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02. EL INICIO

Diez años atrás

Un auto de color rojo se detiene en la calle, el día es soleado, como cualquier otro en la ciudad, baja una pelirroja con una enorme sonrisa dibujada en su rostro y del asiento del copiloto baja un niño de cabellera negra y ojos azules. facciones heredadas de su padre.

—Esta será nuestra nueva casa Mark —Claudia mira emocionada la propiedad, sobre todo porque significa un nuevo comienzo para ella y su pequeño hijo Mark de diez años.

Se vieron obligados a mudarse después de la muerte de su esposo, las deudas empezaron a asfixiarlos hasta que los dejaron casi en bancarrota, encontraron una salida… un nuevo comienzo en una nueva ciudad, decididos a comenzar de nuevo.

Claudia es enfermera y encontró un trabajo en el hospital más prestigioso de la ciudad, lo que le permitiría salir adelante con su pequeño, es una madre joven.

—Pero mamá no sé si podré hacer nuevos amigos —Mark la mira triste, fue muy duro para él dejar a sus amigos atrás.

—Por supuesto que sí, los dos haremos nuevos amigos —lo abraza cariñosamente mientras una pelota golpea la puerta de su casa.

—Lo siento… me devuelve mi pelota —es un niño de la misma edad de Mark de ojos color miel y cabello color castaño.

—Por supuesto, ¿Cómo te llamas? —Claudia le entrega el balón sonriéndole.

—Me llamo Sam —el niño agarra su pelota un poco con desconfianza.

—Hola Sam, él es mi hijo Mark — Sam voltea a verlo 

—Mark ¿Quieres ir a jugar conmigo a la pelota? — empieza a darle suaves patadas en el suelo.

—¿Puedo mamá? —Mark voltea emocionado a ver a su mamá.

—Sí, ve, pero no te alejes, Sam, ¿Dónde vives? —le pregunta mientras los niños se alejan de la puerta.

—¡Vivo en la casa de al lado! —le grita Sam perdiéndose con Mark al final de la calle.

Los niños se van corriendo pateando la pelota, Claudia se queda con una gran sonrisa en los labios, está feliz de que su hijo haya hecho un amigo, voltea y la sonrisa se le borra al ver todo el desastre que será poner todo en su sitio.

Comienza a colocar las cosas en su lugar, pero es demasiado agotador para una sola persona, de pronto el timbre suena, se asoma y ve a una joven de veinte años parada en su puerta, tiene el cabello castaño claro lacio y sus ojos son color verdes.

—Hola, ¿En qué puedo ayudarte? —Claudia le sonríe amablemente.

—Buenas tardes, soy Lizzy su vecina del costado — ella responde la sonrisa.

—Soy Claudia, ¿Tú eres familiar de Sam? — pregunta intrigada.

—Es mi hermano, justo por eso venía, lo vi entrar a tu casa, lo ando buscando… ya es la hora de almorzar, cuando juega suele perder la noción del tiempo y si no lo busco es capaz de no comer en todo el día por jugar.

—Te entiendo mi hijo es igual… estuvo por acá, pero se fue a jugar con mi hijo, que rápido pasó la hora, ni cuenta me di que ya era la hora del almuerzo —Claudia dice esto mientras ve la hora en su reloj y en su rostro tiene un gesto de preocupación, aún tiene mucho que arreglar y las cosas de la cocina no está desempacadas.

—Cuando uno está ocupado las horas corren sin que nos demos cuenta —Lizzy trata de ser amable para no hacerla sentir mal.

Sam y Mark se acercan corriendo con la pelota.

—Mark ven, ella es mi hermana Lizzy — lo jala de la polera para que salude.

Mark la mira y le sonríe tímidamente, mientras ella le soba la cabeza en señal de saludo.

—Hola Mark, que bueno que se hayan hecho amigos — Mark sintió su agradable caricia.

—Sam vamos a la casa —Lizzy llama su atención — podrás seguir jugando más tarde.

—¿No puedo jugar con Mark un rato más? —Sam no quiere separarse de su nuevo amigo.

—Ya sé, tengo una idea —voltea a ver a Claudia —no se si le puedes dar permiso a Mark para que vayan a almorzar a la casa y de ahí se queden jugando.

Claudia lo duda, pero voltea a ver todo el desorden que aún le espera arreglar y acepta.

Los niños se van felices a casa de Sam con Lizzy, mientras Claudia se queda arreglando ya más tranquila.

A los pocos minutos, vuelven a tocar el timbre y aparece Lizzy con un plato de comida, un vaso de refresco y una enorme sonrisa.

—Esto es para ti —le ofrece —se que no has tenido tiempo de cocinar… las mudanzas son muy cansadas y agobiantes.

—Muchas gracias, no debiste molestarte — sonríe contenta, el hambre ya está empezando a hacerla detenerse para buscar algo que comer.

—No es ninguna molestia, seremos vecinas así que nos tenemos que ayudar —Lizzy le sonríe mientras ingresa con la comida para dejarla en la mesa de la cocina.

Se sientan y Claudia comienza a comer, ambas ríen e inmediatamente crece una bonita amistad.

(…….)

Los meses pasan y cada vez son más unidas, Mark y Sam se han vuelto los mejores amigos, hacen pijamadas en la casa del otro y Lizzy es la encargada de cuidar a Mark mientras Claudia tiene guardia en el hospital por las noches.

Todo marcha de maravilla para todos, si no fuera porque en el interior de Mark empieza a sentirse un poco atraído por Lizzy, su risa y seguridad típicas de una veinteañera lo cautiva a sus cortos 10 años.

(……..)

Ocho años más tarde

Ya es medianoche, como es de costumbre Mark se a quedado a dormir en casa de Sam, ambos están solos viendo una de las últimas películas porno que se pasan entre los chicos de su edad, están en la habitación de Sam tranquilamente, Lizzy ha salido con sus amigos, sus padres de Sam son divorciados, ellos vivían con su madre, pero no está, ha viajado como es costumbre, con su novio fuera del país.

Esa es una de las razones por las cuales Lizzy aún no se ha ido de su casa, tiene que cuidar de Sam.

Mark y Sam están sentados cada uno a un lado del sofá masturbándose concentrados en la película. La puerta se abre y cuando Lizzy ingresa un poco mareada y los ve, se sorprende, pero no dice nada, Sam se tapa inmediatamente mientras Mark se queda inmóvil viendo fijamente a Lizzy, la cual se da cuenta y se sonroja.

—Disculpen, no quise interrumpirlos, m****a debí llegar más tarde — camina rápidamente hacia las escaleras — los dejo — habla sin voltear atrás y sube corriendo las escaleras con dirección a su habitación.

Llega a la comodidad y tranquilidad de su habitación, cierra la puerta con fuerza, se apoya en ella y siente el corazón salir de su pecho, como si un fantasma la hubiera perseguido por las escaleras. 

Empieza a desvestirse y no puede evitar pensar en el miembro de Mark, que a pesar de haber sido solo unos segundos pudo apreciar que está bien dotado para ser alguien joven, sacude de su mente esos pensamientos.

Sale de su habitación para ir al baño que comparte con su hermano y escucha los gemidos procedentes de la película, pone los ojos en blanco y se mete a la ducha. Deja que el agua tibia la refresque e intenta borrar esas imágenes de su mente, para cuando sale del baño ya las luces están apagadas, se asoma en silencio, tratando de hacer el mínimo ruido y los chicos ya están en silencio o al menos los gemidos de la película han terminado.

Se dirige a su habitación envuelta en su toalla, se acuesta solo con una braga color blanca y los pechos al aire.

Empieza a dar vueltas en su cama, no puede dormir, las imágenes y los recuerdos llegan a su mente, cierra los ojos y comienza a pasar sus dedos suavemente por toda su vagina encima de su braga, inmediatamente comienza a mojarse, siente que le empieza a estorbar ese pedazo de tela.

Se saca la braga quedándose desnuda sobre la cama, sus dedos toman posesión de su clítoris mientras su otra mano recorre sus pechos acariciándolos y apretandolos, ahoga sus gemidos, no quiere que la escuchen, sus dedos ingresan en su interior cada vez más profundo y fuerte, aprieta las piernas atrapando su mano con estas y frotándose, sus gemidos se hacen más notorios.

Mark sale de la habitación de Sam para dirigirse al baño, escucha unos ruidos extraños venir de la habitación de Lizzy, su curiosidad es grande como los sentimientos que trata de reprimir a diario, verla todos los días para él es un regalo, le encanta su forma de ser, su mirada, como ríe y esa mueca que hace cuando está nerviosa, se acerca en silencio agarra la perilla suavemente y la gira esperando que no se de cuenta.

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