73. LA PRISIONERA

Marsella

Siena no había comprendido las intenciones del regente cuando le había ordenado que se vistiera con ropas humanas, informales. Era un ejercicio que aplicaban solamente cuando esperaban interacción con los hombres, y dados los últimos ataques la Primera Oficial consideraba que lo menos prudente era salir de la Casa de la Noche. Sin embargo su asombro fue aún mayor cuando el regente no solo le informó que no llevarían escolta, sino también que él mismo sería el conductor.

El tráfico en Marsella a aquella hora de la noche era lo suficientemente ligero como para que Ius se aventurara sin problemas por las principales avenidas, y Siena no se atrevió a preguntar ni siquiera cuando el coche de detuvo frente a una enorme propiedad, moderna y rodeada solo por una simple verja. La casa no tenía nada de particular, ni un guardia vigilándo

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