Capítulo 2 - El día que conocí a Ares Daniels AKA el sexy psicoanalista.

Mientras lo observo platicar con esas chicas, me llega el recuerdo del día que lo conocí hace dos años, esa tarde acababa de recibir el mejor sexo oral que me habían practicado en mucho tiempo, fue tan intenso y divino, que con tan solo pensarlo siento como mi sangre empieza a hervir y me siento húmeda, no puedo evitar pensar cómo hubiese sido ese momento si en vez de ese chico hubiese sido él. Ni siquiera sé porqué me sonrojo tan solo de pensarlo. 

Ese día estaba sentada en la cafetería de la facultad conversando con unas chicas que iniciaron la maestría en el mismo grupo que yo, uno de los chicos del grupo al que ya conocía, se acercó a mí con una excusa que era tan tonta que ni recuerdo exactamente de qué se trataba, es algo usual en los chicos, mi belleza los atrae hacia mi, pero sus excusas son tan banales que a veces me causan risa. Luego de unos instantes hablando conmigo se despide de mí y se marcha, yo vuelvo a mi charla con las chicas sobre créditos y asignaturas, al cabo de unos instantes el chico me llama a mi movil y me pide que nos encontremos en el parqueo subterráneo, no sabía exactamente que quería, pero lo imaginaba y decidí ir a ver, sus excusas eran tontas, pero él aún así seguía siendo muy sexy.

Al llegar, entro a su carro y me siento en el asiento copiloto, él empieza a hablar algunas tonterías que no vienen al caso, realmente nunca hemos tenido muchas cosas de las que hablar, y para ser honesta sentí que estaba nervioso y eso me molestaba un poco, así que fui un poco cortante con él y le sugerí que fuera al grano, realmente estaba aburrida y él lo notó, unos breves instantes vuelve a despedirse al darse cuenta de que no le estaba prestando atención a sus palabras, yo tan solo observaba sus labios carnosos y sensuales moverse una y otra vez, no podía evitar pensar cómo se sentirían esos labios en mi vagina, así que cuando volvió a despedirse por tercera ocasión, lo tomé de la mano y le pedí que me hiciera sexo oral, al principio él se negó, siendo el chico puritano que es no me sorprendía en lo absoluto, así que para seducirlo me pasé al asiento trasero, me levanté el vestido que llevaba puesto y me quite la ropa interior.

  • ¿Estás loca? - Me dijo nervioso, mientras miraba a todos lados. - Estos cristales no son tan oscuros y nos pueden ver, aparte hay cámaras de seguridad. - 

No me importaban las cámaras ni que nos vieran, aparte estaba un poco oscuro, estaba cayendo la noche, y yo estaba sumamente caliente, deseaba tanto sentir sus labios y su lengua dentro de mí, lo necesitaba, el momento era perfecto, así que le arroje la ropa interior a la cara, luego abrí las piernas un poco, introduje mis dedos en mi boca de una manera sensual y un tanto provocativa para humedecerlos, y unos instantes después los introduje despacio en mi vagina, mientras gemía lo miraba directamente a los ojos, haciéndole ver el fuego en mi mirada, me mantuve así por un momento hasta que él decidió ceder un poco y se fue acercando, luego de eso ya estaba atrapado y no había vuelta atrás, yo misma coloqué su cabeza entre mis piernas y él empezó a hacer lo suyo hasta que culminé en su labios y su lengua, en ese instante él empezó a desabrochar su pantalón y desajustar su correa, pero yo no quería nada más de él, así que tomé mi ropa interior y me bajé del carro. Él se quedó viéndome sorprendido y dijo: 

- Me siento usado. - Su cara era un poema, no pude evitar sonreír.

- No te sientas mal querido, me picaba y me rascaste, tan solo fue eso. - Le dije. - Y de seguro era lo que andabas buscando. -

Luego me coloqué la ropa interior y salí corriendo de regreso a la cafetería, tan solo pude escucharlo gritar la palabra zorra. Al llegar al edificio me senté en la escalera de la entrada a respirar, los tacones me estaban matando por haber corrido con ellos puestos, aunque probablemente lo que me estaba matando era el haber escuchado que por primera vez un hombre me había llamado zorra, empecé a llorar, ni siquiera recuerdo realmente el porqué, quizás había dentro de mí varias cosas acumuladas y todas empezaron a salir en ese momento. 

No me había percatado, pero cerca de mi estaba Ares Daniels, estaba sentado dos escalones más arriba, fumaba un cigarrillo como acostumbraba justo antes de entrar a clases. Al darme cuenta de su presencia agacho la cabeza y miró hacia el piso, pero eso no evitó que él se acercará, pues él desciende y se sienta a mi lado, sonríe con una amplia y hermosa sonrisa, no pude evitar mirarlo, sus ojos son hipnotizantes, su mirada penetrante, su sonrisa encantadora. 

  • ¿Qué tal? - Preguntó, supuse que no había notado mis lágrimas, tal vez si lo había hecho y por eso se acercó. 

  • ¡Perfecto! - Le respondí, mientras ocultaba mi rostro haciendo una cascada con mi larga cabellera negra. - ¿Y tú qué tal? -

Él se acercó un poco más, luego colocó su mano en mi hombro, e insinuó rápidamente que las cosas no parecían marchar perfectamente, levanté la cabeza y recogí mi cabello en una coleta, sus profundos ojos marrones me miraban como si quisieran ver más allá de la superficie.  

  • ¿Qué? - Le dije, mientras me alejaba un poco. 

  • ¿Qué te pasa? - Insistió.

  • ¡Ya que tanto insistes en saber! - Le digo mientras me giro hacia él para darle un boche fino, pero al mirarlo terminé diciéndole - Acaban de hacerme el mejor sexo oral desde hace mucho tiempo y sin embargo estoy aquí llorando como una tonta frente a un desconocido, debo estar cerca de mis días. -

  • ¿Quieres decir que las mujeres tan solo lloran cuando están en sus días? - Dijo mientras levantaba sus manos para hacer las comillas al aire al decir la frase “cuando están en sus días”.

  • Las lágrimas son para los débiles, y a nosotras las mujeres las hormonas nos juegan chueco - Le dije.

  • Las lágrimas me indican que eres humana - Me respondió Ares, y no pude evitar sonreír. - Es bueno saber que eres diferente a lo que dicen las revistas sociales. -

Las revistas sociales siempre me catalogan como una chica dura y directa, que parece no tener sentimientos, tan dura como una roca, y yo siempre me he creído esas cosas, pero Ares desde entonces ha hecho tambalear todas estas ideas. 

Justo ahí empezó nuestra amistad, o lo que sea que tengamos, él es mi Pepito Grillo desde entonces, y no solo porque intenta psicoanalizarme cada vez que puede, sino porque siempre de alguna manera tiene la razón, es como si me conociera más que yo misma. 

Ares Daniels es tan seguro de sí mismo, tan sexy y tan hermoso, tan claro e inmenso como el mismo océano, tan profundo e intenso que podría perderme en él, pero yo no lo veo como a los demás, por alguna extraña manera no lo hago, y él tampoco me ve como los demás me ven. Ares Daniels es el único hombre inmune a mi belleza y encanto, él parece verme más allá de lo físico, parece ser el único hombre al que le importa saber quién es realmente Afrodita Greek, es como si tocara mi alma cada vez que me ve y en el proceso descubriera siempre algo nuevo de mi, y eso me da miedo, debo recordar siempre las palabras de mi madre y de mi abuela: “Enamorarte de un hombre será tu perdición”. 

Desde hace dos años llevamos una especie de amistad donde a pesar de que hago todo lo contrario a lo que siempre dice, él me da consejos que no le pido, pero luego les cuento más de lo vivido en esos dos años, ahora mismo tengo que presentar mi tesis. 

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