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Capítulo 1: Primera impresión

Mi corazón palpitaba fuertemente, mi amiga en ese entonces me miraba aturdida. Melisa Había olvidado la tarea de ambas en el autobús y la profesora presionaba para que lo entregásemos. Melisa intentaba explicarle lo sucedido, pero la profesora todo lo que hacía era negar.

—¿Si recuerdan que están en recursamiento no es así?—cuestiona la profesora colgando su bolso en su hombro y quitándose sus anteojos—quisiera ayudaras chicas...

Mientras ella seguía hablando yo batallaba por recordar mi contraseña, mi cuenta era nueva y con lo distraída que era la había olvidado. Pero si la recordaba podría salvar el año.

—Creo tener un respaldo en mi cuenta...—digo. La profesora sabía lo mucho que había trabajado en el proyecto por lo que me mira con misericordia.

—Tienen solo una hora para entregarme el proyecto en físico—responde con una sonrisa y abandona el aula.

Ambas asistimos y salimos detrás de ella para dirigirnos después a las salas de cómputo, para sacar las impresiones a color y sin costo. Normalmente las aulas siempre se encontraban vacías después de las tres cuando los del turno matutino se retiraban.

—No podremos hacer el engargolado, compra carpetas, plumones de colores y plástico—digo extendiéndole dinero— tenemos que hacer nuestro mayor esfuerzo por cuidar la presentación...—no estaba convencida, pero teníamos poco tiempo.

Siempre odié los números, pero sobre todo odiaba al profesor de contabilidad quien siempre encontraba una falla en mis trabajos, por lo que lo intenté de nuevo, pero para tercer semestre estaba teniendo un pleito con el profesor quien había negociado con un alumno y había regalado mi calificación a este. Mi padre fue a intervenir pero sabía que todo lo complicaría más. Por lo que cambie de especialidad en ese semestre, de contabilidad a informática.

Los estudios claramente no eran lo mío, era inteligente y cuando tenía que hacer algo y me lo proponía lo hacía bien, pero aparte de contabilidad y cálculo, Física también era un dolor de cabeza. En los recursamientos era buena, la mejor, pero en clase simplemente me distraía con cualquier otra cosa. Parecía que yo trabajaba mejor a presión, pero al parecer Melisa me ganaba en ello, ya que ella no solo era distraída si no que el autobús la arrullaba, por lo que en consecuencia olvidó el proyecto en su lugar.

Caminé por los pasillos de informática nerviosa, quería que todo saliera bien por lo que rogaba que en aula estuviera disponible la impresora.

Abrí la puerta pero esta estaba atascada, por lo que forcejeé fuerte hasta que se abrió. Había un chico con el ceño fruncido frente mío y tras de él más alumnos mirando hacia donde yo me encontraba.

—¿Qué es lo que quieres?—dice en un todo de voz poco amigable.

—Disculpa, no sabía que estaban en clase-digo apenada.

—Si, se nota...

—Necesito una computadora—menciono ignorando su mala actirud.

Una voz al fondo soltó un comentario, el aula permanecía oscura por lo que solo podía ver a los alumnos que se encontraban en las últimas filas. Ya que el pizarrón estaba hasta el fondo. Intenté adentrarme para ver a la persona que me pedía comunicarme con él, pero no le distinguía bien.

—Quería saber si me daba permiso de tomar por un momento una computadora...—le comento al que creo es el profesor.

—Están todas ocupadas—mustia el joven que aun detiene la puerta.

Una presencia cercana incomodó al chico, era alto y serio, el chico al tenerle cerca se achicó.

—Toma la de él—menciona el profesor dando la vuelta y caminando de vuelta a su escritorio que está frente a la puerta.

El chico fue tras él para hacerle ver su inconformidad, pero este se negó a escucharlo y lo reprendió del salón. Parecía que ni siquiera había mostrado interés hasta que yo llegué. Dejé mis cosas a un lado y busqué mi correo, suspiré de alivió al ver el archivo que le había enviado a Melisa una noche anterior.

—Profesor—me dirigí a él con una sonrisa y gritando desde mi lugar que no estaba tan lejos del de él —¿puedo ocupar la impresora?-pregunté.

Sin esperar respuesta de él encendió el equipo y siguió con su trabajo. Envié todos los archivos y esperé. Al cabo de unos minutos llegó a mi encuentro Melisa quien cargaba las cosas que le había encargado.

—¿Crees que lo acepte así?—pregunta preocupada.

—Sé que el trabajo está bien, por lo que si la presentación no está bien por lo menos pasaremos con un ocho...

Melisa seguía reprochándose su error, y su angustia me preocupaba.

—Oye, todo saldrá bien ¿ok?—tranquilice poniéndome de pie—lo resolveremos...

Sonríe calmada.

Mientras que el trabajo se imprime lentamente, juntas trabajamos en decorar las carpetas. Mantuvimos la calma y esperamos afuera del salón para no interrumpir la clase de aquel profesor.

—Faltan treinta y cinco minutos todavía...

—Tenemos tiempo—menciono.

Escuchamos la puerta del aula abrirse y aquel hombre sostenía nuestras copias con un gesto bastante inquietante.

—¿Pagarán por esto?—comenta sosteniéndolas fuertemente

—La escuela lo da gratis—menciono levantándome de la banca.

—Son doscientas treinta y nueve—dice algo molesto—la escuela solo permite como máximo cincuenta.

—Eso no lo sabía...—digo la verdad, pero al verle alzar una ceja sé que se negará a dárnoslas, por lo que se las arrebato en un instante. Me siento mal por tal comportamiento ante mi superior, pero esa calificación me era más importante—De verdad no lo sabía—comento mientras hago retroceder discretamente a mi compañera quien ha recogido ya todo— pero muchas gracias!... Melisa—grito corriendo seguida de mi amiga quien sostiene las carpetas y ríe fuertemente.

—Estás loca, nos expulsarán!—ríe sin parar.

—Tranquila, ni siquiera sabe de qué grupo somos—digo agitada después de ocultarnos en un salón para acomodar las hojas en sus respectivas carpetas.

—¿Cuánto falta?—pregunto mientras acomodo las últimas.

—Veinte minutos—dice impaciente.

—No puede ser...—suelto.

El rostro aliviado de Melisa se desvanece al saber que faltan las treinta y nueve copias, las treinta y nueve más importantes de nuestro ensayo.

—Ese maldito—dice entre dientes.

—Necesitamos ir por ellas... qué vergüenza—suelto.

La puerta se abre lentamente, al parecer ya nos esperaba. Se recargó sobre el marco de la puerta, se cruzó de brazos y mostró las hojas que sostenía en su mano. Seguía sosteniendo un semblante serio, un 'lo siento' le hizo darnos nuestras treinta y nueve copias faltantes, y antes de un 'gracias' cerro de un portazo.

Me sentí mal por aquel comportamiento el cual se esfumó al instante al ver como nuestra profesora de Física se llevaba nuestro trabajo. Era un ocho seguro, había valido la pena después de todo tal comportamiento con el profesor a quien sabía no volvería a ver.

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