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Capítulo 7

-No puedo estar sintiendo esto ¡No!- mis pasos se vuelven monótonos mientras camino de un lado a otro en la habitación, siento que las cosas no están bien, entre mi padre y lo de McGregor el día anterior me esta carcomiendo.

Su lengua por mi cuello, su lengua dejo un rastro de saliva que me fue inevitable no querer tocar, nunca había sentido algo así por una persona y menos un humano ¿Por qué mi padre confió tanto en él? Yo no creo que él sea un santo.

Sus ojos oscuros estaban brillantes cuando entro a la habitación, intente con todas mis fuerzas poder atacarlo pero, pero cuando sus manos se posan en mi cuerpo es como si el reaccionara. No puedo creer la forma en que mis uñas se clavaron, pero el olor de su sangre me pareció los más atrayente que pude admirar.

Necesitaba pasar mi lengua por su cuello y poder probarla, sentía que sería dulce. -¡No!- agito mi cabeza y camino de nuevo por toda la habitación –Esto no puede ser- mis manos se alzan y quiero salir de aquí, necesito ducharme y quitar todo esto encima de mí –Mi padre nunca me dijo que uno podía sentir atracción por un humano- mis palabras pesan -¡No!-

-Si dejas de hablar como una loca podemos tener un momento para hablar- la voz de él ¿Cómo es que no lo sentí caminar en esta dirección? Me levanto de golpe, no tiene esa  característica burla en él.

-No quiero hablar contigo- rebato caminando hacia la puerta.

-Me dejaste todo herido, Victoria. Pero aun así no te tengo rencor- sus palabras son sutiles y siento que está ocultando algo, él ha sido un dolor en el trasero desde que llegue ¿Qué ha cambiado? –Necesito hablar contigo de forma decente, debemos poner algunas cosas sobre la mesa, Victoria- niego.

-¡No tengo nada que hablar contigo!- le vuelvo a decir, aunque sé que si deseo hacerlo, quiero saber qué es lo que me está ocultando ¿A que le tiene miedo?

-Seamos sensatos, tú quieres salir de allí y yo quiero hacerlo, encerrar a una persona no es algo que me agrade- vuelve a decir.

-¿Qué te hace pensar que soy una persona normal?- le respondo con mi frente apoyada en la madera.

-No me importa lo que seas, necesitas comer y ducharte- asiento con desgana –Y no puedo tenerte encerrada para siempre y además necesitamos hablar algunas cosas- voy hacia la cama y me dejo caer -¿Puedo pasar y por lo menos hablar contigo?-

-¡Sí!- dejo caer mis brazos. La puerta está abriéndose, no estoy entendiendo porque le permito esto. Lo veo entrar y a diferencia de los otros días, lleva puesto un jeans azul, una camiseta negra ajustada a su cuerpo y unos zapatos deportivos, una actitud muy relajada para lo que le he estado viendo.

Luego mi mirada va hacia la herida en su cuello, él sabe que lo estoy mirando y sonríe.

-No pensé que tuvieras uñas tan afiladas- murmura recostado en la pared mirando hacia mí.

-No pensé que fueras a entrar- confieso y él sonríe y sus brazos de cruzan en el pecho.

-No sé qué me pasa pero siempre quiero saber si estás bien, incluso si estas  de mal humor- el me confiesa y de repente mi ceja se alza y yo junto con ella. Sus manos se alzan y hace que cerro su boca con un cierre.

-¡Eres imbécil y no me cansare de decirlo!- me vuelvo a sentar -¿Qué quieres hablar conmigo?- pregunto de mala gana.

-Victoria, sé que no nos conocimos en el mejor de los casos y que te has sentido traicionada con tu padre por esto- sus músculos se tensan –Y yo igual- mi rostro se alza –Yo no sabía de esto hasta el día que me llamo tu padre, estuve tan sorprendido como tú- se encoge de hombros –Pero tu padre tenía sus razones- giro mi rostro y miro el suelo con más atención que a él.

-Me engaño- murmuro con rápida mientras mi mandíbula se aprieta.

-Ambos nos sentimos traicionados, te quiero ofrecer un trato, Victoria- escucho sus palabras pero no sé si creerle, mis brazos se cruzan cuando me he levantado. Él no ha puesto una postura desafiante como los días anteriores y eso me desconcierta. –Quiero que conozcas el lugar, puede darte una ducha cada que quieras y descansar en la habitación cuando desees, podemos conseguirte la sangre para que ingieras pero debes permanecer aquí- mi respiración sea agita y quiero rasgarle el rostro.

-¡No me mandas!- suelto en voz alta y mis ojos tornándose rojos, el bajo su mirada.

-No podemos seguir corriendo como perros y gatos- se encoge de hombros y vuelve a mirarme -¡Okey! Siempre si podemos, pero ¿Una tregua? Si después me quieres matar ¡Hazlo!- escucho de nuevo su tono de burla, ese tono que ya era extraño de no escuchar, ruedo mis ojos y el sigue apoyado en la pared.

-¿Qué opinas?- vuelve a preguntar. Lo estoy dudando por unos minutos pero miro mi ropa y a mí misma.

-No tengo ropa- murmuro pero no alzo la mirada, no quiero ver su rostro de suficiencia o de que ha ganado una batalla de la que ni siquiera he peleado.

-Puedo conseguir una de Christine o de Katherine o quizás de Susan- suelta él, aquellos nombres de diferentes mujeres me hacen querer terminar de desgarrarle la garganta. Él no puede venir aquí y sacar nombre al azar como si nada, como si eso no importara ¡No importa para mí! ¡Ah joder! Aquello no debería importarme.

Quiero decir que la sangre hierve en mi sistema, pero estamos claros que la sangre no corre por mis venas, pero aun así. Cuando alzo el rostro su mirada entrecerrada dice más de lo que ha estado callando.

-Ven- el apunta con su cabeza hacia la dirección a las afueras de la habitación ¿Quiero correr y huir? ¡Si, demonios sí! ¿Tengo la fuerza? Por la mierda que no, no la tengo y eso es un punto a su favor –Quizás la de Katherine te pueda quedar- vuelve a decir mirándome de arriba hacia abajo –El problema es que Christine la deje dar su ropa- murmura cuando ha estado caminando fuera del pasillo.

Mis pasos los siguen a él hasta que nos topamos con unas personas, estaba tan absorta en mis pensamientos que ni siquiera me percaté de que estaba caminando hacia la claridad.

-¡Mierda!- grite en bajo causando que todos me mirasen. Me devolví pegando mi espalda a la pared.

-¡Cierren las cortinas!- la voz tajante de él me hace reír, es todo un imbécil, pero aun así está buscando la forma adecuada para cuidarme. Y eso me molesta, nadie me debe cuidar, solo yo puedo hacer eso.

-Ya puedes salir- la dulce voz de una mujer resuena en el otro lado, saco un brazo y no siento el dolor y decido salir de poco a poco hasta estar de frente a ellos –Soy Katherine- la mujer se presenta y no quiero tocar su mano.

-No debería- le murmuro lo mejor que puedo, ella ladea su cabeza en interrogante.

-No hagas que quiera salir corriendo de nuevo a su habitación- la voz petulante de él me hace alzar la mirada y perforarle el cerebro -¿Estas segura que no extrañabas mi arrogancia?- mi mandíbula se aprieta y él sonríe.

-No tiendes a tu suerte McGregor, quizás un día no te levantes- la mirada de las personas en la habitación se alternan entre nosotros.

-Quiero vivir eso- se cruza de brazos y la estúpida sonrisa que quiero golpear está allí de nuevo -¿Katherine le puedes regalar algo de tu ropa?- pregunta el. Puedo escuchar el gruñido de una persona en sentada en la mesa.

-¡Oh claro que sí!- salta está posando sus manos en mi brazo, quiero quitarle su manos pero estoy tratando de no apartar la mirada de la mujer sentada.

-No creo que sea buena idea- Christine, la mujer que estaba hablando es ella, la que llego a verter la sangre en mi boca.

-Tengo alguna que ya no uso y no volveré a usar, seguro y te quedan querida- el entusiasmo en la mujer puede sobrepasar los niveles de azúcar en la sangre. La otra mujer niega y es cuando se escucha la risa de un chico.

-Antes que te la lleves- habla McGregor, él se acerca y estira su mano –Mi nombre es Andrew- asiento en su dirección.

-Te queda mejor decirte imbécil- le respondo, su mandíbula se tensa y algunas personas sueltan una leve tos. Sé que se están queriendo reírse de él, pero eso no me hace menos amable a su alrededor.

-Como desees, pero cuando regreses de ducharte- hace hincapié a lo que debería hacer solamente –Te devuelves hasta acá en donde te estaremos esperando y nos dirás que quieren los Dankworth contigo ¿Bien?- aquello si lo está diciendo para no desafiar ¿Pero saben quién soy yo? ¿Verdad?

-Bien- es lo único que digo pero antes de caminar me giro de nuevo a él –No seguiré tus ordenes, pero solo sé que mi padre está en peligro-

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