Capítulo 6: "-Te gustan los rubios, ¿Eh Frankie?"

Fanny

—¿Y bien? —observo sobre mi hombro, sólo para encontrarme con la sonrisa arrogante de Gael.

Ruedo los ojos y continúo caminando a través del estacionamiento; nuevamente iba tarde y lo menos que quería era encontrar a otro profesor que me bañara en saliva en el laboratorio de química.

—¿Y bien qué? —alargué.

—¿No piensas decir buenos días? —enarco una ceja y me rio.

—¿Por qué debería de hacerlo?

Levanta los hombros ya caminando a mi lado. Me estremezco con solo pensar en lo que Dee me había dicho. Fácil y sencillamente: No pensaba acostarme con ese renacuajo. Podía ser atractivo y deseado por todas las chicas de Jonhson High, mientras que lo único que provocaba en mí, eran interminables ganas de estamparle mi puño en su rostro de ángel.

—Ayer nos dimos una ducha juntos, además de que te ayudé a quitarte toda la saliva que llevabas encima de ese bello cuerpo —contestó, escaneándome lentamente de arriba abajo con la mirada. Pongo los ojos en blanco—. Al menos merezco un acto de cortesía de tu parte.

—Eres un idiota.

—¡Vamos Frankie! Solo quiero un simple buenos días. No es tan difícil —exclamó abriendo los brazos y dejándolos caer a sus costados.

—Deja de decirme Frankie —espeté, apretando los dientes.

—No.

—¡Al menos deja de seguirme! —me voltee hacia él, quien sonrió divertido.

—Vamos para el mismo sitio —contestó, desordenándose el cabello con una mano, dejando mechones rebeldes por todo lado. ¿Hasta con el cabello desordenado es atractivo? Bien, el hecho de que no tolerara a este idiota, no quitaba el hecho de que aceptara que es atractivo. Tampoco soy ciega—. Además, cualquier chica estaría presumiendo ahora mismo el hecho de que Gael Green la esté acompañando hacia el salón de clases.

—Supongo que eso me convierte en un chico —alargo, acelerando el paso.

—Hasta los chicos presumirían —dijo, con una sonrisa divertida en sus labios. Puse los ojos en blanco.

—¿Eres el tipo egocéntrico que se dice así mismo todos los días frente al espejo que es hermoso?

—No Frankie, el espejo me lo dice a mí.

Vuelvo a poner los ojos en blanco.

—¿Padeces de convulsiones? —lo miro y enarco una ceja—. Pones los ojos en blanco a cada segundo —dice riendo.

—Tarado.

Saco el móvil de mi bolsillo trasero y verifico la hora. Oh rayos, definitivamente tendría que levantarme más temprano para ganarle el baño a Adam, si no, mi nota estaría llena de tardías.

Estoy a punto de llegar a la puerta del laboratorio, cuando soy jalada por el brazo. En lo que menos me lo espero, tengo mi espalda apoyada contra la pared y Gael está bloqueándome con sus brazos.

—¿Qué te pasa renacuajo? ¡Muévete! —lo empujo por el pecho inútilmente, pues no logro moverlo un solo centímetro.

Una sonrisa maliciosa se forma en sus labios, mientras su mirada se desplaza a los míos.

—Solo quiero comprobar que en realidad no seas un chico —dice tranquilamente, bajando su rostro.

Llevo mi mano a su boca, deteniendo cualquier intento que tenga de besarme.

—Solo intenta besarme, y te arrancaré los labios y se los daré de comer a los peces de mi madre.

Logro apreciar un pequeño atisbo de terror en su mirada, antes de volver a la seguridad de Ken que lo caracteriza. Aleja suavemente mi mano y sonríe. Coloca ambas manos al lado de mi cabeza y se inclina lentamente hacia abajo.

—Quiero verte intentarlo.

¡Oh no! ¡Oh no! Él no me va a besar, no puede besarme... ¿Qué diablos? Me va a besar, me va a besar...

—Hey Gael —¡Madre mía!

Gael endereza su cuerpo rápidamente cuando escuchamos una voz femenina venir desde atrás. Se voltea, tapándome con su espalda para dejarme fuera de la vista de la chica. Me quedo perpleja, suplicando que ella no me haya visto. ¡Así es como comienzan los cotilleos!

—¿Qué quieres, Alissa? —le pregunta secamente.

—No me has vuelto a llamar —dice la chica tratando de mirar detrás del cuerpo de Gael, quien se mueve rápidamente para ocultarme.

—He tenido mejores cosas que hacer —infeliz.

—Tengo dos lecciones libres —dice la chica tratando de poner sensualidad en su voz, y sin haberse ofendido por las anteriores palabras de Gael—. ¿Quieres ir a los vestidores? —pongo los ojos en blanco. ¿En serio? ¿Siempre suelen ofrecerse así de fácil?

—Ahora no, Alissa.

—¿Disculpa?

—Dije, a-ho-ra no, A-li-ssa —repitió Gael lentamente.

—¿Qué pasa Gael? ¿Tienes un nuevo juguete? —preguntó con diversión en su tono de voz, nuevamente tratando de verme.

—Alissa, no me hagas escoltarte hasta la salida.

—Eres un idiota —dijo la chica antes de marcharse.

Gael se quedó cubriéndome con su espalda hasta que se dejó de escuchar el taconeo de Alissa. Solté el aire que tenía contenido en los pulmones. No necesitaba que los falsos rumores volvieran a expandirse por todo lado. Suficiente con el infierno que había vivido en Los Ángeles.

—Supongo que ahora también me debes un gracias —sonrió, volteándose hacia mí.

—¿Qué? —enarqué una ceja y me crucé de brazos.

—Acabo de salvarte de ser parte de los chismes de Alissa —contestó, levantando los hombros.

—¡Sí! ¡En los que me iba a ver envuelta por tu culpa!

—Con mucho gusto, Frankie —asintió, guiñándome un ojo—. Ahora vamos, me estás haciendo llegar tarde a química —dijo, emprendiendo nuevamente el camino.

Gruñí de frustración antes de seguirlo. Si escapé de Los Ángeles, era porque necesitaba mantenerme alejada de gente como él. Este tipo de chicos, traían la palabra "problemas" tatuada en la frente. Su existencia en la Tierra, se basaba solo en complicar la vida de los demás; ellos construían su propio mundo, un mundo donde ellos eran los soberanos, y los demás sólo debíamos de bajar la cabeza ante su presencia.

¿Quién necesitaba a un egocéntrico rondando a su alrededor como un molesto mosquito? Yo no lo necesitaba.

Entré al laboratorio de química, ignorando a Gael quien sostenía la puerta abierta para que yo entrara; tampoco le agradecía por eso. Miré los espacios, todos estaban ocupados, a excepción de uno en la parte trasera al lado de Thomas, y otro adelante, al lado del pelirrojo. Opté por sentarme al lado del pelirrojo nuevamente. Ayer no había sido malo ese lugar en música, el chico ni siquiera notó mi presencia.

—Hey pecas, atrás está tu lugar —le dijo Gael, tomándolo por el hombro para obligarlo a ponerse de pie.

El pelirrojo dio un asentimiento, antes de tomar sus pertenencias y marcharse hacia atrás como alma que lleva el diablo. Fruncí el ceño, mientras miraba como Gael tomaba el lugar a mi lado.

—¿Qué crees que estás haciendo? —pregunté, fulminándolo con la mirada.

—El arte de poner mi hermoso trasero en esta silla —contestó, levantando las cejas—. Pero la gente aburrida como tú, lo llaman sentarse.

Puse los ojos en blanco, apoyé mi barbilla en mi mano derecha y me le quedé mirando fijamente. Si tan solo tuviera poderes como los lorien, Gael hubiese dejado de existir un milisegundo atrás.

—No me mires así, Frankie, o en serio voy a pensar que quieres arrancar una de mis extremidades para darle de comer a los peces de tu madre.

—No me bastaría con solo una extremidad —dije apretando la mandíbula.

Mi móvil vibró en mi bolsa, lo saqué y observé un mensaje de WhatsApp en el grupo que Dee había hecho la tarde de ayer, después de que las tres pasáramos toda la tarde en su casa. Lo había llamado "Las chicas súper poderosas" esa chica definitivamente necesitaba ayuda.

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Dee: ¿En que están?

Sky: Artes.

Yo: Química.

Dee: Estoy en mandarín :/

Sky: ¡Fan! ¿Sabes quién está en Artes conmigo?

Yo: Déjame adivinar... ¿Alex Roe?

Dee: ¿Qué tienes con Alex Roe?

Yo: Es taaaaan... guapo.

Sky: No tanto como mi Liam Hemsworth, Lol.

Dee: ¿Quieren conocer la verdadera belleza? ¡Wade Poezyn! Súper chicas.

Sky: Negativo; me quedo con el chico de la Friendzone.

Yo: ¿Quién está en Artes contigo, Sky? ¡Concéntrense!

Sky: ¡Daniel! Y me ha preguntado por ti ;)

Dee: ¡Lo sabía!

Yo: O-o

Sky: ¡Gracias chicas! ¡Me han mandado a detención por su culpa!

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¿Detención? Eso no sonaba tan malo para Sky después de todo, pero sí lo era para mí. Deslizo el móvil nuevamente a la bolsa de mis jeans, y me dedico a jugar con una de mis pulseras, no quería que el profesor se le ocurriera llegar y me mandara a detención a mí también.

—Te gustan los rubios, ¿Eh Frankie? —miré a Gael, quien me miraba con un brillo de diversión en sus ojos azules.

—¿Disculpa?

—Has mencionado a Alex Roe —abrí mis ojos como platos.

—¿Estabas leyendo mis mensajes?

—No debes de poner el móvil sobre la mesa —contesta encogiéndose de hombros.

—Eres un...

—Sexy, guapo, apuesto, hermoso y atractivo rubio —me interrumpió, guiñándome un ojo.

Suspiré de alivio cuando el profesor entró al laboratorio.

Durante toda la lección había perdido la cuenta de cuantas veces tuve que sacar mi brazo bajo la cabeza de Gael, pues lo tomaba como almohada a cada pocos minutos mientras el profesor hablaba sobre compuestos químicos. Tuve que soportar los cotilleos de las chicas de la mesa detrás de la nuestra, ¡Ni siquiera trataban de disimular que era de mí de quien hablaban! Comentaban tranquilamente el momento en que yo iría a los vestidores con Gael. ¿Qué tenían esos vestidores?

Y mientras yo me dedicaba a tomar apuntes, Gael hacía dibujos en la palma de mi otra mano; trataba de liberar mi mano de entre la suya, pero fue inútil, era luchar contra corriente.

Cuando la campana sonó, salí de prisa del laboratorio, poniendo muchos metros de distancia entre el renacuajo y yo. Miré la palma de mi mano y puse los ojos en blanco al ver el dibujo que había hecho. Era la cara de Frankenstein.

—¿Por qué todos nos miran? —le pregunté a las chicas, cuando nos dirigíamos a sentarnos con nuestras bandejas del almuerzo. Literalmente, muchos pares de ojos nos veían al pasar.

—Creo que es a ti a quien miran, Fan —contestó Sky, viendo hacia toda la cafetería.

—¿A mí? ¿Por qué?

—Déjame ponértelo de esta manera —alargó Dee, después de sentarnos—. Uno —dijo numerando con sus dedos—. Caleb nunca ha acompañado a una chica a su casa. Dos: Gael hizo un gran espectáculo al cargarte sobre su hombro. Y tres: Ayer anduviste durante todo el día con el suéter de Daniel.

Apoyé mi frente en una mano. Tres días, solo tenía tres días de estar en Jonhson High, ¿Y ya habían especulaciones sobre mí? ¿Qué creían? ¿Qué me iba a acostar con los tres? ¡Oh rayos! ¡Ni siquiera tenía interés hacia alguno de ellos!

—Que no te preocupe lo que digan los demás, Fan —levanté la mirada y Sky me sonrió, apretando mi mano—. Sabemos que no es cierto.

—¿Conseguiste lo que te pedí? —le pregunté, ofreciéndole una sonrisa a boca cerrada.

—Por supuesto, ¿Con quién crees que estás tratando? —dijo sonriendo maliciosamente y pasándome la llave maya de Gael sobre la mesa.

—¿Cómo la conseguiste? —enarqué una ceja y ella se encogió de hombros.

—En los bajos suburbios de Chicago se aprenden muchas cosas.

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