Hotel Shining
Hotel Shining
Author: Mily Wu
Capítulo 1

Capítulo 1

***

1958:

Tender camas, en eso se iba a basar mi verano, en tender camas. Cuando tome en cuenta la posibilidad de buscar un trabajo de medio tiempo por el verano, jamás me imaginé que sería en el hotel Paradise, un hotel de cinco estrellas. He conseguido el trabajo gracias a que mi papá fue un trabajador en este hotel, el gran “Paradise Sun Resort”. De esta forma empecé a trabajar en este lugar como el chico que tiende las camas, carga maletas y demás.

  - ¿Ya terminaste?

Me pregunta John, mi mejor amigo, saliendo del baño de la habitación.

  - Ya casi – acomodo las almohadas – Adelántate, ya casi es nuestro descanso

  - Sí – acepta el, sacudiéndose la ropa y caminando hacia la puerta – Cuando tu papá nos dijo que trabajaríamos en un hotel, pensé que se refería a su posada, no esto, pero no me quejo, es vacacionar sin vacacionar

Sonrío, él se va, sus prioridades y las mías no son las mismas. Mi papá también tiene un hotel, el “Hotel Shining”; básicamente es un hotel de paso con desayuno incluido. Puede ser pequeño, pero es nuestro, es especial y sé que podemos mejorarlo. Ese es mi deseo, poder llegar a ser un gran magnate hotelero, hacer crecer el “Hotel Shining” y devolverles a mis padres todo lo que han hecho por mí.

Termino con la cama, lanzando una moneda para ver la tensión ¡Perfecto! Un buen hotel debe de tener un buen servicio ¡Anotado! Corro hacia la puerta, aún puedo alcanzar a John. Salgo de la habitación, ya casi es hora de los cocteles y eso significa muchas buenas propinas y…

  - ¡Au!

  - ¡Lo siento!

Me disculpo, haciendo una exagerada reverencia y ayudando a la muchacha que acababa de empujar.

  - Pues deberías sentirlo

Masculla la muchacha, sacudiéndose el vestido.

  - ¿Estás bien Kate?

Pregunta la muchacha que la acompaña.

  - Sí, Olivia

  - Lo lamento…

Vuelvo a decir. La chica no me dice nada, solo me dedica una mirada de enfado y sigue su camino junto a la otra. Suelto un suspiro ¡Eso ha estado cerca! Pudo haber sido peor, ya saben… quejas con el gerente y mi trasero será lanzado al mar. Continúo con mi camino hacia la cocina, por fin podré comer algo antes de la hora de los cocteles. Entro en el lugar, una amplia cocina bien equipada con al menos cincuenta trabajadores, brillando todo de pulcro, se abre ante mis ojos. Me acerco a John, este me espera con mi plato servido. Otra de las cosas buenas que saco de este trabajo de verano es la buena comida.

  - ¿Por qué te retrasaste?

Pregunta John, engullendo su carne.

  - Choqué con un par de chicas

Contesto, quitándome el uniforme y quedándome en mi camiseta blanca.

  - Que mal, no te darán propina

Bromea.

  - Sí… - me lamento – Las propinas son más que la paga

  - De hecho

John termina de comer y empieza a lavar su plato.

  - ¿Qué tenemos que hacer ahora?

  - Pues estamos en nuestro descanso – contesta John, mirando su reloj – Termina de comer y vemos a las piscinas para la hora del coctel, ya le dije a Marcus y Stephan para tomar sus turnos, ellos saldrán con unas chicas de limpieza

  - De acuerdo…

Acepto, terminando mi almuerzo. Lavo mi plato, aún nos queda media hora para la hora de los cocteles, lo mejor será relajarnos un rato. Salgo de la cocina junto a John, una buena actividad para los empleados cuando tienen minutos muertos, es recorrer todo el hotel. Bordeamos la piscina, recorremos el campo de golf, el jardín japonés, el mini zoológico y los establos ¡Este lugar es inmenso! Una estadía aquí debe de costar una mini fortuna, de seguro por eso sus huéspedes son capaces de dar tan buenas y generosas propinas.

Continuamos peregrinando, hablando de lo que haremos cuando volvamos a casa para terminar la escuela. A los dieciséis yo ya tengo muchas metas y varias de esas están relacionadas al “Hotel Shining”. John me señala su reloj, el descanso está por terminar y lo mejor es volver a ponernos los uniformes, la hora de los cocteles es la hora previa a la cena, es la hora en donde más aperitivos y bebidas se venden, por lo que los meseros están de un lado a otro y cada huésped deja una fortuna de propina, he visto meseros recibir hasta cien dólares en una sola tanda de cocteles.

  - ¿Qué harás cuando llegues a casa?

  - ¿Pues qué más? – pregunto, caminando hacia el área de descanso del personal – Estudiar con todas mis fuerzas, yo haré que el hotel de mi padre llegue a ser como este

  - Lo lograrás

Entramos en el área, por suerte Marcus es de mi talla y puedo usar su uniforme de mesero. Nos colocamos los pantalones, los chalecos nos los pondremos después o terminaremos tan sudados que pareceremos monstruos marinos.

  - Ojalá – amarro las agujetas de mis zapatos - ¿Tú qué harás? – pregunto – Ya te graduaste

  - Pues… - John mira el suelo – No lo sé aún

  - ¿No planeas seguir con tus estudios?

  - Es lo que más quisiera – confiesa – Pero la universidad no está a mi alcance monetario

  - Para mí tampoco… - me lamento, salimos del área de descanso – Y en verdad quiero seguir aprendiendo, para así hacer un buen trabajo con “Hotel Shining”

  - Bueno, hay que dejar de lamentarnos

  - ¡Ey!

Río, John me ha quitado mi chaleco de las manos.

  - Pase largo…

  - Ya…

Acepto, él lanza mi chaleco con todas sus fuerzas. Corro, mirando hacia el cielo con los brazos extendidos, no puedo ensuciar el uniforme, no tenemos más chalecos. John ríe, le sigo, es divertido darnos aunque sea un momento de relajo. Sé que mi futuro es incierto, la economía no está muy bien y lentamente nos estamos acomodando, parece mentira que hace diez años acabó la guerra.

  - ¡Ah! – exclamó una voz, levanto la mirada, es la muchacha del pasillo – Mi vestido…

  - Lo lamento mucho – realizo una leve reverencia, pero ella me sigue mirando con desprecio – No fue mi intención perturbarla

  - Como sea… - la chica voltea el rostro hacia su acompañante, la misma chica que la acompañaba en el pasillo – Olivia, vámonos

  - Adiós

Dice la otra chica, agitando su mano sonriente.

  - ¡Olivia! – le regaña la primera chica - ¡No los saludes!

  - Esa chica es odiosa – dice John, acercándose a mí - ¿Estás bien?

  - Es la primera vez que una chica me mira con desprecio

  - Lo superarás – se ríe – Vamos, será mejor que nos apresuremos antes de que choques con otra chica presumida

  - Sí…

  - ¡John! ¡Michael! – me giro, es nuestro supervisor – Nicholas se tuvo que ir de emergencia al hospital, un ebrio lo empujó por las escaleras

  - Joder…

Exclama John.

  - Necesitamos que vayan a terminar su turno

  - ¿Qué?

Preguntamos ambos al unísono.

  - Iremos a atender mesas en el bar de la piscina

Le informo.

  - Hora de los cocteles

Explica John.

  - Lo sé, pero esto es urgente, es una habitación que se acaba de desocupar y pronto llegará más gente importante

  - Todos son importantes…

Susurra John con ironía.

  - Está bien… - acepto con resignación - ¿Qué habitación?

  - La 615

  - De acuerdo…

Nos damos media vuelta y caminamos de regreso al enorme edificio con cientos de ventanas. Tender camas, en esto se basa mis vacaciones de verano, no me quejo, pero tampoco silbo de alegría. Entramos en los ascensores y subimos hasta el piso número seis. El largo y alfombrado pasillo se deja ver con imponencia. John y yo nos miramos, asentimos con la cabeza y corremos a la habitación 615, cuanto más rápido acabemos con esto más rápido podremos ir al bar de la piscina a llevar cocteles.

  - Bien, dame la llave

Indica John.

  - Sí… - meto mis manos en mis bolsillos – Oh… no…

  - ¿Qué sucede?

  - Estos no son mis pantalones, recuerda… – corro hacia el ascensor y presiono el botón con todas mis fuerzas - Espera aquí, ahora voy por la llave, la tenía antes de ir a las cocinas, debe de estar en mi otro pantalón – escucho la campanada del ascensor - Ahí debe de estar…

  - ¡John! ¡Cuidado!

  - ¡Ah!

Choco con algo.

  - Ten más cuidado

 Dice una voz, abro los ojos. Es otra vez la muchacha, acomodándose los guantes y mirándome fijamente, sus ojos parecen los de un gato. Cubre su rostro con su abanico y sale del ascensor, sacudiéndose el vestido. Me quedo viéndola, bambolea las caderas mientras camina ¿Cómo una chica tan bonita puede tener una actitud tan desagradable? Sacudo la cabeza, no tengo tiempo de pensar en desagradables niñas mimadas.

Bajo por el ascensor y corro al área de descanso, estoy seguro que la deje ahí, espero que esté ahí, no podemos darnos el lujo de perder nuestra llave maestra, si se enteran que la hemos perdido me sancionarán y no quería eso. Tres sanciones y te despiden, John y yo estamos inmaculados y queremos mantenernos así para conseguir el bono al final del verano. Traer dinero a casa, y en gran cantidad, es uno de mis objetivos, aunque este trabajo es por el sueldo mínimo mensual, y solo trabajaré por el verano ¡Pero no importa! Como nos dan hospedaje y comida gratis, las propinas exuberantes de los millonarios son suficiente como para cambiar los muebles del “Hotel Shining”. Mejorar el hotel de mi padre es mi objetivo principal, ese hotel va a dejar de ser una posada de paso y se convertirá en el más visitado por todo el mundo, y de eso me encargaré yo. Encuentro mi llave, estaba en mi pantalón tal como pensé. La tomé y corro de regreso al edificio, entro en el ascensor y presiono el botón del piso seis.

  - ¡Espere! - grita una chica, corriendo hacia el ascensor, coloco mi mano en la puerta para evitar que este se cierre, la chica logra entrar - Gracias – dice, esbozando una sonrisa, asiento con la cabeza, no debemos de sociabilizar con los huéspedes – Tú eres el chico que siempre choca con Kate

  - Eh… - la miro bien, era la chica que acompañaba a la chica mimada – Sí… creo que sí

- Soy Olivia

Me extiende su mano, cubierta por un guante de encaje que se ve muy fino.

  - Yo… - me limpio disimuladamente la mano con la tela de mi pantalón, no quiero ensuciarla – Soy Michael

  - Un gusto

El ascensor llega a nuestro piso y entonces salimos de él. John me mira sorprendido, y debe de estarlo al verme tan cerca de un huésped que me habla mientras se acomoda su fino vestido, igual de fino que el de la chica mimada con mirada felina. Llegué donde John y Olivia nos mira, luego mira a John y baja la mirada, algunas chicas se vuelven penosas en su presencia.

  - ¿Aquí es su habitación?

Pregunta.

  - Nosotros…

Empieza a decir John, pero una puerta se abre.

  - Olivia… - alzo la mirada, es la chica mimada – ¿Me prestas tus pendientes de diamantes?

  - Quería usarlos en la cena – contesta la chica y John y yo nos miramos ¡¿Diamantes?! – Te presto los de rubís, los que tienen el collar de oro con incrustaciones de rubí

  - Bien… - la chica mimada hace un puchero – Mejor uso los de plata y zafiros

  - Entonces yo usaré los zafiros para estar a juego

  - No mejor usa los diamantes y yo las amatistas

  - ¿Con tu vestido negro?

  - Sí, y tú usa tu vestido rojo

  - De acuerdo… - nos mira y sonríe – Adiós… - me mira – Un gusto Michael, ojalá puedan comer con nosotras

  - Eh…

  - Ven ya – le ordena la chica mimada a Olivia – Tenemos que vestirnos para salir a caminar

  - Sí…

Olivia nos vuelve, hace un leve asentimiento con la cabeza y continúa su camino hacia la habitación de la chica mimada. John y yo nos miramos sorprendidos y luego miramos la habitación 615, entramos en ella con la llave maestra y nos quedamos viendo su interior.

  - ¿Acabamos de ser testigo de una charla sobre diamantes y rubís?

Pregunta John, aún sorprendido.

  - Eso parece…

  - Hay diamantes y rubís en este hotel

  - Y oro… - nos miramos con los ojos bien abiertos – Con todo el dinero invertido en joyas, podría ampliar el hotel de mi papá

  - Deberíamos robar las joyas de esas chicas

  - ¡¿Qué?!

Miro sorprendido a John, bromea ¿Verdad…?

  - No lo digo en serio – me tranquiliza – Pero con una llave maestra para entrar a cualquier habitación, fácilmente podríamos tomar pequeñeces y venderlas… - John se acerca a la cama y quita las sábanas - ¡Podría pagar un semestre en la universidad si tuviera un diamante!

  - Lastimosamente no es nuestra vida – digo, ayudándolo con las sabanas de la otra cama – Esas chicas tienen mucha suerte, nosotros…

  - Trabajamos como mulas

  - Pero así es la vida

  - Lastimosamente

  - El que puede, puede - lanzo las almohadas al suelo – Y el que no…

  - Aplaude

  - Exacto – comienzo a tender la cama – Ahora continuemos, necesitamos terminar con este desorden antes de la cena

  - Sí… - John termina de tender la cama y se dirige a los closets - ¡Michael!

  - ¡¿Qué?!

  - ¿Los de esta habitación ya se fueron?

  - Sí… - contesto, revisando mi hoja – Sí, se fueron

  - Pues… no se llevaron todo

  - ¿Qué?

Pregunto, caminando hacia el closet. Ahí, colgados en dos percheros, dos trajes negros. A simple vista se puede ver lo finos que son. Paso mi mano por las telas ¡Son muy suaves! Lo tomo y caminé hacia el espejo, no puedo negar que se me vería muy bien con un traje como este. Me quito la corbata y la camisa y comienzo a poner la ropa olvidada.

  - ¿Qué haces?

Me pregunta John, volviendo a colgar el otro traje.

  - Solo quiero ver que se siente usar ropa tan cara – termino de vestirme – Se siente muy bien…

  - Genial, ahora quítatela, no es nuestro, es de un huésped

  - Pero… - miro John, acomodándome la corbata – El huésped ya se fue y no se llevo esto

  - Entonces hay que dejarlo en recepción, tal vez puedan ubicar al huésped

  - O tal vez no

  - Michael…

  - ¡Por favor! – suplico – Solo quiero sentir

  - Bien, pero después lo dejamos en recepción

  - De acuerdo – acepto a regañadientes – Tú ponte el otro

  - ¡Ni loco! – exclama – No me pondré algo que no es mío

  - Vamos, nadie se enterará

  - De acuerdo – acepta, poniendo los ojos en blanco y quitándose la camisa – Esto es una locura

  - Se ven increíbles en nosotros – me miro en el espejo – Que guapo soy

  - Sí… - dijo John con ironía – Wow… - se mira en el espejo – Es…

  - Te lo dije

  - Si tuviéramos una cámara, nos tomaríamos fotos, en casa no nos creerán que estamos usando sombreros tan caros

  - Yo aún no puedo creerlo…

Digo, acomodándome el saco y sonriendo, en verdad se nos ve muy bien. Pero no es nuestra realidad. Sin el traje nosotros éramos dos empleados de dieciséis y dieciocho, meseros, trabajando por propinas en un mundo de ricos y poderosos. En el futuro quizá podría usar esto, por ahora era un mero disfraz que debía de guardar… o tal vez no…

  - ¿Qué te parece salir a hacer el trabajo así?

  - ¿Con esta ropa? – John se quitó el saco - ¿Estás loco?

  - ¿Qué tiene de malo? – pregunté, acomodándome el sombrero – Quizá hasta encajemos en la alta sociedad

  - ¡¿Estás chiflado?! ¡¿El sombrero te aprieta?! – John lanzó el saco a la cama – Michael, somos meseros, que nos pongamos esto no quita ese hecho

  - Yo no quiero ser siempre un mesero

  - Pero por ahora lo eres… - John soltó un suspiro – No quiero que esa gente te haga sentir mal, eres mi hermano, mi mejor amigo y no quiero que te hagan daño

  - No lo harán – le aseguré, abotonándome el saco – Además… será solo una noche ¿Qué puede pasar?

  - De acuerdo… - John se volvió a poner el saco – Pero será la última locura en la que te sigo

  - Sabes que eso no es verdad

  - Ya… vamos antes de que me arrepienta

Sonreí y salimos de la habitación en nuestros nuevos atuendos. Bajamos por el ascensor y caminamos por la piscina, muchas personas nos miraban. John se veía incómodo, yo en cambio me sentía genial, como si de verdad perteneciera a ese mundo. Algunas chicas nos saludaban, con ellas John no se sentía incómodo. Continuamos caminando, exhibiéndonos y esperando a que nuestro jefe nos vea.

  - ¡Ay, al fin los veo! – exclamó uno de nuestros compañeros – Tomen – nos entregó a cada uno una hoja con un pedido para el bar de la piscina – Tengo como diez pedidos, apóyenme

  - Claro - contestó John y nuestro compañero se fue corriendo – Vamos Michael

  - Sí…

Acepté, tomando el pedido y caminando hacia el bar de la piscina.

  - Un whisky y un coñac

Pedí y el barman asintió, empezando a servir, algún día las bebidas alcohólicas se servirán con más cosas y tendrán nombres raros. El barman se fue y yo me senté a esperar por las dichosas bebidas, esa noche había más comensales que otras veces en el bar. Los meseros debían de estar saturados, como nuestro compañero que nos pidió ayuda. John y yo éramos normalmente botones o conserjes, pero de igual forma nos llamaban meseros aunque jamás servíamos directamente a un huésped.

Empecé a golpetear la barra, se estaban demorando mucho y John hace mucho que había acabado con lo suyo ¿Por qué no me daban mis pedios? Mi paciencia se estaba acabando y debía de ayudar a mi amigo ¿Qué demonios pasaba?

  - ¡¿Cuánto más tengo que esperar?!

Pregunté enojado, haciendo ademanes con las manos…

  - ¡Ay!      

Exclamó una voz cuando mi mano chocó con su rostro.

  - ¡Lo siento!

  - ¿Es que acaso usted, simple mesero, va a golpearme por toda mi estadía en el hotel?

La chica me miró con enojo, pero eso me importaba poco. Me había dolido, me había ofendido; por primera vez desde que empecé a trabajar en el hotel, me sentí ofendido y avergonzado. Sí sabía que al venir a este hotel vería a lo mejor de lo mejor de la sociedad, a los más ricos y poderosos de Inglaterra y quizá del mundo, pero jamás me sentí inferior a ellos, hasta ese momento.

Su mirada severa y altiva, con un toque de presunción, era la mirada de alguien que se sentía superior y se creía superior, y era obvio que así era. Me sentía pequeño a su lado, y no porque ella me llevara unos centímetros de altura, sino porque sabía que era inferior a ella, que había muchas diferencias entre ella y yo. Renegué de mi vida, y no podía creer que lo estuviera haciendo, pero lo hacía, pues no quería ser un mesero en ese momento, quería ser alguien, cualquier persona que pudiera cerrarle la boca a esa chica, aunque tuviera que ser educado con ella por ser mujer, pero quería callarla.

  - ¡Oh, hola! – saludó de pronto Olivia, sonriéndome, luego miró a su amiga - ¿Sucede algo?

  - No soy un mesero

Dije, mirándola fijamente y cerrando mis puños.

  - ¿A no…? – la chica me miró con una sonrisa burlona en los labios – Si mal no recuerdo, usted y su acompañante usaban uniformes

  - Kate… - su amiga la tomó del brazo – Vamos a buscar una mesa

  - No soy un mesero – volví a repetir, cerrando los puños y mirando fijamente a esa chica - ¿A caso luzco como uno?

  - ¿Entonces qué hacia vestido como uno?

Mirándome de arriba abajo, como analizando mis ropas, el traje fino que llevaba puesto.

  - Eso no es de su incumbencia

Contesté y ella abrió mucho los ojos.

  - ¿Cómo se atreve usted a hablarme así?

  - De la misma forma que usted osó en llamarme “Mesero”

Ambos nos miramos. Sus ojos lanzaban chispas y no dudaba en que los míos también. Solo Olivia se veía preocupada, mirando de hito en hito, y balbuceando.

  - Kate, mejor vámonos – volvió a decir y la chica asintió – Disculpe la actitud de mi amiga…

  - ¡¿Por qué te disculpas?! – gritó de pronto la chica, zafándose con brusquedad del agarre de su amiga - ¡Yo no he hecho nada!

  - Kate… por favor…

  - Al menos una disculpa haría que usted quede como una persona con educación

Solté y la chica me miró con furia.

  - ¿Se atreve usted a decir que no tengo educación? – tragué saliva, la mirada de esa chica era de temer, como si lanzara ácido con los ojos, me sentí asustado – Demuéstreme usted que no es un mesero y que mis palabras han sido ofensivas, solo así me disculparé…

  - Kate…

Olivia miraba a su amiga con temor.

  - Estoy esperando…

Dijo la chica, yo solo la miré, apretando aún más los puños.

  - Su pedido señor Smith – dijo de pronto el barman, Samuel, y yo lo miré sorprendido – Espero que esté disfrutando su estadía en el “Paradise Sun-Resort”

  - Eh… - miré a Samuel y él me señaló el vaso con lo que parecía ser limonada – Gracias…

  - Fue un placer…

Dijo, dándose media vuelta y yéndose.

  - Bueno… - miré a la chica, ella me miraba ceñuda – Creo que merezco una disculpa

La chica me miró fijamente y giró el rostro, alzando la nariz y cruzándose de brazos, yo solo solté una risa.

  - Kate… - la chica miró a su amiga – Discúlpate

  - Aish… - la chica bufó y me miró – Disculpe usted mi comportamiento ofensivo

  - Descuida…

  - Bueno… - empezó a decir Olivia, sonriendo – Ya que todo está solucionado, iré por más pollo

Y diciendo esto se fue.

  - ¿De verdad no lo vi a usted usar ropas de servidumbre?

Preguntó la chica de mirada felina con una ceja alzada.

  - No…

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