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CAPITULO 2

Capítulo 2

Entro a una oficina muy elegante. Muy bien decorada. Algo exagerado para mí gusto. Colores oscuros por todos lados. Y muebles muy sofisticados

– Señorita Villarroel tome asiento por favor – me dice la hermosa mujer dándome la mano. Ojos intensos. Labios pintados de rojos. Lentes y cabello rubio. Una falda que me pregunto cómo respira con eso. Y una camisa con un escote muy pronunciado. Y ni hablar de los tacones.

Trago grueso al tomar asiento

– Soy la jefa de recursos humanos del bufete de abogados Di Francesco. Mi nombre Victoria Mateo – dice. Mientras me mira de arriba abajo. Deteniéndose en mis pequeños zapatos. Y su lazo decorativo

– Hola mi nombre es Laura Villarroel – logro decir de los nerviosa.  

– Bien. Señorita está aquí por el puesto de secretaria para Damiano ¿verdad?

– Si claro – ¿Damiano? No sé quién es Damiano. Pero sea quien sea. Necesito este trabajo

– Pues bien, el de secretaria está cubierto – dice mirando unos papeles en su mano – Pero Damiano necesita una asistente personal ¿le interesa? – me mira por encima de sus gafas y yo no tardó en responder

– Claro, claro, si me interesa – no me importa el puesto solo quiero un trabajo y aquí mucho mejor. Y Damiano debe ser el señor di Francesco

– bien, no trabajaras todos los días. Solo cuando Damiano este en el bufete

– Tengo una pregunta – la mujer me mira como queriéndome decir que no hay lugar para preguntas al menos de mi parte. Y me reprendo por ser tan imprudente pero ya no hay vuelta atrás. Así que pregunto – Yo comenzare la universidad la semana próxima ¿se adaptará el trabajo a mi horario de estudio?

– Si señorita. Claro. Como ya dije solo vendrá cuando Damiano esté aquí. Este bufete tiene convenio con muchas universidades del país. Así que tenemos muchos estudiantes trabajando en este lugar – no hago más que asentir a todo lo que me dice. Creo que a la mujer no le gusta que la interrumpan. Así que no lo hago más por mi bien

–Usted se encargará de pasar todo lo que la secretaria tenga que decir. Ella no tendrá contacto con él. Solo usted

 – entiendo. Muchas gracias

– no es nada señorita Villarroel. Deje su información personal con la secretaria y nosotros le llamaremos

– muchas gracias. Adiós –

Doy mi información a la secretaria y Salgo de allí rogando a que me llamen y me den el trabajo.

Llego casa. Y Fiorela ya se está preparando para hacer la cena.

– Y bien – dice. Mientras saca unas cosas de la nevera y yo dejo mis llaves y mi bolso en la mesita de la entrada. Y luego tomo asiento en la barra de desayuno

Le conté todo lo de mi entrevista. Y que al final dijeron que me llamarían

– Te llamaran nadie es más inteligente. Ordenada. Y disciplinada que tu – dice señalándome con su copa de vino tinto

–Fiorela de verdad muchas gracias. Pero se necesita mucho más. Que ser inteligente. Ordenada y disciplinada para trabajar en ese lugar. Las mujeres que trabajan ahí parecen sacadas de una revista. Es como si las pidieran por encargo. Además, la mujer que me atendió me dio a entender que hay muchos chichos en las mimas condiciones que yo deseando conseguir un trabajo ahí. Así que mejor no me hago muchas esperanzas

 – Laura. No importa si no te dan ese trabajo. Lo importante es que ya estamos aquí. Y vamos a lograr lo que soñamos juntas. Y estoy casi segura. Que ninguna de esos maniquís que viste hoy. Cuentan, aunque sea con la cuarta parte de la inteligencia que tú tienes. Así que lo que aremos ahora. Es comer la horrible cena que preparare para ambas y sentarnos a ver películas ochenteras – le sonrió. Y asiento emocionada. No muy mucho Fiorela cocina horrible

Oh Fiorela como te amo. No estaría en esto si no fuera por ti.     

Mientras Cénanos hablamos de cómo había ido nuestro primer día en roma. Y nos vimos un gran maratón de películas de los ochenta comiendo galletas de miel y helado de cerezas mi favorito.

Al día siguiente Fiorela y yo decidimos pasear por la cuidad y conocer.

Fuimos lugares maravillosos y la comida ara aún mejor. Todo era especial. Paseamos en bicicleta por roma. Casi hago el ridículo. No soy nada buena en ese de los deportes. He deseado toda mi vida. Viajar él en tiempo para conocer al idiota que se le ocurrió inventar los deportes y patearles las bolas. ¿En qué diablos pensaba? No lo sé. Pero de lo que si estoy segura es que de que no pensaba en las personas como yo. Que solo somos buenos en leer y pasar desapercibidos. No para andar en carreras de cien metros planos. O tirando un balón en un hoyo.

Comprarnos también algunas cosas para la universidad. Y comida para la casa. No hemos tenido mucho tiempo. Y así se fue nuestro día. Entre risas y paseos.

Al llegar a casa cenamos y pasamos una noche muy agradable. Nuevamente películas y helado. Fiorela y yo podríamos hacer eso todas las noches y jamás nos cansaríamos.

Al día siguiente Fiorela tenía que ir por su horario a la universidad y a una entrevista de trabajo en una editorial. Ella estudia literatura. Y su papa también tiene un conocido en la editorial. Fiorela me enseño los mejores libros. Y me convirtió en una amante de la literatura. Ambas pasamos tardes y noches enteras leyendo. Las obras de charles Dickens. Y muchos autores más.

Me quede sola en casa. Así que aprovecho de acomodar un poco y ordenar todo lo que he traído. Mi closet no es la gran cosa. Pero tengo la suficiente ropa como para ordenarla. Me doy cuenta de que no he traído muchos tacones. Solo un par o dos creo… es lo que he visto hasta ahora. Solo los uso para ocasiones muy especiales. La madre de Fiorela me enseñó a caminar con ellos

 – si me llaman para el trabajo tendré que comprar más tacones. No seré la enana de ese lugar –

Ya con todo listo preparo el almuerzo. Para que cuando llegue Fiorela de hacer sus cosas ya esté todo listo.

Si hay algo de lo que debo gloriarme en este miserable mundo y de mi precaria existencia. Es que soy muy buena cocinado. Preparo un pollo con vegetales al horno. Con puré de papas. Y arroz.

 Cuando escucho la puerta abrirse. Pego un salto de la cocina directo a ella.

– Y bien que tal como fue todo – le pregunto.

– Pues… bien ejem me dieron el trabajo – dice con una gran sonrisa.

– Qué bueno Fiorela esto hay que celebrarlo – digo mientras le doy un abrazo

– Y a ti que tal ya te llamaron del bufete – pregunta. Mientras saca de la nevera. Un jugo

– No todavía nada, pero de igual forma buscare. Trabajo. No sé en una cafetería o un restaurante o una biblioteca. Quizás. Es solo que este trabajo era el indicado para mi carrera – digo encogiéndome de hombros. La verdad es que quiero ese trabajo

–Laura. Tranquila. Yo de verdad lo siento

– Fiorela no tienes. Nada que sentir. Ya tu familia y tú han hecho bastante por mí. Así basta ya de drama. ¡Y a celebrar tú nuevo trabajo! –

No quiero que Fiorela se sienta mal. Y tampoco quiero que llame a sus padres. Es suficiente con tenerme aquí sin pagar nada. Saco de la nevera. Una botella de vino barato. Y dos copas. Yo no tomo. Pero esta vez brindare con Fiorela. Pero con jugo de uvas. Mismo color. Misma fruta. Pero sin alcohol.

Brindamos y cenamos hablando; sobre cómo había sido su entrevista y de lo bien que había ido.

Es viernes. No hay nada que hacer. así que nos quedamos en casa viendo películas y escribiendo a nuestras familias que ya estamos bien.

Salimos a almorzar a un restaurante que está cerca de casa. Algo modesto. Pero muy lindo. Y la comida deliciosa. Y mientras tomábamos el postre. sonó mi celular

<< Por favor que sea del bufete>>repetí el mantra en mi cabeza. Antes de contestar

Hola buenas tardes

Si buena tardes señorita Laura Villarroel

Si ella habla

Soy victoria mateo jefa de recursos humanos del bufete de abogados Di Francesco. La llamo para decirle que el lunes. Empieza con su nuevo trabajo. Como asistente personal del señor Di Francesco

Me dice. La ardiente jefa de recursos humanos

Me quede callada como dos segundos procesando lo que me dice. Y al fin tomo aire y digo.

Eh si claro el lunes estaré allá – le respondo con la voz un poco entrecortada por la emoción

Bien señorita mi secretaria le enviara el resto de la información por correo buenas tardes 

Ok gracias buenas tardes

–Y bien ¿quién era? – pregunta Fiorela

– Del bufete ¡tengo el trabajo! – le digo extrañada pero también emocionada. La verdad no creí que me lo fueran a dar.

– Bien sabía que ese trabajo era tuyo a celebrar – dice como niña emocionada

Una parte de mi no se lo cree y tiene los brazos cruzados y el ceño fruncido dudando si es cierto lo del trabajo. Pero la otra parte está dando salto y haciendo acrobacias de la emoción.

Al llegar a casa abro el correo. Volando como una fleca. Tengo un correo que dice

Para: Laura Villarroel

De: Bufete de abogados Di Francesco y Asociados

Asunto: papeleo requerido. Para comienzo del trabajo

Señorita Laura Villarroel esta es la información que precisamos para poder ingresarla al sistema de datos de la empresa:

Dirección de su residencia

Números de teléfonos

Pasaporte ya que usted es extranjera junto con sus respectivas visas de estudios y trabajo

Y horario de sus clases para poder crear sus horas de trabajo 

Por favor envíelos a la brevedad posible y muchas gracias de antemano

Di Francesco y Asociados

Envío todo lo que me piden. Y al instante recibo la respuesta

Para: Laura Villarroel

De: Bufete de abogados Di Francesco y Asociados

Asunto: papeleo requerido. Para comienzo del trabajo

Señorita Villarroel. Muchas gracias por su colaboración.

La esperamos el lunes a la 1:30 pm

Di Francesco y Asociados

Este día no pudo ser mejor. Tengo el trabajo. Mi beca. Mi mejor amiga. ¡Dios! y un montón de sueños por cumplir. Me voy a la cama con algo llamado esperanza y felicidad. En mi pecho. Una sonrisa en mis labios. Algo que no había sentido en mucho tiempo.

El lunes por la mañana me levanto con las emociones. Al máximo. Y revueltas. Emoción. Alegría. Miedo. Nervios. Todas en una sola.

Desayuno junto con Fiorela. Un desayuno rápido. Fiorela tiene que irse a su trabajo. Entra mucho más temprano que yo.

– buena suerte amiga. Es tu hora de comerte al mundo – me dice Fiorela antes de irse al trabajo y dándome un gran abrazo.

Camino a mi cuarto. Abro mi pequeño closet. Un vestido color verde botella que es pegado hasta la cintura. Con plises hasta la mitad de la rodilla. Mangas tres cuartos. No necesitaría una chaqueta. Saco también unas botas negras de tacón no muy altas. Abro el cajón de ropa interior saco un sujetador negro y unas bragas negras. Medias negras de pierna completa. Solo espero que no sea mucho. Aunque por cómo se viste la mujer de recursos humanos yo parezco monja.

Me doy una ducha. Me visto al ritmo de Dean Martin. Recojo mi cabello en una cola alta. Y me maquillé un poco. Como siempre. Tomo mi abrigo negro de botones que me tapa toda. Dejando solo al descubierto los zapatos y las medias negras. Mi cartera mi celular mi Tablet y Salgo de casa. Todavía hace frio en roma. Así que para no morir de una pulmonía en mi primer día de trabajo. Un Abrigo.

Al llegar al bufete me presento en recepción. Y esta vez ya no voy al tercer piso de recursos humanos. Si no al último piso. Donde me espera Victoria Mateo la ardiente jefa de recursos humanos para indicarme mi lugar de trabajo.

– Hola buenas tardes – dice al verme. Para luego darse vuelta y contonear las caderas de lado a lado. Al ritmo de los tacones que lleva

– Hola – suelto. Nerviosa detrás de ella. Tratando de seguirle el paso

– Bien Damiano no está. Llegará dentro de poco. Tu oficina está dentro de su oficina. Es un pequeño anexo que tiene su propia puerta. Es muy bonita de hecho – me dice abriendo la puerta de la oficina.

Una oficina hermosa. E intimidante a la vez. Todo es muy hermoso. Tiene una gran mesa de madera en centro. Y unas bibliotecas a los lados y gran sillón de cuero y justo detrás del escritorio. Un ventanal que da para ver toda la cuidad. Tiene también hermosos cuadros de pintores reconocidos, también tiene un toque moderno. Y alfombras persas rojas. Que hacen juego con la madera de las bibliotecas y la del gran escritorio

Cuando dejo de admirar todo. Me percato de una pequeña puerta justo al lado de unas de las bibliotecas. Y Victoria está de pie al lado de ella. Hoy lleva un vestido azul. Con el que tampoco creo que pueda respirar. Y como hace para mantener ese abdomen tan plano 

 – bien aquí es – dice abriendo la puerta

Es una oficina pequeña. Pero suficiente para mí. Un escritorio de madera muy lindo unos cajones que combinaban con las paredes. Color marfil. Y una bonita lámpara en el techo. Un computador y un teléfono. Unas hermosas ventanas que dan para mirar también la cuidad. Me gusta este pequeño agujero.

Solo tengo que ponerle algo mio. Unas fotografías. Unos lindos cuadros. Y unas hermosas flores y eso será todo para que sea perfecto.

La voz de Victoria aparece para sacarme de mis pensamientos. Y comienza a explicarme mi trabajo

– Bien, Los días que tengas clases trabajaras desde la 1:30 hasta las 6:00 de la tarde y los días que no tengas, Trabajaras desde las 8:30 de la mañana hasta 4:30 de la tarde. La hora del almuerzo y fines de semana libres; a Damiano no le gusta tener mucho contacto con las secretarias. Así que para eso estás tú aquí. Le mantendrás informado de todo. Sus reuniones, Juntas Y eventos, eventos a los que tú como su asistente personal tendrás que acompañarlo, para que mientras él se encarga de la prensa y los temas sociales. Tú te encargues de apuntar números y agendar reuniones importantes

<<Que arrogante no querer tratar mucho con las secretarias. ¿Que tienen? Lepra o algo así >>

<<y que confianza la de ella al llamarlo Damiano >>

 – bueno dejándolo todo ya en claro. Te dejo par que te instales y te comuniques con la secretaria. Para que te de las citas y pautas de hoy

– está bien muchas gracias –

Se despide con algo de fastidio. De seguro a entrevistado a muchas. Y ya está cansada. Quién sabe. Antes de cerrar la puerta se voltea y dice

 – Damiano vendrá dentro de cinco minutos ten todo listo

 – ok está bien –

Cuelgo mi abrigo de un perchero que estaba al lado de la puerta. Y me siento en mi escritorio. Cuando me dispongo llamar a la secretaria. Suena el teléfono.

¿Hola? 

Hola soy la secretaria del señor Di Francesco ya te envié las citas y pautas de hoy solo tienes que imprimirlas 

A ok muchas gracias ya me disponía a llamarte para pedírtelas, pero gracias por enviarlas

De nada ya el señor Di Francesco llego 

 Gracias

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