Capítulo 28

Isabella exhaló dejando la caja de cartón sobre la enorme pila en la sala. Arqueándose hacia atrás, se masajeó la parte baja de la columna, para aliviar el dolor. Vaya, ¿Quién hubiera dicho que las mudanzas podían ser tan agotadoras? Y, aun así, no cambiaría la maravillosa experiencia. A su lado, Mitsue se retiró el gorro negro de lana, que estaba cubierto de nieve, al igual que los guantes. Él se quitó la liga que le sostenía el cabello, que cayó sobre sus hombros, extendiéndose a lo largo de su espalda, y le ofreció una sonrisa cansada.

—Tenemos mucho trabajo —dijo—. ¿Quieres comer primero?

—Cielos, ¡sí! Algo frito y cubierto con chocolate.

—¿Qué pasó con tu dieta?

Ella se encogió de hombros.

—Adelgacé veinte kilos con esas cajas, necesito

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