Estocolmo
Estocolmo
Author: Joanna Dávila
Capítulo 1

- Quiero que encuentren a mi hija. 

Es el grito de un padre desesperado por no saber nada de su hija desde hace una semana.

- Estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos señor. 

- No veo ningún avance desde hace una semana. ¿Qué clase de policías hay aquí?

- Señor, entendemos su desesperación pero no podemos hacer más de lo que ya estamos haciendo con la información que usted nos ha facilitado, ya hemos investigado a los amigos y allegados y no hemos encontrado nada, pero sí que seguimos trabajando en todas las pistas que nos van llegando. 

- Perdone, se que están trabajando pero comprenda es mi hija la que está desaparecida. 

- Lo entiendo señor Allendi y créame que estamos haciendo todo, todo lo que está en nuestras manos para encontrar a su hija sana y salva. 

- Hermano ¿alguna noticia? 

Escuchar a su único hermano le tranquiliza bastante y le hace dar cuenta que no está solo en estos momentos.

- Nada. Justo ahora estaba hablando con el oficial Navarro y nada. 

- Hermano, la vamos a encontrar. 

*Blanca*

No tengo idea de donde estoy. Ya perdí la cuenta de los días que llevo aquí, he intentado razonar con él pero no he tenido resultado, lo único que he recibido de él han sido par de cachetadas para que me quede tranquila, no me puedo mover de este rincón por las cadenas que tengo atadas en mis pies y manos, esto me trae tan malos recuerdos. 

Te prometo que me portare bien. 

Que hagas silencio niña malcriada.

Sólo quiero que no me pegue, por favor. 

Eran mis ruegos cuando ese hombre empezó a pegarme sin razón aparente. 

Que difícil fue vivir esa etapa de mi vida sin poder defenderme porque tan solo era una niña de 6 años. 

- Buenos días.

Escuchar esa voz cada día me aterra pero me tengo que acostumbrar a ella, no se hasta cuando estaré con él aquí.

- ¿Qué no escuchas cuando digo buenos días?

No me gritó pero lo escuché a mi lado haciéndome estremecer.

- Bu-buenos di-días. - Digo como puedo. 

- Perdona por hablarte así, pero tengo que hacer que obedezcas para que no te hagan daño.

- ¿Quién me hará daño?

- No puedes hacer preguntas, y aunque las hagas no puedo responderte. 

Su voz siempre se suaviza mientras va hablando conmigo, no es que sea muy hablador pero por lo menos no me deja siempre sola. 

- ¿Quién está detrás de todo esto? Mi padre tiene mucho dinero, le puede dar lo que pidan. 

- Tu padre es un don nadie y no tiene en donde caerse muerto más que en una botella de ron. 

Escucharlo hablar así me hace recordar que es cierto que ese señor que me dio la vida no es nadie, pero con orgullo llevo el apellido de aquel hombre que me salvó de la muerte cuando era apenas una niña.

- Son una Allendi, debes conocer mi apellido. 

Escucharlo reír con desagrado me hace sentir que no valdrá la pena que siga hablando y así lo hago, no vuelvo a pronunciar palabra. 

- Llevo más de media hora aquí hablando contigo y no te dignas en decir nada. 

Simplemente sigo en mi universo paralelo, donde me encuentro con mi padre en una de nuestras vacaciones al Caribe, donde estamos tomando el sol y yo burlándome de él porque en vez de coger color se pone super rojo. 

Son risas y risas lo que hay en mi cabeza. Recuerdo esos juegos de cuando era niña y llegue a la casa, tenía una habitación para mi sola y era mucho más grande de donde vivía con ese señor. 

- ¿Es en serio que no vas a decir nada?.

Me siento erguida en este suelo que se ha convertido en mi silla y cama en los días que llevo aquí. No puedo ver nada como de costumbre desde que llegué aquí y sólo espero que él se de cuenta de mi determinación. 

- Qué cabezota eres.

Puedo notar su tono de burla al hablar o más bien dirigirse a mi ya que cuando habla con los demás es con autoridad. Escucho su risita de satisfacción cuando mi cabeza baja pero de inmediato la vuelvo a subir, no quiero demostrarme débil, porque eso me hacía recibir más golpes y no pienso tolerar que me vuelvan a maltratar como antes. 

- Aún sigo esperando que digas algo. 

No puedo hacerle ningún gesto porque se que con este antifaz no me verá, mi padre siempre dice que soy muy expresiva con mi rostro, pero dudo que él pueda ver mi determinación debajo de esta tela oscura que no he podido quitar ya que mis manos no llegan a la parte de mi cabeza porque están atadas cerca de mis pies. 

- Veo que tienes determinación, lo que sí te voy a decir es que no todos los que entran aquí tienen la misma paciencia que yo. 

Levante y baje mis hombros demostrando que no me importa nada, lo único que quiero es estar con mi padre. 

- No quiero que te hagan daño, y suerte de que soy yo quien no quiere que te hagan daño, si no hubiese sido así.

Hace silencio y la verdad es que me da mucho miedo. 

- Mejor no sigo y no quiero que  conozcas hasta dónde soy capaz. 

Escucharlo hablar así y después de unos minutos escuchar abrirse y cerrarse la puerta llena todo esto de misterio. Si en verdad él no quiere hacerme daño.

¿Por qué estoy aquí? 

¿Qué quiere conmigo? 

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