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Capítulo 1

—¡Señorita no puede estar aquí!, ¡por favor! —grita la recepcionista de manera agitada intentando alcanzar mi paso.

—¡He pedido esta cita por dos meses! No puedo esperar más, ¡Lo siento! —le respondo de manera desesperada; y así era, esta era mi única oportunidad y quizás en un futuro me agradecería a mí misma por estoEstaba decidida a seguir la recomendación de Joshua, quería tratar de borrar marcas que nadie podía ver, pero yo las sentía arder cada mañana que abría los ojos.

Me detuve en medio de la sala, estaba temblando con las manos sudadas y pensé que en cualquier momento mis rodillas podrían fallar.

Millie, había hecho una encuesta para su proyecto en esta compañía, la empresa más prospera en Inglaterra, Sadik C.A; por lo tanto, sus dueños eran ricos en una magnitud desorbitante. Ella me informó con exactitud la ruta de manera elaborada hasta llegar a la oficina del actual encargado y dueño de este emporio. Omar Sadik.

Tomé una bocanada de aire y giré hacia mi derecha, al fondo vi el letrero con su nombre, y una llama dentro de mí se encendió.

«Lo encontré», dije mentalmente sintiendo el miedo palpable que me calaba hasta los huesos

«¡Ve Ale!, ¡ya casi estás dentro!»

—¡Le exijo! ¡No entre ahí! ¡Usted ya pasó los límites! ¡Llamaré a seguridad! —el rostro de la mujer que desde hace rato corría tras de mí, estaba pálido, y siento cierta compasión por ella, sé que solo hace su trabajo y quizás yo sea culpable que después de esto la despidan.

No puedes pensar en eso ahora ¡Entra ya!, dice mi vocecilla más decidida

—Lo siento… —susurré hacia ella para luego dar vuelta en dirección a la oficina de Omar Sadik.

Tomé la manilla de la puerta y empujé como si de cierta manera la puerta estuviera oponiéndose a mi entrada, a veces pienso idioteces, lo sé, sin embargo, utilizaré hasta mi último recurso.

Hago un traspié, pero me reincorporo de inmediato quitándome el cabello de mi cara y arreglando mi zapato que ha salido un poco de mi pie «soy un desastre».

—¡Señor, perdóneme por favor! —chilla de manera descontrolada la mujer tras de mí—. ¡Ya llamé a seguridad!, esta señorita aquí presente, desde que entró al piso, corrió señor, ¡no he podido detenerla!

La mujer estaba muy alterada y asustada por lo que pueda decir su jefe.

En este momento es cuando giro en dirección a donde ella ve petrificada, entonces hay tres hombres muy parecidos entre sí de diferentes edades. El corazón ya no me late, ya es un zumbido.

Estás perdida, dice mi otra voz más razonable mientras todos ellos me miran sorprendidos.

—Señor… —me dirijo a Omar Sadik, el hombre mayor de todos estos—. ¡Por favor necesito que me escuche!, serán cinco minutos y me iré.

Por favor…

El silencio es casi doloroso, un ambiente pesado envuelve el lugar, los tres hombres no dejan de mirarme fijamente; pero uno de ellos el más joven, parece que me come con la mirada, su gesto es… ¿divertido?

—Dalia —el otro hombre que está al lado del señor Omar, quizás su hijo mayor, rompe el silencio—. Se puede retirar, llame a seguridad y diga que fue una equivocación suya, es todo.

—Si señor, Kerem —responde la mujer anunciando por primera vez su nombre mientras en mi cuerpo una sensación me recorre entera, y sin más, ella abandona la oficina.

El hombre al que ella llamó Kerem se da la vuelta y se dirige al extremo de la oficina donde hay un ventanal enorme, colocando las manos en sus bolsillos.

¿Seguirás observándolo?, carraspeo un poco mi garganta y dirijo toda mi atención a Omar Sadik, quien está ojeando hacia el ventanal en dirección de su hijo.

—Señor… ante todo le pido disculpas, sé que esta no es la manera… —digo excusándome.

—¿Entonces por qué lo ha hecho? —pregunta volviendo a centrar su mirada en mí.

—Tengo dos meses pidiendo una cita con usted —comienzo a explicar—. Ha sido en vano, lo han negado vez tras vez —objeto en mi defensa e ignoro la manera en cómo mi cuerpo se estremece.

Respira

—Tome asiento, por favor —me señala un sillón, pero me da miedo estropearlo, no puedo cometer ningún error, y la verdad no estoy confiando en mis pies.

No me muevo del lugar, quizás tampoco esté respirando de la manera correcta, así que mantengo mi espalda erguida y mis manos empuñadas.

—Discúlpeme de nuevo, pero estoy bien así —hago una pausa y tomo una bocanada de aire—. Mi nombre es Alexandra Miller, estoy en el primer año en la Universidad de Kent, finanzas para ser más específica. Pagué el primer semestre que aún no termina, es decir… después de eso, no tendré para continuar con mi carrera porque no hay más dinero.

Su rostro es como: ¿y yo que tengo que ver en todo eso?, más yo no dejo que eso me detenga.

—He visto su programa de becas —Bueno, Millie fue quien me lo enseñó—. En realidad, todo el mundo ha visto su programa de becas —veo como una media sonrisa es dibujada en su rostro.

Perfecto.

Sé que estoy atreviéndome a mucho, pero no quiero que me regale la beca —ahora consigo su atención de manera completa, y no solo él está desconcertado, puedo ver de reojo como el hombre en el ventanal se gira y me traspasa con la mirada—. Lo que quiero proponer es que trabajaré para usted, para su empresa, en el puesto que quiera darme —digo sin titubear ningún segundo—. Y si quiere obtener el mayor beneficio de mí, colóqueme dando aporte en las estrategias de finanzas, le prometo no se arrepentirá.

Es todo. No hay más que decir, ahora todo depende de él.

Omar se levanta y camina en dirección a mí.

—¡Niña, estoy seguro de que puedes convencer a cualquier persona! —dice tomando una pluma, un papel y me la acerca—. Anota tus datos aquí.

¡No puede ser!

Siento algo caliente que sube desde los dedos de mis pies hasta mi cabeza, tomo lentamente la libreta y la pluma, y él nota el temblor en mis manos.

Despacio, me repito mentalmente y de a poco voy escribiendo todo lo que pueda necesitar; teléfono, correo, nombre y apellido en mayúscula, incluso la dirección.

—Gracias… —pronuncio una vez termino mientras le entrego la libreta junto con la pluma, y él asiente con la cabeza.

—Primero lo consultaré con mis hijos… —Señaló a ambos hombres—. Y luego tomaremos la decisión, señorita.

—De igual manera le agradezco —le digo asintiendo agradecida y procedo a dirigirme a la salida, necesito salir de aquí, el aire me falta.

Tomo el pomo de la puerta a punto de salir, pero una voz me frena en el camino…

—Señorita… —me detengo y giro en dirección de la voz, el que habla es el hombre más joven de los tres—. Quiero decirle que usted es muy hermosa, haré lo posible por convencer a mi padre…

Sonríe, digo dentro de mí, pero al contrario del pensamiento solo asiento y prosigo a salir…

***

4 años después…

—Señor, al hotel Belles Maisons por favor, y si se apiada de mí en diez minutos sería… perfecto —acentué la última palabra con un tono de plegaria haciendo un puchero algo vergonzoso.

—Haré todo lo que pueda señorita, no se preocupe —respondió el conductor guiñándome el ojo por el retrovisor.

Reviso mi folder de cuero una y otra vez, verifico cada documento esperando que no se haya quedado nada; gracias al cielo Millie tenía un desayuno listo para mí, porque de cierta forma lo iba a necesitar. Estaría el resto de mañana en una sala de reunión con Kerem, dispuestos a batallar con cuatro inversionistas por la empresa Lerman’s. Una sociedad en quiebra, pero que desde mi perspectiva y la de Kerem, aún era bastante rescatable y codiciable.

Su dueño y vendedor tenía muchas deudas y había tomado la decisión de vender, y por supuesto empresas Sadik era de las primeras en obtener la primicia de compra.

—Doce minutos, señorita —dice el conductor deteniendo el auto frente al hotel, seguidamente tomo un billete según la indicación del taxímetro, y se lo entrego.

—Muchas gracias, ha sido muy amable —digo bajando del auto.

Necesitaba apresurarme, aunque estos zapatos de aguja no me ayudaban mucho. Llegando a la recepción me dirijo al chico que se apellida “Carter” porque lo leo en su gafete.

—¡Buen día! —Saludo—. Soy Alexandra Miller y tengo una reu…

—¡Señorita Miller! —el chico me interrumpe de inmediato dándome una sonrisa de portada—. El señor Sadik me dejó estas notas.

El chico muestra unas hojas pequeñas de color amarillo, como si ese encargo fuese el mejor trabajo de su vida, y yo comienzo a tragar en seco varias veces. Que no sea lo que estoy pensando, por favor…

—Ya veo…, escuche, —le digo apresurada—, debo subir, voy un poco tarde…

—El Señor, Sadik me ha ordenado que le lea esto, por favor déjeme cumplir con ello —el chico vuelve a interrumpirme mientras cierta irritación se apodera de mí—. Me dijo: “no le dé tiempo” así que se las leeré

Sin duda alguna, el muchacho ha acatado al pie de la letra todo lo que le dijo Kerem, y no me queda más que suspirar profundamente y prepararme, prepararme para alguna de las mierdas que Kerem suele hacer.

“Vas retrasada como siempre, punto negativo para ti” —dice el chico serio, dándome una ojeada, colocándose un poco incómodo. Pero luego deja la nota en el buró de mármol y prosigue—. “Si estás vestida como te sugerí, te… te hum… Ammm… espero en… el baño del piso diez, estará solo, yo lo reservé”

¡Condenado Kerem!, contengo las ganas de salir corriendo y dejarle botado con todo y trabajo.

El jovencillo no se atreve a mirarme a la cara, está sumamente avergonzado y le doy la razón, él ni siquiera había leído las notas de anticipación, de hecho, pensó que su mandado era de suma importancia.

Doy un suspiro largo y me repongo de inmediato, disimulo y hago que miro la hora en mi reloj.

—Muchas gracias, ha sido usted muy amable —digo dando vuelta en seguida sin esperar su reacción, siento que mis mejillas están ardiendo y estoy convencida de que debo tener la cara roja.

Detesto cuando Kerem hace estas cosas.

Selecciono el piso y me observo en el espejo para acomodarme rápidamente, bajo un poco el vestido negro que hizo Millie para mí, aunque recordándolo, ella detesta este color, que a mí me encanta.

Millie Johnson es mi compañera de piso y mejor amiga, la conocí comenzando la universidad. A los pocos meses me inscribí en un taller de estrategias en ventas y desde ese día congeniamos muy bien; cabe resaltar que Millie no estudia finanzas como yo, su carrera está en el diseño y me atrevo a decir que es bastante buena, porque actualmente mi armario es excelente gracias a su ayuda.

En cuanto a mí, tengo mucha suerte de tenerla por así decirlo, y no me refiero a los gastos que compartimos; es más por la compañía, por su sincera amistad que valoro cada día por parte de ella. Millie es de esas personas que caen de alguna parte cuando más lo necesitas.

El ascensor se abre y entro al piso diez observando que es bastante amplio y blanco.

—Alexandra Miller —digo anunciándome a la chica que está de pie frente a la puerta.

—¡Bienvenida señorita Miller!, estamos por comenzar —contesta ella con una sonrisa guiándome al interior.

Al extremo de la mesa larga se encuentra Kerem, ensimismado en su celular con el ceño fruncido, algo particular en él.  Imagino que no se ha dado cuenta de mi presencia, ni tampoco de las personas a su alrededor, porque ese es Kerem; absorto, severo e impenetrable. Quizás el dinero lo haya hecho así, porque quizás en su vida no había pedido algo cuando ya se lo estaban poniendo en su boca. Puedo sumar que su mal genio constante y su prepotencia pude deberse a eso. Porque si hay algo que no les falta a los Sadik, es dinero, ellos son sumamente millonarios.

Tomo lugar a su lado y al instante gira hacia mí y dispone un perfil arrogante diciendo:

—Señorita Miller, ¿recibió mis recados en recepción? —pregunta como si acabara de descubrir el mar salado.

¡Otra vez!

Le fulmino con la mirada, transmitiéndole de que me las pagará, a pesar de que he sido su asistente por todos estos 4 largos años, Kerem es como un amigo insustituible.

Me acomodo en el asiento, le miro fijo y lo encaro.

—Recibí su recado muchas gracias, jefe… no obstante el último encargo lo cumpliré cuando salgamos, así que le espero en el lugar acordado, no falte por favor… —le

miro fijamente

sin pestañear, y este disimula una sonrisa de descaro mientras moja sus labios—. ¿Creo que estamos todos cierto? —vuelvo a preguntar para romper con ese momento incómodo.

—Así es señorita Miller… ¿Señores?, ¡mi asistente! —dice señalándome y observando a los presentes, seguido de eso un coro le responde como si él fuera el amo y señor de todos. Yo asiento y veo directamente donde está el señor Lerman, con un dejo de profunda tristeza en su rostro.

Acto que me arruga el corazón…

Después de una larga mañana, veo la hora en mi reloj dando la una de la tarde, tenemos cuatro horas seguidas sin parar, acordando y presentando ofertas de parte y parte. Hice mi mayor esfuerzo y Kerem como siempre sacó su mejor arma de persuasión, aunque debo acotar que hoy está algo distraído. Solo queda esperar que el señor Lerman tome su decisión, la cual se apartó al extremo de la sala para consultar con su hijo.

Parece que le duele despegarse de su empresa, y no es para menos, todos le conocen por el arduo trabajo que ha llevado para poder levantar el negocio familiar, sus hijos le ayudaron únicamente a gastar y al mismo tiempo su director ejecutivo no tomó las mejores decisiones. Veo

dolor

en su rostro, gestos que de cierta forma me desequilibran y

me trasladan a revivir recuerdos que intento cada día sepultar.

Parpadeo varias veces y destino mi mirada en Kerem, que, nuevamente está centrado en su teléfono con el ceño bastante fruncido.

Kerem Sadik, 31 años, hijo de padre turco y madre inglesa, por supuesto la relación de sus padres no fue fácil, las exigencias de la familia Sadik estuvieron a punto de romper todo lazo que los unía, quizás por tradiciones y cosas que nunca pude entender, pero que por supuesto eran respetables. Cada cultura lo era. Kerem siempre se enorgullece de su padre Omar quien movió cielo y tierra por amor a su esposa.

Que ironía para mí.

Christopher es el hermano que prosigue, el menor, el aventurero, yo le digo la contraparte de Kerem, y al que se me prohíbe de alguna forma entablar alguna relación y mucho menos algún acercamiento por exigencia de mí mismo jefecito; hay cierta rivalidad en ellos, una que nunca he podido entender, pero creo que desde que Cris arrojó esas palabras hacia mí el día que literalmente invadí su oficina, fue como si su hermano se le hubiese activado un nivel de cercamiento impresionante.

Ellos dicen que siempre pelean, pero estoy segura de que se aman como a cualquier hermano. De mi parte amo profundamente a esta familia por causas más que explicitas, les debo mucho, ya que me tendieron la mano cuando ni siquiera sabía qué hacer con mi vida…

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