MENTIRAS (Siempre fuiste tú)
MENTIRAS (Siempre fuiste tú)
Author: Jhoi Páez
Capítulo 01

I

Tenía por fin un sueño profundo. Uno de esos que no tenía en meses desde que iniciaron las fuertes jaquecas.

Sentía la brisa helada colarse por bajo de la manta, enfriando mis pies, entumeciendolos.

Un silbido por lo bajo se escuchaba al fondo. Y entonces, cuando estaba en mi mejor momento, sucedió.

La lámpara que acostumbro a colocar cerca de la mesita de noche que está a escasos centímetros de la ventana, sonó. Pero no como de costumbre, esta noche no.

Se quebró.

Abrí los ojos espantada, no era de las personas que al despertar tras un sonido extraño se desperezaba y luego pensaba... No, yo nunca fui así.

No más al escuchar el ruido abrí mis ojos asustada, el corazón lo tenía latiendo a millón y me tapé tanto como pude con la manta purpura. Espere minutos con el miedo intacto hasta que luego de un rato al darme cuenta que no había nadie, saqué la cabeza del escondite y mire alrededor.

Había tanta oscuridad que temía que en cualquier momento saliera algo de entre las sombras, pero no fue así.

Saqué un pie, luego el otro y temblando camine alrededor de la cama. La brisa azotaba con fuerza la ventana, entre fruncí el ceño y me acerque a ella dando grandes zancadas. Al estar a solo un paso y maldecir por lo bajo el haber dejado el pestillo flojo, lo vi.

Una sombra pasó rápido entre los arbusto hasta perderse en el callejón de la otra acera.

Di un paso atrás. Luego otro. Y otro. ¡Corrí!

— ¡Mamá!

Grité con los vellos de la piel de punta por el terror, mi voz sonó más fina de lo normal y casi no podía pronunciar bien la palabra.

Azote la puerta y salté sobre su cama, estaba cubierta hasta arriba con las mantas de color azul marino y roncaba cada que respiraba. Caí sobre ella, causándole tanto terror que me golpeo con la palma de su mano, al caer en la cuenta de quién era se disculpó de inmediato y sobo mi mejilla.

— ¡Había alguien entre los arbustos!

Horrorizada me echó a un lado y se dirigió al armario, tomó la escopeta que siempre acostumbra amantener cargada pero bien escondida y salió corriendo. — ¡Lo vi desde la ventana!— informé.

Me cubrí con las mantas temblando y espere... Espere...

Pero nada sucedió. Mamá volvió con la mirada cansada y leves ojeras bajos sus ojos.

—Hoy duermes conmigo, mañana reviso.

Dijo colocando seguro a la puerta y colocando el arma sobre la mesa de noche que está a un lado de su cama— Gracias a Dios no encontré nada, sino, no podría ni pegar un ojo.

Se echó las mantas encima y me abrazo.

—Duerme un poco pequeña.

De pequeña no tenía nada. Dieciséis años bien cumplidos el primer mes del año y mal transitados por el colegio.

Luego de eso, no pasó nada más y al apenas cerrar los ojos caí en un profundo sueño.

Sangre.

Gritos.

Lamentos.

El fondo de la habitación en la que estaba era de color blanco, parecido al de un manicomio. Por todos lados se escuchaban gritos y llantos de mujeres, parecía una masacre y yo estaba en medio, corrí sin rumbo fijo hasta caer de boca contra el suelo... Mire lo causante y ahogué un grito.

El cadáver de una rubia yacía inerte bajo mis pies. Un charco de sangre cubría el cabello sobre su rostro, el cual tapaba la mayor parte del mismo, tenía una especie de bata blanca y un enorme hoyo en su estómago.

—Dios mío...

Me levante tan rápido como pude y salí disparada a quien sabe dónde, porque la escena cambió de forma radical. Ahora me encontraba en una especie de lago con un pequeño puente guindando, hincado y con capucha se encontraba alguien quien cada dos minutos murmura palabras en otro idioma.

—Falta poco, muy poco. — Murmuró a la nada y cuando estaba por ver su rostro.

Desperté.

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