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Capítulo 4

-¡Joder!- golpeo una de las paredes.

-Alfa- me llama Christine y me giro con mi rostro rojo de ira. Sé que mi lobo está queriendo salir, mi lado humano esta peleando con el más tiempo de lo que he acostumbrado hacer, no soporto tenerlo suprimido.

-No estoy para nadie- me gire y pegue mi frente hacia la misma pared que he golpeado.

-La chica se resiste a comer- ella alza sus manos y vuelvo a golpear la pared.

-¿Quién se cree ella?- digo molesto quitándome de la pared y pisando camino por uno de los pasillos.

El sonido de mis botas está resonando por todo el piso de madera, giro en una de las esquinas y subo unas escaleras hasta que veo el pasillo y como la última puerta sigue estando en silencio.

-¡Maldita sea contigo!- grite golpeando la puerta fuertemente.

-¿Qué quieres? ¡Imbecil!- allí esta ella y su voz de mierda que me está irritando más de lo que otra mujer ha hecho en mi vida.

-¡Debes comer!- golpeo la puerta y siento como los pasos de alguien están acercándose hacia mi destino, mi cabeza de gira y me encuentro con Christopher moviendo una llave en sus manos.

Estoy negando efusivamente y lo veo a él con una bolsa de sangre en su otra mano.

-No la trataremos como una vil chupasangre, Chris- digo viendo la bolsa en su mano y apuntándola.

-¿Lo quieres en un vaso?- me pregunta él, quiero imaginar que está siendo un cretino, pero creo que realmente esta tan preocupado como yo de que ella pueda ingerir algo de comida –Tiene dos días sin comer, si eso me pasara a mi quisiera comerme hasta un elefante- se encoge de hombros y asiento en su dirección.

-Colócalo en un vaso, ni siquiera sé cómo es que ella acostumbra a ingerir eso- apunto la bolsa en su mano y el comienza a ir destino la cocina. -¡Abre la puerta!- grito y de repente me voy como el mayor estúpido.

-Ella es- dice mi lobo, me detengo sin poder entender muy bien que está ocurriendo.

-¿Ella es que?- le pregunto mirando hacia el pasillo por si alguno de mis amigos esta de camino.

-Ella es- gruñe y siento como mi lobo está queriendo salir.

-No- murmuro mientras toco mi pecho –No es momento- veo como Chris está llegando con la bebida en un envase.

-Alfa- agita la bebida y asiento. Estiro mi mano para que la llave caiga en ella. –Estoy detrás de usted- asiento y comienzo a meter la llave en la cerradura.

-¿Ella es que?- murmuro y siento como mi respiración se está agudizando y acelerándose.

-Te dije que valdría la pena buscarla- agito mi cabeza ignorando a mi lobo queriendo decirme algo que no estoy entendiendo. Giro mi rostro y Chris está pegado al otro extremo de la pared y giro la perilla.

-¡Desgraciado!- es lo primero que escucho mientras atajo en el aire a la mujer que estaba lanzándose directamente a mi cuerpo.

-¡Maldita loca!- la tomo por el cuello, veo sus intensos ojos rojos y sus colmillos fuera. Se comienza agitar fuerte en mi cuerpo y la apretó lo más que puedo, mi brazo se engancha en su cintura y la atraigo a mí.

Soy más alto que ella, le saco una cabeza y media. Ella encaja perfectamente en mi cuerpo pero por la mirada que me está dando quiero considerar que me clavaria los dientes en el pecho si pudiera. Y aunque puede no sé por qué no lo ha hecho. ¡Oh claro! La mano en la garganta.

-Debes comer, Victoria- gruño en su dirección. La veo directamente a sus ojos y mi lobo tiene la necesidad incesante de querer lanzarse hacia esta mujer. Mi cuerpo esta complemente presionado a ella.

-Aléjate- sus filosos dientes están queriendo morder algo de mí. Mi garganta se siente seca y veo su cuello, raspo mi lengua con mis dientes en la necesidad de morderla justo allí.

-Vas a comer- Digo cerca de su rostro –Quieras o no- mis lobo está listo para el ataque justo como ella tiene sus ojos rojos para el mío –Chris- murmuro. Nuestras miradas no se apartan.

Mi respiración se agita cuando siento que la mirada de ella se posa en Chris. Quiero que ella me mire solo a mí.

-¡Rápido!- le grito a mi amigo, este se agita y la mirada entrecerrada de ella se vuelve a enfocar en mí, si en mí, en donde debería de estar.

-Ella es- vuelve a decir mi lobo.

Mis ojos buscan algún indicio entre los suyos, Christopher está abriendo su boca a la fuerza justo cuando entra Christine. Sus piernas están pataleando y tengo miedo de que me dé una patada en las bolas y termine logrando que la suelte, pero antes de cualquier acción que ella puede tener Christine esta vertiendo la sangre lo mejor que puede dentro de ella.

Dos gotas de sangre que están bajando por el borde de sus labios dejando la marca roja en su pálida piel, estoy hipnotizado de solo mirarla bajar lenta y espesamente. Ella no ha dicho nada, pero siento que si necesitaba ingerirla.

Ella esta prisionera en mis brazos pero no quiero soltarla incluso cuando han terminado de darle la sangre, aún tengo mi mirada fija en ella incluso cuando ha levantado su rostro y enfocado su mirada enojada en mí.

Aun veo la gota bajar, tengo la necesidad de acercar mi lengua y pasarla por ese lugar ¿Qué me pasa? Quiero agitar mi cabeza pero si lo hago ella ya no estará frente a mí.

-¡Imbécil!- dice ella y siento que escupe un poco de sangre en mi rostro. Aquello deja gotas de sangre regados desde mi frente, mejillas y mi corta barba. Ella está riendo con suficiencia feliz de lo que acaba de hacer, alzo mi ceja y sonrió igual que ella.

Su ceño se frunce cuando mi lengua pasa por la sangre cercana a mis labios, aun esta prisionera en mis brazos y no la deseo soltar.

-Listo- murmura Christine, la tensión de esta habitación se puede cortar, pero es lo que menos quiero yo ahora.

-Tu y yo, podemos jugar el mismo juego, Victoria- mis ojos ya negros están fijos en ella. Se vuelve agitar y mi mano se vuelve a posar en su garganta, sus colmillo están rojos de sangre –Salgan- digo apuntando hacia la puerta. La mirada de Victoria se queda fija en la mía.

Escucho los pasos salir de la habitación –Me las pagaras, humano insignificante- aún tiene las gotas corriendo hasta más debajo de su cuello, casi llegando a su clavícula.

-Estas equivoca en varias cosas, pero tu sola te iras dando cuenta- sonrió antes de pasar mi lengua desde su clavícula hasta la mitad de su cuello antes de soltarla y salir corriendo de la habitación. Cerré la puerta rápidamente antes de sentir sus puños golpear la madera.

Cerré mis ojos y pegue la espalda a la madera tomando respiraciones –Sabe deliciosa- dice mi lobo y asiento en la distancia.

-Lo sé- murmuro con la misma sonrisa cínica que le di cuando estaba en su habitación –Le gusto nuestra sangre- le vuelvo a decir a mi lobo y este gruñe en aprobación, pero el problema real está entre mis piernas y la erección que me ha dejado la hermosa vampira cuando su cuerpo fue prisionero del mío.

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