Capítulo 1

Nina dejó salir suspiros de su boca cada vez que se acercaba a su casa. Nada le impedía llegar a esta. Deseó que el camino se hiciera más largo, ya que en menos de una hora tendría que ir a trabajar con Booke a un bar cerca del centro.

Ese día en la universidad, fue bastante estresante, tenía mucha tarea. Cuando salieron, vieron un carro muy elegante a dos calles de esta, pero no le prestaron atención.

— No estés triste. Algún día todo acabará —dijo Booke, dándole unas palmaditas en el hombro, y Nina sólo bajó la mirada.

— Esto no es vida —estaba enojada consigo misma —. Salimos de la universidad a trabajar para nuestros padres o mejor dicho, yo trabajo para ellos. Tu mamá trabaja igual que tú. —desvió la mirada, por unos segundos.

— Eso es lo de menos, sabes que si necesitas dinero sólo tienes que decírmelo —Nina asintió.

Cuando por fin llegaron a la casa de Nina. Su mejor amiga se despidió de ella, para retomar su camino hacia la suya. Nina entró a la casa con bastante calma, pero no valió mucho, sus padres la estaban esperando en la sala con cara de pocos amigos.

— Antes de irte tienes que limpiar la casa y esta vez trae más dinero que antes —dijo su madre, antes de subir las escaleras de la casa.

Nina suspiró, antes de comenzar a caminar hacia la cocina de la casa y ver platos, vasos y demás utensilios en el piso, rotos o sucios.

— ¡Tráeme una cerveza! —la voz de su padre sonó por toda la sala.

Después se puso a recoger los platos que estaban en el piso para tirarlos en el contenedor que estaba fuera de la casa. Se asustó más al ver que el mismo carro que estaba a dos calles de la universidad estaba a dos casas de la suya.

Negó con la cabeza, estaba muy estresada y se estaba imaginando cosas.

Volvió a la casa y se puso a limpiar la cocina hasta que esta estaba reluciente. Para una omega de apenas dieciocho años eran cosas muy poco vistas en la sociedad debido a que ninguna omega tiene que trabajar y estudiar para mantener a sus padres.

Cuando la cocina estaba lista dejó los utensilios a un lado y fue a su habitación a ducharse para no ir sucia al bar aunque estaba más que segura de que llegaría sucia de todas formas a la casa.

Estuvo lista en quince minutos y bajó las escaleras sin hacer ruido ya que su padre estaba durmiendo y su madre haciendo X cosa en su habitación. Salió de la casa, para encontrarse con Booke ya lista para ir hacia el lugar que les daba comida a ambas.

— Ese carro que está allí —señaló —. Es el mismo que estaba a dos calles de la universidad —Booke asintió.

— Sí, es el mismo —dijo, despacio —. Aunque, te digo que esto parece una película de esas en las que te vigilan para luego secuestrarte y vender tus órganos en el mercado negro —dramatizó, y ambas rieron.

— Sí que estás loca. Deja de ver esas películas que no te llevarán a nada —siguió riéndose.

Llegaron al bar donde trabajaban desde ya hace unos meses, desde que sus padres las habían obligado.

Ambas caminaron hacia el otro lado del mostrador para ir a cambiarse la ropa y ponerse la del local donde trabajaban.

— Hoy hay muchas personas, chicas —les dijo Max, el dueño del lugar.

— Sí, hay más que las veces anteriores —dijo Nina, mordiendo su labio.

— Esta noche será larga para ambas —dijo Booke, soltando un suspiro, mientras tomaba los pedidos al igual que Nina.

La omega se movió con gracia por el local, estaba acostumbrada a que los hombres, tanto alfa como betas y omegas le tocaran el trasero mientras pasaba cerca de ellos. Lo único que no le permitía era el invitarle a pasar la noche juntos.

Temía que alguno de esos sujetos, la usara para una aventura y luego se fuera lejos si quedaba embarazada. Las palabras bonitas no iban con ella, eso sí que no. Primero, terminaría sus estudios y luego pensaría en casarse con alguien con mucho dinero como sus padres lo tenían planeado para ella desde que tenía el uso de la razón.

El mejor postor, ese sería su esposo.

— Aquí tiene su pedidos, señores —les pasó unos bocadillos y unos vasos de cerveza a un grupo de alfas —. Disfruten.

— Lo haríamos si estuvieras con nosotros —uno de los alfas la agarró por el brazo —. Siéntate con nosotros, por favor.

— Saben que estoy trabajando —sonrió, de manera forzada —. Así que les sugiero que me dejen trabajar.

— Lo sabemos — fingió sentirse triste —. ¿Cuándo me darás la oportunidad de estar contigo?

— Cuando el cielo se caiga —se soltó, de manera divertida —. Disfruten de sus bebidas.

*****

— Dame todo el dinero —ni siquiera la había dejado entrar bien a la casa, cuando la recibió con ese maravilloso saludo.

Sacó lo que tenía en los bolsillos, mientras su madre se los arrebató de las manos.

— Esta noche has conseguido bastante —subió una ceja en su dirección y Nina asintió.

— Sí, mamá —su mandíbula se apretó más de lo usual.

— Ya vete a tu habitación —ordenó, y así obedeció.

Estaba exhausta, su cuerpo dolía como los mil demonios, fue un día en el que los clientes se habían sobrepasado con sus manos al tocar su cuerpo de forma inapropiada.

Para sólo tener dieciocho años, pasaba por muchas cosas. Pero sobre todo, sabía que debía de ser así por el resto de su vida. Sus padres por lo visto no trabajan mientras esté en la casa y tenga que mantenerlos a ambos.

Suspiró con agonía y cansancio para quitarse la ropa y darse un baño. Una vez que estuvo con su pijama lista, se lanzó prácticamente en la cama y cerró los ojos para luego caer en un sueño del que jamás pudiese despertar.

Nina se levantó de la cama, después que su padre tocó la puerta de su habitación con mucha exigencia, para que le hiciera el desayuno. Se lavó los dientes, bajó las escaleras aún en pijama, ya que por lo visto y oído, su padre estaba que echaba humo hasta por el trasero y ella no sabe porqué.

Abrió la despensa con algo de nerviosismo. Esa semana ella no había tenido el tiempo necesario para hacer la compra que siempre hace con el poco dinero que se queda después de un largo día de trabajo.

No es estúpida como para quedarse con ese dinero, el dinero se lo da a Booke.

Cuando vio que había algo decente en la despensa festejó en silencio, pero fue interrumpida por el sonido del timbre.

— ¡Nina, ve a abrir la puerta! —gritó su madre.

— ¡Le estoy haciendo el desayuno a papá! ¡Y estoy en ropa interior! —mintió.

— ¡Eso no me importa! ¡Ve y ábrela! —gritó otra vez, y sólo pudo patear el piso.

Fue hacia la puerta a regañadientes. Sólo a sus padres se les ocurre mandar a su hija a abrir la puerta en ropa interior sin saber si puede ser un acosador. Rió, al tener esos pensamientos tan idiotas en su mente. Pero sin tan sólo ella supiera.

Abrió la puerta y sus ojos se abrieron como platos al ver a ese hombre tan fuerte y lleno de un aura que solo un alfa de alto rango puede tener.

Sólo que su olor era muy diferente a los alfas… parecía ser un omega.

— Si hubiese sabido que me recibirías de esta forma, hubiese venido antes —su voz sonó ronca, y la omega se sonrojó.

— ¿Qué necesita, señor? —preguntó, aún con sus mejillas sonrojadas.

— Lo que necesito lo tengo junto frente de mí —respondió, con voz seductora.

— Es en serio, señor, mis padres se pueden enojar conmigo si no regreso —susurró.

— Entonces diles que Luca Peter está aquí —la miró, de arriba hacia abajo, y ella sintió que iba a explotar de lo caliente que su cuerpo comenzaba a sentirse.

— Está bien. Pase, señor Peter —se hizo a un lado.

Luca dejó que lo guiara hasta donde estaban sus padres en el comedor esperando con cara de pocos amigos su comida que había olvidado en hacerle.

Cuando vieron que Nina entraba al comedor con Luca, cambiaron radicalmente su rostro a una sonrisa fingida que hasta en la China se notó.

— Luca Peter, es un gusto verlo por aquí —dijo Robín, y Nina lo miró raro, ya que no sabía que su padre conociera a ese hombre.

— Sí, también es un gusto —respondió, con la misma sonrisa que Robín había hecho.

— Me imagino que vino por lo que hablamos ayer —habló Maura, Luca asintió antes de mirar a la omega que aún no se había marchado.

— Sí, es por eso, pero es mejor que lo hablemos a solas, sin que su hija nos escuche.

— Vete a tu habitacion, Nina, y no salgas hasta que yo te lo diga —ordenó Maura, y ella asintió, antes de darse la vuelta e ir a su habitación.

Luca cuando vio cómo se marchaba y no pudo evitar ver como el trasero de esta se movía mientras corría escaleras arribas.

— Bien, aquí está el contrato, sólo deben firmar y Nina es mía cuando yo decida llevármela —dijo, sin rodeos, y Robín levantó una ceja.

— Así nada más, se llevará a mi hija —farfulló, con voz cínica.

— ¿Ahora es su hija? ¿Después de que me la vendieran como si fuera mercancía barata? —preguntó, de manera irónica —. Por favor, señores, sabemos que a ustedes lo único que les importaba era el dinero que les traía a la casa después de trabajar y cuando no lo hacía la maltrataban.

— ¿Qué más da? Es mucho dinero lo que nos vas a pagar por cuidarla por un tiempo —Maura firmó, sin leerlo.

— Tienes razón —Robín también firmó.

— Espero que no le digan a Nina quien soy —les recordó —. Porque de lo contrario me veré obligado a cancelar nuestro contrato —los miró, con la típica mirada que siempre hacía cuando algo que no le agradaba, y eso eran ellos.

— Por mi parte esa inservible no sabrá nada.

— Eso espero. Porque si me llego a enterar de algo que le paso algo a Nina habrá problemas —sonó serio —. Si Nina pregunta díganle que soy su primo tío o qué sé yo —se dirigió a la puerta.

— Sí, ella no sabrá nada — Luca asintió, antes de irse de esa casa.

Nina observó, cómo el carro de Luca se perdía en el camino y eso le extrañó bastante ya que era el mismo carro que toda la semana había visto cerca de la universidad.

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