Una Mente Bipolar
Una Mente Bipolar
Author: Emig Paz
Cuando Todo Parecía Llegar a Su Fin

“Padre nuestro haz que pase sobre mí esta copa pero no como yo diga sino como tú lo órdenes”, balbuceaba Marito arrodillado frente a uno de los bordos de su cama y repitiendo las mismas palabras con que Jesús de Nazaret se dirigía en oración a Dios en la noche de su prendimiento.

            Marito llevaba una semana en vigilia obligatoria, era imposible para él conciliar el sueño, los problemas con el comité estudiantil por la huelga desatada tres semanas atrás lo tenían a lo sumo preocupado, andaba buscando la forma de encontrar una salida diplomática donde todos salieran ganando en el conflicto entre estudiantes y maestros, esa noche había estado hablando con una amiga sobre la perfección humana, -Dios diseñó al hombre y la mujer perfectos, por lo tanto uno tiene la obligación ontológica de ser y actuar a imagen y semejanza de nuestro diseñador, si bien es cierto que esta característica especial se perdió por el pecado de los primeros padres uno puede lograrlo a través de la autocrítica y reflexión misma que debemos comenzar a realizar en los procesos políticos-, expuso a su  amiga, ella inconsciente explotó en carcajadas, -estás loco-, dijo, -la naturaleza humana es imperfecta, todos nos equivocamos por diferentes razones, el problema per se no es equivocarse sino la incapacidad manifiesta de superar el error cometido-, replicó reflexiva la amiga, él bajo la cabeza, sin mediar palabras se retiró silbando una canción sin forma al tiempo que recordaba las indicaciones del divino maestro “sed perfectos como vuestro padre es perfecto”; llegó a su casa, eran algo más de las diecinueve horas, no quiso seguir hablando con nadie y se retiró a su habitación con la intención de conciliar el sueño aquella noche. Las ideas comenzaron a deslizarse por su cerebro como salidas de un manantial de ilusiones, dando a los problemas acumulados una proyección multidimensional, convino que la única forma de resolver cada conflicto era a través del amor, pero ese amor infinitesimal capaz de sentir hasta por la especie más insignificante de la humanidad, así podían llegar a un acuerdo en su comunidad estudiantil, solucionar los problemas de su barrio, de la ciudad, del país, de la humanidad entera; era la transformación de la vida misma por el amor, la caída del reino de los cielos como Jesucristo lo había prometido; era aquello la finalización de la maldad enraizada y la suplantación de un nuevo orden de cosas; gruesas gotas de sudor recorrieron su cuerpo entero, tembloroso se incorporó de su lecho para postrarse de rodillas a elevar la misma oración del nazareno, sintió un fuerte escalofrío y sus piernas temblaron, Marito no podía resistir más, aquello era el fin del mundo, un fuerte ventarrón sopló alrededor de la casa alimentando esas creencias; salió alarmado de la habitación para tocar la puerta de los dormitorios de sus progenitores y hermanos, -levántense, ya estamos ante el fin del mundo y es hora de arrepentirse-, repetía en voz alta; el padre apareció en el umbral de la puerta, tras él la madre, -¿qué está pasando muchacho, mira como es la medianoche?-, preguntó el papá asustado, -Dios ha hablado conmigo; me ha dicho que estamos en las puertas del fin del mundo es hora de arrepentirse y girar nuestros corazones hacia él-, explicó Marito en tono profético, -¿Has estado durmiendo bien en los últimos días o has tenido alguna pesadilla?-, interrogó el padre de nuevo, uno de los hermanos apareció en la puerta del dormitorio donde había encendido la luz, -tú arrepiéntete de las malas acciones que has cometido en esta vida, escucha los árboles cómo rugen ante la eminente llegada del fin-, exhortó Marito exaltado, el hermano retrocedió con extrañeza, un fuerte ventarrón comenzó a soplar entre los árboles amenazando con barrer lo encontrado a su paso, -allí está, es él que con voz de trueno y trompeta de arcángel está arribando para hacer justicia a los desposeídos, bien dijo Jesús en su Sermón de la Montaña: “bienaventurados los pobres porque de ellos es el reino de los cielos”-, el padre lo miraba con sonrisa de preocupación dibujada en el rostro, la madre mantenía las manos juntas en actitud religiosa contra su mentón, -tómate una pastilla para calmar tus nervios, estas muy alterado hijo-,dijo el papá antes de ir a traer un relajante a su dormitorio. Marito obedeció para chantajear e invitarlos a salir a poder contemplar la medianoche en todo su esplendor. Padres e hijos salieron a la solitaria  calle, el cielo estaba cubierto de negros nubarrones, el viento dejaba escapar fuertes silbidos por algunos momentos, un par de vecinos estaban levantados tratando de averiguar lo que ocurría en casa de Marito; -este es el final de los tiempos que se ha hecho presente a partir de esta noche, no tarda en aparecer el salvador tal y como está escrito: “he aquí que viene entre las nubes y todo ojo le verá, hasta los que le traspasaron dirán amén-, exclamó Marito levantando las manos al cielo, -es un gran huracán el que está azotando esta pequeña ciudad pero el epicentro debe de estar en otro sitio pues no se ve tan tupido de nubes el cielo-, advirtió contrito uno de los vecinos cruzando entre sí ambas brazos, -no, no amigo, tú y yo sabemos cuáles son las señales del fin, juntos hemos ido a la iglesia, hemos escuchado al pastor y leído las santas escrituras al mismo tiempo-, recriminó Marito, el vecino movió la cabeza en gesto afirmativo, nubes negras con matices blancas iban de un lado hacia otro a lo largo del cielo, en cada una de ellas Marito esperaba descubrir la imagen del hijo del hombre en su esplendor y gloria tal como lo había prometido a sus discípulos; los minutos caían uno tras otro acercándose a la madrugada en aquella calle del populoso barrio donde vivía con su familia; todos se miraban a la cara en la penumbra nocturna tratando de descubrir las intenciones ocultas en sus corazones,-vámonos a dormir ya pasa de la medianoche, parece que hemos estado inmersos en una pesadilla-, invitó el padre de Marito, -eso es-, dijo el vecino para luego agregar: -el cielo comienza a limpiarse cualquier amenaza de lluvia se ha disipado-; Marito los miró con los ojos bien abiertos sabiendo él la verdad absoluta sobre lo que se tejía más allá del firmamento, empero había insistido demasiado esa medianoche, un poco de sueño había caído en su mirada y decidió acompañarlos hasta la cama a esperar el amanecer que debía traer un mundo nuevo.

            La luz del día estaba por llegar en su totalidad cuando se incorporó de la cama, había tenido un sueño demasiado ligero sin lograr llegar a la plenitud del subconsciente. Sus padres estaban en la cocina, él sentado mirando los movimientos de su mujer con la cara marcada por el desconcierto o la preocupación; -lograste dormir bien-, preguntó el padre restregándose los ojos; -sí, claro pareciera que todo ha sido una pesadilla oscura-, respondió Marito dispuesto a tomar un café que ofrecía la madre, -¿vas a ir al colegio hoy?-, interrogó ella, -desde luego tenemos muchas tareas que cumplir este día-, dijo él, -compórtate bien y camina por la senda correcta, encomienda siempre tus pasos al Creador-, aconsejó el padre; Marito terminó su taza de café, fue a darse un ligero baño y se vistió con su uniforme colegial, asombrado miró las demacradas facciones de su rostro y sus ojos punzantes brillando como el fuego, “deben ser por la presencia en mí del espíritu del Altísimo”, arguyó para sí mismo, agarró su mochila y salió a la calle a esperar el autobús para su colegio, las calles lucían remojadas por el sereno caído durante el transito nocturno.

            Subió al bus escolar, había permanecido aislado del grupo de pasajeros en espera, a medida que avanzaba por el pasillo de la unidad de transporte miraba en la cara de cada persona un mensaje diferente, los árboles se movían con el soplar del viento traído de algún lugar celestial, Marito fue a sentarse junto al orientador del colegio, -siento tener una misión especial en esta vida, profesor-, dijo en tono suave; -desde luego cada uno de nosotros debe tener una misión y una visión en la vida de  lo contrario la misma carecería de sentido-, reaccionó el orientador, -de acuerdo, pero la mía va más allá que la de un simple mortal, he sentido que la sociedad me ha visto como poca cosa y a veces tachado de homosexual en forma errónea, muy bien dicen las Sagradas Escrituras “porque a lo más bajo y vil escogió Dios para avergonzar a los más sabios de este mundo”-, arguyó Marito. El orientador lo miró extrañado, una mirada mezclada de duda y temor a la que Marito no quiso responder pero tampoco pasó desapercibida, -hasta cierto punto ha habido una mala percepción sobre ti-, dijo el orientador, -nunca he creído que seas gay o que llegues a envolverte con otro de tu mismo género, también sé que eres muy inteligente con una visión amplia del mundo a tal grado de involucrarte en movimientos políticos revolucionarios en contraposición a tus creencias religiosas-, acotó el orientador; Marito agradeció los buenos conceptos emitidos, miró a través de las ventanas del autobús contemplando cómo una  ligera llovizna caía sobre la faz de la tierra, ¿sería aquella otra señal del final de los tiempos o sólo era un temporal común en esa época del año en la región?, esa interrogante era imposible de responder para el propio Marito mejor la dejaría al correr del tiempo y sus circunstancias; el autobús corrió por el tramo carretero hasta llegar al colegio donde cursaba el último año de bachillerato, los jóvenes salieron uno a uno en fila india, Marito esperó a que todos abandonara la unidad incluyendo al orientador para hacerlo él, “porque en verdad os digo que en el reino de los cielos los últimos serán primeros y los primeros serán  los últimos”, resonó una extraña voz en su cerebro.

            Caminó directo a  su aula de clase ubicada en el tercer nivel, el día lucía gris contribuyendo a la pintura de su paisaje interior, colocó su mochila en uno de los últimos pupitres como era costumbre suya, de repente el corazón comenzó a latir de prisa amenazando con salirse y gritar al mundo lo que estaba por ocurrir, salió casi corriendo por los pasillos de la institución en busca de las oficinas administrativas, -necesito hablar con una radioemisora internacional-, expresó al orientador al encontrarlo en la puerta de las oficinas de secretaría, el hombre lo miró de reojo con cara de asustado sin lograr comprender de lo que el rebelde alumno era capaz de hacer,-habla con el director para que te preste el teléfono-,logró decir entre dientes; -¿lograron ustedes arreglar su situación laboral?-, preguntó Marito a una de las secretarias, -en definitiva, no, los problemas siguen, de hecho mi compañera ya abandonó sus labores profesionales por un despido definitivo-, respondió la secretaria, -no os preocupéis que el fin de este sistema de cosas se acerca, sólo volved vuestro corazón a nuestro Dios-, aconsejó Marito dispuesto a entrar en la oficina del director; la secretaria soltó una carcajada burlesca; él la ignoró convencido de estar en lo correcto, -necesito que me preste el teléfono para anunciar al país y al mundo entero de la eminente llegada del fin del mundo este día-, solicitó Marito al director del colegio, el hombre explotó en fuertes carcajadas dejándose caer sobre el sillón de su escritorio, -no puedo creer que un chico como tú mantenga esas ideas-, dijo entre risas, Marito evitó dejarse apabullar, caminó hasta la mesa de esquina y agarró el teléfono entre sus manos, -¿Cuál es el número telefónico de la radio nacional?-, preguntó al director con el corazón en la punta de sus dedos; -lo desconozco-, dijo el hombre ya sosegado con una extraña expresión en su rostro; ante la negativa decidió marcar el número de una emisora local, un atento locutor contestó al otro lado del auricular poniéndose a las órdenes, -sólo llamó para informar a la humanidad por este medio de que el fin del mundo ha llegado, en unos momentos los montes caerán y los océanos se desbordarán invadiendo la tierra firme-, dijo con voz segura, el locutor permaneció en silencio, esperó a que terminara de hablar y colgó; “el mundo ya sabe que está llegando a su fin”, pensó Marito colocando el teléfono en la mesa donde estaba.

            Salió de la oficina apresurado sintiendo haberse liberado de una terrible carga emocional, todos sus compañeros estaban en las aulas de clases, los pasillos lucían lúgubres y solitarios, en las afueras del edificio caía una ligera llovizna movida en diferentes direcciones por el viento; llegó al salón de clases, sus compañeros de curso estaban en la clase de Historia Universal, él, educado, pidió permiso y fue a sentarse en su pupitre, -te noto extraño, cadavérico y asustadizo-, dijo la compañera de al lado mientras el profesor asignaba un trabajo en grupo, Marito miró afuera del ventanal, los árboles se movían para ambos lados azotados por un fuerte vendaval,-van a suceder eventos inimaginables, he visto y me he dado cuenta de muchas cosas y tengo miedo de que alguien atente contra mi vida-, confesó Marito con el corazón en la lengua latiendo a toda prisa, -siempre te he dicho que no te involucres en conflictos políticos de ninguna índole, eres inteligente y no necesitas de nadie para salir adelante, en esos grupos cada quien busca lo suyo, y mira ahora el lío que tienes-, dijo la compañera, el profesor dio por finalizada la clase con el trabajo grupal; Marito fue a la cancha de baloncesto seguido de un grupo de compañeros, algunos miembros del movimiento estudiantil, algunos otros compañeros fueron llegando; ya era un pregón en toda la institución que Marito andaba anunciando el fin del mundo, y para colmo hablaba de brindar conferencias en medios de comunicación internacionales. Marito se sentó en uno de los muros laterales de la cancha, la llovizna había desaparecido, el día seguía gris y airoso; uno de los estudiantes preguntó sobre la influencia de los planetas en la vida de los seres humanos, -eso es visible basta ver la influencia de la luna en las mareas o la luz del sol en los procesos fotosintéticos-, respondió él entre risas, en esos instantes  llegó el profesor de Sociología y asesor político del frente estudiantil, quien estuvo observando la conducta del nuevo apocalíptico surgido en la institución educativa, -tú estás viviendo una crisis existencial severa, Marito -dijo-, controla tus emociones, por favor, mira como tu situación puede ser utilizada por los adversarios en nuestra contra; entiende, sólo es un problema psíquico el que atraviesas-, concluyó el profesor preocupado en gran manera; aquellas frases impactaron a Marito, en pocas palabras le había llamado desquiciado mental, bajó la cabeza y se restregó los ojos,-si gustas vamos donde el doctor amigo del movimiento para que hables con él y pueda explicarte algunas cuestiones relacionadas con el mundo metafísico-, invitó el profesor; el presidente y otro compañero del frente estudiantil se ofrecieron acompañarlo donde el galeno.

            Subieron a un Pick up azul doble cabina propiedad del profesor de Sociología; la llovizna había comenzado a caer de nuevo, los árboles lucían tristes y decaídos movidos con lentitud por el viento, el portero del centro educativo abrió el portón expresándoles buenos deseos,-una de las grandes satisfacciones del trabajo político es contar con el aprecio de los de abajo y saber que luchamos por ellos-, dijo el presidente del frente, Marito entró en un profundo mutismo contagiando a sus compañeros, el conductor del vehículo encendió la radio sintonizando una emisora de música clásica en inglés, “Massachusetts”, de los Bee Gees, sonaba en aquellos momentos, la pequeña ciudad lucía un poco solitaria mostrando esa impresión dejada de antigua población colonial.

            Llegaron a la clínica del doctor. La encargada dijo que el galeno estaba en el hospital atendiendo su turno, debía esperarlo porque allá con seguridad ya se habían agotado los cupos, Marito permanecía ausente contemplando el panorama presentado ante su mirada más con la mente puesta en el final de los tiempos, en la catástrofe final que daría paso inmediato a un nuevo mundo donde la humanidad entera sobreviviente viviría en hermandad colaborándose en forma mutua, con la total ausencia de la propiedad privada y del dinero como medio de intercambio, una sociedad parecida a la del socialismo utópico de Thomas Moro o como mejor lo explicara el profesor de Sociología, una sociedad perfecta sin luchas de clases, con relaciones de producción horizontales y un modo de producción equitativo con la única diferencia que con un gobierno político dirigido por el todopoderoso señor de los ejércitos Jehová Dios, fuera de ese régimen teocrático cualquier intento humano sería fallido por mucho que explicaran o gritaran los bolcheviques, los intelectuales de la teología de la liberación o cualquier otro movimiento  vinculado a la izquierda mundial.

            Regresaron a la clínica cerca de las tres de la tarde Marito había logrado controlarse o al menos reprimía sus emociones, habían permanecido en casa del compañero miembro del frente identificado como el macizo, el presidente del frente estudiantil había estado junto a ellos, necesitaba ver el desenlace de su amigo y camarada, Marito se mantuvo tirado boca arriba en la cama de un dormitorio de la amplia casa de dos plantas,-cuéntame, ¿qué ha estado pasando contigo Marito?-, dijo en gesto amigable el doctor jugando a ser siquiatra, -sólo siento estar en las puertas del fin del mundo, el reino de los cielos solicitado en el padrenuestro está por caer, puedo sentirlo en cada movimiento de los árboles y en cada mirada de los humanos-, respondió Marito saliendo del letargo síquico en que estaba sumido, el doctor sonrió malicioso contemplando la cara demacrada del joven,-¿ha estado durmiendo bien?-, preguntó, -no, no he podido conciliar el sueño durante la última semana, es allí donde los ángeles del creador han llegado anunciarme las grandes maravillas ocultas para el resto de los mortales-, respondió Marito,-luego, ¿escuchas voces?-,indagó el doctor mirándolo de reojo, -desde luego-, dijo Marito, -¿Qué dicen esas voces?-, volvió a preguntar el doctor, -mencionan mi nombre, me lo han dicho al oído y otras verdades que no las puedo decir en este momento-, respondió él, -yo soy tu amigo y compañero de ideales-, recalcó el doctor, -¿qué edad tienes Marito?-, -dieciocho por cumplir diecinueve-, declaró él, -¿tienes novia?-, insistió el doctor,-no, por el momento-, dijo Marito, -¿por qué no tienes novia?, eres un tipo atractivo e intelectual?-, inquirió el doctor, -en realidad no estoy preparado para ello, ni tengo tiempo, tú sabes, los estudios más mis actividades políticas en el frente-, respondió certero Marito, -déjame decirte que estas atravesando un síndrome psicótico asociado a una crisis existencial quizá originada por tus ideas políticas en contubernio con algunas ideas religiosas preconcebidas con anterioridad, necesitamos sedarte pues no has estado durmiendo bien, de momento voy a recetarte un medicamento que te induzca al sueño y mañana te quiero ver a las nueve de la mañana en el hospital general para realizarte un examen general y aplicarte la medicina indicada que ameritas-, dijo el doctor al tiempo que se disponía a escribir sobre un recetario; Marito agarró sumiso la receta ofrecida, estrechó la mano tendida de su médico camarada y salió a la sala de espera donde estaban sus compañeros del frente estudiantil esperándole ansiosos.

            Los tres jóvenes caminaron hasta al carro Pick up azul propiedad del profesor de Sociología después de haber pasado por la farmacia comprando el medicamento recetado, sin decir palabras subieron y comenzaron la ruta hasta la pequeña ciudad donde vivía con su familia Marito, -¿vas a regresar mañana donde el doctor?-, preguntó el presidente del frente, -sí, me recetó estas pastillas para que pueda conciliar el sueño esta noche y duerma-, dijo Marito, -¿y es que en definitiva no puedes dormir, no puedes dejar la mente en blanco sin idea alguna?-, interrogó el macizo, -no, recordad que se debe permanecer despierto el señor viene como ladrón en la noche y quien duerma perecerá-, respondió Marito, los compañeros sonrieron sin quererlo; la tarde estaba cayendo fría con alguna neblina envuelta entre los árboles formando cadenas hasta llegar a las montañas, la carretera húmeda se perdía en un zigzag entre  cerros y pequeñas colinas dormidas aún por la pequeñas lloviznas de ese día.

            Marito bajó del Pick up azul parqueado frente a su casa, sus padres tenían la cara larga debido a la preocupación y el desconcierto, -nos has tenido con el alma en vilo de la preocupación hijo-, dijo el padre con la voz quebrantada, -todo se arreglará-, prometió Marito en forma lacónica sin dejar de caminar directo a su dormitorio, los compañeros del frente estudiantil levantaron las manos para saludar a la familia sin bajar del carro, con sus rostros entristecidos arrancaron dando la vuelta para regresar a la ciudad vecina donde con seguridad los esperaba el profesor de Sociología preocupado por los nuevos ataques por recibir con este episodio psíquico de uno de sus pupilos.  

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