Capítulo 3

Renata no estaba en Giros en el momento en el que fui, no me desanima de ninguna manera, ahora ya sé en donde vive así que para mi ese no es un problema. Me estaciono justo en frente de su edificio, uso mis gafas de sol y me dispongo a esperar. Debes de salir o de llegar en cualquier momento, pero soy tan desesperado que no podré aguantar ni dos horas esperando, sin embargo Renata lo vale. 

—En el momento en el que me besaste por primera vez te volviste completamente mía, mía, mía —susurro. La camioneta vieja y maltratada se estaciona justo a lado mío, por suerte mi camioneta tiene los vidrios polarizados por lo que es imposible que puedan verme, aunque Renata debe de conocerla tan bien, mi rabia aumenta al ver al tipo asqueroso jalar a Rena del cabello, la baja del auto de un tirón y ella grita de dolor.

—No volverás a ese puto lugar, yo soy tu hombre y yo te mantendré, deja de buscar más hombres —le grita, ella solamente se queja y camina como puede al ritmo de ese miserable, Renata cae al suelo y este aprovecha para darle una latada, Rena se cubre el vientre desesperada. Solamente bastó una suplica de ayuda y salgo disparado a ayudarla, no permitiré esto.

—Déjala maldito idiota —empujó al tipo y este pierde el equilibrio, miro como saca de su bolsillos un arma, cobarde. 

—¿Tú? Eres un entrometido de mierda, deja que arreglemos nuestros asuntos, ella es mi mujer y tengo todo el derecho de golpearla.—mi paciencia acabó, me abalanzo sobre él y le doy un golpe directo en la nariz, gime de dolor pero se recompone rápidamente. 

—Eso no te da derecho —mi conciencia se revuelca en el lodo al recordar que yo también golpeé a Renata. Al ser más alto que el hombre tengo la oportunidad perfecta de golpearlo una vez más y tirarlo al suelo, aprovecho esto y empiezo a patearlo, tal y como lo hizo con ella.

—Detente Daniel— su voz me distrae, pierdo la concertación y el hombre debajo de mi pie aprovecha para dispararme, el pinchazo de la bala me duele ligeramente, estas balas no son de plata, esta mierda no me hará nada, dejo que se sienta orgulloso por su acto.

—Tu peor error fue hacer esto— localizo la bala y con los dedos la saco de mi cuerpo, el tipo me mira asustado y Renata se ve pálida.

—¡Que mierda!— grita el tipo, —¿qué eres?

—Soy un lobo idiota— le doy una patadq en la cabeza, lo hago tan fuerte que queda inconsciente. 

—¿Qué hiciste?— dice con miedo Renata — lo mataste, eres un asesino.

—Lo soy y no me importa — trato de acercarme a ella pero empieza a correr como puede, no corre grandes distancias ya que se frena de golpe, la miro, está en el suelo doblada de dolor.

—Mi bebé...— susurra despacio — mi bebé — repite, ¿su bebé? 

—¿Qué fue lo que dijiste?

—Ayúdenme — grita —Ayúdenme, una ambulancia por favor— camino havia ella para hacer lo que pide pero ella gatea alejándose de mí, miro sus piernas, su pantalón está manchado de rojo. Cargo a Renata y la llevo a la camioneta, debo de ayudarla, quizás ese bebé sea mío. 

Manejo a toda velocidad hasta el hospital más cercano, ella a pesar de la aversión que me tiene deja que la ayude. Las enfermeras nos reciben inmediatamente, yo ya no puedo pasar más allá de la puerta corrediza...

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