.

Pude ver que la mayoría de las miradas que se posaban sobre ella eran despectivas.

—¿Y usted es? —me inquirió el profesor mirándome.

—Soy Aurora Black.

—Ah, la chica nueva —dijo sin asombro—. Lo mismo va para usted; si vuelve a llegar tarde a mi clase estará castigada —advirtió y me dejó pasar.

—Sí, profesor.

Al solo dar el primer paso, todos me vieron. No con curiosidad, sino con burla. Escuché sus murmullos; hablaban de mi apariencia de gorda y que se notaba que era una ridícula sin gusto a la moda. Podía jurar que mi cara ardía al sentirme inferior por sus comentarios. Levanté mi vista y miré que había un lugar vacío al lado de Madison en los últimos asientos, así que tomé ese lugar.

—Como les decía…

El profesor prosiguió con la clase, donde hablaba sobre la historia de los lobos y de algunas familias, una de ellas era la familia Silver. No sabía por qué, pero me llamó mucho la atención el tema.

Después de una hora y media, el timbre nos avisó que la clase había terminado. Ni siquiera me di cuenta de que el tiempo pasó tan rápido.

La chica con la que choqué por accidente era muy simpática.

Madi, como ella me pidió que le llamara, me dijo que ya tenía su mate, pero estaba en último año.

Ambas nos dirigimos hacia la siguiente clase, que era aritmética.

—Vaya, vaya, pero mira nada más, así que tenemos una nueva —habló una rubia frente a nosotras, bloqueándonos el paso.

Era mayor que yo.

Se notaba que era pedante y arrogante, sin mencionar que tenía pinta de zorra por su manera de vestir y por su maquillaje excesivo.

—¿Te puedes quitar de mi camino? —pedí fastidiada.

—Cuidado con cómo te diriges a la próxima luna de Red Moon —espetó una de las amigas de la rubia

—¿Luna? —repetí con sorpresa—. ¡¿En serio esta es una luna?!

Empecé a carcajearme por lo que acababa de escuchar.

«¿Es en serio? Pero si se nota que esta pobre ilusa ni sabe lo que significa ser luna».

—B-Buen chiste —articulé tratando de parar mi risa.

—¿Cuál es el chiste, gorda? —cuestionó más enfadada por burlarme.

—Perdón, ya…

—Ahórrate tus disculpas, cerda.

—Tranquila con tus insultos, zorra. Ahora dame permiso, que tengo cosas más importantes que hacer. No puedo perder mi tiempo hablando con “personas” que no les ajustó el dinero para comprar más tela para su ropa. —Las miré de arriba abajo.

Empecé a escuchar las risas de los estudiantes que estaban a nuestro alrededor ante el comentario que había hecho. A la rubia no le agradó para nada.

—¡¿Quién te crees para hablarme así?! ¡Más te vale respetarme como tu futura luna! —Alzó su voz furiosa.

—Disculpa, pero, para empezar, no soy de esta manada para decir que eres mi luna. Además, me estás quitando mi tiempo y llegaré tarde a clases de nuevo.

Todos observaban con atención lo que ocurría, pero yo decidí dejarlo hasta ahí, ya que no quería más problemas. Sin embargo, al parecer, la rubia no estaba de acuerdo conmigo

 —No te he dado permiso para irte. —Me tomó del cabello y lo jaló con fuerza. Mi cabeza ardió.

—¡Maldita zorra, suéltame! —me quejé al sentir el ardor en mi cuero cabelludo.

Agarré la mano con la cual sostenía mi cabello para darme la vuelta y quedar frente a ella y así golpear su nariz. Me soltó, se quejó y tocó su nariz. Al ver sangre en la punta de sus dedos, gritó histérica para después mirarme colérica.

—¡Maldita gorda, esta no te la acabas!

Se lanzó sobre mí mientras trataba de golpear mi rostro, pero no tuvo éxito. Lo que sí logró fue patear mi estómago. Me incliné a causa del aire que me había sacado.

—Des-Desgraciada —murmuré a duras penas. Entretanto, tomé bocanadas de aire.

Esto no se iba a quedar así.

Le hice lo mismo que ella; pateé su estómago, haciéndola caer de rodillas.

Acunó con sus manos su abdomen.

—Vamos. —Sujeté la mano de Madi para salir de ahí.

Corrimos por varios minutos, mejor dicho, huimos de la rubia. Madi y yo nos mantuvimos ocultas, lo que nos hizo perder la clase de aritmética, todo por culpa de esas estúpidas zorras. Ahora no solo me buscaban a mí, sino también a Madi por mi culpa.

Cuando entré a la siguiente clase, noté que todo estaba tranquilo, pero cuando sonara el timbre debíamos salir pronto, antes de que llegaran a este salón a buscarnos.

—¿Estás bien?

—Sí, solo preocupada por esas…

—No debiste haberla golpeado —reprochó.

—¿Por qué? No me iba a dejar humillar de esa estúpida.

—Pero esa estúpida es Amber y es la que calienta la cama del alfa de esta manada.

—Ahora entiendo por qué se cree superior.

—Solo espero que no llegue a oídos del alfa, sino estaremos en problemas.

—No lo creo, ya que sería problemático si en verdad fuera su luna.

Le pedí a Madi no hablar más del tema, ya que quería olvidar que estaba en problemas.

Cuando llegué al estacionamiento del instituto, suspiré aliviada al ver que afuera no había nadie y me iría a casa sin problemas. Cuando vi el auto de Jonathan estacionarse afuera con Cris en el auto, me despedí de Madi. Ella se marchó al ver a un chico parado cerca del bosque. Se tomaron de la mano y se adentraron al bosque.

«Y pensar que yo estuve esperando a mi mate tanto tiempo para que me sacara de aquel infierno».

Me di la vuelta para ir al auto de mi padre, pero grande fue mi sorpresa al ver a Amber y a sus amigas bloqueándome el paso.

—Ni creas que te irás así de fácil.        

—¡¿Es en serio?! —exclamé con asombro al ver que aún me seguía.

—A estúpidas como tú debemos enseñarles cuál es lugar —sentenció cabreada.

—¿Y quién lo hará? No me digas que tú —dije con burla.

—Enseguida dejarás de sonreír.

Sus ojos se volvieron amarillos, indicándome que estaba dispuesta a transformarse.

«Pero ¿qué le pasa a esta? ¿Tanto me persigue por la pelea de la mañana?».

Empezó a caminar hacia donde me encontraba. Por instinto, retrocedí a medida que se acercaba. Sin verlo venir, golpeó mi rostro. Caí acostada en el suelo. No me percaté de que ella se acercó lo suficiente a mí como para golpearme.

—¿Ahora sí sabes cuál es tu lugar? —Se rio en compañía de sus amigas por mi expresión de dolor.

Las tres se reían de mí mientras me miraban tendida en el suelo.

Me sentí frustrada, de modo que la ira invadió mi cuerpo. Me levanté y corrí hacia ella para golpear con fuerza de nuevo su nariz. Pude jurar que escuché cómo se quebró cuando acerté mi golpe. Retrocedió y empezó a gritar a causa del gran sangrado que salía de sus fosas nasales. Y no es porque fuera cobarde, pero con mucha prisa tomé mis cosas y corrí hacia el auto. Cris y Jonathan me veían serios. Era por lo que pasó hacía unos segundos. Después de unos segundos de mirarme, encendió el auto y nos alejó del edificio.

—Por favor, no mencionen nada de esto a su madre —nos pidió Jonathan para mantener en secreto lo que ocurrió y para no alterar a Jazmín, pues ella iría a buscar problemas con Red Moon para que no volviera a suceder lo que pasó.

Sin embargo, de algo estaba segura: esa zorra me buscaría mañana.

—¿Acaso el alfa de Red Moon no tiene luna?

—No, aún no la encuentra —respondió mientras detenía el auto frente a nuestra casa.

Dominick Collins era un hombre mayor, pero parecía de veinte. No le importaba levantar la mano contra una mujer. Quizás esa zorra era su mate, o eso es lo que Jonathan me dijo.

Al entrar, saludé a Jazmín, luego subí y entré a mi habitación. Me lancé sobre mi cama cómoda y disfruté de su suavidad. Tenía que hacer algunas tareas que eran para mañana, pero antes tomaría un baño en la tina con mucha espuma para relajarme y tomar una siesta. Desde que salí de aquel infierno, tomaba muchas duchas largas y me dormía. Ya era una costumbre que no podía quitarme.

Al caer la noche, Jonathan nos había informado durante la cena que tendría que tomar su puesto de alfa en Dark Moon porque ya había llegado su momento y que teníamos una hora para preparar nuestras cosas.

Ya pasó ese lapso de tiempo.

—Charlotte, es hora irnos. —Jazmín abrió la puerta.

Tomé lo más importante de mis cosas y observé por última vez la habitación para luego salir de ella junto a Jazmín.

No sabía cómo era Dark Moon, así que le pregunté a Jonathan. Él nos narró en el camino que su manada era la segunda más fuerte y que la tercera era Red Moon. Además, nos comentó que sus territorios y los de Red Moon estaban cerca.

—Con razón esa rubia se daba aires de realeza —murmuré.

—¿Qué cosa? —preguntó Jazmín curiosa por mi comentario.

—No, nada —respondí de inmediato.

Jonathan me miró por el retrovisor del auto al ver que casi metía la pata por hablar en voz alta.

Después de dos horas, llegamos a un gran portón de acero que poseía las iniciales de la manada, D y M. Uno de los guardias, cuando vio a Jonathan, se inclinó en reverencia para luego abrir el portón. El chillido de los grandes portones al abrirse alertó a los pobladores más cercanos que había visitas, por lo que empezaron a salir de sus casas para ver quiénes entraban.

En todo el trayecto había muchas cabañas pequeñas para cada familia. Poblaban una gran parte del bosque al cual habíamos entrado.

Al llegar a nuestro destino, observé la gran casa. Era de la familia de Jonathan. Asimismo, era más grande que todas las demás. Tendrían que unir seis casas de las que vi hacía unos minutos para poder tener el mismo tamaño que esta.

—Es enorme —opiné con asombro.

Era de dos niveles, pero era muy ancha y larga.

—Es cierto —susurró Cris igual de asombrado.

Él tampoco jamás vino aquí. Su familia era la que nos visitaba en la pequeña casa en la que vivíamos.

Un hombre más joven que Jonathan nos recibió. Ambos conversaban muy alegres.

—Ya las habitaciones de mis sobrinos están listas —informó el hermano de Jonathan mientras lo seguíamos detrás.

Él nos guio hasta nuestras habitaciones. Pudimos notar desde afuera que la habitación de Cris estaba decorada en tonos azules y rojos. Él entró antes que nosotros y azotó la puerta en nuestras narices, encerrándose en ella.

—Bien, parece que sí le gustó —comentó el hermano de Jonathan al ver la puerta cerrada—. ¿Quieres conocer tu cuarto? —se dirigió a mí.

—Claro.

Le seguí.

Me llevó hasta el final del corredor para luego abrir una puerta violeta. Mis ojos se abrieron de la sorpresa al ver la habitación. Era más grande; tenía decoraciones que me fascinaron mucho.

—Disfrútala. —Cerró la puerta.

Observé toda la habitación. Detallé su color y su decoración con fondos violetas y negros. Me recosté en la cama y miré el techo. Era tan cómoda que sentía mis ojos pesados, así que poco a poco los empecé a cerrar.

Estaba de brazos cruzados viendo por la ventana los árboles del bosque. Estaba molesta. Había decidido no ir a clases, pero Jonathan me obligó a ir.

—Charlotte, no puedes ignorarme cuando te hablo —reprendió.

—Me obligas a ir cuando sabes que estoy en problemas —mascullé.

—Escucha —detuvo el auto frente al instituto. Cris salió y nos dejó solos—, debes aprender a resolver tus propios problemas, no a huir de ellos —aconsejó.

—Es fácil para ustedes decirlo.

—Hija, recuerda que eres especial. Lo que sea que te digan los demás que te haga sentirte inferior no importa. Ignóralos, porque no saben que tú eres la hija de un alfa.

—De acuerdo. —Le sonreí, ya que siempre encontraba la forma para que yo me despojara de mi enojo.

—Nos vemos en casa.

—Está bien. —Me despedí al saber que no vendría por nosotros, pues tenía que arreglar todo para la ceremonia de traspaso, que era esta noche.

Sabía que ellos me querían a su manera, pero su concejo no me ayudaría en lo absoluto a quitarme de encima a esa rubia.

Cuando entré a las instalaciones, Madi me saludó con una sonrisa. Era mi único consuelo en ese lugar.

—¿Terminaste la investigación sobre Star Moon? —indagó mientras nos dirigíamos a la clase de historia.

—Sí, anoche antes de mudarme la hice.

—¿Adónde te mudaste?

—Me mudé a… —Estaba tan metida en nuestra conversación que no me di cuenta de que había alguien frente a mí. Cuando chocamos, me hizo caer sentada sobre el piso—. Eso sí dolió —me quejé por el impacto al caerme.

Miré a Madi; ella no dejaba de temblar. Tenía su atención fija en alguien. Enfoqué mi vista en lo que ella miraba. Mi cuerpo reaccionó de una forma muy extraña al verlo y más al oír su voz.

—Así que eres tú la nueva.

Mi cuerpo se estremeció al escuchar su voz de nuevo.

Ahora me arrepentía de haber venido.

Comments (1)
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Emilis Villa
Que es una buena historia y deja mucho de un mensaje profundo
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