Capítulo 2

Actualidad.

— ¡Nina! ¡Levántate de esa maldita cama en este instante! —gritó su padre, del otro lado de la puerta.

Típico de su vida, sólo la trataban bien cuando les convenía, lo cual sucedía cuando, Luca —su primo nuevo— estaba cerca.

Se levantó de la cama con algo de pesadez en su cuerpo, pero sobre todo con cansancio, ya que la noche anterior tuvo que limpiar la casa, de arriba hacia abajo, por qué ese día Luca iba a visitarlos.

Se había levantado con todos los cables mal puestos y la única persona que podía ponerlos en su lugar era su mejor amiga, la cual se había ido con ese hombre. Bueno, no se fue con ese hombre, la obligaron a irse con él que es otra cosa.

Salió de su habitación y caminó por el pasillo de las habitaciones hasta llegar a las escaleras y las comenzó a bajar lentamente. Llegó a donde estaba su padre sentado, ya sabía lo que se avecinaba.

— Aquí estoy, papá —susurró, colocándose en frente.

— Luca viene hoy, así que ya sabes lo que tienes que decir y hacer. No quiero que le digas algo fuera de lugar, porque ya sabes lo que te espera, ¿Entendiste? —preguntó, desde el sofá con la voz seria.

— Sí, papá, ya entendí —entrelazó sus dedos detrás de su espalda.

— Eso espero. Ahora ve y haz el desayuno que tengo hambre —señaló, la cocina.

Nina rodó los ojos y se dirigió a la cocina, maldiciendo a sus padres en voz baja, ya que la tenían harta con todo esto.

Desde que Luca había llegado a su casa hace tres años su vida no había cambiado nada, sus padres la trataban igual o peor que antes. Aunque, tenía que agradecer a Dios que ya no estaba trabajando para mantenerlos como hacía desde que cumplió la mayoría de edad.

Le hacía falta salir de esa casa, sólo podía salir de allí cuando Booke estaba cerca, pero ahora no. Ya no estaba con ella desde el día anterior en la tarde, sus padres quieren mudarse a Irlanda, pero algo le dice que ella no estaba incluida en esos planes de vuelo.

Preparó el desayuno con pesadez, sus ojos no daban abasto, con el cansancio que sentía en esos momentos.

Dejó salir un suspiro de agotamiento cuando al fin ya todo estaba listo, fue hacia la sala donde estaba el comedor y dejó los alimentos, sobre la mesa.

— Ya está listo el desayuno —su voz sonó baja, pero lo suficientemente alta para que sus padres la escucharan.

— Está bien, ya te puedes… —sus palabras quedaron en el aire ya que el timbre sonó —. Ir abrir la puerta —hizo un ademán con la mano.

Nina resopló antes de abrir la puerta y encontrarse con su "primo" Luca.

— Están en la sala —murmuró, aburrida, antes de que él la saludara o dijera algo.

— ¡Wow! —exclamó, sin humor —. Que recibimiento —se quitó los lentes.

— Sí, lo que digas —subió las escaleras.

Luca miró hacia donde se había ido la omega y negó con la cabeza cuando vio marcas en su espalda y brazos. Caminó hacia donde estaban Maura y Robín quienes lo recibieron con unas sonrisas en el rostro.

— Por lo que veo aun siguieron tocando lo que es mío, saben que no me gusta eso —bramó —.Les dejo suficiente dinero para que nada le falte a Nina y mucho menos que le pongan un dedo encima.

— Nosotros no fuimos —se apresuró Robín.

— Entonces fue el espíritu santo que le hizo eso —el sarcasmo no pasó desapercibido en su voz —. Se acabó —continuó —. Hoy mismo me la llevo, así que ya lo saben. No quiero saber nada de ustedes, aquí están unos boletos de ida a Irlanda —se los tiró a la mesa.

— ¿Usted tenía todo ya listo? —preguntó Robín.

— Oh, sí, sólo estaba esperando el momento indicado para llevarme a Nina —chasqueó la lengua —. Y otra cosa, ya no les pasaré más dinero porque no se me da la gana — ellos iban a recriminarle eso —. Tienen una nueva casa y suficiente dinero en el banco para que no me jodan por los próximos cinco años —salió de la sala para ir a la habitación de Nina que ya conocía el camino.

Cuando entró sin tocar, estaba sentada en la cama con sus audífonos puestos mientras oía música a todo volumen. No podía negar que era sumamente hermosa así como estaba, por eso fue que sintió esa necesidad de protegerla desde que la vio.

Nina volteó su rostro hacia donde estaba Luca y pegó un grito que hasta se pudo escuchar en la china.

— Diablos, me asustaste —se puso la mano en el pecho.

— Nos vamos de aquí —soltó todo sin vacilaciones.

— ¿De qué estás hablando? —preguntó, incrédula.

— Que te vas hoy mismo de esta casa y conmigo —se encogió de hombros.

— Estás loco, si crees que me voy contigo, maniático —retrocedió, con cada paso que el rizado daba.

— Créeme que te irás conmigo a mi casa. Me di cuenta de que como tus padres te tratan — dijo, despacio —. Ya vi las marcas en tu espalda —la agarró del brazo.

— Suéltame, no me voy contigo —trató de soltarse —. Me estás lastimando.

— Te vas con él —su padre entró a la habitación —. Eso no está a discusión —dijo, antes de que ella pudiese decir que no estaba de acuerdo con lo que acababa de escuchar de su parte.

— Pero, papá, no me hagas esto, es lo único que te pido —rogó —. No me pueden dejar con él. Sólo lo conozco desde hace tres años. Vamos, por favor. Haré lo que sea —sus ojos se cristalizaron.

— Es mejor que te vayas, cuando regresemos de Irlanda iremos por ti —los labios de la omega temblaron —. No te pongas de esa manera.

— ¿Cómo que no esté de esta manera? —golpeaba el brazo de Luca —. ¡Suéltame!

— ¡Que te calmes! —su padre casi la golpea sino hubiese sido por la mirada que el omega le dedicó.

— Ya es hora de irnos —no despegó su mirada del alfa mientras decía esas palabras —. No tienes que recoger la ropa, te voy a comprar más —la sacó de la habitación.

— Me lastimas —se quejó.

— Cállate, ya no puedo verte en esa casa, y si crees que tus padres vendrán por ti, estás muy equivocada. Ellos te dijeron eso para que te quedes conmigo — aclaró, con burla.

— Aún no creo que seas mi primo —chilló —. Eres un impostor.

— Pues créelo que si lo soy — la entró a la mala al carro —. Al fin eres mía—dijo, para sí mismo sin que la omega lo escuchara.

******

— Ya no puedo, no voy a tomar más ropa —decretó la omega, con cara de pocos amigos y Luca gruñó.

— Ya deja de comportarte así, ya me tienes hasta las bolas hinchadas con tu maldito genio, tú me perteneces —gruñó, por lo bajo —. Tus padres no van a volver a buscarte, jamás te han querido lo único que necesitaban de ti era el dinero que yo les deba para mantenerte y eso todo —soltó, con brusquedad.

— Eso no es verdad, tú llegaste a mi vida para jodérmela — lo miró triste —. Mis padres me quieren.

— Ja. Eso crees tú, te demostraré que soy mejor que ellos —lo último lo dijo en voz baja.

Luca se separó al ver el silencio que se hizo después de esas palabras y comenzaron a caminar hacia su auto. Colocó las bolsas junto con las otras que ya habían llevado antes.

Nina entró sin decir nada, ni siquiera esperó a que Luca le abriera la puerta para entrar. Después de unos minutos, el rizado entró y no dijo nada de lo que pasó hace unos minutos y tampoco ella lo dijo. Sólo se mantuvieron callados.

— Deja salir todo lo que tienes que decirme, no guardes nada —su vista estaba en el camino.

— ¿Qué quieres de mí? —preguntó, sin más.

— Ya te dije, solo quiero lo mejor para ti —se encogió de hombros, algo que la omega le desagradó.

— ¿Sabes que no te creo?

— Me da lo mismo, si lo haces o no —sus palabras seguían haciendo que ella deseara darle un golpe en sus bolas por darle tantas vueltas al asunto.

— Aún no creo que seas mi primo, eres un maldito impostor que sólo vino a mi familia para tenerme en tu cama —Luca frenó el carro.

— Sí es así, ¿Qué? —la encaró —. A ti te debe de dar lo mismo, al menos tendrás una buena vida y no la porquería que tenías antes, donde tenías que trabajar para mantener a tus padres —ella abrió y cerró la boca como un pez —. Eso no era una vida —continuó, sin dejarla decir una sola palabra —. Si acaso pensabas eso, pues estás muy equivocada. Al menos tienes que agradecerme que te dejaré ver a tu amiga Booke —volvió a conducir otra vez.

— ¿Es en serio? ¿Me dejarás verla? —preguntó, con emoción, olvidándose de lo que le dijo.

— Sí, te dejaré verla, pero después de la boda —. Entró a un enorme terreno que parecía ser algo muy caro y que no podría costear ni en un millón de años.

— ¿Booke se casa? —su boca se abrió a más no poder.

— Sí, se casa. No vamos a ir —sonó firme — Te dejaré verla si tú haces algo por mí —se pasó la lengua por los labios —. Sin rechinar — sonrió, con maldad.

— ¿Qué tengo que hacer? —la pobre omega no tenía idea de lo que tenía en mente.

— Después te lo diré, ahora baja del carro —ella bufó.

— Santa mierda, ¿Todo esto es tuyo? —preguntó, incrédula.

— Sí, todo es mío — estaba orgulloso —. No nos quedaremos aquí por mucho tiempo, nos iremos a otro lado. Ahora camina — la tomó del brazo, ya que no le gustaba como sus trabajadores la miraban.

— Debes de ser un omega de alto rango para tener todo esto —silbó, dejando a un lado que era una mujer —. Oye, me dejarás marcas — se quejó, otra vez ese día.

— Dentro de dos días verás a Booke, si haces todo lo que te digo —entraron a la casa.

— ¿Y las bolsas se quedarán allá afuera?

— No, en un rato la llevan a tu habitación —miró la hora en su reloj.

— Okey, si eso es todo ya me puedes soltar — Luca la soltó —. Tengo hambre, Luca —hizo un puchero.

— Ven, vamos a la cocina — la guió hacia la gran cocina —. Ahí está la nevera saca lo que quieras de allí.

— Está bien —caminó hacia donde lo dijo, no muy convencida de tanta confianza — Wow, ¡Pastel! — mlo tomó y con la mano se entró un gran bocado en la boca y Luca rió.

— Come con calma que todo es tuyo —siguió riendo.

— Después de tres años conociéndote al fin te veo riendo —tragó con dificultad.

— Aunque me veas con lentes o serio siempre me estoy riendo, pero por dentro. Lo hago con las personas que merecen verme riendo o sonriendo — mencionó, como si estuviera hablando del clima.

— ¿Así que merezco ver tu sonrisa? —enarcó una ceja en su dirección.

— Eso y más, pero la verás si haces las cosas como te las digo —ella asintió —Ven, te mostraré tu habitación —se levantó de ahí.

Nina lo siguió aún comiendo su pedazo de pastel sin ni siquiera utilizar un plato o algún tipo de utensilio para eso.

Luca se detuvo en una puerta inmensa y la omega se asombró al ver que esa es mil veces más grande que la que tenía en su casa.

— Todo esto es tuyo, la ropa no está ordenada, porque eso lo debes de hacer tú. Ya que tú decides como quieres que este. Aquí —señaló hacia donde había dos puertas —. La derecha es la del baño y la de la izquierda es el closet, no tengo sirvientas porque no me gusta que entre a mi casa cualquier persona, los lunes y los viernes viene alguien a limpiar, si quieres algo de comer sólo tienes que decirme a mí o tú misma te preparas tus alimentos —explicó .

— Creo que entendí — se limpió las manos con la ropa ya que tenía residuos del pastel en las manos.

— Bien si eso es todo, nos vemos después, tengo que hacer unas llamadas, estaré en mi despacho que está al final de este pasillo —salió.

Nina suspiró y comenzó a inspeccionar la habitación completa de pies a cabeza, desde el baño hasta el closet extensamente grande que tenía.

Su vida daría un giro muy grande.

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