Ghoul
Ghoul
Author: Rodriguez L
INTRODUCCIÓN

Blake despertó rodeado de gritos y sollozos que le erizaron la piel. Hubiera reconocido la voz a kilómetros de distancia, era la misma que solía cantarle por las noches cuando él era un niño y ahora, en plena adolescencia, lo aconsejaba sobre cómo ser un buen hombre con las mujeres: su madre. La única persona en todo el mundo por la que entregaría su vida sin dudar.

Asustado, saltó de la vieja cama que rechinó al instante, y se lanzó hacia la puerta. Corrió tan rápido como pudo hasta el lugar del que provenían los gritos y entonces la vio: forcejeando con su padre, más bien enroscada a su cuerpo, tratando de impedir que se moviera.

—Mamá, ¿qué haces?

Ella lo miró con sus brillantes ojos verdes, tan intensos que parecían irreales, y él supo que algo andaba mal. Mucho.

—¡Corre, Blake, vete!

—¿Qué…?

—¡Vete, ahora, antes de que vengan por ti!

El corazón de Blake dio un vuelco dentro de su pecho. ¿Quiénes irían por él y por qué tenía qué huir? Esto no tenía sentido.

—¡Vete, Blake, vete!

Tenía que hacerlo, lo sabía; pero sus piernas no se movieron. ¿Cómo irse dejando a su madre atrás? No. Nunca. Si huía, ella tendría que irse con él. No la dejaría en manos de su padre bebedor y violento. Antes de que hiciera cualquier movimiento, el hombre la empujó con tanta fuerza que su madre terminó del otro lado de la sala.

—¡Mamá!

Blake corrió hacia ella y se lanzó a su lado. Tomándola, la acunó. Su madre no dejaba de llorar.

—Vete, mi amor, vete antes de que vengan por ti.

—¿Quiénes?

Ella sollozó.

—Traté de impedirlo, bebé, te lo juro. Pero tu padre volvió a endeudarse y ellos no están dispuestos a perdonarlo ahora. Él…, él…

Aunque no terminó, Blake fue capaz de entender lo que había sucedido: su padre lo vendió. Incrédulo, dolido y furioso, se volvió hacia él.

—¿Po-por qué? —Su voz salió como el maullido de un gato, en lugar de un reproche.

Lo único que obtuvo fue una sonrisa burlona.

—Nunca pensé que tener un hijo marica, sería bueno. Pero lo es. Sirve para algo y ayuda a tu padre.

Blake palideció. «No, no, no». Su madre le apretó la mano murmurando «vete». Pero él no pudo siquiera mover una pierna. Completamente paralizado, continuó viendo a su padre. Lo había vendido, a él, como prostituto. A él, su propio hijo, para pagar las deudas que había adquirido sabía Dios con quién.

—¿Q-qué hiciste, papá?

Él alzó un hombro, despreocupado, y después bebió de su botella de ron corriente. Blake sintió que la bilis le subía por la garganta. Las lágrimas picaron en sus ojos, esforzándose para contenerlas, respiró profundo.

—Tenía que pagar —admitió—, pero no tenemos en qué caernos muertos. Así que hice un trato: tú, por mis deudas.

Las palabras le parecieron lejanas. «Tú, por mis deudas. Tú, por mis deudas. Tú, por mis deudas …», repitió en su mente, vez tras vez, tras vez.

—¿Po… por qué yo?

Su padre lo miró de pies a cabeza, con el mismo odio que comenzó a demostrarle desde que se enteró de su homosexualidad. Y todo tuvo sentido. Se trataba de eso.

—Te gustan las pollas, tomar por el culo, ¿cuál es el problema? Ahora tendrás muchas.

Blake contuvo las ganas de vomitar. «Estás loco, maldito enfermo». Quiso tener el valor de expresarlo; en su lugar agachó la cabeza y sollozó en el regazo de su madre.

—Vete, bebé. Huye —insistió ella.

Negando, él se limpió las lágrimas.

—No.

¿Qué sentido tendría? Si escapaba, ellos —quienes fueran— tomarían a su madre en cambio y eso no podía permitirlo. La amaba más que a sí mismo.

—Blake, por favor…

Negó. Quizá este era el empujoncito que su madre necesitaba para abandonar al ebrio que tenía por marido.

—No, mamá. Si me voy, ellos te harán daño.

—Pero bebé…

La besó en la frente.

—Por favor, abandónalo…, por mí.

Su madre gimió alto y profundo, con las lágrimas recorriéndole las mejillas. Blake se tragó un sollozo y se puso de pie. Entonces llamaron a la puerta y su padre abrió.

Eran cuatro hombres altos y musculosos. Uno de ellos, rubio y de ojos azules, lo miró con detenimiento. Blake no retrocedió, aunque las piernas le temblaron. El hombre rubio le tendió la mano y él la tomó.

Sin ver atrás, Blake fue hacia el vehículo que estaba estacionado frente a su casa y entró.

«Adiós, mamá. Volveré por ti», se dijo como una promesa. Pero en el fondo sabía que eso no iba a suceder.

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