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Capítulo 5

-McGregor- el hombre entro a mi oficina como si esto le perteneciera. La temperatura en mi rostro estaba aumentando, primero Victoria y ahora este.

-Miracle- le respondo con la mayor calma que no existe en mi pecho, mis labios se aplanan y su sonrisa arrogante aparece en sus labios.

Desde que tengo memoria he querido partirle la cara a esta imbécil, mi padre siempre me hizo mantener la raya, pero algunas cosas han cambiado en gran mayoría, mi padre ha muerto y mi paciencia ya está a mi límite.

-Siempre tan…- la mueca en sus labios era de burla indudablemente –Lindo- sonríe de lado y se sienta en uno de los sillones frente a mi escritorio.

-Nadie te dijo que te sentaras- me levante y estaba rodeando el escritorio cuando el intento montar los pies en la madera.

Mi mano dio de lleno con sus botas y cayeron al suelo, su mirada se transformó de burla a irritada.

-No estoy para ser formal contigo- mi mandíbula se apretó y mis puños tomaron su camisa y lo alce por encima de mi dejando sus pies en el aire.

-¡Suéltame! ¡McGregor suéltame!- agito sus pies y lo deje caer estruendosamente al suelo.

-Si pisas de nuevo mi oficina hare lo que mi padre nunca hizo contigo- se levantó y arreglo su camisa.

-¿Si? ¿Qué?- su mirada desafiante esta encima de mí.

-Darte una lección- lo tome desde su chaqueta y lo arrastre hacia la puerta, la abrí y lo tire causando que tropezara y golpeara su hombro con la pared frente a mi puerta.

-Nos volveremos a ver- arreglo su chaqueta y pisando fuerte lo vi apretar el ascensor, la mirada y la sonrisa que me dio cuando se cerraron las puertas fue tan arrogante que me hizo querer derribar la puerta y destrozarle el rostro.

-¡Hey!- la voz de Katherine me hizo salir de mis pensamientos.

-No estoy de buenas- entre pero la puerta quedo abierta para que ella pasara. Sus manos se alzaron –Primero la vampira y ahora este desgraciado de Nathaniel buscando que le atraviese mis garras en el pecho-mis manos frota mi rostro fuerte.

-Te estas dejando el rostro rojo- la suave voz de Katherine me hace detenerme, pero de un momento a otro niego -¿Tan mal es tener una vampira en tu casa?- me pregunta dejándose caer en el sillón.

-Sí, cuando no hace nada de lo que tú quieres y además tu lobo no responde las mismas preguntas que les suelo hacer que incluso el mismo ha creado en mi- el ceño de Kate se frunce y está pensando –Yo me entiendo- tome un trago de Vodka logrando que el ardor calmara la rabia que estaba creando.

-¿Qué te dice tu lobo?- ella pregunta llegando a mí. Niego en su dirección y camino en otra –Alfa ¿Qué le dice su lobo?- ella vuelve a preguntar y yo niego de nuevo.

-No quiero hablar de ellos ¿En dónde está Christine que no estas con ella?- le devuelvo una pregunta para ver, pero aunque sus ojos destellan con un brillo no cambia la pregunta y creo que tampoco la está respondiendo.

-Con su otro Chris- hace una mueca con sus labios y vuelve hacia mí –Si tu lobo está diciendo algo, es porque tiene razón ¿Cuánto tiempo llevas buscando a tu mate?- su pregunta hace retorcer mis entrañas y crujir mis dientes.

-Lo suficiente para cansarme- un gruñido sale desde mi interior y ella ríe antes de salir por la puerta.

-Ella es, te lo dije- suelta mi lobo y lo único que hago es ignorarlo. Salgo lo más rapido que puedo y apretó el ascensor.

Todo pasa tan rapido que inevitablemente estoy corriendo en una dirección diferente a la que debiera estar tomando ahora, miro a cada esquina en busca de la dirección correcta hasta que luego de tanto correr puedo ver los arboles cerca.

Cuando veo que nadie está mirando mi lobo aparece desgarrando mi traje.

Es negro con parte del pecho blanco junto con mis patas, mis ojos negros  como la noche. Corro y corro como si me estuvieran persiguiendo, no puedo tenerle y menos no aullar a la distancia. Las ramas se rompen y el frío golpea la melena, no dejo de correr mientras sigo el camino correcto.

Me detengo cuando diviso mi inmensa casa en la distancia, me escondo detrás de un árbol y puedo ver como por el día opaco que la ventana está abierta. Gruño al mirar a Victoria en la distancia.

¿Qué nos hizo? Agito mi cuerpo y me hecho cerca de ese árbol admirándola, mi cabeza se posa en mis patas blancas y mis ojos destellan en su dirección.

**

-¿En dónde estará?- muevo mi cuerpo de un lado a otro, el día esta oscuro tanto como me gusta, así que me doy el privilegio de poder mantener la pequeña ventana abierta. Me asomo y observo como algunas ramas están siendo movidas hasta detenerse. –Estoy paranoica-

-Victoria- la voz suave de la mujer me hace ladea mi boca y dejar que mis colmillos salgan, la última ves McGregor me detuvo entre sus brazos. Lo detesto tanto como ame la sensación de su cuerpo caliente en el mío.

Cierro mis ojos y dejo que el rojo los cubra –No quiero nada- digo en bajo. –Déjame salir o lárgate-

-Debería comer- mi lengua toca mis colmillos y alzo mi ceja aunque sé que ninguno me puede mirar.

-No quiero comer y no lo necesito- reprocho de nuevo, entonces su olor aparece de nuevo -¿Qué haces aquí?- pregunto detrás de la puerta.

-Ya me reconoces, princesita del castillo- la burla en su voz me hace querer rasgarle la cara y luego beber su sangre.

-Un imbécil como tú se distingue en la distancia- suelto aquello pero la risa de él burbujea a tan punto que puedo escucharla.

-Me agradas- me responde.

-Si tanto te agrado ¿Por qué no me sueltas? ¡Cobarde!- mi puño golpea la puerta en la última palabra y el vuelve a reír.

-Llámame como quieras, pero debes comer- le escuchó decir de nuevo, sé que esta solo porque nada más puedo escuchar un solo latido –Sé que quieres que presione mi cuerpo junto al tuyo, pero princesa, no puede ser siempre así-

-¡Desgraciado!- golpeo la puerta repetidas veces y él se ríe.

-Aunque también me gustaría tenerte presionada en mi pecho- murmura tan pero tan bajo que es cuestionable, pero sé que lo ha dicho.

-Abre la puerta entonces- provoco, pero él no hace nada.

-La sangre te la hare beber de otra forma y te gustara- aquello me hace sonreír pero solo tarda unos segundos para luego imaginar cómo quiero sentir su sangre en mi sistema luego de acabar con él.

**

-Nos matara- le murmuro a mi lobo cuando estuvo a centímetros de abrir la puerta.

-No lo hará- murmura él.

-Ella nos matara primero, porque no creo que pueda ponerle un dedo encima para lastimarla-

-Ella no hará nada- gruñe él.

-No estoy seguro de eso- comento mientras miro la puerta luego de avanzar unos pasos alejados de ella.

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