Capítulo 2

El departamento que les alquiló su padre, era pequeño, pero estaba en una de las mejores zonas de la ciudad y tan sólo a dos calles de la universidad, así que podían ir y regresar caminando sin ningún problema.

Hanna, decidió estudiar Administración de negocios, con el sueño de algún día dirigir su propia empresa, en cambio Danna, se inclinaba más por las artes, siempre le gustó la literatura, la música, pero sobre todo la pintura, realizaba unos maravillosos dibujos, y a dónde quiera que iba, llevaba su cuaderno de bocetos, lo que más le gustaba era hacer retratos, decía que algún día, iba a lograr plasmar las emociones de las personas en un lienzo y montar su propia galería.

El pequeño departamento tenía dos habitaciones, Hanna, por supuesto, eligió la habitación principal, que tenía un gran ventanal que daba a la calle y el baño era más grande y tenía una tina, ella siempre soñó con un baño de esos, así que en lo que desempacaba, abrió la llave para darse su primer baño de burbujas.

A Danna, nunca le importó que su hermana siempre eligiera lo mejor, lo más grande, lo más caro, lo más bonito, la quería mucho y le gustaba verla feliz, ya que a veces se portaba cómo una niña pequeña, y siempre se salía con la suya, así que ella optaba por consentirla para verla sonreír. Su habitación era más pequeña, pero le encantó porque tenía una pequeña terraza que daba a un pequeño jardín trasero y pensó que era excelente para montar su primer taller.

Siempre les dolió que sus padres nunca volvieran a buscarlas, tenían doce años cuando ellos se divorciaron, su padre fue el primero en irse, le ofrecieron un excelente trabajo en Canadá, pero su madre se negó a viajar con él, ya tenían serias dificultades como pareja, así que optaron por el divorcio, así ninguno de los dos se iba a sentir atado a un matrimonio que ya no tenía futuro.

Hanna, fue la que más sintió la separación de sus padres, era la consentida de su papá y sufrió mucho cuando se fue, siempre pensó que alguna vez iba a volver por ella, pero no sucedió, dejó de hacerse ilusiones cuando él, les dijo que se había casado nuevamente y que su esposa iba a tener un bebé; aun así, mantenían una buena comunicación por redes sociales y cada mes, les enviaba una cantidad de dinero para sus gastos.

El golpe más fuerte, fue cuando su madre decidió irse a Estados Unidos, apenas dos años después de que las dejara su padre, ella conoció a un hombre por internet y sin pensarlo dos veces, se fue y se casó, una vez establecida, quiso enviar por ellas, pero ya tenían quince años y las dos prefirieron quedarse en casa de su tía Jeda, que las adoraba, así que se prometieron que siempre, estarían juntas y ellas nunca se abandonarían.

Ya instaladas en su nuevo departamento, decidieron salir a conocer la ciudad, era la primera vez que iban a vivir solas y estaban ansiosas, sobre todo Hanna, de sentir el aire de libertad, ya no había a quien pedir permiso, ni un horario estricto para volver a casa, podían hacer lo que quisieran.

Como siempre, no se ponían de acuerdo, Danna quería ir al cine y Hanna quería ir a bailar y lo resolvieron con un típico juego de piedra, papel o tijeras, esta vez Danna, fue la ganadora, y a Hanna, no le quedó más remedio que aceptar ir al cine con su hermana, ya más adelante tendría amigos y podría salir sin ella, la adoraba, pero le fastidiaba que fuera tan ñoña y aburrida.

Se vistieron con mini falda de jeans y camiseta, hacía mucho calor y como eran nuevas en la ciudad y nadie las conocía, se vistieron igual, les divertía causar confusión en las personas.

Pensaron en pedir un servicio de auto de alquiler, no conocían el lugar así que era la mejor opción, Danna entró en su habitación, ya que había olvidado el móvil, cuando tocaron a la puerta, les extrañó, puesto que como no conocían a nadie, no esperaban visitas.

Hanna, abrió y se encontró con un guapísimo hombre de aproximadamente veinticinco años, cuerpo atlético, hermosos ojos castaños y una sonrisa encantadora.

—¡Hola! Mi nombre es Pablo Olvera, vivo en el edificio de atrás —Dijo señalando hacia la ventana que daba al jardín trasero — soy el encargado del mantenimiento del condominio y vine a ponerme a tus órdenes, —le dio una tarjeta —si tienes algún problema en el departamento, puedes llamarme y vendré en cuanto me sea posible.

—Hola Pablo, soy Hanna, y precisamente en este momento tengo un problema, quiero ir a bailar, pero no conozco la ciudad, ¿Me puedes acompañar?

Pablo sonrió, sabía que era atractivo y que llamaba la atención de las mujeres, pero nunca había conocido una chica tan directa y la que tenía enfrente, era muy hermosa, aunque no estaba seguro de que fuera mayor de edad.

—Yo no tendría problema si tus padres te dan permiso. — dijo para averiguar más sobre ella.

—No te preocupes, vivo sola, soy mayor de edad, y mis padres están tan lejos, que no se van a enterar si salgo.

—¿Justo ahora? ¿No es muy temprano?

—Tal vez podamos cenar algo antes. ¿No crees? —Pablo se miró y movió sus manos mostrando su ropa.

—No te preocupes, estás perfecto, no tenemos que ir a un lugar exclusivo, solo quiero conocer lo más divertido de la ciudad.

—¡Está bien, vamos!

Hanna corrió a la habitación de su hermana.

—Lo siento hermanita, ya conseguí con quien ir a bailar, perdóname, tu idea del cine era muy aburrida.

Danna puso los ojos en blanco, así era su hermana, no había nada que hacer para cambiarla, ya había pedido el auto, así que decidió ir a conocer la plaza, no le gustaba entrar al cine sola, en el pueblo, siempre tenía a su tía y su prima, que, aunque era más pequeña siempre estaba dispuesta a acompañarla, pero ahora no tenía a nadie. Esperaba que una vez que comenzaran las clases, pudiera hacerse de una buena amiga.

Caminó durante un rato, recorrió la Plaza México y la Plaza Morelos, pero comenzaba a oscurecer, así que pidió un auto para volver a casa., ella sabía que se iba a convertir en la mamá de su hermana, se puso pijama y se sentó a ver televisión para esperarla, Hanna, no medía nunca los peligros de nada, se había ido a bailar con un desconocido, a un lugar desconocido, menos mal habían acordado siempre mantener activa su ubicación en tiempo real y llevaba horas sin moverse del mismo sitio, seguramente era una discoteca, o un bar.

Se quedó dormida en el sillón de la sala, hasta que escuchó el ruido de las llaves queriendo abrir la puerta, las voces y las risas le indicaban que iba acompañada, así que corrió a encerrarse en su habitación para que no la vieran.

Esa, fue la primera noche de su nueva vida en Monterrey, y el primer hombre que desfiló por la cama de Hanna, a partir de ese día, cada fin de semana, salía con alguien, aunque Pablo, era su favorito, ellas habían acordado no decirle a nadie que eran gemelas, era la primera vez que estudiarían separadas, y las facultades estaban considerablemente retiradas una de la otra, así que tendrían amigos diferentes.

Ese juego comenzó a ser divertido también para Danna, la primera vez que tuvo a Pablo enfrente, era el primer día de clases y ella salió mucho más temprano que su hermana, porque quería caminar y Hanna se rehusaba, de hecho, ya le había pedido a su madre, que le compraran un auto.

Bajando por las escaleras, Danna se topó con Pablo, chocaron y a ella se le cayó su cuaderno de bocetos.

—¿A dónde tan temprano preciosa? ¿Qué te parece si nos echamos un mañanero antes de que te vayas?

Danna no tuvo tiempo de decir nada, porque el hombre ya la estaba besando, la puso contra la pared y comenzó a acariciarla por encima de la ropa, los senos y la entrepierna, era la primera vez que Danna sentía algo parecido, el beso de Pablo no se parecía en nada a los de sus anteriores experiencias, al parecer este hombre si sabía lo que hacía.

—Lo siento, debo irme o llegaré tarde. —Lo empujó con todas sus fuerzas y salió corriendo, llevaba la respiración agitada y la sensación del beso la acompañó durante todo el día, era obvio que había sido confundida con su hermana, pero estaba vez pensó que ser Hanna, por un momento, había sido bastante divertido.

No le contó a su hermana lo que había pasado, y al parecer Pablo, no notó la diferencia, así que cada mañana se besaba con él antes de irse a la universidad, hasta que Hanna, le confesó que se estaba enamorando de él.

Prefirió quedarse callada, era la primera vez que Hanna, se enamoraba de verdad, o al menos eso era lo que ella decía, así que decidió cambiar su rutina, ya no bajaba por las escaleras, usaba el ascensor y cambiaba sus horarios, siempre que sus clases se lo permitían.

Durante un tiempo, se sintió culpable disfrutar de los besos del novio de su hermana, porque además los extrañaba, ya se le había hecho costumbre y debía reconocer que Pablo, le gustaba mucho más de lo que ella quería aceptar.

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