Miguel Angel  -  Disputas entre el cielo y el infierno
Miguel Angel - Disputas entre el cielo y el infierno
Author: William Chaves Castañeda
Capítulo 1 - Primeros Años

Mi nombre es Miguel Ángel, solamente Miguel Ángel y digo que me llamo así, porque mi apellido fue un enorme enigma, quizás uno de los menores misterios que han rodeado mi existencia, aunque eso es algo que más adelante quien lea este relato descubrirá y determinará en qué medida realmente es el de menos relevancia en toda mi historia.

Nací hace aproximadamente veinte años, o bueno, quizás debo decir que fui encontrado en la puerta de un orfanato hace veinte años, era un orfanato de hermanas de la caridad, de fe católica en una ciudad de Suramérica (que no especificaré por evitar procesiones de curiosos en busca de evidencias para validar los hechos), en aquel lugar era común que las familias de escasos recursos que no disponían de medios para alimentar a un nuevo ser, entregaran o abandonaran a su descendencia, tal como ocurrió en mi caso, una cesta de mimbre, una colcha y un rotulo con mi nombre, fue toda la información que se recibió sobre mi procedencia.

Allí viví gran parte de mi infancia, lo cual género en mí una fe católica apostólica Romana bastante arraigada. Los héroes de mi niñez fueron los arcángeles y los ángeles, solía  leer cuentos ilustrados sobre la corte celestial y la eterna batalla del cielo y el infierno, ello me emocionaba de manera única, disfrutaba mucho resolver rompecabezas y aprendí  a jugar ajedrez a muy temprana edad, podía pasar horas jugando en solitario y siempre encontraba nuevas estrategias para llegar a un jaque efectivo, quizás esa pasión desarrollo en mi un enorme sentido de estrategia e incluso una aguda habilidad para anticipar y planear situaciones, “me acostumbré a analizar todos los posibles escenarios, de manera tal que años más tarde incluso me tildaron de calculador”, era diferente entre todos los demás pero eso no fue impedimento para relacionarme bien con todos los niños que por aquel lugar pasaron.

A los seis años de edad era un niño bastante diferente a los demás, no mentía, me molestaba sobre manera la típica crueldad de los niños y defendía a mis compañeros más débiles, tenía un temprano sentido de justicia lo cual hacia que me tuviesen en un alta estima las hermanas de la orden que estaban a cargo de nosotros; era servicial, piadoso, amoroso de los animales, sobretodo respetuoso de la vida y de mis superiores, aunque ahora suene bastante pretencioso, era una maravilla de niño dentro de mi temperamento, a pesar del aplomo y mis buenas maneras sobresalía un carácter fuerte y decidido desde mis primeros años, incluso en ocasiones se llegó a confundir con terquedad u obstinación, pero yo prefiero pensar que siempre tuve carácter y determinación a prueba de fuego, esa determinación fue mi más grande soporte en los hechos que vendrían durante el resto de mi vida.

Una tarde encontré en un pasillo a la madre superiora con un grupo de hermanas sumamente preocupadas y consternadas,  mientras jugaba las escuché comentar que el orfanato tenía problemas para su manutención, la caridad cada vez era menos y los apoyos que anteriormente habían sostenido el hogar, poco a poco habían ido desapareciendo por diversos motivos, así que debían encontrar hogar para todos nosotros antes de treinta días, ya que en el término de ese plazo se cerraría aquel lugar y los niños que quedaran no tendrían refugio. Esa misma noche me dirigí al despacho de la madre superiora y le pedí que no me ofreciera en adopción hasta que todos los demás niños tuvieran un hogar garantizado, recuerdo la expresión de su rostro, albergaba una fina mezcla entre dolor, ternura y sorpresa  porque quizás no daba crédito a lo que veía y oía en aquel instante. ¿Cómo era posible que un niño de tan solo seis años tuviera tanto amor por su prójimo?, ¿tanta entrega y tanta madurez para tomar una decisión tan difícil?, pero sobre todo ¿cómo tenía el don de hacerla ver como una decisión fácil? Sus ojos se llenaron de lágrimas, las cuales contuvo tal y como disimuló los efectos que causaba también a su voz, me miró con tanta ternura como nunca había visto en un ser humano y sin musitar palabra me abrazó tan fuerte como si fuera lo más bello, lo más sublime que había visto hasta entonces, me tomó entre sus brazos y con voz entre cortada dijo:

     ─ Miguel Ángel, no cabe duda que eres un ángel, eres el niño al que más extrañaré de entre todos, eres un ser tan especial a pesar de las privaciones con las que has vivido tienes una capacidad enorme para amar, haces que todos estos años de entrega hayan valido la pena.

     ─¿Privaciones madre?, ¿de qué privaciones me habla?, acá lo he tenido todo, no me falta nada, he tenido alimento físico y espiritual, he tenido techo, he tenido amor por parte de ustedes y sobre todo he tenido una enorme familia, ¿pero privaciones?, de ninguna manera, prométame madre que dará en adopción a todos mis hermanos antes que a mí, se lo suplico.

     ─Hijo me pones en una situación muy difícil. ¿Cómo he de tener preferencia por alguno?

     ─No es preferencia, solo quiero que todos mis hermanos tengan un techo asegurado cuando cierren el orfanato, si no llega a haber hogar para alguien prefiero ser yo.

     ─ ¿Por qué precisamente tú Miguel?

     ─Porque estaré más tranquilo si sé que están bien, siento la necesidad de asegurarme de eso y además, una voz en mi cabeza me pide que así sea, me dice que yo debo protegerlos y velar por ellos, aun cuando algunos sean mayores.

     ─ ¿Una voz dices?

     ─ Sí madre,  es una voz que escucho y me dice que debo ser bueno y que debo hacer cosas buenas por los demás, que no debo temer porque nada malo me ocurrirá.

     ─ Has de tener una conciencia bastante buena mi niño, y ha de ser ella quien te habla en tu cabecita, definitivamente eres un niño único, ruego a Dios que te conserve así y que haga de ti un hombre ejemplar.

Me sonrojé y con la timidez característica de un niño de esa edad solo pude mirar al piso por varios segundos hasta que escuche a la madre superiora aceptar mi petición.

     ─Bien hijo mío  haremos caso a esa vocecita, pero elevare mis plegarias porque todos, incluido tú, tengan un hogar cuando cerremos, ve a descansar dulce Ángel ve con la tranquilidad que cumpliré tu petición y con el orgullo de saber qué haces honor a tu nombre, eres un ángel.

Nuevamente me sonroje abrace a la madre superiora y bese su suave mejilla, “siempre me gusto la suavidad de sus mejilla y el aroma dulce y suave de su piel”, luego me fui  corriendo a descansar.

Esa noche me fui a la cama con un sentimiento de satisfacción único y a la vez con una sensación que hasta ese día me había resultado ajena, sentí por primera vez que era posible sacrificarme por otros seres, sentí que podía llevar a cuestas cargas que otros no podrían llevar y que eso sería fundamental y característico en mi futuro.

****

Pasaron veinticinco días y para entonces se realizó la adopción del último de mis hermanos a su nuevo hogar, ya todos estaban en lugares seguros con amorosas familias, techo y comida garantizados, lo cual me causaba un gran alivio y me permitiría ir a donde fuera mi destino con total tranquilidad, solo restaba esperar que los días siguientes alguien quisiera adoptarme, lo cual no ocurrió,  a pesar de todo fueron cinco días maravillosos, las hermanas de aquel hogar me trataban muy bien, tuve toda la atención que jamás había tenido, días de juego y aprendizaje, todas me mimaban mucho, me demostraban un cariño especial y mucha preocupación por que fueran días que jamás olvidara, porque me sintiera como un pequeño príncipe y ni hablar de la madre superiora, ella se mostró mucho más cariñosa y bondadosa, por alguna razón ese rasgo de autoridad que la caracterizó siempre desapareció y en su lugar pude ver un temperamento dulce y  cálido que hasta entonces jamás había visto en ella, supongo que lo ocultaba por su enorme  responsabilidad y jerarquía en aquella comunidad pero fue un grato descubrimiento, una gran revelación que me regaló la vida y los últimos días allí.

Así transcurrieron esos días, de manera muy alegre y tranquila, infortunadamente llegó el momento en que se debía cerrar el orfanato. Entre cajas con cosas empacadas, lágrimas y caras largas llego lo inevitable, la madre superiora me pidió que fuéramos a la fuente, creo que sabía bien que era uno de mis sitios preferidos, me encantaba porque allí mi alma se sentía libre y tranquila, el sonido de las aves cantando al unísono era una melodía que disfrutaba y que a la vez me llevaba a un estado mental de plenitud y tranquilidad, el aroma de las plantas que rodeaban la fuente y decoraban aquel patio era único e inolvidable, la mezcla era suave y sutilmente perfumada, cuando cerraba los ojos y me concentraba en aquellos aromas, mi mente percibía las más hermosas gamas y combinaciones de colores, era algo indescriptible,  el sol en ese punto iluminaba de manera hermosa, sus rayos lograban calentar mi cuerpo y brindar una suave sensación de calidez a mi alma, el sonido del agua cayendo en la fuente me transportaba a lugares placidos, desconocidos, pero tranquilos y hermosos, llenos de tranquilidad y total calma, todo allí me brindaba lo necesario para sobreponerme a cualquier tristeza, a cualquier temor, creo que la madre lo había notado y por esa razón  me pidió que fuera a ese sitio, imaginé que me diría que no había podido hacer nada por mí y que tendría que valerme por mí mismo, porque yo sabía que nadie me había solicitado en adopción, aunque sentía un profundo miedo, también sentía tranquilidad al saber que mis hermanos de estancia ya estaban en buenas manos,  eso valía la pena y atenuaba mi dolor.

 Quise recorrer el Orfanato por última vez, caminé lentamente por el pasillo que sitiaba las puertas de cada cuarto que se encontraba en el segundo nivel, la construcción era circular así que decidí recorrer cada metro de dicha circunferencia observando cada cuarto que alguna vez fuera habitado por niños que siempre llevaría en mi mente y mi corazón, contemplé cada cuadro, que  decoraba el pasillo, en su mayoría cuadros religiosos, aspiré profundamente los olores a pino del piso y los techos y el olor a lavanda que en el aire predominaba, descendí al primer nivel e hice lo mismo, quería guardar en mi memoria cada imagen, cada puerta, cada recuerdo y cada aroma para que siempre que sintiera algo similar, la mente me transportara a mi infancia en aquel lugar que tanto amaba y a esos años hermosos que allí viví. En el nivel de abajo  podía verse la fuente, al estar en la mitad de la construcción y al estar separada del interior por vidrio podía observarse completamente, daba un aspecto tan hermoso y a la vez tranquilo al sitio,  llegué a la  puerta que dividía la fuente del interior del orfanato, la cruce lentamente y me senté a esperar a la madre superiora, por un momento cerré mis ojos pensando en todo lo que en ese lugar había aprendido, en que nada me había faltado, en mis hermanos, en mi corta vida, abrí los ojos mirando al cielo mientras disfrutaba la dulce sinfonía que me brindaba la naturaleza, nuevamente quise grabar el lugar en mi  memoria eternamente, di gracias a Dios por esos regalos, baje la mirada lentamente y encontré a la madre superiora contemplándome con una expresión maternal que caló hondo en mi alma, por un instante se quedó mirándome sin musitar palabra, yo al igual contemple esa expresión amorosa que tenía y ese instante hizo que mi corazón latiera de manera más fuerte y que mi alma ardiera de emoción extrema, sentía como si Dios estuviera tocando mi corazón justo en ese momento, fue sublime y de alguna manera fue revelador por que afirmaba en mí,  un lazo fuerte que había sentido hacia Él, siempre había sentido que estaba en mí y conmigo, a cada instante, pero en ese momento confirmé que así era y así sería por siempre,  que mi lazo divino con Él era fuera de lo común.

     ─Madre superiora, ¿me necesitaba? ─pregunté de repente al volver a la realidad.

     ─Sí hijo, hay algo que quiero decirte, pero antes quiero pedirte un favor, no me llames Madre Superiora, llámame María Camila, quiero que me llames por mi nombre.

     ─¡Madre!, ¡pero no puedo permitirme ese tipo de confianza con usted!, es opuesto al respeto y las maneras que aprendí, además usted es la madre superiora de esta comunidad.

     ─Hijo mío, como siempre me sorprendes con tu caballerosidad y alto sentido del respeto, siempre has sido un hombrecito maduro en el cuerpo de un niño, pero no te preocupes, ya no soy más la madre superiora.

     ─No entiendo, ¿a qué se refiere Madre? ─pregunté algo temeroso.

     ─Te explicare hijo, a partir de hoy mi misión ya no es ser la madre superiora de una congregación, tampoco dirigiré novicias, mucho menos seré reverenda, ya no pertenezco activamente a una comunidad religiosa, he renunciado a mis votos porque Dios tiene para mí una misión más fuerte y hermosa, esa misión es cuidar de ti, protegerte hasta que seas autosuficiente, estoy segura que tu destino es grande y debo velar porque así sea, aunque haya renunciado a mis votos en la congregación seguiré sirviendo a Dios al cuidarte, lo siento muy en el fondo de mi alma y de mi corazón y debo seguir ese deseo, esa revelación.

Los ojos se me llenaron de lágrimas, no podía creer que esa mujer que había dedicado su vida a su fe, a su congregación y a Dios estaba cambiando su rumbo  solo por mí, por un niño de seis años, en mi interior sentimientos fuertes se encontraron, una enorme e infinita gratitud, ella no me abandonaría a mi suerte, pensé alegre de repente, pero a la vez sentí una gran tristeza por que dejaba de lado su vida religiosa y de servicio a la comunidad, era testigo de cuán importante era eso para ella, era su vida, ese instante fue emotivo, colmado de sensaciones y sentimientos, durante un breve instante nos miramos sin decir palabra, con los ojos fijos en el otro y llenos de amor mutuo, hasta que no pude contenerme y la euforia del instante me impulso a abrazarla, la tomé entre mis pequeños brazos, bese su mejilla, me apretó fuerte contra ella, nuestros rostros se juntaron tanto que percibí el aroma más dulce, sublime y celestial, en ese momento pensé: “Así deben oler los ángeles”, esos que tanto me impresionaron en los libros ilustrados y me gustaron siempre, inmaculados, impecables pero imponentes, imaginé que ella era mi ángel, viéndolo en retrospectiva,  con la sabiduría que da el tiempo así lo fue siempre; ella fue un ángel que cuidó de mí desde el inicio, fue lo más parecido y cercano a ese ángel único que Dios pone en nuestras vidas, ese ángel, fuerte, dulce, protector y sacrificado, ese ángel especial en la vida de cada uno, ese ángel con rango único, superior y sublime a cualquier otro, ese rango que en la tierra se conoce con la palabra más hermosa de la creación “Madre”.

 

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