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Author: Gabriela
accidentes y sorpresas

 Arriba si no quieres llegar tarde a tu emocionante y hermoso trabajo de mierda.  conocerás a tu nuevo jefe!!- gritó mi mejor amiga  entrando a la habitación, de lejos escuchaba como la música retumbaba en toda la casa y las letras de "bad bunny" sonaban en la habitación, lo cual era algo habitual en ella. Alice era la luz de la casa, en cambio yo... yo era la oscuridad. 

Me removí entre las sábanas al sentir cómo retiraba mi cómodo acolchado para ser reemplazado por sus dos manos jalándome fuera de ella. ¿era legal lo que estaba haciendo?. algo en mi se preguntaba si mi manía de no poder levantarme de la cama era por el simple hecho de tenerle miedo a lo desconocido como enfrentar el primer día de un trabajo o simplemente porque no tenia ganas de vivir hoy. 

-Hice café, Eva. - mascullo de repente, esas fueron las palabras mágicas que hicieron que mis ojos conocieran las luz por completo, si, el café salvaba mi día, mi tarde, mi mañana, incluso los días en los cuales no quiero ser salvada. 

Me levanté de inmediato dirigiéndome hacia la cocina, sintiendo su presencia detrás de mi. Agarré la taza de café humeante y la lleve hacia mis labios, ven aquí bebé pensé. 

- Era lo que necesitaba- Murmuré caminando de regreso a mi habitación.

- Si trabajaras conmigo no tendrías que levantarte todos los días con un humor de mierda - Pude escuchar su grito proveniente de la cocina al mismo tiempo que ingresaba a la ducha, sonreí. 

Alice Evans además de ser mi mejor amiga era la hija de John Evans, un exitoso y respetado empresario que nos proporcionaba el dinero para pagar la renta de nuestro departamento, en el centro de Seatlle. Al principio no podía aceptar que su padre pagara nuestra renta, pero luego de discutirlo decidimos que yo iba a ayudar con la compra del mes para poder sentirme cómoda. nunca fui de esas personas las cuales aprovechaban los gustos ajenas para poder conseguir los míos. Alice sabía lo que me costaba el poder mantener la vida que traía y valoraba muchísimo su forma de hacerme ver que mi presencia en su casa era de total agrado. 

Con la ayuda de su padre, Alice emprendió una magnífica empresa de diseño de ropa que luego de 3 años de su apertura, hoy es una de las más conocidas de Nueva York. Ella siempre insistió en dejarme ser parte de su empresa para asi mejorar mi sueldo y poder pasar más tiempo juntas. Era imposible. Sentarme algún día de la semana junto a ella en el living a diseñar, con una copa de vino en la mano, no me hacia una diseñadora. Estaba cansada de escuchar siempre la misma pregunta "¿Por qué no lo mandas a la mierda a ese jefe que tienes y vienes a trabajar conmigo?". Siempre la misma respuesta "ser diseñadora no es para mi". Era increíble ver con mi mejor amiga vestía celebridades e iba a lugares en donde creaba desfiles para que puedan ver el arte que generaba a su alrededor, yo desde mi lugar, era feliz de acompañarla. 

Al salir de la ducha, envolví mi cuerpo en una toalla. Camine al placard, saqué del perchero mi maldito uniforme de oficina compuesto por una camisa color blanca, una falda tubo color negro, la cual ya estaba un poco desgastada de ser lavada y unos zapatos del mismo color. Al terminar con mi uniforme, arreglé mi pelirrojo pelo liso dejándolo que caiga suelto sobre mi espalda y bajando unos pelitos rebeldes, coloque un hermoso accesorio de color rosa.  hoy era uno de esos días donde debía ser formal, no sabía con que jefe iba a encontrarme. 

- Alice, me voy- informé al mismo tiempo que miraba el reloj de nuestro living que marcaba las 9:10 AM, si no salía corriendo en este mismo instante no iba a llegar. Agarrando con una de mis manos mi bolso Louis Vuitton negro, que  Había sido mi regalo de cumpleaños numero 22, aún recuerdo cómo grité al tener entre mis manos algo que no podía permitirme ni trabajando las 24 horas durante 40 años, con mi otra mano Agarre mi café para llevar, saliendo del departamento escuche la voz de mi mejor amiga proveniente de algún lugar de la casa

-Suerte Eva, nos vemos luego!-

Ya habían pasado 20 minutos desde que estábamos varados a dos cuadras de la oficina sin movimiento alguno por el increíble transito- ¿disculpe, no puede apurar el auto?, tengo que estar presente en mi trabajo en 10 minutos.- suplique elevando la mirada hacia el espejo en donde el chofer negó rotundamente. su miraba expresaba un pensamiento de "¿acaso quieres que salte por los autos?. "

-Genial- Exclame asegurando mi bolso al mismo tiempo que abría la puerta del taxi para si salir a correr por las calles de Seatlle, el sol de la mañana inundaba mi rostro haciendo que achicara la vista tratando de divisar mi camino entre la multitud a mi alrededor. Me consideraba una persona bastante bruta para andar en la calle, estaba acostumbrada al transito de argentina el cual era nada comparado con las almas andantes de esta ciudad. me encontraba e cruzando la calle cuando escuche un bocinaso, al mismo tiempo que mi cuerpo quedaba inmóvil al ver como un BMW frenaba a centímetros de mi cuerpo, cuando expreso "centímetros" quiero decir, la trompa del auto rozaba mi falda desgastada como si quisiera decirme esta vieja. Sentí como el calor de mi cuerpo comenzaba a subir. 

-¿Eres idiota?, no puedes ver por donde mierda llevas el auto imbécil- Grite furiosa viendo como la puerta del lujoso auto de alta gama se Abría para si revelar unos zapatos que debían de costar 6 sueldos míos, seguido de la figura de un hombre, no cualquier hombre,  al verlo quede pasmada. Podía jurar que era uno de los hombres mas hermosos que había visto en toda mi vida y no porque llevara un traje con las ropas mas caras si no porque la manera en la que su cuerpo se ajustaba a el y su rostro tenso trataba de divisar mi pequeño cuerpo delante de el hacía que quisiera desaparecer. 

- ¿estas loca? como vas a ah tirarte arriba de mi auto de esa manera, estas en un espacio publico, si mi chofer fuera un maldito inconciente te podría haber atropellado. - gruño enojado cerrando la puerta del auto a la vez que caminaba hacia donde me encontraba. parándose a unos metros de mi, Pude observarlo mejor, tenia unos ojos negros que cualquier mujer quedaría estupefacta al verlos, llevaba un traje a medida también negro del cual por mi experiencia con ropa de Alice lo pude reconocer como un Gucci a medida.  estaba segura de que si Alice veía a este hombre caía desmayada. ¿como podía expresar mi enojo? claro que podía hacerlo. 

-Crees que soy una suicida?, no puedo creer que seas tan imbécil. Deberías estar pidiéndome perdón por casi atropellarme- acomode mi falda casi por inercia al sentir su mirada sobre mi cuerpo, sentí como mis mejillas se tornaban de color rojo, estábamos discutiendo en medio de la jodida calle, los autos tocaban bocina para poder seguir avanzado y este hombre prepotente no ignoraba el ruido de mis palabras. 

- a ver si entiendo- fijo su mirada en mi negando la cabeza, podía jurar que estuvo a punto de sonreír, al mismo tiempo que su cara volvía a recuperar la seriedad, parecía realmente enojado por la situación- Estas pidiendo que te pida perdón por venir como Alma que lleva el diablo y no mirar hacia los dos lados de la calle, en donde repito, si mi chofer fuera una  persona distraída como tu lo eres, podría haberte atropellado tranquilamente.- musito al mismo tiempo que se agachaba para recoger mi bolso que en algún momento se había caído al suelo, me lo tendió cortando la distancia entre los dos. 

-La próxima vez, tenga mas cuidado señorita.- exclamó mirándome con esos ojos negros que podía hacer mojar la ropa interior de cualquier mujer que deseara. 

- Gracias- dije secamente para luego girarme y retomar el camino hacia la empresa, escuche los bocinasos proveniente de los demás autos por cortar el transito a Mitad de la calle, lo que me indico que el extraño y sexy sujeto que había estado a punto de atropellarme seguía mirándome, sin darme vuelta atrás seguí mi camino hacía mi destino ya Sabiendo que iba tarde. 

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