REDENTION
REDENTION
Author: m.p.ecker
1

El teléfono empieza a vibrar sobre la almohada e intento cogerlo, pero Tyler me lo impide cuando comienza a besarme, dejándome sin defensas para resistirme, ya que me encanta su efusividad.

Intento separarme de él, pero me tumba en la cama y se coloca a horcajadas sobre mí.

—Tengo que cogerlo —digo entre sus labios.

—No tienes porque —murmura mientras sigue acariciándome los muslos de arriba a abajo con una lentitud que es una tortura.

Le pongo las manos en el pecho e intento sacármelo de encima, pero pesa demasiado y que siga besándome no ayuda en absoluto.

—Tyler —farfullo—, déjame.

Finalmente, se coloca a un lado y se cruza de brazos con resignación, fulminándome con la mirada de manera cómica. No sé quién será a estas horas, pero sea quien sea ya me ha fastidiado. Pongo los ojos en blanco y le regalo una sonrisita de disculpa cuando se coloca boca abajo en la cama y mete las manos debajo de la almohada. A veces puede ser tan infantil que no puedo evitar reírme y darle un casto beso en los labios.

El teléfono no ha dejado de sonar, así que ya puede ser importante.

—¿Sí? —pregunto, malhumorada. Se toma su tiempo en contestar y cuando suspira detrás de la línea—. ¿Diga? —vuelvo a preguntar.

Joder, podría contestarme.

—Becca, ¿eres tú? —murmura en un susurro apenas audible.

Ahora soy yo la que no puede hablar, se me ha formado un nudo en la garganta y me cuesta respirar. Puede que por la impresión de no haberlo escuchado desde hace más de un año; más que tan qué trescientos sesenta y tres días. Estoy segura de que no puedo comparar mandarnos algunos mensajes a hablar con en él. Todavía me sorprende que me cueste.

Intento relajarme respirando profundamente.

—Ho-hola —balbuceo con falsa alegría.

Empiezo a frotarme la frente mientras camino de un lado a otro en un radar de metro y medio. No me puedo creerme que realmente esté hablando con él, que me esté hablando a mí... y lo peor es que ni tan siquiera sé lo que quiero decirle, lo que me dirá él...

Se ha vuelto todo tan, como expresarlo, ¿extraño?

—Yo también me alegro de hablar contigo, Becca. —El corazón me da un débil vuelco al volver a escucharlo pronunciar mi nombre—. No sé si te acuerdas..., o si lo has leído, pero te mandé un mensaje preguntándote si podías venir a buscarme al aeropuerto —me contesta con un hilo de voz.

Parece estar tan nervioso como yo y debo admitir que eso me reconforta. Es cierto que últimamente no he leído sus mensajes. Pensé que sería mejor para mí y mi salud mental dejar de prestarle tanta atención. Aunque ahora sólo puedo quedarme con la idea de que va a venir... que lo volveré a verlo...

Tyler se apoya en el marco de la puerta y me mira inquisitivo cuando pongo un dedo en mis labios, señal de que no hable. Asiente y se cruza de brazos con curiosidad.

—Sí, puedo pasarme —le respondo, pero esta vez con la voz más firme. No quiero que Tyler sospeche nada, pero debe de hacerse una idea cuando me miro en el espejo del baño y aprecio que el color ha abandonado mi cara y estoy temblando. No me puedo creer que aún tenga este efecto sobre mí—. ¿A qué hora llegas? —inquiero.

—En un par de horas.

—Vale, estaré ahí —susurro—. Adiós.

Un incómodo silencio se hace con la línea y los ojos comienzan a picarme cuando unas terribles ganas de llorar me asolan, como si un nudo enorme me oprimiera el pecho y me impidiera respirar.

—Adiós, Becca.

Aprieto el móvil contra el pecho y cierro los ojos con fuerza, como si no pudiera concentrarme en nada concreto.

Era él, de verdad era él. Era su voz. Ninguna charla con el psicólogo me había preparado para volver hablar con él y mucho menos volver a verlo, incluso después de tanto tiempo me resulta imposible poder tratarlo como solía hacerlo.

—¿Qué te pasa? —me pregunta Tyler con la voz cargada de preocupación. No obstante, ya no lo escucho, sino que me hundo en mis propios recuerdos.

Me tiembla el labio inferior, pero sonrío y me cruzo de brazos para ocultar el temblor.

—Na-nada, sólo era una llamada de Jared —respondo con una falsa sonrisa.

Sus ojos azules buscan en los míos lo que me sucede, así que le devuelvo mi mirada más falsa y condescendiente. Antes de que pueda preguntarme algo que nos lleve a un inconcluso debate, lo abrazo y me río contra su pecho. Él me devuelve el abrazo y coloca su barbilla en mi coronilla, acariciándome la espalda con cariño.

No tengo ni idea que mentira voy a inventarme para que pueda marcharme y no sospeche a quien voy a ver. Ya ni siquiera creo que sea buena idea verlo, pero quiero hacerlo, necesito verlo. Y por ello tengo claro que no puedo contárselo a Tyler, sino, no me dejaría ir o querrá venir conmigo, que sería incluso peor.

Despego la cara de su pecho y lo miro con una ceja enarcada.

—¿Me vas a contar lo que te pasa? —inquiere, imitando mi gesto.

Me separo de él y lo miro a los ojos, a lo mejor así logro confundirle. Vuelvo a fijar mi mirada en él y asiento levemente mientras le rodeo la cintura con los brazos. Lo mejor será adoptar la actitud de chica inocente, porque la borde no vale para nada con Tyler; está demasiado acostumbrado a ella.

—No pasa nada, sólo que Jared necesita ayuda en la cocina, ya sabes, cena romántica y no quiero que me queme la cocina —suelto de sopetón.

«Por favor, que me crea» rezo en silencio.

—Becca, tú no sabes cocinar, ¿lo sabes? Yo podría ayudaros —se ofrece, pero niego rápidamente con la cabeza.

 Enarca una ceja y me mira con curiosidad.

—Hum... no, no hace falta. Es mi apartamento y debo ser una buena anfitriona —respondo con decisión. Me aparto y comienzo a juguetear con el móvil entre los dedos para distraerme—. Ya sabes que cuando se trata de Jared siempre acaba por envolverme y conseguir que me quede hasta que me echa a patadas —le explico con pesadez

Salgo del baño lo más rápido posible y empiezo a recoger mi ropa esparcida por el suelo. Me resulta extraño volver a mentir de manera tan descarada. Hacía tanto tiempo que no tenía que mentir que hasta podría afirmar que me siento un poco culpable por hacerlo, pero sé que de cierto modo estoy haciendo lo correcto.

Me sobresalto cuando Tyler me agarra por detrás de la cintura y me da un beso en el cuello.

—Oye, podríamos acabar lo que empezamos esta mañana —susurra en mi oído con la voz cargada de deseo.

—Eres insaciable ¿lo sabías? —Me doy la vuelta y recorro con los dedos su incipiente barba de dos días—. Creo con lo de ayer has agotado mis energías. —Rozo mis labios con los suyos y le doy un beso en la comisura de la boca, sonriendo con malicia.

Antes de que pueda detenerme salgo corriendo hasta el baño y cierro con pestillo. Empieza a aporrear la puerta y yo comienzo a reírme como una tonta. Lo cierto es que Tyler ha sido la mejor terapia que podría haber encontrado, es una buena distracción, aunque sé que lo estoy utilizando. Es demasiado bueno y sé que no me lo merezco, es demasiado bueno para mí.

Algún día me explotará en la cara.

—Venga, Becca, déjame pasar —gimotea—. Me portaré bien.

—No, que entonces seguro que no llego.

Me doy una ducha rápida y me pongo la ropa de anoche, está arrugada de haber pasado la noche en el suelo, pero no creo que tenga nada en el coche. Salgo del baño y busco mi bolso con la mirada, pero no está.

«¿Dónde narices lo abre dejado?»

Cuando llego a la cocina lo encuentro sobre la encimera, lo cojo y rebusco dentro las llaves del coche, en cuanto las encuentro doy media la vuelta, pero Coco se cruza en mi camino, haciendo que casi me caiga de bruces, pero consigo mantenerme en pie.

—Mierda, Coco —maldigo entre dientes antes de acariciarle la cabeza. Antes de irme le doy la noticia—. Pronto volverás a ver a Sam —susurro. Le sonrío, pero me duele pronunciar su nombre. Ella parece que lo entiende, porque empieza a mover la cola frenéticamente—. Ojalá a mí me hiciera tanta ilusión como a ti.

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